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sábado, 29 de octubre de 2016

Obispo luterano defiende a la Virgen y afirma que intercede por nosotros y facilitó nuestra salvación.

Arzobispo luterano Urmas Viilma.
En un acto loable, que merece todo nuestro respeto, el Arzobipo de la Iglesia Evangélica Luterana de Estonia, Urmas Viilma, salió en defensa de la Virgen María, luego de que en una exposición en el museo público de aquel país del norte de Europa se ofreciera la oportunidad a los visitantes de "destruir" a la Virgen.

El Museo Nacional de Estonia está presentando por estos días una muestra relacionada con la reforma protestante, acontecimiento conmemorado por los luteranos el 31 de octubre. En la exposición hay una imagen virtual de la Virgen María que aparece dentro de una especie de vitrina, y cuando un visitante "patea" una zona especial colocada en la base, la imagen se destruye en pedazos y aparece la palabra "Reforma".


Ante esta burla hacia la Virgen María, el Arzobispo luterano no solamente salió a declarar contra el irrespetuoso acto como un simple gesto diplomático más para solicitar respeto hacia los católicos, sino que fue mucho más allá, afirmando que la Virgen no es solo una "figura histórica que ha caído en el olvido sino una realidad hoy en día".
 

María facilitó nuestra salvación e intercede por nosotros: Arzobispo de la Iglesia Luterana
 

Pero eso no es todo, lo más sorprendente es que el obispo luterano Viilma ha declarado que el papel de María en el mundo sirvió para facilitar nuestra salvación y que siempre intercede por nosotros. Parte de las palabras de este represente de la Iglesia Luterana de Estonia fueron las siguiente:
 

«La Reforma protestante fue en gran parte un movimiento político y económico, además de un cisma religioso. La Virgen no fue parte de ese mal. Su papel en el mundo sirvió para facilitar nuestra salvación. Ella no se merece, por su santo nombre, ser profanada» [...] «no es meramente una figura o una idea sino una verdadera santa que habita con Dios. Ella está siempre presente en la Tierra junto a los fieles e intercede por nosotros» [...] «como Madre de Dios merece el máximo respeto y a no ser tratada irrespetuosamente»  

Si bien es cierto que el luteranismo histórico siempre reconoció el papel tan importante de la Virgen María, que admitió el título de 'Madre de Dios' y que el propio Lutero siempre creyó en su virginidad perpetua e incluso que María ejercía una maternidad espiritual sobre los cristianos, la doctrina de la intercesión de los santos se desvaneció por completo e incluso fue combatida y excluida del cuerpo teológico de los reformadores. De ahí que no deje de sorprender que este Arzobispo luterano reconozca la intercesión de la Virgen María ante Dios.

sábado, 17 de octubre de 2015

17 de octubre: Fiesta de San Ignacio de Antioquía, primero en llamar "católica" a la Iglesia de Cristo.


Hoy conmemoramos a nuestro hermano en Cristo, San Ignacio, Obispo de Antioquía, el primer Cristiano en llamar "Católica" a la Iglesia de Cristo en el año 107 aproximadamente, en una carta a los cristianos de la ciudad de Esmirna, la que se cuenta entre una de sus siete famosas epístolas, y en la que San Ignacio, aconsejando a los cristianos de aquella ciudad sujetarse a la autoridad de su obispo, en función de guardar la unidad de la Iglesia como un solo cuerpo, declara:
"Por doquier aparezca el obispo, ahí esté el pueblo; lo mismo que donde quiera que Jesucristo está, también está la Iglesia Católica". Carta a los de Esmirna.

San Ignacio, conocido como uno de los Santos Padres de la Iglesia primitiva, fue un discípulo directo de los apóstoles San Juan y San Pablo, y se cree que casi con toda seguridad convivió también con San Pedro, mientras éste estuvo en Antioquía. San Ignacio murió martirizado siendo arrojado vivo a los leones en Roma, martirio al que se entregó gustoso al saber que moría por la causa de Jesús.
 

Sus cartas fueron una de las referencias más importantes que tomó como fuente de autoridad la Iglesia en el siglo IV al elaborar el canon de la Biblia, en especial al hacer la elección de los 27 textos del Nuevo Testamento, ya que uno de los elementos de base para reconocer como divinamente inspirado un libro apostólico, era saber si éste había sido aceptado y había recibido autoridad por parte de los primeros cristianos, siendo citado en sus cartas, o habiendo sido leído y usado en la litúrgia de las comunidades del cristianismo primitivo en que San Ignacio vivió.
 

Esto resalta la propia importancia de San Ignacio, pues su obra epistolar fue una información importante en la conformación de la Biblia cristiana. 

También a San Ignacio de Antioquía debemos una de las referencias cristianas más antiguas sobre la realidad sacramental (verdadero signo visible por medio del cual se nos transmite la gracia divina) de la Eucaristía y de la Presencial Real de Jesucristo en los dones consagrados al referirse al Sacramento del altar como "medicina de inmortalidad" cuando dice también en la carta a la Iglesia de Esmirna:
"No hallo placer en la comida de corrupción ni en los deleites de la presente vida. El pan de Dios quiero, que es la carne de Jesucristo, de la semilla de David; su sangre quiero por bebida, que es amor incorruptible.

Reuníos en una sola fe y en Jesucristo... Rompiendo un solo pan, que es medicina de inmortalidad, remedio para no morir, sino para vivir por siempre en Jesucristo."
De igual modo de San Ignacio proviene de una de las evidencias más remotas de la primacía de la Iglesia de Roma, cuando al escribirle a esta Iglesia cuando iba camino a su martirio, además de llenarla de elogios afirma que es la que "preside en el amor".
"Ignacio, que es llamado también Teóforo, a aquella que ha hallado misericordia en la benevolencia del Padre Altísimo y de Jesucristo su único Hijo; a la iglesia que es amada e iluminada por medio de la voluntad de Aquel que quiso todas las cosas que son, por la fe y el amor a Jesucristo nuestro Dios; a la que tiene la presidencia en el territorio de la región de los romanos, siendo digna de Dios, digna de honor, digna de parabienes, digna de alabanza, digna de éxito, digna en pureza, y teniendo la presidencia del amor, andando en la ley de Cristo y llevando el nombre del Padre" (Carta a los romanos).