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miércoles, 22 de abril de 2020

Hay un virus peor que el Covid-19, el virus del "egoísmo indiferente": Papa Francisco.


Durante su Homilía en la celebración de la Fiesta de la Divina Misericordia (que se celebra cada año el domingo siguiente al domingo de Resurrección) el papa Francisco alertó sobre "un virus todavía peor" que el del Covid-19 que ahora azota al mundo, el virus de "el egoísmo indiferente".

El Obispo Primado de la Iglesia Católica salió del Vaticano para celebrar una misa sin fieles en una capilla cercana. "Es tiempo de eliminar las desigualdades", pidió a los líderes del mundo.

El Papa aseguró que la batalla contra la pandemia abre a la humanidad a "un tiempo para eliminar las desigualdades" y "el virus del egoísmo", durante la misa que celebró a puerta cerrada, sin fieles, con motivo del Domingo de la Misericordia.

"Ahora, mientras pensamos en una lenta y ardua recuperación de la pandemia, se insinúa justamente este peligro: olvidar al que se quedó atrás. El riesgo es que nos golpee un virus todavía peor, el del egoísmo indiferente”, advirtió el líder cristiano en la capilla del Espíritu Santo en Sassia, a las puertas del Vaticano.

Francisco explicó en su homilía que ese "virus" peligroso se difunde en la sociedad "al pensar que la vida mejora si me va mejor a mí, que todo irá bien si me va bien a mí".

"Se parte de esa idea y se sigue hasta llegar a seleccionar a las personas, descartar a los pobres e inmolar en el altar del progreso al que se queda atrás. Pero esta pandemia nos recuerda que no hay diferencias ni fronteras entre los que sufren", afirmó.

Y agregó el Santo Padre: "Todos somos frágiles, iguales y valiosos. Que lo que está pasando nos sacuda por dentro. Es tiempo de eliminar las desigualdades, de reparar la injusticia que mina de raíz la salud de toda la humanidad".

Como ejemplo, en su homilía el papa meditó sobre los Hechos de los Apóstoles y recordó a las primeras comunidades cristianas: "Los creyentes vivían todos unidos y tenían todo en común; vendían posesiones y bienes y los repartían entre todos, según la necesidad de cada uno", y seguidamente el Papa senaló con contundencia: "No es ideología, eso es el cristianismo”.


En este sentido lamentó que "actualmente parece lo contrario, una pequeña parte de la humanidad avanzó, mientras la mayoría se quedó atrás", por lo que pidió aprovechar de alguna manera esta pandemia del coronavirus para preparar "el mañana" del mundo.

"No pensemos sólo en nuestros intereses, en intereses particulares. Aprovechemos esta prueba como una oportunidad para preparar el mañana de todos. Porque sin una visión de conjunto nadie tendrá futuro", advirtió el Sucesor del Apóstol San Pedro.

Francisco ofició así la misa por el Domingo de la Misericordia una semana después de Pascua, instituida por Juan Pablo II en 1992 siguiendo las visiones de la monja y santa polaca sor Faustina Kowalska, quien aseguró que así se lo había pedido Jesús en una seria de revelaciones privadas.

La celebración tuvo lugar en este templo a pocos metros de la columnata de la plaza de San Pedro del Vaticano y que nuevamente estuvo prácticamente desierto, sin fieles, por las prohibición de reunir personas debido a la pandemia del coronavirus.

Junto al altar, decorado con flores amarillas y blancas, colores del Estado vaticano, se pudo ver la imagen de Jesús de Nazaret bendecida por el papa Wojtyla, de quien también se expone una imagen, así como la talla de la santa polaca.

Con información de Reuters.


viernes, 29 de noviembre de 2019

"La unión con la Iglesia Católica es inevitable": Patriarca Ortodoxo Bartolomé.

 
El 12 de noviembre, el Patriarca Bartolomé asistió al servicio de Vísperas en la Abadía Católica de Nuestra Señora de Saint Rémy en Rochefort, Bélgica, junto con el Archimandrita Alexios, Abad del Monasterio Xenophontos, y el Monasterio Hieromonk Theophilos del Pantocrátor, ambos en el Monte Athos, en Grecia.

Según un nuevo informe de la Unión de Periodistas Ortodoxos (UOJ) durante su viaje al Monte Athos el mes pasado, el Patriarca Bartolomé (Patriarca de la Iglesia de Constantinopla y quien cuenta con el Primado de Honor dentro de la Comunión de las Iglesias Ortodoxas) ha tratado de convencer a varios abades y monjes atonitas de que no hay diferencias dogmáticas entre la ortodoxia y el catolicismo, y que la unión con la Iglesia Católica es inevitable.
Bartolomé expresó sus convicciones personales durante una conversación privada en el Monasterio de Pantocrátor con los hermanos e invitados del monasterio, incluidos otros abades atonitas. Testigos presenciales informan que por medidas de seguridad no se permitió que nadie grabara la conversación.

En opinión del Patriarca Ecuménico de los Ortodoxos, la división que ahora existe entre la ortodoxia y el catolicismo es solo una cuestión de eventos históricos, no de diferencias dogmáticas.

Los católicos "son tan cristianos como nosotros", enfatizó el Patriarca Bartolomé, y agregó que el reciente regalo de las reliquias de San Pedro del Papa Francisco es una prueba de la cercanía de la Iglesia Católica a la Ortodoxa.

Según fuentes de la UOJ, el abad Pantocrátor Archimandrita Gabriel, el abad de Xenophontos, el Archimandrita Alexios, el abad del monasterio Vatopedi, el Archimandrita Efraín, así como otros hermanos de varios monasterios y otros invitados estuvieron presentes en la conferencia en la que el Patriarca instó a los monjes ortodoxos a aceptar el restablecimiento de la comunión con la Iglesia católica, comunión que se perdió hace casi mil años.


En una reunión reciente en Constantinopla con representantes de la Universidad de Tbilisi, Bartolomé dijo que el diálogo con otros cristianos, especialmente los católicos, es una de las prioridades del Patriarcado de Constantinopla.

La Iglesia Católica y la Iglesia Ortodoxa fueron una sola Iglesia durante los primeros mil años de Cristianismo, hasta que en el año 1054 devino un cisma que dividió a la Iglesia Cristiana Universal en dos bandos, aunque en las últimas décadas se han hecho esfuerzos por volver a la reunificación del primer milenio.

miércoles, 25 de septiembre de 2019

Breve conversación con un protestante para entender qué es el Purgatorio.

  
Una de las doctrinas menos comprendidas de la fe católica es la del Purgatorio. Toda clase de afirmaciones extrañas surgen cuando se habla de esta enseñanza, como por ejemplo afirmar que se trata de "una vía distinta de salvación de la que nos ofrece Cristo por medio de su sacrificio", por lo que, según los críticos de esta doctrina, el purgatorio sería una "negación" del sacrificio de Jesús en la cruz, cuando en realidad el Purgatorio NO es una vía de salvación, sino un estado de última y definitiva purificación para los que murieron en gracia de Dios (o sea, salvos por los méritos de Cristo).  

La muy breve conversación que presento a continuación será muy didáctica para entender cual es la función del purgatorio dentro de la fe Cristiana. Debajo de la conversación dejo un video donde profundizo más en este tema con citas bíblicas.

Hace poco tuve esta conversación con un protestante sobre el purgatorio:

Católico: - ¿Puede entrar o habitar algo imperfecto en el cielo?

Hermano protestante: - No, porque ahí todo es pureza absoluta y perfección, pero aunque no sea perfecto soy salvo, por que soy salvo por los méritos de Cristo, no por los míos, para salvarme tengo que aceptar a Cristo, no ser perfecto.


Católico: - Bien, en eso estamos de acuerdo, no necesitas ser perfecto para salvarte, pero sí necesitas ser perfectamente puro para entrar al cielo; así que supongamos que eres salvo, está bien, ¿pero eres perfecto?

Hermano protestante: - No...

Católico: - ¿Y si no eres perfecto y no puede entrar nada imperfecto al cielo a dónde irías si mueres en este mismo instante?

Hermano protestante: - Pues Dios me haría perfecto para poder entrar al cielo, pero eso no significa que tenga que pasar por un purgatorio, él simplemente con su gracia me limpiaría de todo y me haría completamente perfecto.

Católico: - ¡Bingo! Es que precisamente ese proceso en que Dios, con su gracia, te limpia de todo y te hace perfecto para poder entrar el cielo, es a lo que llamamos purgatorio. El purgatorio es un estado y un proceso de purificación y santificación definitiva para que los salvos puedan entrar al cielo. En el fondo crees en el purgatorio sin saberlo.



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¿Qué es y para qué existe el Purgatorio?

lunes, 19 de agosto de 2019

¿La Iglesia católica odia a los homosexuales? Te decimos la verdad.

 
Si hay una idea fuertemente instalada en la mentalidad de la sociedad occidental es aquella de que el catolicismo odia a los homosexuales, que los detesta, que si no fuera por los derechos humanos los metería a todos a la hoguera. Pues nada más falso. La Iglesia católica no solo no odia a los homosexuales, sino que condena gravemente cualquier expresión de discriminación u odio contra ellos.

