martes, 11 de julio de 2017

Teólogo protestante admite la primacía de Roma en la Iglesia primitiva.

Cuando se debata el tema de la primacía en la Iglesia primitiva, casi cualquier apologista protestante recurrirá siempre a pedir pruebas de que en la Iglesia del periodo pre-niceno existiera una comprensión de la primacía de Roma. 

Publicamos aquí las palabras de un teólogo, historiador y académico protestante, el Doctor Adolph Harnack, que admite la existencia del entendimiento de la primacía con la que contaba la Iglesia romana ya desde la época temprana de San Ignacio (que fue obispo de Antioquía aproximadamente desde el año 70 del primer siglo hasta su martirio en el año 107) :
«Ignacio es nuestro primer testigo externo con respecto a la Iglesia romana. Después de tener en cuenta la exageración del lenguaje en su carta a los romanos, queda claro que Ignacio asigna una primacía de facto a la Iglesia romana entre sus iglesias hermanas y que conocía una actividad enérgica y habitual de esta iglesia en la protección e instrucción de otras iglesias.»
 Dr. Adolph Harnack: "Dogmengeschichte", 4th ed., p. 486 (c. 1904) citado en 'The Church and Infallibility' de B.C. Butler pg. 140 (c. 1954)

Por lo de "la exageración del lenguaje en su carta a los romanos" Harnack se refiere a las siguientes palabras de San Ignacio de Antioquía, en que exhalta grandemente a la Iglesia de Roma, y en la que es evidente, como el mismo Dr. Arnold acepta, que ya en la Iglesia primitiva había un claro entendimiento de la primacía de Roma, la Iglesia que "preside en el amor":
«Ignacio, que es llamado también Teóforo, a aquella que ha hallado misericordia en la benevolencia del Padre Altísimo y de Jesucristo su único Hijo; a la iglesia que es amada e iluminada por medio de la voluntad de Aquel que quiso todas las cosas que son, por la fe y el amor a Jesucristo nuestro Dios; a la que tiene la presidencia en el territorio de la región de los romanos, siendo digna de Dios, digna de honor, digna de parabienes, digna de alabanza, digna de éxito, digna en pureza, y teniendo la presidencia del amor, andando en la ley de Cristo y llevando el nombre del Padre; iglesia a la cual yo saludo en el nombre de Jesucristo el Hijo del Padre»
Epístola de San Ignacio de Antioquía a los romanos, año 107.

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