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jueves, 11 de junio de 2020

Fernando Casanova pidió a católicos respetar a su madre y hermana que son protestantes.


Fernando Casanova, el famoso ex-pastor protestante convertido años atrás junto a su esposa e hijos al catolicismo, y que ahora es un predicador católico laico, pidió en un mensaje publicado en su cuenta oficial de Twitter que se respete a los evangélicos que no profesan la fe católica.

El también colaborador de EWTN, mencionó en su mensaje que tanto su madre como su hermana, mujeres cercanas y muy importantes en su vida, son protestantes, por lo que para él son dolorosos los insultos que algunos católicos suelen proferir contra los hermanos separados.

Casanova pidió respeto a estas mujeres que forman parte de su vida, señalando lo incorrecto de las generalizaciones que se suelen hacer cuando ciertos católicos hablan negativamente de los miembros de las comunidades protestantes.

El mensaje completo de Fernando Casanova fue el siguiente:

“Mi madre es protestante, y también mi hermana Saida, la más cercana a mí. 

Cuando los condenas e insultas a todos ellos me hieres mucho. Me duele. 

Por favor, ten cuidado de las generalizaciones. Respeta a mis mujeres.”

miércoles, 9 de octubre de 2019

Jesús, único mediador entre Dios y los hombres; María mediadora de las gracias. Explicación a una hermana separada.


Una hermana separada, miembro de una denominación bautista particular (de corriente calvinista), me cuestionaba cómo es que los cristianos católicos podíamos afirmar que Jesús es el único mediador entre Dios y los hombres y al mismo tiempo admitir que María es 'mediadora', lo que, a su entender, era una grave contradicción, lo mismo que llamarle a María 'puerta del cielo' en las letanías, cuando Jesús dice en el Evangelio de San Juan que Él es la puerta.

¿Cómo se aclaran y resuelven estas aparentes contradicciones? Lo podemos ver a continuación (lo siguiente es la respuesta que se le dio a esta hermana protestante):

Me preguntas “¿cómo es que se declarara mediador a otro más que a Cristo, y se dice de otro que es “puerta del cielo” aparte de Cristo?”

Te respondo: ¿Mediador con respecto a qué? Porque si nos referimos a la mediación de la nueva alianza de Dios con los hombres, la Iglesia católica enseña -como lo verás más adelante con una cita del Catecismo- que el único mediador es Cristo, nadie más.

El problema es que ustedes ven un título o un concepto y en lugar de preguntar a qué se refiere la Iglesia hacen conjeturas apresuradas.

Cuando la Escritura dice “hay un solo mediador entre Dios y los hombres” se refiere al sentido pactual, en que la Nueva Alianza tiene a Cristo por único mediador, siendo su sacrificio el medio de reconciliación de Dios con el hombre pecador. Y de éste sacrificio mediador surge toda la obra de evangelización, a la que Dios nos ha querido asociar a todos (incluida a su madre).

Pero bueno, el punto es que cuando la Iglesia le llama mediadora a la Virgen especifica muy claro que es mediadora DE LAS GRACIAS, NO DEL PACTO. La Iglesia cree que Dios, porque así le ha placido en su soberanía, ha querido utilizar a la Virgen como un medio para hacer llegar gracias y bendiciones a su pueblo, eso NO invalida la única mediación de Cristo, por medio de su sangre, con respecto a la Nueva Alianza.

Y cuando le llama “puerta del cielo”, es por algo muy sencillo: Porque Cristo entró al mundo a través de ella. Ustedes confunden “la dirección” de esa puerta, no se le llama puerta “de aquí hacia allá”, sino que fue la puerta utilizada por Cristo “de allá hacia acá”. ¿O acaso no fue María la puerta por la que Dios hecho hombre entró al mundo?

También me dices: «O ¿qué es lo que se debe entender cuando se dice de ella que “puede librar las almas de muerte”?»

Aquí es donde ustedes los protestantes comienzan a fabricar una especie de competencia extraña entre Jesús con su propia madre. María es una sierva e instrumento de Dios, y como sierva e instrumento, Dios ha querido asignarle ciertas tareas, algo que no debería asombrar ni escandalizar a nadie, tomando en cuenta que a TODOS LOS BAUTIZADOS nos ha constituido instrumentos para colaborar en su plan de salvación. ¿O no colaboramos con Dios en la salvación de un alma si la traemos al conocimiento y la fe de Cristo? Pues claro que sí, y no porque Dios nos necesite, sino porque nos ha querido asociar a su obra de redención. Dios te salva -casi siempre por medio de otros que te llevan a Cristo- y luego tú, a su vez, participas en la salvación de otros, (no como causa efectiva, que es únicamente el sacrificio de Cristo, claro está, sino predicando o intercediendo por la conversión de alguien, etc.)

¿Hay que escandalizarnos entonces porque María puede librarnos de la condenación? Primero, antes de hacer conjeturas apresuradas, deberíamos preguntarnos a qué se refiere esto. ¿Es librarnos de la muerte aparte de Cristo o como instrumento supeditado a la obra de redención de Cristo? Por supuesto que es en función del papel que ella cumple en la obra de salvación de su Hijo, no por su cuenta propia. Evidentemente María no puede ayudar a librar a nadie de la muerte que no tenga a Cristo como Señor.

María puede obtenernos con sus ruegos (toma en cuenta que rogar ya de antemano implica una subordinación a Dios, por eso es que le ruega) tal o cual gracia para nuestra conversión, y podrá también , quizá como muchos otros santos (posiblemente incluidos hasta protestantes que se han salvado) abogar ante el Justo Juez en nuestro juicio a la hora de la muerte, etc., pero siempre su papel emana de lo que Cristo hizo en la cruz.

O sea, en efecto, el único que puede librar de la muerte es Dios, lo que no niega la participación de sus santos en esta obra.

O dime, si evangelizas a un pagano que adora a alguna falsa deidad o a algún pecador empedernido y lo llevas a Cristo, ¿no estás librándolo de la muerte, en el sentido de que le estás llevando a aquel que le ofrece la vida?

En el fondo, Ana, muchas de las atribuciones que le damos a la Virgen son características de la participación de todos los cristianos en la obra de Cristo, solo que creemos que María, por su relación singular con Cristo, tiene precisamente un rol bastante singular en esa participación.

Te cito el siguiente numeral del Catecismo que creo que sintetiza perfectamente lo que te estoy explicando con respecto a que Cristo nos ha querido unir a su obra de salvación, aunque su madre está unida de una manera singular (en este sentido, diría yo, todos somos “corredentores” con Cristo cuando le anunciamos el evangelio a alguien o intercedemos orando para obtenerle de Dios la gracia de la conversión, de ahí que tampoco debería ser un escándalo decir que la Madre del Señor tenga un papel en esta misión "corredentora" con Cristo en la que participamos todos los cristianos). Ahora sí para finalizar te cito el Catecismo:

«Nuestra participación en el sacrificio de Cristo

618 La Cruz es el único sacrificio de Cristo "único mediador entre Dios y los hombres" (1 Tm 2, 5). Pero, porque en su Persona divina encarnada, "se ha unido en cierto modo con todo hombre" (GS 22, 2) Él "ofrece a todos la posibilidad de que, en la forma de Dios sólo conocida [...] se asocien a este misterio pascual" (GS 22, 5). Él llama a sus discípulos a "tomar su cruz y a seguirle" (Mt 16, 24) porque Él "sufrió por nosotros dejándonos ejemplo para que sigamos sus huellas" (1 P 2, 21). Él quiere, en efecto, asociar a su sacrificio redentor a aquellos mismos que son sus primeros beneficiarios (cf. Mc 10, 39; Jn 21, 18-19; Col 1, 24). Eso lo realiza en forma excelsa en su Madre, asociada más íntimamente que nadie al misterio de su sufrimiento redentor (cf. Lc 2, 35):».


miércoles, 25 de septiembre de 2019

Breve conversación con un protestante para entender qué es el Purgatorio.