Sí, aunque te sorprenda, dentro del sistema moral cristiano de la Iglesia católica es un pecado ofender a los homosexuales, y si algún católico agrede física o verbalmente o incluso si tan solo piensa (en el catolicismo existe el pecado de pensamiento) algo malo sobre algún homosexual, es su deber confesarse y hacer penitencia por esa falta contra el prójimo.

¿Pero y eso de cuando a acá? ¿Cuándo cambiaron las reglas? No, nunca han cambiado, la Iglesia siempre ha enseñado que es contrario a la voluntad de Dios ofender de cualquier manera a su prójimo, pues la ley de Cristo es la ley del amor; amar a Dios sobre todas las cosas y a nuestro prójimo como a nosotros mismos.

El Catecismo dice al respecto del trato hacia los homosexuales:

"Deben ser acogidos con respeto, compasión y delicadeza. Se evitará, respecto a ellos, todo signo de discriminación injusta." (CIC, 2358).

¿Entonces la Iglesia ya acepta el matrimonio entre personas del mismo sexo? ¡NO! Y es aquí donde surgen todas las confusiones. La Iglesia mantiene inalterable su posición (que no es que la haya creado ella por su cuenta, sino que la recibió de Dios a través de la Revelación) de que el matrimonio es una institución establecida entre un hombre y una mujer.

¿Pero entonces cómo es eso de que la Iglesia condena hasta los pensamientos contra los homosexuales pero está en contra de que se casen? Bueno, la respuesta es: ¡Porque los ama!

Sí, sabemos que según la mentalidad del mundo, la "prueba de amor" que la Iglesia podría darle a las personas homosexuales sería exclusivamente la de aprobar sus uniones a través del matrimonio. Pero el amor no solo es consentir, amar es querer el mayor bien para la persona amada, y la Iglesia está convencida de que estas relaciones ofenden gravemente a Dios, por lo que consentirlas sería hacerle un profundo daño a quienes buscan establecerlas. La Iglesia solo obedece lo que ha recibido en el Depósito de la Fe Revelada y actúa en consecuencia por el bien y la salvación de las almas.

¿Y por qué reprueba Dios estas uniones si están basadas en el amor?

Los católicos no negamos que pueda existir amor entre dos personas del mismo sexo, pero de ahí no se desprende que deba tratarse de amor erótico, y que tengan que llevar implícita la intimidad sexual, la cual creemos que Dios ha reservado para una relación específica, el matrimonio entre un hombre y una mujer. Un padre y un hijo se aman profundamente, y no podríamos justificar con eso que tuvieran intimidad sexual. El sentimiento de amor no es la única condición para entablar uniones sexuales.

Dos hombres o dos mujeres pueden experimentar un auténtico y profundo amor fraterno, pero si éste deviene en una forma de "amor" erótico, se trata de una distorsión.

Dios ha creado dos clases de cuerpos humanos para ser complementarios, y que al unirse físicamente, unen también la dimensión espiritual (dimensión unitiva de la sexualidad humana), y estableciendo una perfecta comunión quedan abiertos al don de la vida (la reproducción).

No existe la complementariedad física entre dos cuerpos del mismo sexo, por lo que sus relaciones no cumplen con el sentido unitivo, ni mucho menos con el reproductivo.

¿Qué puede hacer entonces una persona con esta inclinación fuertemente arraigada?

Citamos de nueva cuenta el Catecismo: "Las personas homosexuales están llamadas a la castidad. Mediante virtudes de dominio de sí mismo que eduquen la libertad interior, y a veces mediante el apoyo de una amistad desinteresada, de la oración y la gracia sacramental, pueden y deben acercarse gradual y resueltamente a la perfección cristiana." (CIC 2359).


Y la perfección cristiana es el amor. La persona homosexual está llamada a amar, esa es la vocación fundamental de todos los seres humanos, el amor. Pero la expresión del amor se cumple en las distintas facetas de la vida de maneras específicas y fuera del matrimonio entre hombre y mujer, la expresión del amor no incluye la sexualidad. Si una persona definitivamente no cree posible establecer una relación con alguien del sexo opuesto, bien puede, guardando la castidad, amar profundamente al prójimo por medio de las obras de misericordia al modelo del amor perfecto que es del Cristo.


lunes, 3 de junio de 2019

Explicando a un protestante la relación de autoridad entre la Biblia y la Tradición en la doctrina católica.

 
A continuación presento una respuesta que le he dado a un hermano protestante sobre la relación de autoridad entre las Sagradas Escrituras y la Santa Tradición. Esta respuesta fue esgrimida en una red social, pero ante la grave confusión existente sobre lo que pensamos los católicos en cuanto a la Biblia y la Tradición, me parece importante ponerlo a la mano de otros lectores. 

Muchos hermanos separados creen que pensamos que la Tradición es "otra revelación", distinta a la de las Escrituras, y aquí explico que, por el contrario, creemos en una sola y única Revelación pública dada por Dios a la Iglesia, la cual se explica y se transmite por dos medios, de los cuales, en complementariedad, obtenemos la certeza de que lo creemos y practicamos.


Alfredo Rodríguez. 

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Comentario del hermano separado: Reconocemos que la Escritura tiene su autoridad; sin embargo, aunque para mí tiene toda autoridad, para tí no; y no la tiene en base a algo y puedo saber qué es, ese "algo"; si no me equivoco, ese "algo" es la Viva Voz (Tradición), pero ¿cuál tradición?

Si bien es cierto que las tradiciones son muy buenas, y no hay problema con ellas, al contrario, enriquecen la historia y la vida; incluso resultan necesarias para entender las Escrituras.

Ahora bien, desde el punto de vista biblico, ya sea teológico, litúrgico, etc, la tradición debe ser congruente entre la Viva Voz (Tradición) y la Escritura.

Existen muchas tradiciones, por ejemplo, la tradición familiar (cumpleaños, viajes, etc), la tradición nacional (día de muertos, etc), la tradición importada (halloween, etc) y muchas más, pero si estas tradiciones no son congruentes a lo que Dios ha establecido, no pueden ser puestas por obra por aquéllos que se dicen siervos o hijos de Dios.

Mi pregunta es:
¿ Cuál es esa Viva Voz para tí ?


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Mi respuesta: Creo que aquí has dado en el clavo con esta afirmación: "incluso resultan necesarias para entender las Escrituras"

Esto es justamente lo que creemos los católicos sobre la Tradición, que es necesaria para entender las Escrituras. Consideramos que la Revelación es un único y solo depósito de la fe que Dios en la plenitud de los tiempos ha confiado a la Iglesia dándole la gran comisión de anunciarlo y hacer discípulos de todas las naciones, y que ésta Revelación está contenida tanto en la Escritura como en la Tradición, no como dos Revelaciones distintas, sino como dos formas de transmisión de la única Revelación que existe.

O sea toda la Revelación está completamente contenida en las Escrituras (suficiencia material) y está completamente contenida en la Tradición, y la comprensión de ambas, por medio del Magisterio de la Iglesia que constituyeron los apóstoles y que confiaron a los obispos, es lo que da formalidad a las doctrinas.

Preguntas "¿Cuál es esa Viva Voz para tí ?". Bueno, voy a usar unos ejemplos para que veas cómo entendemos está íntima relación y complementariedad entre Escritura y Tradición apostólica, y cómo el entendimiento correcto de la primera es alcanzado por la luz que le proporciona la segunda.

Pensemos en la Eucaristía. Hay un gran debate entre ustedes y nosotros sobre la realidad de este Sacramento, sobre cuál es la forma en que Jesús está presente o si de plano no está presente en el pan y en el vino y solo sirve para recordarlo. Incluso –y esto creemos que es a causa precisamente de haber desechado la Tradición en el protestantismo- el debate ocurre entre las comunidades protestantes; Lutero, Calvino y Zwinglio, con las misma biblia, nunca se pudieron poner de acuerdo sobre la Cena del Señor, para Lutero el verdadero Cuerpo y Sangre del Señor estaban misteriosamente presentes en medio del pan y del vino, para Calvino se trataba de una presencia, pero espiritual, y para Zwinglio era solo un símbolo, sin misterio alguno de por medio. Tres interpretaciones con las mismas Escrituras.

Si hubiesen recurrido a la Tradición, no hubiesen disputado sobre este asunto, porque la Tradición lo aclara, despejando toda duda sobre cómo esos pasajes fueron entendidos en la Iglesia primitiva (ya que los primeros cristianos recibieron la comprensión sobre este asunto directamente de los apóstoles, de viva voz)

Si tomamos solo las Escrituras podemos llegar a muchas conclusiones distintas sobre este Sacramento, y terminar en una guerra de versículos de ida y vuelta sin llegar a un acuerdo, ¿entonces que es lo que nos arroja luz sobre este tema, y lo que nos hace afirmar a los católicos que se trata del verdadero Cuerpo y la Sangre de Cristo? LA TRADICIÓN es la que nos arroja esa claridad, porque así ha sido sostenido desde los primeros siglos de manera unánime por los Padres de la Iglesia, los sucesores de los apóstoles.

