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martes, 15 de octubre de 2019

El aborto: negación del principio de igualdad entre los seres humanos.

 
Si lo razonas fríamente, la posición pro-aborto es escandalosamente abominable y contraria al principio de la igualdad entre los seres humanos, pues solo merecen vivir aquellos que han sido "deseados", lo que ya de por sí divide a las personas en las categorías de "deseadas" e "indeseadas", entre personas "planeadas" y otras que son un "error" o un "accidente".

Según la lógica detrás del "derecho al aborto", si no se tenía contemplado que un ser humano en específico existiera, aunque ahora exista, se le puede eliminar, pues el criterio es que no fue "deseado", no tuvo la fortuna de ser "el plan de alguien" y ahora su existencia depende de la decisión de un tercero. Solo pensémoslo, alguien más se arroga el derecho de decidir si preserva la vida de otro o si le pone fin, como si fuera su dueño, como si la persona que está creciendo en el vientre fuera simplemente una mera propiedad, ¿acaso esto no suena claramente a esclavitud? 

Visto así, el aborto es como la discriminación racial, pero millones de veces peor, es el culmen del desprecio y la exclusión de un ser humano en función de los intereses de alguien más. Aun aquel que es discriminado o excluido por su color de piel tiene la posibilidad de cambiar su situación a lo largo de su existencia, luchando por sus derechos para ser reconocido en su inalienable dignidad humana, pero al ser humano abortado se le priva del primero de los derechos, el derecho del que dependen todos los demás, el derecho a vivir, pues si no existes, ya no tienes derecho a nada. 

Al negársele el derecho a vivir, se destruyen de facto todos los demás derechos humanos de los que es sujeto una persona. El aborto es un gigantesco retroceso en la lucha de siglos por el reconocimiento de los derechos del hombre.

Es increíble que personas que se consideran "progresistas", y dicen estar a favor de la igualdad entre todos los seres humanos no se den cuenta de la monstruosidad que están defendiendo. 

jueves, 11 de abril de 2019

El sentido de la vida del hombre, según Benedicto XVI.


Ha salido a la luz una larga carta (puede leerse en este enlace) del Papa emérito Benedicto XVI en la cual reflexiona sobre la crisis de los abusos sexuales en la Iglesia, y hace un repaso por todas las vertientes a las que obedece esta triste realidad; apunta hacia el movimiento contracultural de la "revolución sexual" en la década del 60, la cual fue tan fuerte que, reconoce, muchos miembros de la Iglesia no pudieron ser inmunes a su veneno, provocándose una decadencia brutal decadencia en la Teología Moral que invadiría los seminarios, de donde posteriormente saldría una nueva generación de sacerdotes.
 

Pero dentro de esta reflexión, que es muy profunda y exhaustiva, encontramos unas palabras maravillosas sobre el sentido misma de la existencia y de la vida del hombre.
 

Benedicto XVI, hablando de la decadencia moral tanto dentro como fuera de la Iglesia, reflexiona sobre la humanidad contemporánea que se ha olvidado completamente de Dios, que lo ha sacado de la vida pública, que ha creído que Dios era un estorbo para su libertad, sin caer en cuenta que si no hay Dios, si se prescinde del Creador, absolutamente todo carece de un sentido último y esencial, y los propios criterios de bien y de mal se esfuman y desvanecen.
A.R.

Dejamos un par de pequeños, pero profundos extractos de esta carta, que nos recuerdan el sentido de la vida del hombre, y el sentido mismo de la orientación moral del hombre:

«Podemos entonces decir que el primer don fundamental que la fe nos ofrece es la certeza de que Dios existe. Un mundo sin Dios solo puede ser un mundo sin significado. De otro modo, ¿de dónde vendría todo? En cualquier caso, no tiene propósito espiritual. De algún modo está simplemente allí y no tiene objetivo ni sentido. Entonces no hay estándares del bien ni del mal, y solo lo que es más fuerte que otra cosa puede afirmarse a sí misma y el poder se convierte en el único principio. La verdad no cuenta, en realidad no existe. Solo si las cosas tienen una razón espiritual tienen una intención y son concebidas. Solo si hay un Dios Creador que es bueno y que quiere el bien, la vida del hombre puede entonces tener sentido

«Una sociedad sin Dios –una sociedad que no lo conoce y que lo trata como no existente– es una sociedad que pierde su medida. En nuestros días fue que se acuñó la frase de la muerte de Dios. Cuando Dios muere en una sociedad, se nos dijo, esta se hace libre. En realidad, la muerte de Dios en una sociedad también significa el fin de la libertad porque lo que muere es el propósito que proporciona orientación, dado que desaparece la brújula que nos dirige en la dirección correcta que nos enseña a distinguir el bien del mal. La sociedad occidental es una sociedad en la que Dios está ausente en la esfera pública y no tiene nada que ofrecerle. Y esa es la razón por la que es una sociedad en la que la medida de la humanidad se pierde cada vez más. En puntos individuales, de pronto parece que lo que es malo y destruye al hombre se ha convertido en una cuestión de rutina.»


Benedicto XVI.