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jueves, 20 de junio de 2019

¿Se puede ser Católico y creer en el 'Karma'?



Hoy día en occidente se han puesto de moda muchas creencias orientales sobre el alma, debido al auge de la llamada "Nueva Era", que ofrece la experiencia de una "espiritualidad" sin la necesidad de un Dios Personal, el cual es sustituido por una especie de "energía universal" impersonal. Estas ideas se han vuelto tan populares en nuestra sociedad que muchos ya las dan por sentadas, a pesar de que al mismo tiempo profesen una fe cristiana. No es muy extraño escuchar a alguien formalmente católico decir que a tal o cual persona le pasó algo debido al "karma". Así que es necesario preguntarnos: ¿Se puede ser católico y al mismo tiempo creer en el karma?

Y la respuesta es un rotundo NO. No es posible empatizar la fe cristiana del catolicismo con el karma.
 

¿Pero por qué no son compatibles?

El 'Karma' es incompatible con la fe católica porque es exactamente lo contrario a la GRACIA y la doctrina de la Gracia es central, fundamental e insustituible para el cristianismo.

Los Cristianos creemos que alcanzamos la salvación del alma porque Dios, gratuitamente, sin mérito humano de por medio, ha decidido entregar a su propio Hijo como Cordero propicio por nuestros pecados y los méritos salvíficos del Sacrificio de Cristo realizado en la cruz nos son infundidos ordinariamente de manera gratuitamente por medio de los Sacramentos (medios de Gracia).

Esto es muy importante, pues según la idea del 'karma', lo único que hubiese merecido la humanidad, debido a su constante y terrible pecado, era un castigo indescriptible, proporcional a su pecado, pues a sus malas acciones hubiera merecido unas muy malas consecuencias, sin embargo Dios, por su Divina Misericordia, sin que lo mereciéramos, decidió reconciliarnos con Él por medio de su Hijo: "mas la prueba de que Dios nos ama es que Cristo, siendo nosotros todavía pecadores, murió por nosotros" (Romanos 5, 8).

Lo que hizo Dios, por su Gracia, el enviar a su Hijo a morir por los hombres, siendo los hombres terriblemente pecadores, es completamente contrario a la ley del karma. Merecíamos castigo, y un castigo muy severo, pero por su Gracia hemos recibido perdón.

Pero la Gracia, además de ser el regalo mismo de la salvación, es una asistencia sobrenatural en el alma que nos fortalece para poder cumplir la voluntad de Dios y permanecer en Comunión con Él. Sin esta fuerza sobrenatural que es la Gracia en nuestras almas, el hombre, abandonado a sus propias fuerzas, no podría agradar a Dios, puesto que debido a la concupiscencia, siempre tiene una inclinación al pecado, inclinación que solo puede ser derrotada con la ayuda de la Gracia. La Gracia se nos regala para que podamos, con ella, vencer al pecado.

En la enseñanza del Karma es el alma la que se castiga o se recompensa a sí misma por sus propias obras, sin la intervención de Dios. El 'Karma' no considera la Misericordia Divina, por lo tanto es una enseñanza ajena a la creencia cristiana.

Ahora bien, ¿no dice acaso la biblia que Dios dará a cada uno según sus obras? ¿No sería esto compatible con el karma?

No es compatible porque, como ya hemos dicho, en el Karma no es necesaria ni siquiera la participación de un Dios Personal que juzga y retribuye, pues el karma sería una energía que "equilibra", una especie de ley de "causa-efecto" que rige al universo.

En la fe cristiana por su parte, si bien Dios dará a cada uno según sus obras, y recompensará al justo y castigará al impío, no supone esto una sustitución de la Gracia Divina. Dios concederá la salvación a aquellos que, unidos a Cristo, y gracias a Él, a Su Gracia infundida en sus almas, hayan dado buenos frutos, porque como bien dice el Señor ("porque separados de mí no pueden hacer nada". Juan 15, 5).

Dios nos recompensará si somos justos, pero solo podemos obrar en justicia si dejamos que su gracia opere en nuestras almas.
 