Entonces, tenemos algunos pasajes donde Jesús nos dice "el pan que yo les daré es mi carne", "el que no come mi carne y bebé mi sangre…", "mi carne es verdadera comida…", "esto es mi cuerpo", etc., pero puede haber dudas razonables sobre el sentido en el que Jesús estaba hablando, ¿qué nos lo aclara? ¿Cómo despejamos las dudas? ¿Cómo sabemos cuál era la doctrina apostólica sobre este tema? POR MEDIO DE LA TRADICIÓN, y entonces comprendemos que esos detalles particulares eran claros en la Iglesia primitiva porque eso enseñaron de viva voz los apóstoles a las comunidades allí donde llegaban. Entendemos que cuando celebraban la partición del pan, en la intimidad de la comunidad, los apóstoles le transmitieron oralmente a los obispos y al resto de los creyentes, que aquel pan y aquel vino, luego de las palabras de consagración, no debían ser tomados por pan y vino comunes, sino que se convertían en el Cuerpo y la Sangre de Cristo y como tal debían ser tratados recibidos, por ello ese mismo e idéntico lenguaje es el que usan Justino Mártir, Ireneo de León, Atanasio de Alejandría, Juan Crisóstomo, y muchos otros en diversos siglos.

Por eso un documento Magisterial, Dei Verbum, afirma:

«la Iglesia no deriva solamente de la Sagrada Escritura SU CERTEZA acerca de todas las verdades reveladas».

Así que si bien toda la revelación está en la Escritura, LA CERTEZA sobre la revelación no se haya solo en ella, encontramos la certeza, la claridad plena, solo cuando unimos la Escritura a la Tradición.

Podríamos dar otro ejemplo sobre la misma Eucaristía. Nosotros afirmamos que se trata de un verdadero sacrificio, no de otro sacrificio aparte del de Jesús, sino de la renovación del mismo Sacrificio de Jesús, ¿cómo sabemos este detalle? Porque la Tradición nos da la certeza. Sabemos que Jesús dijo "hagan esto en memorial mío" y que bíblicamente un "memorial", en algunas partes de la Escritura, se refiere a un verdadero sacrificio u ofrenda ("Y el sacerdote hará arder el memorial de él, parte del grano desmenuzado y del aceite, con todo el incienso; es ofrenda encendida para Jehová." Lev 2, 16.), no a un mero acto de recordar mentalmente, pero ante la duda que puede existir con las solas escrituras, sobre si es un mero acto de recordar o una verdadera ofrenda, tenemos la certeza que nos da la Tradición, donde, incluso desde la propia Didajé del siglo I, se habla de la Cena del Señor como un sacrificio:

«Los días del Señor reuníos para la partición del pan y la acción de gracias, después de haber confesado vuestros pecados, para que sea puro vuestro sacrificio.

Cualquiera, empero, que tuviere una contienda con su hermano, no os acompañe antes de reconciliarse, para que no sea mancillado vuestro sacrificio.

Pues, éste es el dicho del Señor: "En todo lugar y tiempo me ofrecerán una ofrenda pura. Porque soy un gran Rey, dice el Señor, y mi nombre es admirable entre las naciones".»


En este último párrafo vemos cómo la Tradición nos explica el sentido de un versículo de la Escritura (Malaquías 1, 11), aclarándonos que era una profecía sobre la ofrenda de la Eucaristía que realizaría la Iglesia.

Entonces, en resumen, la Tradición es todo el conocimiento y los detalles particulares de la revelación que dan certeza sobre las prácticas y las doctrinas de la Iglesia tal como la recibieron los apóstoles.

viernes, 7 de septiembre de 2018

¿Existía la Iglesia católica antes del año 325? Citas donde se menciona a la Iglesia católica antes del Concilio de Nicea.



Hay muchos hermanos en la propia fe católica, así como hermanos separados de otras comunidades cristianas, que se preguntan desde cuando comenzó a llamársele "católica" a la Iglesia. Entre la propaganda anti-católica que abunda por internet, no es extraño encontrar falsas teorías, que afirman que lo de llamarle "católica" fue un invento del emperador Constantino, a quien también falsamente presentan como el propio "fundador" de la Iglesia católica en el siglo IV. Ambas afirmaciones son completamente falsas, Constantino no "bautizó" a la Iglesia como "católica", y muchos menos la fundó. 

Con este conjunto de citas demostramos de manera contundente que la Iglesia fundada por nuestro Señor Jesucristo, encargada a Pedro junto al resto de los apóstoles, quienes a su vez la dejaron bajo el cuidado y gobierno de sus discípulos, a quienes instituyeron, a unos como obispos, a otros como presbíteros o diáconos de las distintas iglesias locales, ya era llamada y conocida como "Iglesia católica" desde tiempos muy tempranos en el desarrollo mismo de la Iglesia primitiva, para resaltar la comunión universal y la totalidad y la plenitud de la fe recibida de los apóstoles, y creída y abrazada por los fieles cristianos de todas las regiones.

Si bien un detractor podría decir que San Cirilo de Jerusalén y San Agustín de Hipona son autores "post-nicenos" (ya que la propaganda anticatólica afirma precisamente que Constantino "fundó" la Iglesia en el Concilio de Nicea en el año 325, algo por lo demás, como ya hemos dicho, completamente falso, ya que en dicho Concilio no se fundó ninguna iglesia nueva, sino que se reunió la Iglesia que ya existía desde 300 años atrás), las citas de estos dos Padres de la Iglesia demuestran cuan afianzado estaba ya el término "Iglesia católica" para el tiempo en que ellos escriben. San Cirilo recomienda preguntar por la Iglesia católica, lo que indica que ya era ampliamente conocida bajo ese concepto, y San Agustín nos dice que de esa forma la llamaron "nuestros antepasados", comprobándose la antigüedad del término.


San Ignacio de Antioquía; carta a la Iglesia de Esmirna. (Año 107).

«Seguid todos a vuestro obispo, como Jesucristo siguió al Padre, y a los presbíteros como a los apóstoles; y respetad a los diáconos, como el mandamiento de Dios. Que nadie haga nada perteneciente a la Iglesia al margen del obispo. Considerad como eucaristía válida la que tiene lugar bajo el obispo o bajo uno a quien él la haya encomendado. Allí donde aparezca el obispo, allí debe estar el pueblo; tal como allí donde está Jesús, allí está la iglesia católica

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Carta de la Iglesia de Esmirna a la Iglesia de Filomelio sobre el Martirio de Policarpo (Año 155).


«La Iglesia de Dios que reside en Esmirna a la Iglesia de Dios que reside en Filomelio, y a todas las fraternidades de la santa y católica Iglesia que reside en todo lugar, misericordia y paz y amor de Dios el Padre y nuestro Señor Jesucristo os sean multiplicados.

[…]

Pero cuando finalmente puso fin a su oración, después de recordar a todos los que en un momento u otro habían estado en contacto con él, pequeños y grandes, altos y bajos, y a toda la Iglesia católica por todo el mundo, llegó la hora de partir, y le sentaron sobre un asno y le llevaron a la ciudad, y era un gran sábado.

[…]

Habiendo vencido con su sufrimiento al gobernante injusto en el conflicto y recibido la corona de la inmortalidad, se regocija en la compañía de los apóstoles y de los justos, y glorifica al Dios y Padre Todopoderoso, y bendice a nuestro Señor Jesucristo, el salvador de nuestras almas y piloto de nuestros cuerpos y pastor de la Iglesia católica que se halla por todo el mundo.»
 

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Del fragmento del ‘Canon muratorio’ (año 170 aproximadamente).

«Sin embargo, aunque [el mensaje] se repita a los Corinitios y los Tesalonicenses para su reprobación, se reconoce a una iglesia como difundida a través del mundo entero. Porque también Juan, aunque escribe a siete iglesias en el Apocalipsis, sin embargo escribe a todas. Además, [Pablo escribe] una [carta] a Filemón, una a Tito, dos a Timoteo, en amor y afecto; pero han sido santificadas para el honor de la iglesia católica en la regulación de la disciplina eclesiástica.

Se dice que existe otra carta en nombre de Pablo a los Laodicenses, y otra a los Alejandrinos, [ambos] falsificadas según la herejía de Marción, y muchas otras cosas que no pueden ser recibidas en la iglesia católica, ya que no es apropiado que el veneno se mezcle con la miel.

Pero la carta de Judas y las dos superscritas con el nombre de Juan han sido aceptadas en la iglesia católica; la Sabiduría también, escrita por los amigos de Salomón en su honor.»

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Tertuliano; ‘Prescripciones contra todas las herejías’. (Año 200, aproximadamente).

"¿Dónde estaba [el hereje] Marcion, el capitán del Pontus, el celoso estudioso del estoicismo? ¿Dónde estaba Valentino, el discípulo del platonismo? Porque es evidente que esos hombres vivieron no hace mucho tiempo –en la mayor parte del reinado de Antonio-, y que al principio eran creyentes en la doctrina de la Iglesia Católica, en la iglesia de Roma bajo el episcopado del bendito Eleuterio, hasta que a causa de su curiosidad siempre inquieta, con la que incluso infectaban a los hermanos, fueron más de una vez expulsados"

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De las Actas de los Martires:

Martirio de San Pionio.(Año 250).