  
Una de las doctrinas menos comprendidas de la fe católica es la del Purgatorio. Toda clase de afirmaciones extrañas surgen cuando se habla de esta enseñanza, como por ejemplo afirmar que se trata de "una vía distinta de salvación de la que nos ofrece Cristo por medio de su sacrificio", por lo que, según los críticos de esta doctrina, el purgatorio sería una "negación" del sacrificio de Jesús en la cruz, cuando en realidad el Purgatorio NO es una vía de salvación, sino un estado de última y definitiva purificación para los que murieron en gracia de Dios (o sea, salvos por los méritos de Cristo).  

La muy breve conversación que presento a continuación será muy didáctica para entender cual es la función del purgatorio dentro de la fe Cristiana. Debajo de la conversación dejo un video donde profundizo más en este tema con citas bíblicas.

Hace poco tuve esta conversación con un protestante sobre el purgatorio:

Católico: - ¿Puede entrar o habitar algo imperfecto en el cielo?

Hermano protestante: - No, porque ahí todo es pureza absoluta y perfección, pero aunque no sea perfecto soy salvo, por que soy salvo por los méritos de Cristo, no por los míos, para salvarme tengo que aceptar a Cristo, no ser perfecto.


Católico: - Bien, en eso estamos de acuerdo, no necesitas ser perfecto para salvarte, pero sí necesitas ser perfectamente puro para entrar al cielo; así que supongamos que eres salvo, está bien, ¿pero eres perfecto?

Hermano protestante: - No...

Católico: - ¿Y si no eres perfecto y no puede entrar nada imperfecto al cielo a dónde irías si mueres en este mismo instante?

Hermano protestante: - Pues Dios me haría perfecto para poder entrar al cielo, pero eso no significa que tenga que pasar por un purgatorio, él simplemente con su gracia me limpiaría de todo y me haría completamente perfecto.

Católico: - ¡Bingo! Es que precisamente ese proceso en que Dios, con su gracia, te limpia de todo y te hace perfecto para poder entrar el cielo, es a lo que llamamos purgatorio. El purgatorio es un estado y un proceso de purificación y santificación definitiva para que los salvos puedan entrar al cielo. En el fondo crees en el purgatorio sin saberlo.



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¿Qué es y para qué existe el Purgatorio?

lunes, 3 de junio de 2019

Explicando a un protestante la relación de autoridad entre la Biblia y la Tradición en la doctrina católica.

 
A continuación presento una respuesta que le he dado a un hermano protestante sobre la relación de autoridad entre las Sagradas Escrituras y la Santa Tradición. Esta respuesta fue esgrimida en una red social, pero ante la grave confusión existente sobre lo que pensamos los católicos en cuanto a la Biblia y la Tradición, me parece importante ponerlo a la mano de otros lectores. 

Muchos hermanos separados creen que pensamos que la Tradición es "otra revelación", distinta a la de las Escrituras, y aquí explico que, por el contrario, creemos en una sola y única Revelación pública dada por Dios a la Iglesia, la cual se explica y se transmite por dos medios, de los cuales, en complementariedad, obtenemos la certeza de que lo creemos y practicamos.


Alfredo Rodríguez. 

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Comentario del hermano separado: Reconocemos que la Escritura tiene su autoridad; sin embargo, aunque para mí tiene toda autoridad, para tí no; y no la tiene en base a algo y puedo saber qué es, ese "algo"; si no me equivoco, ese "algo" es la Viva Voz (Tradición), pero ¿cuál tradición?

Si bien es cierto que las tradiciones son muy buenas, y no hay problema con ellas, al contrario, enriquecen la historia y la vida; incluso resultan necesarias para entender las Escrituras.

Ahora bien, desde el punto de vista biblico, ya sea teológico, litúrgico, etc, la tradición debe ser congruente entre la Viva Voz (Tradición) y la Escritura.

Existen muchas tradiciones, por ejemplo, la tradición familiar (cumpleaños, viajes, etc), la tradición nacional (día de muertos, etc), la tradición importada (halloween, etc) y muchas más, pero si estas tradiciones no son congruentes a lo que Dios ha establecido, no pueden ser puestas por obra por aquéllos que se dicen siervos o hijos de Dios.

Mi pregunta es:
¿ Cuál es esa Viva Voz para tí ?


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Mi respuesta: Creo que aquí has dado en el clavo con esta afirmación: "incluso resultan necesarias para entender las Escrituras"

Esto es justamente lo que creemos los católicos sobre la Tradición, que es necesaria para entender las Escrituras. Consideramos que la Revelación es un único y solo depósito de la fe que Dios en la plenitud de los tiempos ha confiado a la Iglesia dándole la gran comisión de anunciarlo y hacer discípulos de todas las naciones, y que ésta Revelación está contenida tanto en la Escritura como en la Tradición, no como dos Revelaciones distintas, sino como dos formas de transmisión de la única Revelación que existe.

O sea toda la Revelación está completamente contenida en las Escrituras (suficiencia material) y está completamente contenida en la Tradición, y la comprensión de ambas, por medio del Magisterio de la Iglesia que constituyeron los apóstoles y que confiaron a los obispos, es lo que da formalidad a las doctrinas.

Preguntas "¿Cuál es esa Viva Voz para tí ?". Bueno, voy a usar unos ejemplos para que veas cómo entendemos está íntima relación y complementariedad entre Escritura y Tradición apostólica, y cómo el entendimiento correcto de la primera es alcanzado por la luz que le proporciona la segunda.

Pensemos en la Eucaristía. Hay un gran debate entre ustedes y nosotros sobre la realidad de este Sacramento, sobre cuál es la forma en que Jesús está presente o si de plano no está presente en el pan y en el vino y solo sirve para recordarlo. Incluso –y esto creemos que es a causa precisamente de haber desechado la Tradición en el protestantismo- el debate ocurre entre las comunidades protestantes; Lutero, Calvino y Zwinglio, con las misma biblia, nunca se pudieron poner de acuerdo sobre la Cena del Señor, para Lutero el verdadero Cuerpo y Sangre del Señor estaban misteriosamente presentes en medio del pan y del vino, para Calvino se trataba de una presencia, pero espiritual, y para Zwinglio era solo un símbolo, sin misterio alguno de por medio. Tres interpretaciones con las mismas Escrituras.

Si hubiesen recurrido a la Tradición, no hubiesen disputado sobre este asunto, porque la Tradición lo aclara, despejando toda duda sobre cómo esos pasajes fueron entendidos en la Iglesia primitiva (ya que los primeros cristianos recibieron la comprensión sobre este asunto directamente de los apóstoles, de viva voz)

Si tomamos solo las Escrituras podemos llegar a muchas conclusiones distintas sobre este Sacramento, y terminar en una guerra de versículos de ida y vuelta sin llegar a un acuerdo, ¿entonces que es lo que nos arroja luz sobre este tema, y lo que nos hace afirmar a los católicos que se trata del verdadero Cuerpo y la Sangre de Cristo? LA TRADICIÓN es la que nos arroja esa claridad, porque así ha sido sostenido desde los primeros siglos de manera unánime por los Padres de la Iglesia, los sucesores de los apóstoles.

Entonces, tenemos algunos pasajes donde Jesús nos dice "el pan que yo les daré es mi carne", "el que no come mi carne y bebé mi sangre…", "mi carne es verdadera comida…", "esto es mi cuerpo", etc., pero puede haber dudas razonables sobre el sentido en el que Jesús estaba hablando, ¿qué nos lo aclara? ¿Cómo despejamos las dudas? ¿Cómo sabemos cuál era la doctrina apostólica sobre este tema? POR MEDIO DE LA TRADICIÓN, y entonces comprendemos que esos detalles particulares eran claros en la Iglesia primitiva porque eso enseñaron de viva voz los apóstoles a las comunidades allí donde llegaban. Entendemos que cuando celebraban la partición del pan, en la intimidad de la comunidad, los apóstoles le transmitieron oralmente a los obispos y al resto de los creyentes, que aquel pan y aquel vino, luego de las palabras de consagración, no debían ser tomados por pan y vino comunes, sino que se convertían en el Cuerpo y la Sangre de Cristo y como tal debían ser tratados recibidos, por ello ese mismo e idéntico lenguaje es el que usan Justino Mártir, Ireneo de León, Atanasio de Alejandría, Juan Crisóstomo, y muchos otros en diversos siglos.