Así que en resumen, en tanto que la creencia del 'karma' sostiene que el alma avanza o retrocede en cada vida (la reencarnación, dicho sea de paso, también es una idea contraria a la fe católica), debido a las propias acciones personales, que se equilibran a sí mismas por una ley o energía impersonal, sin un Dios que juzgue a cada uno al final de la vida, es definitivamente una creencia del todo incompatible con la fe en Jesucristo que enseña la Iglesia católica.

lunes, 3 de junio de 2019

Explicando a un protestante la relación de autoridad entre la Biblia y la Tradición en la doctrina católica.

 
A continuación presento una respuesta que le he dado a un hermano protestante sobre la relación de autoridad entre las Sagradas Escrituras y la Santa Tradición. Esta respuesta fue esgrimida en una red social, pero ante la grave confusión existente sobre lo que pensamos los católicos en cuanto a la Biblia y la Tradición, me parece importante ponerlo a la mano de otros lectores. 

Muchos hermanos separados creen que pensamos que la Tradición es "otra revelación", distinta a la de las Escrituras, y aquí explico que, por el contrario, creemos en una sola y única Revelación pública dada por Dios a la Iglesia, la cual se explica y se transmite por dos medios, de los cuales, en complementariedad, obtenemos la certeza de que lo creemos y practicamos.


Alfredo Rodríguez. 

--
Comentario del hermano separado: Reconocemos que la Escritura tiene su autoridad; sin embargo, aunque para mí tiene toda autoridad, para tí no; y no la tiene en base a algo y puedo saber qué es, ese "algo"; si no me equivoco, ese "algo" es la Viva Voz (Tradición), pero ¿cuál tradición?

Si bien es cierto que las tradiciones son muy buenas, y no hay problema con ellas, al contrario, enriquecen la historia y la vida; incluso resultan necesarias para entender las Escrituras.

Ahora bien, desde el punto de vista biblico, ya sea teológico, litúrgico, etc, la tradición debe ser congruente entre la Viva Voz (Tradición) y la Escritura.

Existen muchas tradiciones, por ejemplo, la tradición familiar (cumpleaños, viajes, etc), la tradición nacional (día de muertos, etc), la tradición importada (halloween, etc) y muchas más, pero si estas tradiciones no son congruentes a lo que Dios ha establecido, no pueden ser puestas por obra por aquéllos que se dicen siervos o hijos de Dios.

Mi pregunta es:
¿ Cuál es esa Viva Voz para tí ?


-- 
Mi respuesta: Creo que aquí has dado en el clavo con esta afirmación: "incluso resultan necesarias para entender las Escrituras". 

Esto es justamente lo que creemos los católicos sobre la Tradición, que es necesaria para entender las Escrituras. Consideramos que la Revelación es un único y solo depósito de la fe que Dios en la plenitud de los tiempos ha confiado a la Iglesia dándole la gran comisión de anunciarlo y hacer discípulos de todas las naciones, y que ésta Revelación está contenida tanto en la Escritura como en la Tradición, no como dos Revelaciones distintas, sino como dos formas de transmisión de la única Revelación que existe.

O sea toda la Revelación está completamente contenida en las Escrituras (suficiencia material) y está completamente contenida en la Tradición, y la comprensión de ambas, por medio del Magisterio de la Iglesia que constituyeron los apóstoles y que confiaron a los obispos, es lo que da formalidad a las doctrinas.

Preguntas "¿Cuál es esa Viva Voz para tí ?". Bueno, voy a usar unos ejemplos para que veas cómo entendemos está íntima relación y complementariedad entre Escritura y Tradición apostólica, y cómo el entendimiento correcto de la primera es alcanzado por la luz que le proporciona la segunda.

Pensemos en la Eucaristía. Hay un gran debate entre ustedes y nosotros sobre la realidad de este Sacramento, sobre cuál es la forma en que Jesús está presente o si de plano no está presente en el pan y en el vino y solo sirve para recordarlo. Incluso –y esto creemos que es a causa precisamente de haber desechado la Tradición en el protestantismo- el debate ocurre entre las comunidades protestantes; Lutero, Calvino y Zwinglio, con las misma biblia, nunca se pudieron poner de acuerdo sobre la Cena del Señor, para Lutero el verdadero Cuerpo y Sangre del Señor estaban misteriosamente presentes en medio del pan y del vino, para Calvino se trataba de una presencia, pero espiritual, y para Zwinglio era solo un símbolo, sin misterio alguno de por medio. Tres interpretaciones con las mismas Escrituras.