El día segundo del sexto mes que es el 12 de marzo, un sábado mayor, mientras Pionio, Sabina, Asclepíades, Macedonia y Lemno, presbítero de la Iglesia católica, celebraban el aniversario del mártir Policarpo, se descargó contra ellos la furia de la persecución. Como el Señor lo manifiesta todo a los de buena fe, Pionio, que no temía los suplicios que ya eran inminentes, los vio anticipadamente antes de que llegaran.

[…]

Después de esto, en presencia de un escribano que anotaba en sus tablillas de cera las respuestas, Polemón siguió interrogando a Pionio: "¿Cómo te llamas?".

Pionio: "Cristiano". 

Polemón: "¿De qué Iglesia?". 
Pionio: "De la católica".

Dejando a Pionio, Polemón se dirigió a Sabina. Pionio anteriormente le había recomendado que cambiara su nombre de Sabina por el de Teódota, para no caer nuevamente en manos de su cruel ama Politta (quien en los tiempos del emperador Gordiano quería obligarla a renegar de su fe y la había encerrado en un calabozo montañoso, de donde la liberaron los hermanos en la fe).

Polemón: "¿Cómo te llamas?".
Sabina: "Teódota y cristiana".
Polemón: "Si eres cristiana, ¿de qué Iglesia?".
Sabina: "De la católica".
Polemón: "¿A qué Dios das culto?".
Sabina: "Al Dios omnipotente, que hizo el cielo y la tierra, el mar, y cuanto en ellos se contiene. Su Verbo, Jesucristo, nos lo hizo conocer".

Polemón, a Asclepíades que estaba cerca: "¿Cómo te llamas?".
Asclepíades: "Cristiano".
Polemón: "¿De qué Iglesia?".
Asclepíades: "De la católica".
Polemón: "¿A qué Dios das culto?".
Asclepíades: "A Cristo".
Polemón: "¿Cómo? ¿Es otro Dios?". 

Asclepíades: "No; es el mismo Dios a quien estos acaban de confesar".

[…]

Al entrar en la cárcel, un alguacil descargó tal puñetazo sobre la cabeza de Pionio, que por el mismo ímpetu se hirió a sí mismo y se le hincharon las manos y los costados. Una vez encerrados en la cárcel, entonaron un himno de acción de gracias a Dios, pues en su nombre se habían mantenido en la fe y en la religión católica.

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Martirio de San Acacio (alrededor del año 250).

Marciano: "Mira a los frigios, hombres de religión antigua. Ellos abandonaron su religión, se convirtieron a mis dioses y les ofrecen sacrificios junto con nosotros. Apresúrate a imitarlos. Reúne a todos los cristianos de la ley católica y con ellos abraza la religión de nuestro emperador. Trae contigo a todo el pueblo que está bajo tu jurisdicción".

Acacio: "Todos ellos no se rigen por mi voluntad, sino por los mandamientos de Dios. Me escucharán si les enseño cosas justas; pero si les enseño cosas malas y nocivas, me despreciarían".

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Martirio de San Fructuoso, obispo, y de Augurio y Eulogio, diáconos En Tarragona, año 259 


Apenas se hubo descalzado, un camarada de milicia, hermano nuestro, por nombre Félix, se le acercó también y, tomándole la mano derecha, le rogó que se acordara de él. El santo varón Fructuoso, con clara voz que todos oyeron, le contestó:

Yo tengo que acordarme de la Iglesia católica, extendida de Oriente a Occidente.

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Martirio San Ireneo de Sirmio (Año 304).

«Al llegar al puente que se llama Básente, él mismo se despojó de sus vestidos, levantó las manos al cielo y oró así:
"Señor Jesucristo, que te dignaste sufrir por la salvación del mundo, abre tus cielos y envía a tus ángeles, para que reciban el espíritu de tu siervo Ireneo, que sufre esto por tu nombre y por tu pueblo de la Iglesia católica de Sirmio y por su progreso. Te ruego y suplico tu misericordia, que te dignes recibirme a mí y confirmar en la fe a los demás".»

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San Cipriano de Cartago (Carta 66. Año 253).


«Allí [en Juan 6, 68-69] habla Pedro, sobre quien se edificaría la Iglesia, enseñando en el nombre de la Iglesia y mostrando que incluso si una multitud obstinada y orgullosa se retira porque no desea obedecer, sin embargo, la Iglesia no se retira de Cristo. La gente se unió al sacerdote y al rebaño que se aferraba a su pastor en la Iglesia. Debes saber, entonces, que el obispo está en la Iglesia y la Iglesia en los obispos; y si alguien no está con el obispo, él no está en la Iglesia. En vano se alaban a sí mismos quienes están al margen, sin tener paz con el sacerdote de Dios, creyendo que están en secreto en comunión con ciertos individuos. Porque la Iglesia, que es una y católica, no está separada ni dividida, sino que está unida y junta por el cemento de los sacerdotes que se adhieren unos a otros»

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San Cirilo de Jerusalén; Lecturas Catequéticas. (Año 350).
 

«La Iglesia se llama católica, entonces, porque se extiende por todo el mundo, de un extremo al otro de la tierra, y porque enseña universal e infaliblemente todas y cada una de las doctrinas que deben llegar al conocimiento de los hombres, concernientes a las cosas visibles e invisibles, celestiales y terrenales, y porque trae a toda raza de hombres a la sujeción de la piedad, a gobernadores y gobernados, eruditos e ignorantes, y porque trata y cura universalmente todas las clases de pecados, los cometidos con el alma y aquellos con el cuerpo , y posee dentro de sí toda forma concebible de virtud, en hechos y en palabras y en los dones espirituales de toda clase".

[…]
 

Y si alguna vez estás de visita en las ciudades, no preguntes simplemente dónde está la casa del Señor –porque las demás sectas de los impíos se atreven a llamar a sus guaridas 'casas del Señor', ni preguntes simplemente dónde está la Iglesia, sino dónde está la Iglesia Católica, porque este es el nombre peculiar de esta santa Iglesia, la madre de todos nosotros, que es la esposa de nuestro Señor Jesucristo, el Hijo unigénito de Dios».

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San Agustín (Sermón a los catecúmenos sobre el Símbolo de los Apóstoles).

 

«Después de confesar la Trinidad, el Credo sigue: CREEMOS EN LA SANTA IGLESIA. Os he demostrado a Dios y a su templo. En efecto, dice el Apóstol, el templo de Dios es santo, que sois vosotros. Esta es la Iglesia santa, la Iglesia una, la Iglesia verdadera, la Iglesia católica, que lucha contra todas las herejías. Puede luchar, y, sin embargo, no puede ser vencida. Todas las herejías han salido de ella, como sarmientos inútiles cortados de la vid. Pero ella permanece entera en su raíz, en su cepa, que es su caridad. Las puertas del infierno no la vencerán».
 

San Agustín (Carta a los católicos sobre la secta donatista)
 

«La cuestión que se debate entre nosotros es ver dónde está la Iglesia, si en nosotros o en ellos. La Iglesia es una solamente, a la que nuestros antepasados llamaron Católica, para demostrar por el solo nombre que está en todas partes; es lo que significa en griego la expresión καθολικός (katholikós). Pero esta Iglesia es el Cuerpo de Cristo, como dice el Apóstol: En favor de su cuerpo, que es la Iglesia. De donde resulta claro que todo el que no se encuentra entre los miembros de Cristo, no puede tener la salvación de Cristo. Ahora bien, los miembros de Cristo se unen entre sí mediante la caridad de la unidad y por la misma están vinculados a su Cabeza, que es Cristo Jesús».

domingo, 5 de junio de 2016

Pasó por 4 'iglesias evangélicas', hoy como católico denuncia que allí todo es negocio movido por el anticatolicismo


Haciendo una revisión en retrospectiva de mi experiencia en el protestantismo por 13 años, creo firmemente que su doctrina inherente es unicamente el anticatolicismo. Estuve en cuatro denominaciones y recuerdo que su mayor empeño era inculcar el desprecio y la descalificación a la Iglesia Católica.
 

Para los que no lo saben; un típico culto protestante es música, que incluye la participación de algunos de sus prosélitos; testimonios, que generalmente son relatos de cuando eran " católicos"; a los niños los llevan aparte para adoctrinarlos; muchas veces escuchaba como los niños gritaban en la sala contigua, "MARÍA ES UNA DIOSA FALSA".
 

El centro del culto es el sermón del señor jefe de la denominación (me niego a decirle pastor), generalmente hace una lectura de algún episodio del Antiguo Testamento (es el que más usan en sus prédicas), en donde el jefe, hace alardes de emotivismo, máxime cuando hay alguna persona invitada, que se considera el objetivo a atraer. Las denominaciones pentecostales son las que más usan ese libreto de las palabras entrecortadas y sollozantes para compungir el corazón de los miembros y especialmente del cliente nuevo. En estos cultos, con personas visitantes, hablan de amor, de fraternidad, igualdad y recalcan que no importa a qué Iglesia pertenezcan; pero cuando ya han captado al nuevo miembro, insisten hasta la saciedad, que los católicos son paganos, idólatras, hijos de la ramera, etc.
 