Por eso un documento Magisterial, Dei Verbum, afirma:

«la Iglesia no deriva solamente de la Sagrada Escritura SU CERTEZA acerca de todas las verdades reveladas».

Así que si bien toda la revelación está en la Escritura, LA CERTEZA sobre la revelación no se haya solo en ella, encontramos la certeza, la claridad plena, solo cuando unimos la Escritura a la Tradición.

Podríamos dar otro ejemplo sobre la misma Eucaristía. Nosotros afirmamos que se trata de un verdadero sacrificio, no de otro sacrificio aparte del de Jesús, sino de la renovación del mismo Sacrificio de Jesús, ¿cómo sabemos este detalle? Porque la Tradición nos da la certeza. Sabemos que Jesús dijo "hagan esto en memorial mío" y que bíblicamente un "memorial", en algunas partes de la Escritura, se refiere a un verdadero sacrificio u ofrenda ("Y el sacerdote hará arder el memorial de él, parte del grano desmenuzado y del aceite, con todo el incienso; es ofrenda encendida para Jehová." Lev 2, 16.), no a un mero acto de recordar mentalmente, pero ante la duda que puede existir con las solas escrituras, sobre si es un mero acto de recordar o una verdadera ofrenda, tenemos la certeza que nos da la Tradición, donde, incluso desde la propia Didajé del siglo I, se habla de la Cena del Señor como un sacrificio:

«Los días del Señor reuníos para la partición del pan y la acción de gracias, después de haber confesado vuestros pecados, para que sea puro vuestro sacrificio.

Cualquiera, empero, que tuviere una contienda con su hermano, no os acompañe antes de reconciliarse, para que no sea mancillado vuestro sacrificio.

Pues, éste es el dicho del Señor: "En todo lugar y tiempo me ofrecerán una ofrenda pura. Porque soy un gran Rey, dice el Señor, y mi nombre es admirable entre las naciones".»


En este último párrafo vemos cómo la Tradición nos explica el sentido de un versículo de la Escritura (Malaquías 1, 11), aclarándonos que era una profecía sobre la ofrenda de la Eucaristía que realizaría la Iglesia.

Entonces, en resumen, la Tradición es todo el conocimiento y los detalles particulares de la revelación que dan certeza sobre las prácticas y las doctrinas de la Iglesia tal como la recibieron los apóstoles.

miércoles, 21 de noviembre de 2018

Mira cómo el Credo de Nicea refuta la doctrina protestante.

El protestantismo intenta justificar sus doctrinas como la 'sola scriptura' arguyendo que la Iglesia primitiva de los primeros siglos tenía solo por regla de fe y autoridad a la Escritura y que por tanto lo único que habría hecho Lutero sería intentar volver a las "raíces" del cristianismo antiguo. Hay toneladas de pruebas de que la Iglesia primitiva nunca practicó la 'sola escritura' ni algo remotamente parecido, pero una prueba particularmente esclarecedora es el propio Credo Niceno (o Nicenoconstantinopolitano), el cual incluso es aceptado y reconocido por ciertas corrientes y denominaciones protestantes. Por eso decimos:

Tan claro es que la 'Sola Escritura' nunca fue el criterio de fe y autoridad en el Cristianismo primitivo, que la Confesión de Fe Cristiana más antigua y universal (el Credo de Nicea) no dice por ninguna parte "Creemos en la Biblia" (cuyo canon por entonces ni siquiera se había definido), ni menciona siquiera a las Escrituras, sino que confiesa: "Creemos EN LA IGLESIA, que es Una, Santa, Católica y Apostólica", dejando claro que el criterio de autoridad era eclesiástico (todo lo que enseñara la Iglesia -por medio de la Escritura y de la Tradición- en tanto que depositaria de la revelación completa recibida por Cristo y los apóstoles) y no solo escritural.


martes, 21 de noviembre de 2017

La salvación “por medio de la fe” no es igual a la “fe sola” protestante.


La salvación “por medio de la fe” que enseña la biblia es contraria a la “fe sola” del protestantismo

 «No todo el que me dice: Señor, Señor, entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos. Muchos me dirán en aquel día: Señor, Señor, ¿no profetizamos en tu nombre, y en tu nombre echamos fuera demonios, y en tu nombre hicimos muchos milagros? Y entonces les declararé: Nunca os conocí; apartaos de mí, hacedores de maldad.» San Mateo 7, 21-23

Estos son los tres versículos “anti-sola fe” por excelencia. Es una clara exposición y catequesis, no de algún discípulo muy bien instruido o de algún excelente teólogo de nuestros días, sino de nuestro propio Señor Jesucristo, contra aquellos que podrían, en una falsa y muy peligrosa confianza, creer que basta con declarar que Él es su Señor.

«No todo el que me dice: Señor, Señor, entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos» es una expresión verdaderamente letal contra la doctrina de “la salvación por la fe sola”. Jesús dice con toda claridad que no basta con “decir” sino que además hay que HACER la voluntad del Padre. 

Uno de los versículos de los que el protestante “solofidelista” suele echar mano para defender la fe sola es Romanos 10, 9: «que si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo.» ¿Pero acaso aquellos de quien Jesús afirma que le dirán “Señor, Señor” no son precisamente creyentes que “confesaban con su boca” que Jesús era el Señor? ¿Hay aquí una contradicción entre Jesús y Pablo? Claro que no, lo que hay es una concepción fragmentada, parcializada e incompleta en la lectura bíblica del protestantismo. Cuando el protestante desarrolla su defensa de la sola fe, no toma en cuenta versículos como Mateo 7, 21; únicamente selecciona determinados versículos, principalmente paulinos que, vistos aisladamente, darían un supuesto soporte a su creencia. 

Pero si tomamos Rom. 10, 9 y luego traemos junto a él Mt. 7, 21-23, todo se ve distinto. Dice Jesús: «Muchos me dirán en aquel día: Señor, Señor, ¿no profetizamos en tu nombre, y en tu nombre echamos fuera demonios, y en tu nombre hicimos muchos milagros? » ¿No confesaban acaso estos con su boca que Jesús era su Señor, no tenían tanta fe que incluso echaban demonios y hacían milagros con el poder del nombre de Jesús? Según la doctrina de la “sola fe” estos ya deberían estar salvos y justificados sin ningún rastro de duda y sin la menor sospecha de lo contrario, y lo último que podría esperarse que les dijera Jesús es exactamente lo que viene a continuación: «Y entonces les declararé: Nunca os conocí; apartaos de mí, hacedores de maldad».
 
No les bastó tener fe, tanta fe que incluso hacían milagros en el nombre de Jesús, aun así son enviados a condenación, por ser HACEDORES de maldad. Sus obras influyeron en su destino final, no solamente su fe. Puesto que hicieron el mal, en lugar de hacer el bien, no serán admitidos en el Reino de los Cielos. ¿Cómo puede alguien después de ver esto afirmar que las obras no tienen relevancia en el destino final del creyente? 

¿O a quienes son a los que el Señor les da la bienvenida en su Reino? Él mismo lo declara en Mateo 25, 34-36 «Entonces el Rey dirá a los de su derecha: Venid, benditos de mi Padre, heredad el reino preparado para vosotros desde la fundación del mundo. Porque tuve hambre, y me disteis de comer; tuve sed, y me disteis de beber; fui forastero, y me recogisteis; estuve desnudo, y me cubristeis; enfermo, y me visitasteis; en la cárcel, y vinisteis a mí».

Aquí Jesús deja claro que el cumplimiento de estas buenas obras en el amor son una condición necesaria para entrar al Reino, y no solo un mero producto o consecuencia automática y cuasi mágica de la justificación luego de hacer “la oración de la salvación”. Nótese que Jesús no dice «tuve hambre y me distéis de comer como consecuencia de tu fe por la cual mi Padre te heredó su reino», dice «Venid […] heredad el reino […] porque tuve hambre y me distéis de comer…». Les permite entrar al reino en recompensa de sus buenas obras, por lo que hicieron, en consecuencia con lo que dice san Pablo en Romanos 2, 6 «el cual pagará a cada uno CONFORME A SUS OBRAS», pues se pagará «tribulación y angustia sobre todo ser humano que HACE LO MALO, el judío primeramente y también el griego» pero también se pagará «gloria y honra y paz a todo EL QUE HACE LO BUENO, al judío primeramente y también al griego».