Si hubiesen recurrido a la Tradición, no hubiesen disputado sobre este asunto, porque la Tradición lo aclara, despejando toda duda sobre cómo esos pasajes fueron entendidos en la Iglesia primitiva (ya que los primeros cristianos recibieron la comprensión sobre este asunto directamente de los apóstoles, de viva voz)

Si tomamos solo las Escrituras podemos llegar a muchas conclusiones distintas sobre este Sacramento, y terminar en una guerra de versículos de ida y vuelta sin llegar a un acuerdo, ¿entonces que es lo que nos arroja luz sobre este tema, y lo que nos hace afirmar a los católicos que se trata del verdadero Cuerpo y la Sangre de Cristo? LA TRADICIÓN es la que nos arroja esa claridad, porque así ha sido sostenido desde los primeros siglos de manera unánime por los Padres de la Iglesia, los sucesores de los apóstoles.

Entonces, tenemos algunos pasajes donde Jesús nos dice "el pan que yo les daré es mi carne", "el que no come mi carne y bebé mi sangre…", "mi carne es verdadera comida…", "esto es mi cuerpo", etc., pero puede haber dudas razonables sobre el sentido en el que Jesús estaba hablando, ¿qué nos lo aclara? ¿Cómo despejamos las dudas? ¿Cómo sabemos cuál era la doctrina apostólica sobre este tema? POR MEDIO DE LA TRADICIÓN, y entonces comprendemos que esos detalles particulares eran claros en la Iglesia primitiva porque eso enseñaron de viva voz los apóstoles a las comunidades allí donde llegaban. Entendemos que cuando celebraban la partición del pan, en la intimidad de la comunidad, los apóstoles le transmitieron oralmente a los obispos y al resto de los creyentes, que aquel pan y aquel vino, luego de las palabras de consagración, no debían ser tomados por pan y vino comunes, sino que se convertían en el Cuerpo y la Sangre de Cristo y como tal debían ser tratados recibidos, por ello ese mismo e idéntico lenguaje es el que usan Justino Mártir, Ireneo de León, Atanasio de Alejandría, Juan Crisóstomo, y muchos otros en diversos siglos.

Por eso un documento Magisterial, Dei Verbum, afirma:

«la Iglesia no deriva solamente de la Sagrada Escritura SU CERTEZA acerca de todas las verdades reveladas».

Así que si bien toda la revelación está en la Escritura, LA CERTEZA sobre la revelación no se haya solo en ella, encontramos la certeza, la claridad plena, solo cuando unimos la Escritura a la Tradición.

Podríamos dar otro ejemplo sobre la misma Eucaristía. Nosotros afirmamos que se trata de un verdadero sacrificio, no de otro sacrificio aparte del de Jesús, sino de la renovación del mismo Sacrificio de Jesús, ¿cómo sabemos este detalle? Porque la Tradición nos da la certeza. Sabemos que Jesús dijo "hagan esto en memorial mío" y que bíblicamente un "memorial", en algunas partes de la Escritura, se refiere a un verdadero sacrificio u ofrenda ("Y el sacerdote hará arder el memorial de él, parte del grano desmenuzado y del aceite, con todo el incienso; es ofrenda encendida para Jehová." Lev 2, 16.), no a un mero acto de recordar mentalmente, pero ante la duda que puede existir con las solas escrituras, sobre si es un mero acto de recordar o una verdadera ofrenda, tenemos la certeza que nos da la Tradición, donde, incluso desde la propia Didajé del siglo I, se habla de la Cena del Señor como un sacrificio:

«Los días del Señor reuníos para la partición del pan y la acción de gracias, después de haber confesado vuestros pecados, para que sea puro vuestro sacrificio.

Cualquiera, empero, que tuviere una contienda con su hermano, no os acompañe antes de reconciliarse, para que no sea mancillado vuestro sacrificio.

Pues, éste es el dicho del Señor: "En todo lugar y tiempo me ofrecerán una ofrenda pura. Porque soy un gran Rey, dice el Señor, y mi nombre es admirable entre las naciones".»