La inmensa mayoría de las veces, máxime cuando el jefe requiere disponer de dinero, leen el famoso texto de Malaquias 3,10, para azuzar al creyente y mantenerlo disciplinado en la entrega del 10% de su salario, aparte de las ofrendas, dádivas y estipendios, que son frecuentes. Cuando hay un invitado, que su familiar o amigo lo lleva; previamente le dan la información al predicador de la situación por la que está pasando, y busca un pasaje bíblico acorde, para que el prospecto sienta que Dios lo está llamando; lógicamente con el énfasis y las lagrimas que le pone. Luego pide a todos que inclinen su cabeza para orar; el encargado del sonido pone música adecuada para el momento y se hace el llamado con voz temblorosa a "aceptar a Cristo". Todas las miradas expectantes se posan sobre el objetivo y aquel pobre hombre pasa a ser uno mas a la nómina del diezmo obligatorio y en efectivo vitalicio.
 

Alberto Fonseca.

lunes, 2 de mayo de 2016

Imagen: La Biblia es producto de la Tradición y del Magisterio de la Iglesia.

Puedes ayudar a difundir la fe y la verdad católica tomando y publicando esta imagen en tus redes sociales.
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Que la autoridad de la Tradición y del Magisterio son tan importantes para la Iglesia como la autoridad de la Biblia, se demuestra con el hecho de saber que sería imposible pensar en la Biblia, tal como la conocemos ahora, existiendo independientemente de la Tradición y del Magisterio.
 

Nuestra Biblia cristiana actual es el producto de un Magisterio estudiando qué textos eran más usados en la liturgia de la Iglesia primitiva, y más leídos, citados y respetados por los Santos Padres de los primeros siglos, es decir, el Magisterio estudiando y definiendo qué textos habían sido transmitidos y recibidos con mayor veneración por la Tradición cristiana.


jueves, 31 de marzo de 2016

Imagen: San Juan Crisóstomo sobre la Eucaristía

San Juan Crisóstomo fue un sacerdote de la Iglesia primitiva, nació en Antioquía el año 347 y murió en el 407. Fue obispo de la ciudad de Constantinopla entre el 398 y el 404. Es uno de los más grandes y eminentes teólogos de la Iglesia, es admirado y venerado tanto en la Iglesia de Occidente como en la Iglesia de Oriente. Lo de "Crisóstomo" no es su nombre, sino un título que se ganó por sus enormes dotes de predicador del evangelio. Este título viene del griego chrysóstomos que significa "boca de oro", chrysós = oro y stoma = boca.

Como se puede observar en esta cita y en la de muchos Padres más, la Iglesia primitiva siempre creyó, afirmó y enseñó la presencia real de nuestro Señor Jesucristo en la Eucaristía como lo sigue creyendo, afirmando y enseñando hasta el día de hoy la Iglesia católica. La idea protestante de que solo es un "símbolo" fue una novedad que nació hasta el siglo XVI, y en la que ni siquiera todos los líderes protestantes estuvieron de acuerdo. 

Nunca dudemos de que a quien vemos y recibimos en el Santo Sacramento del Altar es verdaderamente el Cuerpo de nuestro Señor Jesús, el mismo Cuerpo que estuvo clavado sobre la cruz para darnos vida eterna. 

"¡Cuantos dicen ahora de Cristo: Quisiera ver su forma, su figura, sus vestidos, su calzado! Pues helo ahí, a él ves, a él tocas, a él comes. Tú te contentas con ver sus vestiduras, mas él te concede no solo verle, sino comerle, tocarle, recibirle dentro de ti."


viernes, 12 de febrero de 2016

Declaración conjunta del histórico encuentro entre el Papa Francisco y el Patriarca Ortodoxo ruso Kirill

Hoy ha sido un día histórico para todo el mundo cristiano, pues por primera vez en la historia, y luego de casi 1000 años del cisma entre las Iglesias de oriente y occidente, se han reunido un Papa católico y un Patriarca de la Iglesia ortodoxa rusa. 

Si ya de por sí el encuentro es histórico, pues hasta hace poco tiempo era poco probable que se llevara a cabo, ya que el Obispo de Moscú y todas las Rusias había sido siempre el menos abierto de todos los Patriarcas Ortodoxos a reunirse con un Obispo de Roma, el encuentro es aun más singular si tomamos en cuenta el agregado de que se haya celebrado en Cuba, país que ha sido gobernado por casi 60 años por un régimen comunista ateo, que desde hace apenas pocos años se ha ido abriendo paulatinamente a la aceptación abierta de la religión. 

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Declaración conjunta:

1. Por la voluntad de Dios Padre, de quien procede todo don, en el nombre de Nuestro Señor Jesucristo, con la ayuda del Espíritu Santo Consolador, nosotros, Francisco, Papa y Obispo de Roma, y Kiril, Patriarca de Moscú y Toda Rusia, nos reunimos hoy en La Habana. Damos gracias a Dios, glorificado en la Santísima Trinidad, por este encuentro, el primero en la historia.

Con alegría, nos reunimos como hermanos en la fe cristiana que se encontraron para “hablar… personalmente” (2 Juan, 12), de corazón a corazón, y discutir las relaciones mutuas entre las Iglesias, los problemas palpitantes de nuestro rebaño y las perspectivas del desarrollo de la civilización humana.

2. Nuestro encuentro fraterno se llevó a cabo en Cuba, en la encrucijada entre el Norte y el Sur, el Este y el Oeste. Desde esta isla, un símbolo de esperanza del Nuevo Mundo y de los dramáticos acontecimientos de la historia del siglo XX, dirigimos nuestras palabras a todas las naciones de América Latina y de otros continentes.

Nos alegra el hecho de que hoy en día aquí la fe cristiana evoluciona dinámicamente. El potencial religioso de gran alcance en América Latina, sus tradiciones cristianas multiseculares, manifestadas en la experiencia personal de millones de personas, son clave para un gran futuro de esta región.


3. Al reunirnos a distancia de las antiguas disputas del Viejo Mundo, sentimos muy fuertemente la necesidad de colaboración entre los católicos y los ortodoxos, que deben estar siempre preparados para responder a cualquiera que les pida razón de la esperanza (1 Pedro 3, 15).

4. Damos gracias a Dios por los dones que hemos recibido a través de la venida al mundo de su Hijo Unigénito. Compartimos la Tradición espiritual común del primer milenio del cristianismo. Los testigos de esta Tradición son la Santísima Madre de Dios, la Virgen María, y los santos a quienes veneramos. Entre ellos están innumerables mártires que mostraron su fidelidad a Cristo y se convirtieron en “la semilla de cristianos”.

5. A pesar de tener la Tradición común de diez primeros siglos, los católicos y los ortodoxos, durante casi mil años, están privados de comunicación en la Eucaristía. Permanecimos divididos dado a las heridas causadas por los conflictos del pasado lejano y reciente, por las diferencias heredadas de nuestros antepasados, en la comprensión y la explicación de nuestra fe en Dios, un ser único que existe como tres personas: Padre, Hijo y Espíritu Santo. Lamentamos la pérdida de la unidad, que era una consecuencia de la debilidad y la pecaminosidad humana, que se produjo a despecho de la oración del Primer Sacerdote, Cristo Salvador: “Te pido que todos ellos estén unidos; que como tú, Padre, estás en mí y yo en ti, también ellos estén en nosotros, para que el mundo crea que tú me enviaste” (Juan 17, 21).

6. Conscientes de muchos obstáculos que hay que superar, esperamos que nuestro encuentro contribuya a la obtención de la unidad mandada por Dios, por la que Cristo había rezado. Que nuestro encuentro inspire a los cristianos de todo el mundo para invocar con el nuevo fervor al Señor, orando sobre la plena unidad de todos sus discípulos. Que ésta, en el mundo que espera de nosotros no sólo palabras, sino acciones, sea un signo de esperanza para todas las personas de buena voluntad.

7. Teniendo firmeza en hacer todo lo necesario para superar las diferencias históricas heredadas por nosotros, queremos reunir nuestros esfuerzos a fin de dar testimonio del Evangelio de Cristo y del patrimonio común de la Iglesia del primer milenio, respondiendo conjuntamente a los desafíos del mundo moderno. Los ortodoxos y los católicos deben aprender a llevar el testimonio común de la verdad en aquellas áreas, en las que es posible y necesario. La civilización humana ha entrado en un período de cambios epocales. La conciencia cristiana y la responsabilidad pastoral no nos permiten que permanezcamos indiferentes ante los desafíos que requieren una respuesta conjunta.

8. Nuestra atención está dirigida principalmente hacia aquellas regiones del mundo donde los cristianos están sometidos a persecución. En muchos países de Oriente Medio y África del Norte, se exterminan familias completas de nuestros hermanos y hermanas en Cristo, pueblos y ciudades enteros habitados por ellos. Sus templos están sometidos a la destrucción bárbara y a los saqueos, los santuarios – a la profanación, los monumentos – a la demolición. En Siria, Irak y otros países de Oriente Medio observamos con dolor el éxodo masivo de cristianos de la tierra donde nuestra fe comenzó a extenderse, y donde ellos vivían a partir de los tiempos apostólicos, junto con otras comunidades religiosas.