Aquí queda claro que el haber hecho lo malo o haber hecho lo bueno traerá consecuencias diametralmente distintas el día de nuestro juicio. Y aquí no vale que se diga que el que hace lo bueno lo hace solamente porque ha sido predestinado para ser salvo y sus buenas acciones solo son una consecuencia de la fe, pues ya veíamos que aquellos de Mateo 7, 23 que tenían bastante fe, luego son declarados por el Señor «hacedores de maldad». Tenían fe, sin embargo hacían el mal, una cosa no garantiza la otra de manera ineludible. ¿Podrá haber un ejemplo más claro que ese de que la fe no produce mágica o mecánicamente las buenas obras? Pero por si hiciera falta, también dice san Pablo en 1 Cor. 13, 2 «aunque tenga plenitud de fe como para trasladar montañas, si no tengo caridad, nada soy». El apóstol nos deja claro que no necesariamente tener plenitud de fe es equivalente a tener plenitud de caridad. 
  
Pero volvamos a Rom. 10, 9 ¿el apóstol contradice a Jesús? No, pues en san Pablo (como en cualquiera de los otros escritores inspirados del Nuevo Testamento), la fe no consiste en la mera afirmación intelectual sobre la existencia de tal o cual persona o acontecimiento, la fe en el lenguaje bíblico significa conformar la vida personal a la voluntad de Dios en virtud de la esperanza que produce la promesa de obtener la vida eterna (esperanza es una de las palabras más repetidas por san Pablo en todas sus cartas).

Vivir por la fe no significa simplemente creer que Jesús murió, resucitó, y listo, ser declarado “salvo, siempre salvo”; nada de esto, bíblicamente vivir por la fe más bien significa llevar una vida que se corresponde con la esperanza que se tiene en alcanzar la vida eterna, y este vivir por la fe es además una condición durante toda nuestra existencia terrena, «el que persevere hasta el fin, ese será salvo». Para el reformado la perseverancia es solo una consecuencia segura de la justificación, mas en el lenguaje de Jesús es una condición, «el que persevere».

El otro error garrafal del protestantismo es confundir las obras de la ley (los preceptos mosaicos de la Torá, correspondientes a la circuncisión, las prescripciones alimentarias, etc.) con la ley de Cristo que san Pablo manda a cumplir. ¿Pero cómo es que san Pablo dice que somos salvos por la fe sin las obras de la ley (Rom. 3, 28) y al mismo tiempo manda a cumplir la ley de Cristo? («Ayúdense mutuamente a llevar sus cargas y cumplan así la ley de Cristo»; Gal. 6, 2). Porque el apóstol está hablando de dos cosas distintas que el protestantismo ha revuelto y confundido completamente, creando toda una deformación sobre las obras y la justificación.

¿O es que acaso cuándo nos acusan a los católicos de presentar una salvación que incluye la necesidad de las obras, piensan que creemos que para salvarnos tenemos que cumplir las obras de la ley mosaica? ¿Acaso los católicos nos circuncidamos, guardamos el sábado con toda la complejísima legislación de la Torá, o nos abstenemos de comer cerdo y demás animales con pezuña? Saben perfectamente bien que no hacemos nada de eso. La Iglesia católica siempre ha sabido y enseñado que ningún hombre puede justificarse por las obras de la ley a las que se refiere san Pablo en Rom. 3, 28

¿Pero si no son las prescripciones de la Torá, entonces cuales son las obras por las que Dios pagará a cada uno? No son evidentemente las observancias de la legislación mosaica, no es la circuncisión (el tema principal del gran debate que llevó san Pablo en todas sus epístolas contra quienes buscaban imponer las obras de la ley), son las obras de la fe, la ley de Cristo, que es la ley del amor: «el que ama al prójimo, ha cumplido la ley» (Rom. 13, 8), «la caridad no hace mal al prójimo. La caridad es, por tanto, LA LEY en su plenitud» (Rom. 13, 10). Así vemos que la caridad no es solamente una consecuencia de la justificación, sino también una obligación para el creyente, por eso san Pablo le llama LEY en Rom. 13, 8; 13, 10 y LEY DE CRISTO en Gal. 6, 2.

El problema es que el protestantismo ha confundido todo esto, sin percatarse que san Pablo no habla de las obras ni de la ley en un solo sentido, en general, como si botara a la basura la utilidad de toda obra, sino que diferencia entre “las obras de la ley” (entendido este concepto en su debido contexto como los preceptos ceremoniales y rituales como la circuncisión, la comida y la bebida, los sábados, etc.) inútiles por sí mismas para justificar, de las buenas obras que se resumen en el amor al prójimo. 

Este amor al prójimo es la ley que se resume en el mandamiento nuevo (San Juan 13, 34), que al final es la  plenitud de la ley natural que está inscrita en los corazones, y que incluso los gentiles pueden cumplir cuando en su conciencia son capaces de discernir entre lo bueno y lo malo, siendo así justificados: «que no son justos delante de Dios los que oyen la ley, sino los que la cumplen: ÉSOS SERÁN JUSTIFICADOS […] cuando los gentiles que no tienen ley, cumplen naturalmente las prescripciones de la ley, sin tener ley, para sí mismos son ley» (Rom. 2, 13-14) 

¿Cómo “cumplen naturalmente las prescripciones de la ley” los gentiles si no se circuncidan? No ciertamente circuncidándose o guardando estrictamente el sábado, o la legislación sobre comida o bebida, sino guiándose por su conciencia y sabiendo diferenciar y escoger y desechar entre lo que es propio de juicio de condenación o de alabanza, o sea las “acciones secretas” de los hombres por las que Dios los juzgará, como dice Rom. 2, 16.

Y todas estas obras del amor, de la fe, de la obediencia, son también a las que se refiere Santiago cuando dice que las obras cooperan juntamente con la fe, de modo que la fe no sea muerta y estéril. Por eso no hay contradicción entre Pablo y Santiago cuando el primero dice que la fe le fue contada por justicia a Abraham, mientras que el segundo dice que fue justificado también por las obras, ya que para Santiago la fe de Abraham que le fue contada como justicia llegó a su pleno cumplimiento cuando Abraham obedeció ofreciendo a Isaac, y por esa obediencia Dios aseguró el cumplimiento de la promesa que ya antes le había hecho:

Leamos, Dios primero le promete a Abraham que su descendencia será como las estrellas del cielo:

«Y sacándolo afuera le dijo “Mira al cielo, y cuenta las estrellas, si puedes contarlas”. Y le dijo: “así será tu descendencia”. Y creyó él en Yahvé, el cual se lo contó como justicia». (Génesis 15, 6)

Ahora veamos como esto alcanza su cumplimiento con la obediencia de Abraham al ofrecer a Isaac en Génesis 22, 18:

«yo te colmaré de bendiciones y acrecentaré mucho tu descendencia como las estrellas del cielo y como las arenas de la playa, y se adueñará tu descendencia de la puerta de sus enemigos. Por tu descendencia se bendecirán todas las naciones de la tierra, EN PAGO DE HABER OBEDECIDO TU MI VOZ» 

¡Por eso es que Santiago dice que por las obras la fe de Abraham alcanzó su perfección! Y es lógico. El mismo Santiago es quien nos dice que la fe sin obras está muerta y es estéril, así que la única fe que puede salvar, es una fe viva, en eso estamos de acuerdo católicos y protestantes. 

Pero entonces debemos preguntarnos: ¿cómo se discierne si la fe está viva o muerta?

 ¿Basta la sola confesión de la fe para demostrar si ésta está viva o muerta? De ningún modo, pues eso solo puede demostrarse posteriormente al acto de confesar la fe, ¡con las obras que realice el creyente! Con éstas es como se demuestra si se trata de una fe viva o muerta. Cuando alguien hace la “oración de la salvación” que usan las iglesias bautistas, pentecostales, entre otras, es imposible distinguir si se trata de una fe viva que da salvación, o de una fe muerta que no la da, pues la oración es idéntica para todos. Lo que distinguirá a una fe de otra, lo que hará diferencia entre salvación o condenación, no será el solo acto de tener fe y confesarla, sino los frutos que produzca posteriomente esta fe, por ello es que no puede juzgarse la fe sola, sino también lo que resulta de ella y la acompaña.