En este último párrafo vemos cómo la Tradición nos explica el sentido de un versículo de la Escritura (Malaquías 1, 11), aclarándonos que era una profecía sobre la ofrenda de la Eucaristía que realizaría la Iglesia.

Entonces, en resumen, la Tradición es todo el conocimiento y los detalles particulares de la revelación que dan certeza sobre las prácticas y las doctrinas de la Iglesia tal como la recibieron los apóstoles.

miércoles, 24 de abril de 2019

¿Desobedecemos los católicos lo que dice Éxodo 20, 4? Respuesta a un protestante.


Por medio de nuestro facebook (https://facebook.com/laiglesiafundadaporcristo), un hermano separado nos pregunta: 

"Amigos católicos, ¿por qué ustedes no obedecen Éxodo 20:4 donde Dios prohíbe hacer imágenes?"

Aunque ya es verdaderamente cansado explicar este repetitivo y recurrente argumento protestante, damos aquí una breve respuesta:

Sí, claro que los católicos obedecemos el mandato de Éxodo 20, 4, el cual, en contexto y en esencia, prohíbe tener dioses falsos y hacerse imágenes de ellos. Los católicos ni tenemos otros dioses fuera del único Dios Verdadero, ni hacemos imágenes de ellos.

Éxodo 20, 4 no puede leerse ni entenderse de manera aislada, como si los versículos anteriores no existieran. Si comenzamos a leer desde el primer versículo, nos daremos cuenta que aquí el tema central NO son las imágenes, sino los dioses falsos, y como un resultado secundario, las imágenes que puedan llegar a hacerse de esos dioses falsos. Pero lo esencial, lo que Dios está prohibiendo, es tener dioses ajenos:

1. «Dios pronunció estas palabras: 2. "Yo soy Yahvé, tu Dios, que te he sacado del país de Egipto, del lugar de esclavitud. 3. No tendrás otros dioses fuera de mí. 4. No te harás escultura ni imagen alguna de lo que hay arriba en los cielos, abajo en la tierra o en las aguas debajo de la tierra"»


Si tomamos en cuenta el contexto histórico en que Dios pronunció este mandato, observamos que el Señor le está hablando al pueblo de Israel, al que recién acaba de sacar de Egipto, un país donde sobreabundaba la idolatría con toda clase de dioses falsos de los cuales se hacían imágenes. Así que el versículo 4 es consecuencia del versículo 3, los dioses falsos. La prohibición de las imágenes no es independiente de la prohibición de los dioses falsos, es su resultado. 

¿Y por qué Dios es tan específico al indicar que no deberá hacerse escultura ni imagen de nada de lo que hay en el cielo, en la tierra o en las aguas? Porque muchos de los falsos dioses de Egipto tenían estas características. Por ejemplo, la diosa Heket era representada como una rana, y los egipcios adoraban a las ranas. El halcón era otro animal sagrado, porque representaba a Horus. 

El zoomorfismo (imágenes con formas animales, que muchas veces eran híbridas, mitad humanas, mitad animal) era muy común en los cultos religiosos egipcios, así que las imágenes con alusión a animales que volaban por el cielo, que andaban por la tierra o que nadaban en las aguas eran hacían parte de los ritos de adoración en Egipto, de ahí que Dios les prohibiera a los israelitas hacerse divinidades de todas esas cosas.  

Ahora bien, ¿de ahí se desprende que Dios abomine toda clase de imágenes, incluidas las que representan no ya a dioses falsos o ajenos, sino a sus hijos y siervos, los santos, o a su propio Hijo Jesús hecho Hombre? ¡Por supuesto que no! Dios abomina los ídolos, no abomina las imágenes por sí mismas, y sería absurdo pensar que Dios abomine algo que represente a su propio Hijo, a su sierva elegida, la Santísima Virgen María, o de algún otro de sus hijos adoptivos en razón de la Sangre derramada por su Hijo en la cruz. 

¿Pero acaso no dice Dios en el versículo 5 de Éxodo 20 que es un Dios celoso? ¡Claro! ¡Dios es celoso de los falsos dioses, NO CELOSO DE SUS PROPIOS HIJOS!