9. Hacemos un llamamiento a la comunidad internacional a tomar medidas inmediatas para evitar un mayor desplazamiento de los cristianos de Oriente Medio. Levantando nuestras voces en defensa de los cristianos perseguidos, también solidarizamos con sufrimientos de seguidores de otras tradiciones religiosas, que se han convertido en víctimas de la guerra civil, el caos y la violencia terrorista.

10. En Siria e Irak esta violencia ha cobrado miles de vidas, dejando sin hogares y medios de vida a unos millones de personas. Hacemos un llamamiento a la comunidad internacional a unirse para poner fin a la violencia y al terrorismo y al mismo tiempo, a través del diálogo, a contribuir a la pronta obtención de la paz civil. Se requiere una ayuda humanitaria de gran escala para el pueblo que sufre, y para muchos refugiados en los países vecinos.

Solicitamos a todos los que pueden, influir en el destino de todos los secuestrados, incluyendo a los Metropolitas de Alepo, Pablo y Juan Ibrahim, capturados en abril de 2013, para hacer todo lo necesario a fin de su pronta liberación.


11. Enviamos oraciones a Cristo, Salvador del mundo, sobre el establecimiento en suelo de Oriente Medio de la paz, que es producto de la justicia (Isaías 32, 17), sobre el fortalecimiento de la convivencia fraterna entre diversos pueblos, Iglesias y religiones situados en esta tierra, sobre el regreso de los refugiados a sus casas, sobre la curación de los heridos y el reposo de almas de las víctimas inocentes.

Dirigimos a todas las partes que puedan estar involucradas en los conflictos, un ferviente llamamiento para manifestar buena voluntad y llegar a la mesa de negociación. Al mismo tiempo, es necesario que la comunidad internacional haga todos los esfuerzos posibles para poner fin al terrorismo mediante acciones comunes, conjuntas y sincronizadas. Hacemos un llamamiento a todos los países involucrados en la lucha contra el terrorismo, a las acciones responsables y prudentes. Hacemos un llamado a todos los cristianos y a todos los creyentes en Dios para rezar al Señor Creador y Providente que cuida el mundo, que guarde su creación de la destrucción y no permita una nueva guerra mundial. Para que la paz sea duradera y fiable, se requieren esfuerzos especiales destinadas al regreso a los valores comunes, que nos unen, basados en el Evangelio de Nuestro Señor Jesucristo.


12. Admiramos la valentía de aquellos que entregan sus vidas por haber dado testimonio de la verdad del Evangelio, prefiriendo la muerte ante la abjuración de Cristo. Creemos que los mártires de nuestros tiempos, procedentes de diferentes Iglesias, pero unidos por un sufrimiento común, son la clave para la unidad de los cristianos. A vosotros, los que sufren por Cristo, dirige su palabra el Apóstol del Señor: “Queridos hermanos,… alegraos de tener parte en los sufrimientos de Cristo, para que también os llenéis de alegría cuando su gloria se manifieste” (1 Pedro 4, 12-13).

13. En esta época turbadora se necesita el diálogo interreligioso. Las diferencias en comprensión de las verdades religiosas no deben impedir que las personas de diversas religiones vivan en paz y armonía. En las circunstancias actuales, los líderes religiosos tienen una responsabilidad especial por la educación de su rebaño en el espíritu de respeto por las creencias de aquellos que pertenecen a otras tradiciones religiosas. Los intentos de justificar actos criminales por consignas religiosas son absolutamente inaceptables. Ningún crimen puede ser cometido en el nombre de Dios, “porque Dios es Dios de paz y no de confusión” (1 Corintios 14, 33).

14. Atestiguando el alto valor de la libertad religiosa, damos gracias a Dios por el renacimiento sin precedentes de la fe cristiana que ahora se lleva a cabo en Rusia y muchos países de Europa del Este, donde por décadas han gobernado regímenes ateos. Hoy en día, las cadenas del ateísmo militante cayeron, y en muchos lugares los cristianos son libres de profesar su fe. Durante un cuarto de siglo, aquí se erigieron decenas de miles de nuevos templos, se abrieron cientos de monasterios y escuelas teológicas. Las comunidades cristianas realizan amplias actividades caritativas y sociales, prestando diversa asistencia a los necesitados. Los ortodoxos y los católicos a menudo trabajan hombro con hombro. Ellos defienden la base espiritual común de la sociedad humana, dando testimonio de los valores evangélicos.

15. Al mismo tiempo, nos preocupa la situación que tiene lugar en tantos países, donde los cristianos enfrentan cada vez más la restricción de la libertad religiosa y del derecho a dar testimonio sobre sus creencias y a vivir de acuerdo con ellas. En particular, vemos que la transformación de algunos países en las sociedades secularizadas, ajenas de cualquier memoria de Dios y su verdad, implica una grave amenaza para la libertad religiosa. Estamos preocupados por la limitación de los derechos de los cristianos, por no hablar de la discriminación contra ellos, cuando algunas fuerzas políticas, guiadas por la ideología del secularismo que en numerosos casos se vuelve agresivo, tienden a empujarles a los márgenes de la vida pública.

16. El proceso de la integración europea, que comenzó después de siglos de conflictos sangrientos, fue acogido por muchas personas con esperanza, como prenda de paz y seguridad. Al mismo tiempo, advertimos en contra de aquella clase de integración que no respeta la identidad religiosa. 

Respetamos la contribución de otras religiones a nuestra civilización, pero estamos convencidos de que Europa debe mantener la fidelidad a sus raíces cristianos. Hacemos un llamamiento a los cristianos en Europa Occidental y Europa Oriental a unirse a fin de dar testimonio conjunto sobre Cristo y el Evangelio, para que Europa mantenga su alma formada por dos mil años de la tradición cristiana.

17. Nuestra atención está destinada a las personas que se encuentran en una situación desesperada, viven en la pobreza extrema en el momento en que la riqueza de la humanidad está creciendo. No podemos permanecer indiferentes al destino de millones de migrantes y refugiados que tocan a las puertas de los países ricos. El consumo incontrolado, típico para algunos estados más desarrollados, agota rápidamente los recursos de nuestro planeta. La creciente desigualdad en la distribución de bienes terrenales, aumenta el sentido de la injusticia del sistema de las relaciones internacionales que se está implantando.

18. Las Iglesias cristianas están llamadas a defender exigencias de la justicia, del respeto a las tradiciones nacionales y de la solidaridad efectiva con todos los que sufren. Nosotros, los cristianos, no debemos olvidar que “para avergonzar a los sabios, Dios ha escogido a los que el mundo tiene por tontos; y para avergonzar a los fuertes ha escogido a los que el mundo tiene por débiles. Dios ha escogido a la gente despreciada y sin importancia de este mundo, es decir, a los que no son nada, para anular a los que son algo. Así nadie podrá presumir delante de Dios” (1 Corintios 1, 27-29).

19. La familia es el centro natural de la vida de un ser humano y de la sociedad. Estamos preocupados por la crisis de la familia en muchos países. Los ortodoxos y los católicos, compartiendo la misma visión de la familia, están llamados a testificar acerca de la familia como de un camino hacia la santidad, que se manifiesta en la fidelidad mutua de los cónyuges, su disponibilidad para dar a luz a los niños y formarles, en la solidaridad entre las generaciones y el respeto hacia los enfermizos.

20. La familia es fundada sobre el matrimonio que es un acto libre y fiel de amor entre un hombre y una mujer. El amor fortalece su unión, les enseña a aceptar uno a otros como a un don. El matrimonio es la escuela del amor y de la fidelidad. Lamentamos que otras formas de convivencia se equiparan ahora con esta unión, y la visión de la paternidad y la maternidad como de especial vocación del hombre y de la mujer en el matrimonio, santificada por la tradición bíblica, se expulsa de la conciencia pública.

21. Hacemos un llamamiento a todos para respetar el derecho inalienable a la vida. Unos millones de bebés están privados de la propia posibilidad de aparecer a la luz. La sangre de los niños no nacidos pide a gritos a Dios que haga justicia. (Génesis 4, 10).

La divulgación de la así llamada eutanasia conduce al hecho de que los ancianos y enfermos comienzan a sentirse carga excesiva para su familia y la sociedad en conjunto.


Expresamos nuestra preocupación por el uso cada vez más extendido de las tecnologías biomédicas de reproducción, porque la manipulación de la vida humana es un ataque contra los fundamentos del ser de la persona creada a imagen de Dios. Consideramos que nuestro deber es hacer acordarse sobre la inmutabilidad de los principios morales cristianos, basados en el respeto por la dignidad de la persona que está destinada a la vida de acuerdo con el plan de su Creador.


22. Queremos hoy dirigir unas palabras especiales a la juventud cristiana. Vosotros, los jóvenes, no debéis esconder dinero en la tierra (Mateo 25, 25), sino usar todas las dotes dadas por Dios, para afirmar la verdad de Cristo en el mundo, realizar los mandamientos evangélicos del amor a Dios y al prójimo. No tengáis miedo de ir contra la corriente, defendiendo la verdad de Dios, con la que no siempre se ajustan las normas seculares modernas.