¿Ven por qué es imposible que baste la fe sola? Si Dios concediera la salvación por la sola confesión de la fe en Jesús, Dios estaría obligado a concedérsela incluso a los que tienen una fe muerta, es decir, a aquellos que hacen una profesión de fe con sus labios, “recibiendo a Jesús como salvador”, independientemente de que luego de esta acción fuesen hacedores de maldad (y no olvidemos que ya quedó demostrado que se puede tener mucha fe y al mismo tiempo ser un hacedor de maldad como dice Mt 7, 21-23).

Alguien podría decir, “pero Dios todo lo sabe; Él de antemano conoce quien mostrará tener una fe viva y quien una muerta, no necesita estar a la espera de qué ocurrirá después”. Pero con esto también nos darían la razón a los católicos, pues finalmente tendrían que admitir que la salvación no se decide únicamente por la sola confesión de fe, sino también por aquello (las obras) que Dios en su Presciencia ya sabe que la persona demostrará, contando con una fe viva y activa, que realmente lo llevará a conformarse a Cristo y actuar en la vida en función de la fe que posee, y por aquello que espera obtener al final de su vida terrena: la salvación y la vida eterna. Dios ya sabe quiénes se salvarán, pero no solamente porque sepa quiénes harán la “oración de la salvación”, sino porque ya sabe quiénes conformarán su vida, sus obras y sus acciones a la fe en lo que esperan alcanzar. 

¿Pero es bíblica esta visión de la fe que venimos explicando como una forma activa de vivir en función de lo que se espera alcanzar, más que un simple pensamiento en algo o alguien? ¡Por supuesto! El autor de Hebreos se explaya en explicar la fe en este sentido, como una forma activa de vida. Veamos unos ejemplos:

Primero leamos el ya famoso versículo de Hebreos 11,1: «La fe es garantía de lo que se espera; la prueba de lo que no se ve». En efecto, la fe es nuestra certeza de que Dios tiene reservado un reino para nosotros. Eso es lo que se espera, esa es nuestra esperanza, y porque tenemos esa esperanza, actuamos en consecuencia:

«Por la fe, ofreció Abel a Dios un sacrificio mejor que el de Caín, por ella fue declarado justo, con la aprobación que dio Dios a sus ofrendas» (Hebreos 11, 4).

¿Se necesita algo más claro para entenderlo? Abel tenía fe en Dios y porque tenía fe en Él le ofreció un mejor sacrificio, su fe le hizo actuar de ese modo, y por esa fe Dios lo declaró justo, APROBANDO SUS OFRENDAS. Su fe no estaba separada de sus obras, Dios juzgó su fe con la aprobación que hizo de sus ofrendas.

Veamos más: «Por la fe, Noé, advertido sobre lo que aún no se veía, con religioso temor construyó un arca para salvar a su familia; por la fe, condenó al mundo y llegó a ser heredero de la justicia según la fe». (Hebreos 11, 7)

Es muy claro. La fe que tenía Noé en que Dios no miente y en que la advertencia era real, lo movió a actuar, obedecer y construir un arca, y gracias a que su fe lo llevó a obrar en consecuencia, pudo sobrevivir con su familia al diluvio. ¿Se habría salvado Noé si ante las advertencias solo hubiera dicho “sí, creo”, pero no hubiera construido el arca? Evidentemente no. Su fe le salvó en tanto que creyó en Dios y ACTUÓ conforme a lo que creyó, por esto heredó la justicia, porque obró SEGÚN SU FE.

Y llegamos a Abraham. Aquí veremos el sentido integral de lo que significa la fe en el lenguaje de todo el Nuevo Testamento. Mientras que el protestantismo, gracias a su visión sesgada y fragmentaria de la biblia toma Romanos 4,3 para presentar una salvación imputada que se resuelve definitiva, eterna e irrevocablemente al momento mismo de confesar la fe, con Hebreos tenemos la verdadera y completa concepción de lo que la justicia por la fe significó para Abraham:

«Por la fe, Abraham, al ser llamado por Dios, OBEDECIÓ Y SALIÓ para el lugar que había de recibir en herencia, y salió sin saber a dónde iba. Por la fe, PEREGRINÓ hacia la Tierra Prometida como extranjero, habitando en tiendas, lo mismo que Isaac y Jacob, coherederos de las mismas promesas.» (Hebreos 11, 8-9)

Más claro, imposible. Por la fe, en razón de su fe, debido a su fe, Abraham obedeció y salió, y por su fe, PEREGRINÓ. Todas estas palabras denotan ACCIONES que llevó a cabo por la confianza de recibir lo que esperaba de Dios: «Pues esperaba la ciudad asentada sobre cimientos, cuyo arquitecto y constructor es Dios». (Hebros 11, 10).

¡Este es el verdadero significado del «Y creyó él en Yahvé» que le fue contado para justicia! No el acto solo de “creer”, sino lo que produjo y acompañó a ese creer: obedecer y salir, peregrinar hacia donde Dios le indicaba. Hebreos 11, 8-9 nos deja esto claro, dándonos el panorama completo de aquello a lo que se refiere san Pablo en Romanos 4, 3. 

El protestantismo, entendiendo la Escritura en fragmentos, piensa que Génesis 15, 6 hace referencia solo a un momento en particular cuando Abraham “creyó”, y que a este simple acto, solo, aislado, se refiere san Pablo, de ahí que hayan construido toda una doctrina de la imputación de la salvación que se da, y que además es eternamente irrevocable, cuando se profesa la fe, sin percatarse, sin entender, sin darse cuenta que Abraham ya venía teniendo fe, y obrando en conformidad con esa fe, desde mucho tiempo atrás del momento que relata Génesis 15, 6, desde que Abraham «Marchó […] como se lo había dicho Yahvé» en Gn. 12, 4 (este último versículo es al que hace referencia el autor de Hebreos en el capítulo 11, versículos 8 y 9).

¿Y qué nos dice también más adelante sobre el mismo Abraham?

«Por la fe, Abrahán, sometido a la prueba, ofreció a Isaac como ofrenda, y, el que había recibido las promesas, ofrecía a su único hijo». (Heb. 11, 17).

¡Por la fe que tenía en Dios, en razón, en virtud de su fe, fue capaz de atreverse a ofrecer a Isaac! Por la fe que tenía obró de tal forma. 

¡Tener fe, en el lenguaje de la biblia, significa hacer algo porque confías en la promesa de Dios y le eres fiel (fe significa fidelidad) porque sabes que, a pesar de todo lo que tengas que hacer, al final Él te va dar lo que te ha prometido! Cuando se dice que somos justificados por la fe, significa que somos encontrados justos porque somos fieles a Dios, porque hacemos aquello que nos hará merecedores del premio que Dios ha prometido. ¡Esto es lo que hizo Abraham! Dios le dio la orden de dejar su tierra y le hizo la promesa de entregarle otra, él creyó que Dios le cumpliría, así que se puso en marcha. Esta es la fe que le fue contada por justicia, su acto de fidelidad, su acto de peregrinar confiando en Dios, creyendo en su promesa. La promesa para nosotros es el cielo y la vida eterna, pero aunque no hemos visto el cielo, lo esperamos (Heb 11, 1), y creemos que llegaremos a él a condición de mantengamos nuestra fidelidad (fe) a Dios, de que hagamos lo que Dios espera de nosotros. En pocas palabras, tenemos fe en la promesa de Dios que es el cielo, por tanto PEREGRINAMOS hacia él, nos ponemos en marcha (lo mismo que hizo Abraham).

La fe de Abraham no era solo una creencia o un pensamiento que se profesa, era un actuar y un obrar concreto. Y este obrar no era solo una mera consecuencia, sino que fue la causa que garantizó el cumplimiento de la promesa, como citamos más arriba: «Por tu descendencia se bendecirán todas las naciones de la tierra, EN PAGO DE HABER OBEDECIDO TU MI VOZ» (Gn. 22, 18).

Todo esto es lo que significa “vivir por la fe”, vivir en obediencia, vivir conformando nuestra vida a la voluntad de Dios, porque creemos que si perseveramos hasta el final, el cumplirá su promesa de hacernos herederos de su reino. 