Por eso es que, como hemos comentado en otro trabajo anteriormente escrito, Jesús en el evangelio de San Mateo 23, 29 se refiere a las edificaciones destinadas a honrar a los profetas y a los santos de la antigua alianza como "los monumentos de los justos", y no como "los monumentos de los ídolos".

Una imagen no es un ídolo solo por ser una imagen. A quién represente la imagen determina si ésta es o no es un ídolo. Y en tanto que para nosotros, los cristianos católicos, no hay ni existe más Dios que el Dios Uno y Trino; Padre, Hijo y Espíritu Santo, las imágenes de los santos no son sino los monumentos de los justos de la nueva alianza y por tanto no pueden ser considerados como ídolos.

Para profundizar más en el tema puedes leer: 

Razones bíblicas y teológicas que permiten a los cristianos usar imágenes.


martes, 2 de abril de 2019

¿Por qué la Misa es el culto verdadero deseado por Dios? Respuesta a persona que quiere conocer más sobre el cristianismo

 
Pregunta: ¿Tú crees que es imposible que se desarrolle una religión natural basada en la dignidad humana diferente a meramente asistir a misa?

Respuesta: Claro que se puede desarrollar, la misma Iglesia habla de la "Semilla del Verbo" que está presente en todas las culturas y en la gran mayoría de las religiones que ha conocido la humanidad, o sea en todas se encuentra la Semilla de la Verdad, aunque no esté presente en ellas la verdad plena y completa. Y esto es así porque el hombre, creado por Dios, tiene inscrito en su naturaleza la búsqueda natural de Dios, el Catecismo dice al respecto:

«28. De múltiples maneras, en su historia, y hasta el día de hoy, los hombres han expresado su búsqueda de Dios por medio de sus creencias y sus comportamientos religiosos (oraciones, sacrificios, cultos, meditaciones, etc.). A pesar de las ambigüedades que pueden entrañar, estas formas de expresión son tan universales que se puede llamar al hombre un ser religioso».

También San Pablo dice en su Carta a los Romanos que los gentiles tienen la ley de Dios inscrita en sus corazones, o sea todo hombre, guiado por su razón, puede alcanzar a discernir entre el bien y el mal, y eso porque proviene de Dios y a Él aspiran sus más íntimos deseos (aun de los ateos, aunque lo desconozcan).

Ahora, si bien es cierto que los hombres buscan a Dios de múltiples maneras y llevan inscrita la capacidad de hacer el bien en su corazón, no se deduce de ahí que todos los cultos sean iguales. En ese sentido la Misa sí es para nosotros la forma superior, más acabada y perfecta de culto a Dios, porque este culto lo ha instituido Dios mismo, cuando en la última cena Jesús instituye su sacrificio incruento bajo los signos del pan y del vino y ordena a los apóstoles a perpetuar dicho sacrificio de su Cuerpo y Sangre en ofrenda agradable al Padre cuando les dice: "hagan esto en conmemoración mía". Es Jesús mismo, enseñándoles cuál es la forma ritual perfecta de entrar en comunión con Dios; desde la perspectiva cristiana ya no puede haber algo superior a esto si la enseñanza proviene directamente de Jesús.

Los demás cultos son los esfuerzos naturales y legítimos del hombre por entrar en comunión con Dios, la Misa es el medio que Dios le dio a los hombres para entrar en comunión con Él.


jueves, 14 de abril de 2016

Cita de San Agustín sobre la intercesión de los santos.

Seguramente habrás escuchado infinidad de veces a los miembros de los grupos neoevangélicos decir que no se debe orar por los difuntos, ni se debe pedir la intercesión de los santos, que éstas son prácticas "paganas", idolátricas", etc., y que los cristianos de los primeros siglos jamás lo practicaron.