23. Dios os ama y espera de cada uno de vosotros que seáis sus discípulos y apóstoles. Sed la luz de este mundo, para que otros, viendo el bien que hacéis, alaben todos a vuestro Padre que está en el cielo (Mateo 5, 14-16). Educad a los niños en la fe cristiana para entregarles la perla preciosa de la fe (Mateo 13, 46) que recibisteis de vuestros padres y antepasados. No olvidéis que “Dios os ha comprado por un precio” (1 Corintios 6, 20), el precio de la muerte en la cruz de Dios Hombre, Jesucristo.

24. Los ortodoxos y los católicos están unidos no sólo por la Tradición común de la Iglesia del primer milenio, sino también por la misión de predicar el Evangelio de Cristo en el mundo contemporáneo. Esta misión requiere respeto mutuo entre los miembros de las comunidades cristianas, excluye cualquier forma del proselitismo.

No somos competidores, sino hermanos: debemos arrancar de este concepto ejecutando todas actividades relacionadas con nuestros lazos y contactos con el mundo exterior. Instamos a los católicos y a los ortodoxos de todo el mundo para aprender a vivir juntos en paz, amor y armonía unos con otros (Romanos 15, 5). Es inaceptable el uso de medios incorrectos para obligar a los fieles a pasar de una Iglesia a otra, dejando de lado su libertad religiosa y sus propias tradiciones. Estamos llamados a poner en práctica el mandamiento de San Pablo Apóstol y “anunciar el evangelio donde nunca antes se había oído hablar de Cristo, para no construir sobre cimientos puestos por otros” (Romanos 15, 20).


25. Esperamos que nuestro encuentro contribuya a la reconciliación donde hay tensiones entre los greco-católicos y los ortodoxos. Hoy en día es obvio que el método de “la unión” de los siglos pasados que implica la unidad de una comunidad con la otra a costa de la separación de su Iglesia, no es la manera de restaurar la unidad. Al mismo tiempo, las comunidades eclesiásticas que han aparecido como resultado de circunstancias históricas tienen derecho a existir y hacer todo lo necesario para satisfacer menesteres espirituales de sus fieles, buscando la paz con sus vecinos. Los ortodoxos y los greco-católicos necesitan la reconciliación y la búsqueda de formas de convivencia mutuamente aceptables.

26. Lamentamos el enfrentamiento en Ucrania que ya cobró muchas vidas, causó sufrimientos innumerables a los civiles, hundió la sociedad en una profunda crisis económica y humanitaria. Hacemos un llamamiento a todas las partes del conflicto a tener prudencia, mostrar la solidaridad social y trabajar activamente para el establecimiento de la paz. Instamos a nuestras Iglesias en Ucrania a trabajar para lograr la armonía social, abstenerse de participar en la confrontación y de apoyar el desarrollo del conflicto.

27. Esperamos que la división entre los creyentes ortodoxos en Ucrania sea vencida sobre la base de las normas canónicas existentes, que todos los cristianos ortodoxos de Ucrania vivan en paz y armonía, y que las comunidades católicas del país contribuyan a ello, para que nuestra hermandad cristiana sea aún más evidente.

28. En el mundo de hoy, multifacético y al mismo tiempo unido por el destino común, los católicos y los ortodoxos están llamados a colaborar fraternamente para anunciar el Evangelio de la salvación, dar testimonio común de la dignidad moral y la auténtica libertad humana, “para que el mundo crea” (Juan 17, 21). Este mundo, en el que se están socavando rápidamente los fundamentos morales de la existencia humana, espera de nosotros el fuerte testimonio cristiano en todos los ámbitos de la vida personal y social. ¿Podremos en la época crucial dar testimonio conjunto del Espíritu de la verdad? De esto depende, en gran medida, el futuro de la humanidad.

29. Que Jesucristo, Dios Hombre, Nuestro Señor y Salvador, nos ayude en el anuncio valiente de la verdad de Dios y de la Buena Noticia de salvación. El Señor nos fortalece espiritualmente con su promesa infalible: “No tengáis miedo, pequeño rebaño, que el Padre, en su bondad, ha decidido daros el reino” (Lucas 12, 32).

Cristo es una fuente de alegría y de esperanza. La fe en él transfigura la vida del ser humano, la llena de significado. Lo han vivido por su propia experiencia todos aquellos de los que se puede decir con las palabras de San Pedro Apóstol: “Antes, ni siquiera erais pueblo, pero ahora sois pueblo de Dios; antes Dios no os tenía compasión, pero ahora tiene compasión de vosotros” (1 Pedro 2, 10).


30. Llenos de gratitud por el don de comprensión mutua que se manifestó en nuestra reunión, nos dirigimos con esperanza a la Santísima Madre de Dios, haciendo solicitud con las palabras de la antigua oración: “Bajo tu amparo nos acogemos, Santa Madre de Dios”. Que la Santísima Virgen María con su amparo fortalezca la hermandad de todos que la veneran, para que ellos, en un momento determinado por Dios, se junten, en paz y concordia, en el único pueblo de Dios, ¡sea glorificado el nombre de la Trinidad Consustancial e Inseparable!


Francisco
Obispo de Roma,
Papa de la Iglesia Católica
Kiril
Patriarca de Moscú
y Toda Rusia
 
12 de febrero de 2016, La Habana (Cuba)

¿Por qué hacemos la señal de la cruz antes de que se lea el Evangelio en la Misa?

 
Quizá no seas católico pero has asistido por alguna razón a Misa, o posiblemente lo seas, pero nunca has entendido exactamente el porqué de esta práctica. Sea cual sea tu caso, puede ser que te hayas preguntado por qué es que durante la celebración eucarística hacemos la Señal de la Cruz sobre nuestra frente, boca y pecho justo antes de que el Presbítero (sacerdote) lea el Evangelio durante la litúrgia de la palabra y exactamente mientras él dice "del santo Evangelio según san..." y los fieles pronunciamos "Gloria a Ti, Señor".
 

Pues aqui, de manera muy sencilla, bastante rápida y brevemente te lo explicamos:
 

Es muy simple: Hacemos una cruz en nuestra frente para decir que el relato bíblico que estamos por escuchar y que tiene que ver sobre la vida, muerte y resurección de nuestro Señor Jesucristo permanezca en nuestras mentes [señal de la cruz en la frente], y en nuestros labios [señal de la cruz sobre la boca], para que seamos prontos en compartilo con los demás, y para que permanezca en nuestros corazónes [señal de la cruz a la altura del pecho] y arda en ellos con fervor sagrado.
 

La manera más adecuada de trazar la cruz es con los dedos como se muestran en la siguiente imagen.



¿Qué significa esta posición de los dedos? Es algo muy sencillo: Los tres dedos que van juntos (pulgar, índice y medio) representan a la Santísima Trinidad, al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo. Los otros dos dedos que van unidos entre sí y dirigidos hacia el interior de la palma de la mano (anular y meñique) representan la doble naturaleza de Cristo, humana y divina (unión hipostática).

viernes, 11 de diciembre de 2015

'Los necesitamos'. Carta de un católico ex-protestante a los evangélicos.




Brantly y su esposa Krista.



















Carta abierta a los evangélicos: los necesitamos.
Otra reforma católica está en marcha, ¿se apuntan?
A mis amigos evangélicos: 

Los admiro. Realmente. Y se sorprenderían al saber que muchos otros católicos también los admiran.
 

Admiramos su conocimiento de la Escritura y sus estudios bíblicos. Admiramos su devoción por la evangelización y las misiones. Admiramos su disponibilidad para levantarse públicamente por su fe incluso cuando signifique que se burlarán de ustedes o serán humillados.
 

Pero sobre todo, admiramos su profundo amor por Jesús. ¿Qué puede importar más?

Estas son todas las cosas que la Iglesia Católica tiene, por supuesto, pero los católicos no siempre vivimos nuestra fe del todo bien.
 

Sí, todo el mundo ha pecado, evangélicos incluidos (ustedes serían los primeros en admitir esto), pero se que ustedes son maravillosos porque fui educado en una congregación evangélica y fui al Wheaton College, el así llamado “Harvard de las escuelas evangélicas”. Algunos de lo más devotos, amorosos seguidores de Cristo que he conocido jamás son cristianos evangélicos.
 

No obstante, en 2010, alrededor de un mes antes de graduarme de Wheaton, me uní a la Iglesia Católica.

Antes de perder su atención, déjenme decir que la mía no es una historia más de conversión –ahora verán adónde quiero llegar.
 

No me fui a la Iglesia Católica porque pensara que los católicos tenían la mejor pastoral o la mejor predicación.
 

No fue que estaba desilusionado a causa de evangélicos hipócritas o que pensara que la Iglesia Católica estaba libre de escándalos (¿han oído algún escándalo sobre la Iglesia católica?). Y tampoco me uní a la Iglesia Católica porque pensara que personalmente conecto mejor con la liturgia o algo así.
 

No, me uní a la Iglesia Católica a causa de algo que estoy seguro de que pueden entender: Quería seguir a Jesús. Y estuve convencido de que la Iglesia Católica es el lugar establecido por Cristo donde se supone que la gente debe hacerlo.
 