Si bien estamos de acuerdo en que la justificación es un don absolutamente gratuito e inmerecido, que para nosotros se opera mediante el Espíritu Santo en el bautismo sin necesidad de ninguna obra humana, y para la mayoría de los protestantes se opera al momento de expresar la fe, la justificación no solo es una declaración de justicia, sino ser hechos verdaderamente justos, en tanto que hemos sido incorporados a Cristo por el bautismo (Rom. 6, 3-5) y también por este bautismo nos hemos revestidos de Él, que es el Justo de entre los Justos, y debido a esto, a estar unidos a Cristo, se nos ha comunicado la gracia que nos capacita para actuar conforme a la justicia, y actuando en justicia, por el don de la gracia, conservamos nuestra propia justificación, y esto es realmente lo que se resume en "vivir por la fe".

Estamos de acuerdo en que la salvación es “solamente por medio de la fe” (como lo explicó reiteradamente Benedicto XVI durante su papado), pero debe tenerse claro que bíblicamente "por medio de la fe" significa esto: Expresar en la vida una fe obediente, activa, obrante, justa, en comunión con el amor de Cristo, o sea, la salvación mediante la fe es solamente a condición de que caminemos y vivamos en fidelidad a Dios, que vivamos genuinamente en la fe, o sería mejor decir, “que vivamos la fe”.

Dios no nos pide la circuncisión, ni dejar de encender fuego el sábado o alguna otra carga de las prescripciones de la ley, nos pide que vivamos solamente por medio de la fe,  y vivir por medio de la fe es vivir conforme a la justicia que se nos ha dado en Cristo, es conformar todas nuestras obras, nuestra vida entera, a la vida de Cristo, que es el amor. Solo a condición de vivir según la fe –y esto solo es posible aferrándonos a la fuente de la gracia que es el Espíritu Santo- es que podremos ser salvos. 

Pero este “vivir solamente por la fe”, nunca debe confundirse (como lo ha hecho el protestantismo) con “la fe sola”, que aunque parezca, no son ni remotamente lo mismo

Así que la salvación es por gracia, mediante de la fe, pero NO por la “fe sola”.

Y aunque pudiera seguirme extendiendo más, analizando muchos otros versículos tanto de los Evangelios como de san Pablo, y los demás libros del Nuevo Testamento, por ahora concluyo aquí, pues esta solo pretendía ser una respuesta para un debate de facebook, y ya se ha extendido demasiado.  


Alfredo Rodríguez

lunes, 26 de junio de 2017

El Sacrificio de la Misa, el gran tesoro que los protestantes desconocen.

Por: Alejandro Hincapie.

«Los días del Señor reuníos para la partición del pan y la acción de gracias, después de haber confesado vuestros pecados, para que sea PURO VUESTRO SACRIFICIO. Cualquiera, empero, que tuviere una contienda con su hermano, no os acompañe antes de reconciliarse, para que no sea mancillado vuestro sacrificio. Pues, éste es el dicho del Señor: "En todo lugar y tiempo me ofrecerán UNA OFRENDA PURA. Porque soy un gran Rey, dice el Señor, y mi nombre es admirable entre las naciones.»
(DIDAJÉ XIV. 1-3, siglo I)

Para la los protestantes la Santa Misa es abominable porque se re-sacrifica a Cristo. Pero esto no es lo que la santa Iglesia Católica ha ensañado a través de los siglos. Como un Ex-Protestante, me alegra haber encontrado tan profundo tesoro que solo está dentro de la Iglesia Católica.

El primer testimonio que encontramos sobre este puro sacrificio está en la Didajé:
«La instrucción del Señor a los gentiles por medio de los doce Apóstoles.».

Podemos ver como en los días del Señor en la partición del pan se celebra este puro sacrificio, ofrecido como una ofrenda pura en todo lugar y tiempo. Millones de católicos nos reunimos en el día del Señor a celebrar este puro sacrificio celebrado en todo tiempo y lugar, por el gran misterio de la Sagrada Eucaristía.

Debe quedar claro para los hermanos protestantes que este Santo Sacrificio de la Misa actualiza el único sacrificio de Cristo, no sacrificamos a cristo en cada Eucaristía, ni repetimos miles de veces el sacrificio de la Cruz. Lo que actualizamos es el sacrificio de Cristo y como sacerdotes santos, ofrecemos nuestro sacrificio en el altar.

«También vosotros, cual piedras vivas, entrad en la construcción de un edificio espiritual, para un sacerdocio santo, para ofrecer sacrificios espirituales, aceptos a Dios por mediación de Jesucristo.» (1 Pedro 2.5)

Este sacrificio es acompañado de nuestras alabanzas, como una acción de gracias, el incienso de todos los santos.

«Sacrificio te ofreceré de acción de gracias, e invocaré el nombre del Señor.» (Salmos 116. 17)

«Pues desde el sol levante hasta el poniente, grande es mi Nombre entre las naciones, y en todo lugar se ofrece a mi Nombre un sacrificio de incienso y una oblación pura. Pues grande es mi Nombre entre las naciones, dice el Señor Sebaot.» (Malaquias 1.11)

La costumbre del incienso en la Santa Misa, nos deja de manifiesto como en la Santa Iglesia Católica está el cumplimiento de Malaquias, ya que es en la Iglesia Católica donde el incienso esta presente en la Liturgia, es solo en el sacrificio de la Misa donde en todas las naciones, en todo tiempo y lugar se ofrece el sacrificio puro por medio de la Sagrada Eucaristía, donde participamos del Cuerpo y la Sangre de Cristo.

«Entonces se lleva al altar, a veces en procesión, el pan y el vino que serán ofrecidos por el sacerdote en nombre de Cristo en el sacrificio eucarístico en el que se convertirán en su Cuerpo y en su Sangre. Es la acción misma de Cristo en la última Cena, "tomando pan y una copa". Sólo la Iglesia presenta esta oblación, pura, al Creador, ofreciéndole con acción de gracias lo que proviene de su creación» (San Ireneo de Lyon, Adversus haereses 4, 18, 4; cf. Ml 1,11).

Cumplimos este mandato del Señor celebrando el memorial de su sacrificio. Al hacerlo, ofrecemos al Padre lo que Él mismo nos ha dado: los dones de su Creación, el pan y el vino, convertidos por el poder del Espíritu Santo y las palabras de Cristo, en el Cuerpo y la Sangre del mismo Cristo: así Cristo se hace real y misteriosamente presente.

Bendito sea el sacrificio de la Misa, donde celebramos la Eucaristía desde los orígenes, sujetos al mandato del Señor:

"Haced esto en memoria mía"

jueves, 12 de enero de 2017

Pareja de "pastoras" lesbianas dirigirá una iglesia bautista con 155 años de antigüedad.


En los últimos años, la aceptación de la homosexualidad en diversas denominaciones evangélicas y protestantes ha tomado un vuelo sin precedentes en los Estados Unidos y Europa, y una prueba más de esto es que una histórica iglesia bautista, con una tradición de más de un siglo y medio, tendrá a partir del 26 de febrero a Sally Sarratt y a María Swearingen, una pareja de lesbianas casadas, como sus pastoras dirigentes.

Ellas fueron elegidas como pastoras de la Iglesia Bautista Calvario, una iglesia histórica en Washington fundada hace 155 años.

María y Sally estaban casadas cuando fueron ordenadas "pastoras" en 2015. Esta iglesia bautista dice asumir una "visión progresista".

Carol Blythe, la presidenta del comité de selección ministerial de esta iglesia señaló que:
 

"Estamos impresionados por cómo sus dones, talentos y experiencia coincidían con las prioridades de nuestro ministerio, y estamos muy entusiasmados con su próximo pastorado y la versatilidad que el modelo de co-pastor proporcionará a nuestra congregación".

En 2012 la Iglesia Bautista Calvario se separó de la Convención Bautista del Sur por distintas diferencias, incluida la cuestión del matrimonio entre personas del mismo sexo.

Con información de: Christian Today

jueves, 17 de noviembre de 2016

Reseña de los grupos separados de la Iglesia catolica y las múltiples divisiones del protestantismo

La Iglesia católica de nuestro de nuestro Señor Jesucristo fue fundada hace cerca de 2,000 años, y en estos dos milenios, tristemente, ha tenido que enfrentar no en pocas ocasiones las dolorosas rupturas en su seno.

En las últimas décadas, luego del Concilio Vaticano II, la Iglesia, como madre que es, se ha esforzado por reunir de nueva cuenta a sus hijos, y ha puesto empeño en el diálogo con quienes se han separado de ella a fin de que en algún momento se restablezca la unidad tan anhelada por su fundador, como nos dice la Sagrada Escritura en San Juan 17:21 "para que todos sean uno. Como tu Padre, en mí y yo en ti, que ellos también sean uno en nosotros, para que el mundo crea que tú me has enviado”.

Aquí hacemos un recuento breve de las principales rupturas y de las subdivisiones que a su vez han surgido en los grupos que se han separado de la comunión con la Iglesia:

El cisma de oriente

En el año 1054 ocurrió una muy dolorosa división en el cristianismo, pues la Iglesia Universal vería fraccionarse a las iglesias de oriente, representadas en sus cuatro principales patriarcados (Constantinopla, Antioquía, Alejandría y Jerusalén). Al conjunto de todos estos patriarcados orientales es a lo que hoy conocemos como 'Iglesia Ortodoxa' y a sus fieles como 'Ortodoxos' o 'Católicos Ortodoxos'.

Si bien formalmente el gran detonante de la ruptura fue el tema teológico del Filioque, también, muy lamentablemente, influyeron temas de carácter político, pues la Iglesia de oriente estaba en territorio del imperio bizantino y la Iglesia de occidente en el territorio del sacro imperio romano germánico, éste último fundado menos de un siglo antes de la ruptura, y que inevitablemente comenzó a rivalizar con su contraparte oriental, lo que de manera directa o indirecta vició las relaciones entre ambos "pulmones de la Iglesia".

El Filioque es una expresión en latín que significa "y del hijo", una adición al Credo en la parte que dice "Creo en el Espíritu Santo que procede del Padre [y del hijo]". El Filioque no estaba incluido en el primer Credo aprobado en los Concilios de Nicea del año 325 y de Constantinopla del 381, pero la Iglesia latina lo incluyó en el Concilio de Toledo del año 589, como un intento de socavar la influencia de los herejes arrianos que negaban la divinidad de Jesús. Sin embargo en oriente nunca aceptaron la adición del Filioque al Credo y esta diferencia terminó por estallar en el año 1054, cuando el Papa León IX excomulgó al Arzobispo y Patriarca de Constantinopla Miguel Cerulario.

En los últimos años los acercamientos entre la Iglesia católica y la Iglesia ortodoxa son cada vez más constantes y abonan a la esperanza de una posible reconciliación en un futuro cercano.

El cisma de occidente.


- Principales figuras.

Lutero


El otro gran cisma es el de occidente, mejor conocido, aunque no es el término más preciso, como "reforma protestante" en el siglo XVI. La llamada "reforma" comenzó con la publicación de las 95 tesis del monje agustino Martín Lutero (supuestamente clavadas en la catedral de Wittenberg en Alemania, aunque este acontecimiento en particular más bien podría tratarse de un mito) en 1517, en las que el religioso alemán protesta contra los abusos de algunos clérigos en la venta de indulgencias. Este conflicto, que empezó como una protesta sobre las indulgencias fue escalando hasta convertirse en una verdadera revuelta teológica contra muchas otras doctrinas de la Iglesia, lo que llevaría a Lutero a proclamar su doctrina herética de la salvación por la "sola fe" y declarar la "sola scriptura", es decir afirmar que la Biblia era el único criterio de autoridad para los cristianos, y no ya los Concilios, ni la Santa Tradición ni el Magisterio de la Iglesia.

Lutero sería excomulgado de la Iglesia en 1521, luego de negarse a retractarse sobre algunas de sus tesis.

Buen número de los príncipes alemanes apoyaron la rebelión luterana, lo que implicó que en muchos lugares se llevaran a cabo las "reformas" eclasiásticas de Lutero, cocretándose así una gran división en el cristianismo occidental.

Zwinglio.

Siguiendo el ejemplo de Lutero, Ulrico Zwinglio, un presbítero suizo, inició el movimiento “reformador” en Suiza, predicando contra la necesidad de las buenas obras para ser salvo, se opuso a la Misa como un culto válido hacia Dios y sobre todo fue radical en su oposición a la Eucaristía como verdadero Cuerpo y Sangre de Cristo. Zwinglio es el gran padre, teológicamente hablando, de la infinidad de grupos neoevangélicos que hoy predican que la Eucaristía es solo un símbolo, y no un sacramento donde se comulgue con Cristo


Zwinglio nunca pudo ponerse de acuerdo con Lutero en muchos temas, quizá el más importante en el que chocaron fue el de la Eucaristía, que terminó por generar entre ellos una animadversión mutua y un intercambio de insultos que nunca cesaría. Incluso ambos se reunieron en 1529 en Marburgo a iniciativa del príncipe Felipe I de Hesse, que buscó, sin ningún resultado positivo, unificar a todas las corrientes protestantes. Si bien Lutero negó la Transubstanciación de la Fe Católica, nunca se atrevió a negar que Cristo estuviera realmente presente en la Eucaristía, inclusive tildaba de "ignorantes" y "locos" a quienes lo negaban, mientras que Zwinglio se mantuvo firmemente en su convicción de que no se trataba más que de un símbolo.

Calvino.

Otro reformador, quizá solo menos famoso que Lutero es Juan Calvino, teólogo francés, que influenciado por el movimiento comenzado por el ex-monje alemán, en los años 30 del siglo XVI comienza a predicar y a escribir sobre la suficiencia de la fe para lograr la justificación de Dios. Es Calvino el verdadero desarrollador de las "doctrinas de la gracia", sistematizándolas en las "5 solas" (sola escritura, sola fe, sola gracia, solo Cristo, solo a Dios la gloria).

Calvino tampoco pudo ponerse de acuerdo, ni con Lutero, ni con Zwinglio, sobre el tema de la Eucaristía. Para Lutero seguía estando el Cuerpo y Sangre de Cristo en el pan y en el vino, para Zwinglio era solo un mero símbolo y para Calvino había alguna clase de presencia de Cristo, pero de manera espiritual. 


Entre estas tres diferentes nociones sobre la Cena del Señor se siguen dividiendo hasta hoy la infinidad de grupos protestantes y evangélicos.

Calvino viene a ser el gran inspirador teológico de las llamadas iglesias "reformadas" y presbiterianas, que predican la teología del "TULIP", un acrónimo por sus siglas en inglés de cinco punto doctrinales: "Total Depravity" (Depravación Total); "Unconditional Election" (Elección Incondicional); Limited Atonement (Expiación Limitada); "Irresistible Grace" (Gracia Irresistible); y "Perseverance of Saints" (Perseverancia de los Santos).


Arminio. 

Jacobo Arminio fue un teólogo protestante holandés, sus doctrinas son la antítesis del calvinismo, incluso se puede decir que Arminio es el gran padre del anticalvinismo en el campo protestante. Combatió la doctrina de la predestinación radical de los calvinistas,  defendió que la expiación de Cristo fue realizada para la salvación de todos los hombres, quienes, para recibirla gratuitamente, deben sin embargo responder a la gracia libremente con su voluntad aceptando la salvación que les ofrece. Además, Arminio y sus seguidores defendieron la doctrina de que la salvación puede ser perdida si el hombre, de manera libre y voluntaria, decide rechazar la obra de Cristo, se vuelve atrás y abandona la fe.

- Principales denominaciones 
 

Luteranos 

Presentes básicamente en Alemania y algunos países europeos como Suecia, Dinamarca, etc., como su propio nombre lo dice las iglesias luteranas son aquellas que en el siglo XVI rompieron su unidad con el obispo de Roma y siguieron las doctrinas del alemán Martin Lutero

Admiten solo dos sacramentos, el bautismo y la cena del Señor. Al bautismo admiten también a los bebés, de la Eucaristía aceptan la 'consustanciación' (presencia real del Cuerpo y Sangre de Cristo con y junto al pan y al vino).

