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jueves, 31 de marzo de 2016

Imagen: San Juan Crisóstomo sobre la Eucaristía

San Juan Crisóstomo fue un sacerdote de la Iglesia primitiva, nació en Antioquía el año 347 y murió en el 407. Fue obispo de la ciudad de Constantinopla entre el 398 y el 404. Es uno de los más grandes y eminentes teólogos de la Iglesia, es admirado y venerado tanto en la Iglesia de Occidente como en la Iglesia de Oriente. Lo de "Crisóstomo" no es su nombre, sino un título que se ganó por sus enormes dotes de predicador del evangelio. Este título viene del griego chrysóstomos que significa "boca de oro", chrysós = oro y stoma = boca.

Como se puede observar en esta cita y en la de muchos Padres más, la Iglesia primitiva siempre creyó, afirmó y enseñó la presencia real de nuestro Señor Jesucristo en la Eucaristía como lo sigue creyendo, afirmando y enseñando hasta el día de hoy la Iglesia católica. La idea protestante de que solo es un "símbolo" fue una novedad que nació hasta el siglo XVI, y en la que ni siquiera todos los líderes protestantes estuvieron de acuerdo. 

Nunca dudemos de que a quien vemos y recibimos en el Santo Sacramento del Altar es verdaderamente el Cuerpo de nuestro Señor Jesús, el mismo Cuerpo que estuvo clavado sobre la cruz para darnos vida eterna. 

"¡Cuantos dicen ahora de Cristo: Quisiera ver su forma, su figura, sus vestidos, su calzado! Pues helo ahí, a él ves, a él tocas, a él comes. Tú te contentas con ver sus vestiduras, mas él te concede no solo verle, sino comerle, tocarle, recibirle dentro de ti."


sábado, 17 de octubre de 2015

17 de octubre: Fiesta de San Ignacio de Antioquía, primero en llamar "católica" a la Iglesia de Cristo.


Hoy conmemoramos a nuestro hermano en Cristo, San Ignacio, Obispo de Antioquía, el primer Cristiano en llamar "Católica" a la Iglesia de Cristo en el año 107 aproximadamente, en una carta a los cristianos de la ciudad de Esmirna, la que se cuenta entre una de sus siete famosas epístolas, y en la que San Ignacio, aconsejando a los cristianos de aquella ciudad sujetarse a la autoridad de su obispo, en función de guardar la unidad de la Iglesia como un solo cuerpo, declara:
"Por doquier aparezca el obispo, ahí esté el pueblo; lo mismo que donde quiera que Jesucristo está, también está la Iglesia Católica". Carta a los de Esmirna.

San Ignacio, conocido como uno de los Santos Padres de la Iglesia primitiva, fue un discípulo directo de los apóstoles San Juan y San Pablo, y se cree que casi con toda seguridad convivió también con San Pedro, mientras éste estuvo en Antioquía. San Ignacio murió martirizado siendo arrojado vivo a los leones en Roma, martirio al que se entregó gustoso al saber que moría por la causa de Jesús.
 

Sus cartas fueron una de las referencias más importantes que tomó como fuente de autoridad la Iglesia en el siglo IV al elaborar el canon de la Biblia, en especial al hacer la elección de los 27 textos del Nuevo Testamento, ya que uno de los elementos de base para reconocer como divinamente inspirado un libro apostólico, era saber si éste había sido aceptado y había recibido autoridad por parte de los primeros cristianos, siendo citado en sus cartas, o habiendo sido leído y usado en la litúrgia de las comunidades del cristianismo primitivo en que San Ignacio vivió.
 

Esto resalta la propia importancia de San Ignacio, pues su obra epistolar fue una información importante en la conformación de la Biblia cristiana. 

También a San Ignacio de Antioquía debemos una de las referencias cristianas más antiguas sobre la realidad sacramental (verdadero signo visible por medio del cual se nos transmite la gracia divina) de la Eucaristía y de la Presencial Real de Jesucristo en los dones consagrados al referirse al Sacramento del altar como "medicina de inmortalidad" cuando dice también en la carta a la Iglesia de Esmirna:
"No hallo placer en la comida de corrupción ni en los deleites de la presente vida. El pan de Dios quiero, que es la carne de Jesucristo, de la semilla de David; su sangre quiero por bebida, que es amor incorruptible.

Reuníos en una sola fe y en Jesucristo... Rompiendo un solo pan, que es medicina de inmortalidad, remedio para no morir, sino para vivir por siempre en Jesucristo."
De igual modo de San Ignacio proviene de una de las evidencias más remotas de la primacía de la Iglesia de Roma, cuando al escribirle a esta Iglesia cuando iba camino a su martirio, además de llenarla de elogios afirma que es la que "preside en el amor".
"Ignacio, que es llamado también Teóforo, a aquella que ha hallado misericordia en la benevolencia del Padre Altísimo y de Jesucristo su único Hijo; a la iglesia que es amada e iluminada por medio de la voluntad de Aquel que quiso todas las cosas que son, por la fe y el amor a Jesucristo nuestro Dios; a la que tiene la presidencia en el territorio de la región de los romanos, siendo digna de Dios, digna de honor, digna de parabienes, digna de alabanza, digna de éxito, digna en pureza, y teniendo la presidencia del amor, andando en la ley de Cristo y llevando el nombre del Padre" (Carta a los romanos).