Pero eso no quiere decir que recuerde mi época como evangélico negativamente. Al contrario, yo, como muchos otros evangélicos convertidos al catolicismo, estamos inmensamente agradecidos por todas las cosas maravillosas que recibimos del evangelicalismo. Me entristece decirlo, pero quizá no habría conocido la Escritura tan bien como hoy la conozco si hubiera sido educado como católico. De hecho, mi época como evangélico me preparó para ser mejor católico.
 

Lo que me lleva al punto principal de esta carta: Los necesitamos.
 

Nos dice San Pablo en 1 Co 12 que hay muchas partes del Cuerpo de Cristo, cada una con un papel único e indispensable. “El ojo no puede decir a la mano: «No te necesito», ni la cabeza, a los pies: «No tengo necesidad de ustedes». (v. 21) Como los cristianos bautizados, los evangélicos tienen dones que la Iglesia necesita para llevar a cabo con efectividad su misión de salvar almas – dones que estamos profundamente perdiendo.
 

Me refiero a un problema que a muchos de ustedes les preocupa: el Cuerpo de Cristo está sufriendo en su testimonio del Evangelio porque no estamos unidos y trabajando conjuntamente.
 

Ahora, como ya expliqué en otro lado, no creo que la sola scriptura sea suficiente para establecer unidad entre los cristianos. Llevamos varios siglos de proyecto protestante, y pienso que es claro para todos que esta doctrina sólo conduce a interminables divisiones, a un pluralismo de bajo común denominador, y al aislamiento. Pero no a la unidad como Iglesia.
 

Por eso, pienso que debemos regresar a la fuente: La Iglesia primitiva, la Iglesia de los mártires y santos, la Iglesia fundada por Cristo, con obispos sucediendo a los Apóstoles, la Iglesia Universal (Católica). Eso es lo que he hecho.
 

Pero esperen un momento, ustedes dicen, "¿no es la Iglesia católica corrupta? ¿No necesitó acaso una reforma?".
 

La Iglesia Católica siempre necesita reformarse, al menos en lo que se refiere a la santidad y fidelidad de sus miembros. Era cierto en el siglo I, era cierto en el siglo XVI, y sigue siendo verdad al día de hoy.
 

Y es ahí donde ustedes entran. Necesitamos su ayuda con otra auténtica reforma católica.
 

Verán, los reformadores protestantes no fueron los primeros en buscar la reforma Cristiana. Muchos de los más grandes santos de la Iglesia fueron reformadores durante épocas de terrible corrupción e infidelidad. Quizá podrían elevar la mirada a algunos de ellos: San Gregorio Magno, San Benito de Nursia, Santa Catalina de Siena, San Ignacio de Loyola, San Francisco de Asís, y muchos otros.
 

Pero, ¿recuerdan el mensaje que San Francisco de Asís oyó de Jesús? Si no conocen la historia, él estaba orando en una pequeña y tambaleante capilla fuera de la ciudad cuando Jesús le habló desde el crucifijo, “Francisco, repara mi Iglesia, pues está en ruinas”. Francisco originalmente tomó este mensaje como una orden de reparar el edificio de la iglesia, pero se volvió claro con el tiempo que Dios lo había llamado a reformar la Iglesia espiritualmente.
 

Noten que Francisco fue llamado a reparar la Iglesia, no a comenzar una nueva. Necesitamos levantar la Iglesia que Jesús fundó, no llevárnosla con nosotros para comenzar una nueva Iglesia versión 2.0.
 

Esta es la diferencia entre los santos y los reformadores protestantes. Los santos buscaron una reforma dentro de la Iglesia, mientras que los reformadores protestantes escogieron el cisma – y hemos estado lidiando con el resultado desastroso desde entonces.
 

Claro, los reformadores protestantes escogieron esa ruta porque diagnosticaron que los problemas en la Iglesia no eran meramente de carácter moral, sino doctrinal. Aunque luego ellos mismos no pudieron ponerse de acuerdo sobre cual era la doctrina correcta.
 

Al día de hoy, no estoy convencido de que la mayoría de los evangélicos realmente tengan un problema con la mayoría del verdadero Catolicismo. Los católicos creen que la gente se salva sólo por Jesús, que es Dios encarnado y el único digno de nuestra adoración; creemos en la absoluta necesidad de la gracia y misericordia de Dios para la salvación; creemos que la Biblia es la Palabra de Dios inspirada e inapelable en todo lo que dice; creemos en el pecado y el juicio, el cielo y el infierno, la urgente necesidad de evangelización, en el arrepentimiento, la fe, la esperanza y el amor, etc.
 

Sí, hay áreas de desacuerdo significativo: la precisa naturaleza de la justificación, el número de libros en el Antiguo Testamento, el rol de la tradición oral, los Sacramentos, etc. Pero es por eso que tenemos una Iglesia, que la Escritura la llama “columna y fundamento de la verdad.” (1 Tim 3.15): para corregirnos cuando estamos mal. Escoger una iglesia solo porque está de acuerdo con la teología de uno es lo opuesto a como la Iglesia fue concebida para hacer y funcionar.
 

Y mientras ciertos líderes evangélicos están obviamente muy comprometidos con sus particulares modificaciones de estas doctrinas, no estoy seguro de que la mayoría de evangélicos comunes y corrientes estén tan interesados realmente con estas posturas. Si eres un evangélico que está más interesado en “sólo seguir a Jesús” que continuar los intrincados debates teológicos de los últimos siglos, insinuo que no tienes una buena razón para seguir siendo protestante, puesto que fueron esos debates los que causaron el cisma desde el principio. De hecho, el Magisterio vivo de la Iglesia podría ser lo que estás buscando: con su recta autoridad, fundamentada en Cristo, para establecer límites para interpretar las Escrituras y resolver discusiones, ofrece un camino a la gente para dejar atrás las disputas interminables (pero sin abandonar totalmente la teología) y centrarse mejor en seguir a Jesús. 

Claro está, como ya dije, el Catolicismo vivido tiene problemas. Pero me gustaría desafiarlos a mirar los problemas de manera diferente. En lugar de usar los problemas como munición contra la unidad cristiana, ¿podrían ayudarnos a mejorar las cosas?
 

En otras palabras, ¿podrían tomar lo mejor del Evangelicalismo – su fervor por la evangelización, su conocimiento de la Escritura, su compromiso creativo de la cultura, etc. – y traerlo con ustedes a la Iglesia Católica para enriquecerla desde dentro?
 

Si lamentan que la mayoría de católicos no conocen la Escritura, por ejemplo, entonces vengan a la Iglesia Católica y empiecen estudios bíblicos. Si lamentan que los católicos no estén evangelizando, inicien un programa de entrenamiento de evangelización para católicos. O cualquier otra cosa para la que se sientan inspirados. Pero intenten arreglar los problemas.
 

Y no estarán totalmente solos. Se sorprenderían de saber que muchos antiguos evangélicos ya están haciendo esto. De hecho, en las últimas décadas ha habido un sorprendente giro en la historia, un giro que nadie en el pasado no tan lejano podría haber visto venir: desde los escombros de las heréticas, escandalosas y sacrílegas tonterías que han estado consumiendo a la Iglesia Católica en las últimas décadas, Dios aparentemente ha decidido producir parte de su Reforma a través de un pequeño pero significativo goteo de conversiones de un grupo que ha considerado históricamente al Catolicismo su peor enemigo: el Protestantismo Evangélico.
 

Realmente, ¿quién vio eso venir? Pero eso es lo que tiene Dios para ti.
 

Pasen algún tiempo en círculos católicos, y rápidamente se darán cuenta que muchos (ciertamente no todos) de los católicos que están llevando nuevos ministerios, elaborando nuevos programas, o quienes intentan revitalizar la auténtica vida católica son convertidos del Evangelicalismo.
 

Pero hay mucho trabajo por hacer.
 

Motivo por lo cual los necesitamos.
 

La puerta está abierta. Los estoy invitando a volver a la plena comunión con la Iglesia Católica para que podamos trabajar conjuntamente y hacer lo que los reformadores protestantes debieron haber hecho: reformar la Iglesia que Cristo nos dio.
 

Les advierto con toda sinceridad: es un trabajo duro. A veces parecerá que no estamos haciendo ningún progreso. Encontrarán resistencia de los católicos acomodados en su status quo, y podrían sentirse a veces tentados de sacar otro Lutero. Pero realmente creo que si, como los santos antes que nosotros, con absoluta dependencia en la gracia de Dios, perseveramos en la humildad, la paciencia, la oración, y la diaria conversión personal, podremos hacer diferencia.
 

Luego, fortalecidos con todos los dones del Cuerpo de Cristo trabajando juntos en el camino que Cristo había previsto, podremos más efectivamente salir a salvar algunas almas.
 

¿Se apuntan?
 

En Cristo,
Brantly.
 

Brantly Millegan es un ex-evangélico convertido al Cristianismo católico. Tiene una licenciatura en Filosofia en Wheaton College, una maestría en Teología por el Saint Paul Seminary School of Divinity y está cursando un doctorado en Teología con especialidad en teología moral por la Catholic University of America. Además es el fundador y editor de ChurchPOP (www.churchpop.com) y editor y colaborador de otros sitios católicos como aleteia.org