Eliminaron toda doctrina de intercesión de los santos y veneración de imágenes, aunque en el altar siguen conservando el crucifijo y en muchos de sus templos pueden verse algunas imágenes con fines ornamentales.

Anglicanos.

Con el nombre de Iglesia anglicana se conoce a la Iglesia de Inglaterra que rompió su comunión con el obispo de Roma en el año 1534. Esta ruptura tuvo como causa no un gran conflicto teológico, sino el capricho del rey de Inglaterra Enrique VIII que queriéndose deshacerse de su esposa, la reina Catalina de Aragón para poder casarse con otra, pidió a la Iglesia la anulación de su matrimonio. La Iglesia se opuso a conceder la anulación no habiendo causa alguna que no fuera el capricho del rey por volverse a casar, lo que hizo que Enrique VIII decidiera separar a la Iglesia de su reino de la comunión con el Papa y declararse él a sí mismo cabeza de la Iglesia de Inglaterra. 



Episcopalianos

Los episcopalianos, podríamos decir brevemente, no son otra cosa que los anglicanos norteamericanos. Los anglicanos de las colonias inglesas en Norteamérica, una vez estallada la revolución de independencia en los Estados Unidos se separan de la autoridad de Inglaterra, convirtiéndose en una iglesia separada e independiente que se gobierna por su propia cuenta (aunque se mantienen en la llamada "Comunión Anglicana").


Presbiterianos

El presbiterianismo es una corriente de iglesias protestantes fundada por el escocés John Knox, su nombre proviene de la forma de gobierno que adquirieron estas iglesias, rechazando el gobierno episcopal, que tiene como autoridad superior de una diócesis a un obispo (como ocurre en la Iglesia católica, la ortodoxa, anglicana, etc.), los presbiterianos se deshicieron de esta figura y organizaron sus iglesias por medio de consistorios que gobiernan la congregación que a su vez crean presbiterios regionales. 

Para entender sus principales ideas teológicas bastara con leer el apartado de 'calvinismo', pues los presbiterianos son, antes que cualquier otra cosa y de principio a fin, calvinistas. 

Son defensores tajantes de las "cinco solas" de la reforma protestante: sola
escritura, sola fe, sola gracia, solo Cristo, solo a Dios la gloria y de los "cinco puntos del calvinismo" (mencionados en el apartado de 'calvinismo').


Una diferencia radical de los presbiterianos con otros grupos protestantes es su defensa de la práctica de bautizar bebés, una práctica fuertemente rechazada por otras corrientes protestantes como la bautista, que veremos a continuación.

Bautistas

Los bautistas nacen de la ruptura de algunos cuantos predicadores anglicanos con su Iglesia. Uno de estos fue John Smyth, un sacerdote anglicano que en 1602 radicalizó sus posiciones, hizo una reinterpretación de las Escrituras y llegó a la conclusión de que el bautismo de bebés era ajeno a la Biblia, por lo cual rompió con la Iglesia anglicana (que bautiza bebés) y creó congregaciones independientes que se diferenciaban principalmente pro bautizar solo a creyentes adultos. Smyth isn duda tuvo influencias del movimiento anabaptista, que entre otras cosas, como vivir una vida alejada "del mundo", también defendían el bautismo exclusivo para adultos.  


Los bautistas no son un solo cuerpo uniforme, históricamente están divididos en dos campos. A unos se les conoce como "bautistas generales", entre la mayoría de estos se defiende la doctrina de que Jesús murió por todo el género humano (de ahí lo de "generales") y que la salvación es alcanzada por cualquier hombre que acepte los méritos de Cristo en la cruz para salvar su alma. Además, por la simpatía de esta corriente bautista de la teología arminiana, tiene la noción de que la salvación puede llegar a perderse si el creyente voluntariamente se aparta de la fe. 

La otra corriente bautista es la de los llamados "bautistas particulares" o "bautistas reformados". A diferencia de los "generales", los "bautistas particulares", fieles a las doctrinas calvinistas, afirman que Jesús murió solo por una parte de los seres humanos, el sacrificio de la cruz solo sirve para aquellos que habrían sido "predestinados" para ser salvos, ya que todos los demás han sido "predestinados" para condenación desde antes de la fundación del mundo. 

Otra doctrina que separa a los "bautistas generales" de los "particulares" es la de la  "seguridad eterna" de la salvación, que enseña que un creyente una vez que ha creído en Jesucristo como su Señor y Salvador y ha sido justificado, nunca podrá perder su salvación, de ahí la famosa expresión "una vez salvo, siempre salvo".

Cuáqueros

Este también es un grupo de origen inglés, fundado por un anglicano disidente, George Fox, un británico que viven el siglo XVII y que, desilusionado con lo que para él solo eran rituales superfluos e incluso supersticiosos, comenzó a predicar un "cristianismo" que se deshiciera de los actos rituales como los sacramentos y los cultos formales y estructurados. Junto a sus seguidores fundó la "Sociedad Religiosa de los Amigos", llamada despectivamente "quakers" (los "tembladores" o "los que tiemblan") por un juez que se burló de una famosa frase que Fox solía repetir a sus seguidores en sus sermones "hay que temblar en el nombre del Señor".

La ruptura de los cuáqueros con toda forma que consideren "ritualista" es tan radical que este grupo no practica el bautismo en agua, ni siquiera como una "ordenanza" como lo practican la gran mayoría de los grupos evangélicos. Tampoco realizan la comunión o "cena del Señor", ni siquiera como acto simbólico. Defienden que el bautismo y la comunión son internos y espirituales, por lo cual no pueden realizarse de manera externa. 


Metodistas.

Los metodistas también provienen del anglicanismo, nacen en el siglo XVIII. Su principal influencia teológica es la del predicador anglicano John Wesley, quien hacía énfasis en la vida de santidad, mientras vivió en Pensilvania predicó arduamente y se constituyeron grupos de estudio que, posteriormente, terminarían separándose del anglicanismo, al cual veían como muy frío y poco dado a la promoción de la santidad, fundando así una iglesia independiente, aunque esta no fue la intención de Wesley, que hacia el final de su vida volvió a Inglaterra y murió como anglicano.

Pentecostales.

A finales del siglo XIX nace el pentecostalismo, que se desprende en buena medida de sectores que se separaron de la Iglesia metodista y que estaban más interesados en promover los "dones" del Espíritu Santo, haciendo un fuerte énfasis en las sanaciones milagrosas, el "hablar en lenguas" y el anuncio incesante del "rapto de la Iglesia", en el cual Jesús sacaría a los cristianos del mundo dejando solo en él a los pecadores quienes tendrían que pasar por la gran tribulación en el mundo durante 7 años antes de que Jesús vuelva a la tierra (aunque en este tema no hay un acuerdo, pues algunos pentecostales sostienen que el rapto será no antes, sino en medio de la tribulación y otros sostienen que al final).

Unicitarios.

 
Los unicitarios básicamente son pentecostales anti-trinitarios. Los unicitarios nacieron como una división de los grupos pentecostales convencionales que aceptaban la doctrina de la Trinidad. El pentecostalismo unicitario tiene su origen en los Estados Unidos hace apenas un siglo, y en sus orígenes tiene la marcada influencia de la propaganda fundamentalista anticatólica inundada de historias falsas y fantasiosas sobre los supuestos orígenes "paganos" de muchas de las doctrinas cristianas catolicas primitivas, y entre las que este grupo incluyó a la Trinidad, afirmando, con argumentos muy débiles y más bien de carácter "conspiracionista", que esta enseñanza tiene orígenes griegos politeístas no bíblicos y que habría sido introducida por la Iglesia "paganizada" del siglo IV. Según los unicitarios, no existen tres personas divinas en un solo y único Dios verdadero como afirman los trinitarios, sino una sola persona divina (Jesucristo) que se ha manifestado de tres maneras distintas, primero como Padre, luego como Hijo y luego como Espíritu Santo, pero tratándose siempre del mismo Jesucristo. El unicitarismo es la actualización de la antigua herejía sabeliana del siglo III que planteaba exactamente lo mismo. La herejía de Sabelio fue refutada y condenada por la Iglesia primitiva.