Contrario al pensamiento neoevangélico y protestante, el gran teólogo cristiano San Agustín de Hipona, una de las mentes más brillantes de la cristiandad a lo largo de 2,000 años de historia cristiana, demuestra en estas palabras que era práctica común de la Iglesia tanto orar por el alma de los difuntos, como también encomendarse a las oraciones de los mártires (santos). San Agustín explica que si bien se ora por las almas de los difuntos, no se ruega por las almas de los mártires, no porque esto sea malo o porque esté prohibido, sino porque la Iglesia sobreentiende que ellos ya están en el cielo sin ninguna duda:
“Hay una disciplina eclesial, como sabe el creyente, de que los nombres de los mártires son leídos en voz alta en el altar de Dios, pero estas no son oraciones ofrecidas por ellos. Hay oraciones que sin embargo sí son ofrecidas por el difunto que es recordado. Esto es por que es errado rogar por un mártir, más bien a sus oraciones debemos encomendarnos nosotros mismos.” (San Agustín; Sermones 159:1 [411 D.C.]).

viernes, 30 de enero de 2015

Los milagros eucarísticos demuestran la presencia real de Cristo en la Eucaristía.

Por: Alfredo Rodríguez
 
Es conocido que la mayoría de nuestros hermanos separados (cristianos no católicos) niegan la presencia real de Cristo en la eucaristía, aunque bien cabe aclarar que en algunas corrientes luteranas del "protestantismo clásico" no es así, pues el mismo Lutero, aun habiéndose separado de la Iglesia Católica, afirmaba con toda contundencia que el cuerpo y la sangre de Jesucristo estaba presente en la Santa Cena.

Es una verdadera lástima que los miembros de las actuales denominaciones evangélicas protestantes, debido a sus prejuicios anticatólicos, se pierdan de una de las más grandes y asombrosas maravillas que puede experimentar una persona que ame a Jesús, como lo es el recibir, de manera literal, el cuerpo de nuestro señor Jesucristo.

Hay que reconocer, que a pesar de todos sus errores teológicos y doctrinales, muchos evangélicos protestantes muestran un ferviente amor por Cristo, y mientras que Él se hace realmente presente en cada misa católica para entregar su Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad a cada uno de los que comulgamos, no deja de ser un poco triste pensar en lo que se están perdiendo todos esos hermanos.

En un reciente debate, un protestante que no aclaró a qué iglesia pertenece, negando la eucaristía, decía un tanto de manera irónica a otro hermano católico lo siguiente:
"¿Que le parece si hacemos una prueba, a una hostia después de Bendecida para ver si se volvió carne. ¿Se anima?"
Con mi respuesta quería animarlo a investigar sobre los maravillosos misterios de los 'milagros eucarísticos' investigados científicamente por Ricardo Castañón, en los que, sin ninguna explicación desde el punto de vista materialista, han ocurrido fenómenos que nos sirven de señal para reconocer que la presencia de Cristo en la Eucaristía es cierta y verdadera.

Mi respuesta: ¿Has escuchado hablar de los milagros eucarísticos? Yo te propongo que expliques, si es que no crees en la presencia real de Jesús en la Eucaristía, cómo es que brota sangre real y aparecen células VIVAS (y que han permanecido vivas por años) de tejido del músculo del corazón en un pedazo de pan.

¿Increíble, no crees? La Iglesia afirma, siguiendo fielmente la enseñanza de Jesús, que el pan del altar, luego de la consagración, aunque sigue teniendo la forma de pan, se convierte en el verdadero cuerpo de Cristo, y justamente en esos fragmentos de pan consagrado, pasando por encima de cualquier explicación de las leyes naturales, se han sucedido manifestaciones sobrenaturales, inexplicables para el reduccionista y limitado cientificismo materialista.

¿No ves en eso una señal inequívoca de que Cristo les está gritando "aquí está mi Cuerpo y mi Sangre, les entrego esta pequeña prueba por si lo siguen dudando"?

Desde el día que descubrí dichos fenómenos, y después de investigar que los análisis hayan sido reales y siguiendo el protocolo científico correcto (pues no soy precisamente de las personas que se creen lo primero que ven), demostrando que no se trataba de ningún fraude, me sigo preguntando cómo puede haber protestantes, que conociendo milagros de esa magnitud, se atrevan a seguir negando la Eucaristía, y más grave aún, que se sigan perdiendo voluntariamente por sus prejuicios anticatólicos, de tan maravillosa experiencia de poder recibir literalmente el Cuerpo de Cristo.

Si tienes un verdadero interés en profundizar, te dejo acá el enlace a un video: