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lunes, 26 de junio de 2017

El Sacrificio de la Misa, el gran tesoro que los protestantes desconocen.

Por: Alejandro Hincapie.

«Los días del Señor reuníos para la partición del pan y la acción de gracias, después de haber confesado vuestros pecados, para que sea PURO VUESTRO SACRIFICIO. Cualquiera, empero, que tuviere una contienda con su hermano, no os acompañe antes de reconciliarse, para que no sea mancillado vuestro sacrificio. Pues, éste es el dicho del Señor: "En todo lugar y tiempo me ofrecerán UNA OFRENDA PURA. Porque soy un gran Rey, dice el Señor, y mi nombre es admirable entre las naciones.»
(DIDAJÉ XIV. 1-3, siglo I)

Para la los protestantes la Santa Misa es abominable porque se re-sacrifica a Cristo. Pero esto no es lo que la santa Iglesia Católica ha ensañado a través de los siglos. Como un Ex-Protestante, me alegra haber encontrado tan profundo tesoro que solo está dentro de la Iglesia Católica.

El primer testimonio que encontramos sobre este puro sacrificio está en la Didajé:
«La instrucción del Señor a los gentiles por medio de los doce Apóstoles.».

Podemos ver como en los días del Señor en la partición del pan se celebra este puro sacrificio, ofrecido como una ofrenda pura en todo lugar y tiempo. Millones de católicos nos reunimos en el día del Señor a celebrar este puro sacrificio celebrado en todo tiempo y lugar, por el gran misterio de la Sagrada Eucaristía.

Debe quedar claro para los hermanos protestantes que este Santo Sacrificio de la Misa actualiza el único sacrificio de Cristo, no sacrificamos a cristo en cada Eucaristía, ni repetimos miles de veces el sacrificio de la Cruz. Lo que actualizamos es el sacrificio de Cristo y como sacerdotes santos, ofrecemos nuestro sacrificio en el altar.

«También vosotros, cual piedras vivas, entrad en la construcción de un edificio espiritual, para un sacerdocio santo, para ofrecer sacrificios espirituales, aceptos a Dios por mediación de Jesucristo.» (1 Pedro 2.5)

Este sacrificio es acompañado de nuestras alabanzas, como una acción de gracias, el incienso de todos los santos.

«Sacrificio te ofreceré de acción de gracias, e invocaré el nombre del Señor.» (Salmos 116. 17)

«Pues desde el sol levante hasta el poniente, grande es mi Nombre entre las naciones, y en todo lugar se ofrece a mi Nombre un sacrificio de incienso y una oblación pura. Pues grande es mi Nombre entre las naciones, dice el Señor Sebaot.» (Malaquias 1.11)

La costumbre del incienso en la Santa Misa, nos deja de manifiesto como en la Santa Iglesia Católica está el cumplimiento de Malaquias, ya que es en la Iglesia Católica donde el incienso esta presente en la Liturgia, es solo en el sacrificio de la Misa donde en todas las naciones, en todo tiempo y lugar se ofrece el sacrificio puro por medio de la Sagrada Eucaristía, donde participamos del Cuerpo y la Sangre de Cristo.

«Entonces se lleva al altar, a veces en procesión, el pan y el vino que serán ofrecidos por el sacerdote en nombre de Cristo en el sacrificio eucarístico en el que se convertirán en su Cuerpo y en su Sangre. Es la acción misma de Cristo en la última Cena, "tomando pan y una copa". Sólo la Iglesia presenta esta oblación, pura, al Creador, ofreciéndole con acción de gracias lo que proviene de su creación» (San Ireneo de Lyon, Adversus haereses 4, 18, 4; cf. Ml 1,11).

Cumplimos este mandato del Señor celebrando el memorial de su sacrificio. Al hacerlo, ofrecemos al Padre lo que Él mismo nos ha dado: los dones de su Creación, el pan y el vino, convertidos por el poder del Espíritu Santo y las palabras de Cristo, en el Cuerpo y la Sangre del mismo Cristo: así Cristo se hace real y misteriosamente presente.

Bendito sea el sacrificio de la Misa, donde celebramos la Eucaristía desde los orígenes, sujetos al mandato del Señor:

"Haced esto en memoria mía"

jueves, 29 de septiembre de 2016

Kristine L. Franklin (ex-protestante): 'Muy agradecida por ser católica'.

Muy agradecida por… 

Empecé a hacer una lista. Pero siendo escritora, se me fue de las manos. Denme un teclado y me puedo volver loca. Así que pensé, ya sé. Solo escribiré sobre aquello de lo que estoy MÁS agradecida. Pero resultó que no podía ser una sola cosa. Tuvieron que ser dos.

1. Estoy agradecida por ser cristiana. ¡Jesús me ama, bien lo sé! Mi vida está en Él, y Él está en mí. Él lo cambia todo. Hace que mi vida (incluyendo las cosas malas) valga la pena ser vivida. Me da esperanza para el futuro y para la vida eterna. ¿Dónde estaría sin Jesús?


2. Estoy agradecida de ser católica. Soy inconcebiblemente católica. Mi tradición cristiana tiene sus raíces en el Movimiento Puritano del siglo 17. Me enseñaron toda mi vida que la Iglesia Católica era 1) mala 2) idolátrica 3) un culto 4) malvada 5) apóstata 6) muy, muy malvada. Al principio fue una especie de terror el darnos cuenta de que Dios nos estaba guiando hacia la Iglesia. ¿Qué pensaría la gente? Pero a medida que me acercaba, y me hacía preguntas honestas, descubrí que la Iglesia es 1) hermosa 2) verdadera 3) buena 4) bíblica 5) histórica 6) filosóficamente sólida. Más otras cosas realmente grandiosas.

 

He sido católica por casi 21 años. No ha pasado un solo día en que no haya dado gracias al Señor por traerme a la Iglesia (un tanto a regañadientes en un principio). GRACIAS JESÚS, por ayudarme a descubrir mi verdadero hogar, la Iglesia Católica.

Estoy muy agradecida de ser Cristiana Católica. ¡Gracias a Dios!

Kristine L. Franklin.*

Kristine L. Franklin es una ex-misionera evangélica, que en su viaje misionero por Guatemala realizado junto a su esposo Marty, para "llevar el evangelio de Cristo" a los países católicos, comenzó a cuestionarse muchas cosas que le harían dar un gran giro en su vida, hasta que en 1995 ingresó definitivamente a la Iglesia católica al igual que su esposo. Hoy se dedica a escribir libros y dirige su blog https://www.kristinefranklin.net

miércoles, 28 de septiembre de 2016

¿Es correcto llamar 'Padre' a un sacerdote? Un ex-evangélico contesta.

El ex-evangélico fundamentalista David B. Currie, habla sobre aquella repetitiva crítica que los grupos evangélicos y protestantes hacen a los católicos sobre llamar Padre a los sacerdotes: 

«Yo solía pensar que Mateo 23:9 prohibía esta práctica católica: "No llamen a nadie 'padre' en la tierra". Pensando más sobre el tema, recuerdo que los Evangélicos llaman a algunas personas "maestro o maestra de la Escuela Dominical" o "maestro de la Biblia", a pesar de lo que dice el siguiente versículo: "... ni llamen a nadie 'maestro', porque ustedes sólo tienen un maestro, el Cristo" (Mt 23:10). El mismo Pablo quería ser visto como padre de sus hijos espirituales: "Hijos míos amados... mediante el evangelio yo fuí el padre que los engendró en Cristo Jesús" (1 Corintios 4:14-15). Está claro que Jesús no está prohibiendo el uso de "padre" como lo usan los católicos. Somos una familia.» 
(Del libro "Nacido fundamentalista, nacido de nuevo católico").

viernes, 12 de agosto de 2016

Testimonio: de evangélico protestante a seminarista católico.

Por: Rodrigo Andrés Calvo Bernal
 
Los caminos de Dios son impredecibles: después de haber dejado el Catolicismo y haber militado 14 años en el mundo del cristianismo protestante, el Señor y Pastor de nuestra vida me trae de vuelta a su redil, no sin antes haber pasado por un largo camino de regreso, lleno de dudas e incertidumbres, que durante dos años me condujeron a adentrarme en las entrañas del profundo bosque del estudio bíblico serio, con el fin de encontrar el camino que me condujo al tesoro oculto dentro la Iglesia que Jesucristo nos dejó.
 

Mi búsqueda comenzó cuando el día que una amiga Católica, sin muchos conocimientos bíblicos, me entregó un video con el testimonio de un pastor que se había vuelto católico, llamado Fernando Casanova.

Al comienzo me sorprendí, luego me reí mentalmente al pensar que se trataba algún pastor ignorante y sin mayores conocimientos bíblicos, el cual creería que la imagen de la Virgen María, o de Jesús, se le había aparecido en el fondo de la taza de chocolate, en la humedad de una pared, o al fritar un buñuelo. Decidí entonces, recibirle cortésmente el video, sin ninguna intensión de verlo.

Al parecer, todo el tiempo que había dedicado a burlarme de la fe Católica de mi amiga, no había sido en vano… Ahora ella era quien me hacía la cacería. Mi buena amiga Enid Mayor, durante tres meses, se dedicó a llamarme todos los días para averiguar si yo había visto el video. Ante tanta insistencia, no tuve otro remedio que sentarme a verlo. Sinceramente, jamás me imaginé lo que me aguardaba de ahí en adelante.

Ni mi pastor de la congregación ni yo, pudimos desmentir los argumentos bíblicos expuestos por el hombre del video, lo cual me llevó, muy a mi pesar, a abandonar la iglesia en la cual me sentía más cómodo, para ir a conocer otras denominaciones protestantes y compararlas con lo que enseña la biblia.

Gigantesca fue mi sorpresa, cuando me di cuenta que, al final de mi búsqueda, me encontraba ante las puertas de la Iglesia Católica, la misma que había aprendido a odiar y a llamar "La Gran Ramera". Pero mi sorpresa fue aún mayor cuando descubrí que dentro de esta Iglesia de la biblia se albergaban otros tesoros increíbles, aparte de la biblia misma, que eran para mí parcial o totalmente desconocidos.

Fue en la biblia donde yo descubrí el Magisterio de la Iglesia, la Tradición apostólica, el bautismo, etc. Pero el santo grial de mis descubrimientos era aquél tesoro que venía acompañado a su vez de un regalo hermoso para aquél que descubriera su valor. Ese tesoro bíblico, que sobrepasaba todas mis expectativas, era ni más ni menos, que la presencia real y viva de Jesucristo en la Eucaristía y el regalo que acompaña este tesoro, es su Madre María.

Este increíble descubrimiento terminó por llevárme a la puertas del Seminario de Profesionales Santiago Apóstol, en dónde he comenzado mis estudios dirigidos hacia el sacerdocio.


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Rodrigo Andrés Calvo es el autor del libro: «Aprende sobre tu fe católica con Catalina y sus vecinos» que puedes adquirir en el siguiente enlace: https://www.createspace.com/6414973

 

viernes, 1 de julio de 2016

Sacerdote cuenta su experiencia con un satánico, el final te sorprenderá.

El sacerdote Pedro Nuñez, conocido por su programa "Conozca primero su fe católica" transmitido en el canal católico EWTN cuenta en entrevista una anécdota muy impresionante.

Hace unos años, antes de tomar un vuelo, observó a una persona "haciendo oración", y cuando ésta terminó y el padre le expresó su alegría por ver a gente orando, aquel hombre molestó le dijo que estaba "orando a Satanás" y se alejó del padre.

Minutos después el Presbítero Pedro Nuñez sintió un fuerte llamado interior del Señor Jesús que le ordenaba ir y hablarle de Él a este hombre atrapado por el satanismo. Así que aun y con dudas se levantó de su asiento y se acercó a a quella persona solo para recibir un total rechazo, aunque alcanzó a decirle que Cristo lo amaba y que él se ponía a sus órdenes para cualquier cosa y se marchó

Pero esta historia no culminó allí, tiempo después tendría un final inesperado. Aquí te dejamos este bello testimonio:

domingo, 5 de junio de 2016

Pasó por 4 'iglesias evangélicas', hoy como católico denuncia que allí todo es negocio movido por el anticatolicismo


Haciendo una revisión en retrospectiva de mi experiencia en el protestantismo por 13 años, creo firmemente que su doctrina inherente es unicamente el anticatolicismo. Estuve en cuatro denominaciones y recuerdo que su mayor empeño era inculcar el desprecio y la descalificación a la Iglesia Católica.
 

Para los que no lo saben; un típico culto protestante es música, que incluye la participación de algunos de sus prosélitos; testimonios, que generalmente son relatos de cuando eran " católicos"; a los niños los llevan aparte para adoctrinarlos; muchas veces escuchaba como los niños gritaban en la sala contigua, "MARÍA ES UNA DIOSA FALSA".
 

El centro del culto es el sermón del señor jefe de la denominación (me niego a decirle pastor), generalmente hace una lectura de algún episodio del Antiguo Testamento (es el que más usan en sus prédicas), en donde el jefe, hace alardes de emotivismo, máxime cuando hay alguna persona invitada, que se considera el objetivo a atraer. Las denominaciones pentecostales son las que más usan ese libreto de las palabras entrecortadas y sollozantes para compungir el corazón de los miembros y especialmente del cliente nuevo. En estos cultos, con personas visitantes, hablan de amor, de fraternidad, igualdad y recalcan que no importa a qué Iglesia pertenezcan; pero cuando ya han captado al nuevo miembro, insisten hasta la saciedad, que los católicos son paganos, idólatras, hijos de la ramera, etc.
 

La inmensa mayoría de las veces, máxime cuando el jefe requiere disponer de dinero, leen el famoso texto de Malaquias 3,10, para azuzar al creyente y mantenerlo disciplinado en la entrega del 10% de su salario, aparte de las ofrendas, dádivas y estipendios, que son frecuentes. Cuando hay un invitado, que su familiar o amigo lo lleva; previamente le dan la información al predicador de la situación por la que está pasando, y busca un pasaje bíblico acorde, para que el prospecto sienta que Dios lo está llamando; lógicamente con el énfasis y las lagrimas que le pone. Luego pide a todos que inclinen su cabeza para orar; el encargado del sonido pone música adecuada para el momento y se hace el llamado con voz temblorosa a "aceptar a Cristo". Todas las miradas expectantes se posan sobre el objetivo y aquel pobre hombre pasa a ser uno mas a la nómina del diezmo obligatorio y en efectivo vitalicio.
 

Alberto Fonseca.

viernes, 11 de diciembre de 2015

'Los necesitamos'. Carta de un católico ex-protestante a los evangélicos.




Brantly y su esposa Krista.



















Carta abierta a los evangélicos: los necesitamos.
Otra reforma católica está en marcha, ¿se apuntan?
A mis amigos evangélicos: 

Los admiro. Realmente. Y se sorprenderían al saber que muchos otros católicos también los admiran.
 

Admiramos su conocimiento de la Escritura y sus estudios bíblicos. Admiramos su devoción por la evangelización y las misiones. Admiramos su disponibilidad para levantarse públicamente por su fe incluso cuando signifique que se burlarán de ustedes o serán humillados.
 

Pero sobre todo, admiramos su profundo amor por Jesús. ¿Qué puede importar más?

Estas son todas las cosas que la Iglesia Católica tiene, por supuesto, pero los católicos no siempre vivimos nuestra fe del todo bien.
 

Sí, todo el mundo ha pecado, evangélicos incluidos (ustedes serían los primeros en admitir esto), pero se que ustedes son maravillosos porque fui educado en una congregación evangélica y fui al Wheaton College, el así llamado “Harvard de las escuelas evangélicas”. Algunos de lo más devotos, amorosos seguidores de Cristo que he conocido jamás son cristianos evangélicos.
 

No obstante, en 2010, alrededor de un mes antes de graduarme de Wheaton, me uní a la Iglesia Católica.

Antes de perder su atención, déjenme decir que la mía no es una historia más de conversión –ahora verán adónde quiero llegar.
 

No me fui a la Iglesia Católica porque pensara que los católicos tenían la mejor pastoral o la mejor predicación.
 

No fue que estaba desilusionado a causa de evangélicos hipócritas o que pensara que la Iglesia Católica estaba libre de escándalos (¿han oído algún escándalo sobre la Iglesia católica?). Y tampoco me uní a la Iglesia Católica porque pensara que personalmente conecto mejor con la liturgia o algo así.
 

No, me uní a la Iglesia Católica a causa de algo que estoy seguro de que pueden entender: Quería seguir a Jesús. Y estuve convencido de que la Iglesia Católica es el lugar establecido por Cristo donde se supone que la gente debe hacerlo.
 

Pero eso no quiere decir que recuerde mi época como evangélico negativamente. Al contrario, yo, como muchos otros evangélicos convertidos al catolicismo, estamos inmensamente agradecidos por todas las cosas maravillosas que recibimos del evangelicalismo. Me entristece decirlo, pero quizá no habría conocido la Escritura tan bien como hoy la conozco si hubiera sido educado como católico. De hecho, mi época como evangélico me preparó para ser mejor católico.
 

Lo que me lleva al punto principal de esta carta: Los necesitamos.
 

Nos dice San Pablo en 1 Co 12 que hay muchas partes del Cuerpo de Cristo, cada una con un papel único e indispensable. “El ojo no puede decir a la mano: «No te necesito», ni la cabeza, a los pies: «No tengo necesidad de ustedes». (v. 21) Como los cristianos bautizados, los evangélicos tienen dones que la Iglesia necesita para llevar a cabo con efectividad su misión de salvar almas – dones que estamos profundamente perdiendo.
 

Me refiero a un problema que a muchos de ustedes les preocupa: el Cuerpo de Cristo está sufriendo en su testimonio del Evangelio porque no estamos unidos y trabajando conjuntamente.
 

Ahora, como ya expliqué en otro lado, no creo que la sola scriptura sea suficiente para establecer unidad entre los cristianos. Llevamos varios siglos de proyecto protestante, y pienso que es claro para todos que esta doctrina sólo conduce a interminables divisiones, a un pluralismo de bajo común denominador, y al aislamiento. Pero no a la unidad como Iglesia.
 

Por eso, pienso que debemos regresar a la fuente: La Iglesia primitiva, la Iglesia de los mártires y santos, la Iglesia fundada por Cristo, con obispos sucediendo a los Apóstoles, la Iglesia Universal (Católica). Eso es lo que he hecho.
 

Pero esperen un momento, ustedes dicen, "¿no es la Iglesia católica corrupta? ¿No necesitó acaso una reforma?".
 

La Iglesia Católica siempre necesita reformarse, al menos en lo que se refiere a la santidad y fidelidad de sus miembros. Era cierto en el siglo I, era cierto en el siglo XVI, y sigue siendo verdad al día de hoy.
 

Y es ahí donde ustedes entran. Necesitamos su ayuda con otra auténtica reforma católica.
 

Verán, los reformadores protestantes no fueron los primeros en buscar la reforma Cristiana. Muchos de los más grandes santos de la Iglesia fueron reformadores durante épocas de terrible corrupción e infidelidad. Quizá podrían elevar la mirada a algunos de ellos: San Gregorio Magno, San Benito de Nursia, Santa Catalina de Siena, San Ignacio de Loyola, San Francisco de Asís, y muchos otros.
 

Pero, ¿recuerdan el mensaje que San Francisco de Asís oyó de Jesús? Si no conocen la historia, él estaba orando en una pequeña y tambaleante capilla fuera de la ciudad cuando Jesús le habló desde el crucifijo, “Francisco, repara mi Iglesia, pues está en ruinas”. Francisco originalmente tomó este mensaje como una orden de reparar el edificio de la iglesia, pero se volvió claro con el tiempo que Dios lo había llamado a reformar la Iglesia espiritualmente.
 

Noten que Francisco fue llamado a reparar la Iglesia, no a comenzar una nueva. Necesitamos levantar la Iglesia que Jesús fundó, no llevárnosla con nosotros para comenzar una nueva Iglesia versión 2.0.
 

Esta es la diferencia entre los santos y los reformadores protestantes. Los santos buscaron una reforma dentro de la Iglesia, mientras que los reformadores protestantes escogieron el cisma – y hemos estado lidiando con el resultado desastroso desde entonces.
 

Claro, los reformadores protestantes escogieron esa ruta porque diagnosticaron que los problemas en la Iglesia no eran meramente de carácter moral, sino doctrinal. Aunque luego ellos mismos no pudieron ponerse de acuerdo sobre cual era la doctrina correcta.
 

Al día de hoy, no estoy convencido de que la mayoría de los evangélicos realmente tengan un problema con la mayoría del verdadero Catolicismo. Los católicos creen que la gente se salva sólo por Jesús, que es Dios encarnado y el único digno de nuestra adoración; creemos en la absoluta necesidad de la gracia y misericordia de Dios para la salvación; creemos que la Biblia es la Palabra de Dios inspirada e inapelable en todo lo que dice; creemos en el pecado y el juicio, el cielo y el infierno, la urgente necesidad de evangelización, en el arrepentimiento, la fe, la esperanza y el amor, etc.
 

Sí, hay áreas de desacuerdo significativo: la precisa naturaleza de la justificación, el número de libros en el Antiguo Testamento, el rol de la tradición oral, los Sacramentos, etc. Pero es por eso que tenemos una Iglesia, que la Escritura la llama “columna y fundamento de la verdad.” (1 Tim 3.15): para corregirnos cuando estamos mal. Escoger una iglesia solo porque está de acuerdo con la teología de uno es lo opuesto a como la Iglesia fue concebida para hacer y funcionar.
 

Y mientras ciertos líderes evangélicos están obviamente muy comprometidos con sus particulares modificaciones de estas doctrinas, no estoy seguro de que la mayoría de evangélicos comunes y corrientes estén tan interesados realmente con estas posturas. Si eres un evangélico que está más interesado en “sólo seguir a Jesús” que continuar los intrincados debates teológicos de los últimos siglos, insinuo que no tienes una buena razón para seguir siendo protestante, puesto que fueron esos debates los que causaron el cisma desde el principio. De hecho, el Magisterio vivo de la Iglesia podría ser lo que estás buscando: con su recta autoridad, fundamentada en Cristo, para establecer límites para interpretar las Escrituras y resolver discusiones, ofrece un camino a la gente para dejar atrás las disputas interminables (pero sin abandonar totalmente la teología) y centrarse mejor en seguir a Jesús. 

Claro está, como ya dije, el Catolicismo vivido tiene problemas. Pero me gustaría desafiarlos a mirar los problemas de manera diferente. En lugar de usar los problemas como munición contra la unidad cristiana, ¿podrían ayudarnos a mejorar las cosas?
 

En otras palabras, ¿podrían tomar lo mejor del Evangelicalismo – su fervor por la evangelización, su conocimiento de la Escritura, su compromiso creativo de la cultura, etc. – y traerlo con ustedes a la Iglesia Católica para enriquecerla desde dentro?
 

Si lamentan que la mayoría de católicos no conocen la Escritura, por ejemplo, entonces vengan a la Iglesia Católica y empiecen estudios bíblicos. Si lamentan que los católicos no estén evangelizando, inicien un programa de entrenamiento de evangelización para católicos. O cualquier otra cosa para la que se sientan inspirados. Pero intenten arreglar los problemas.
 

Y no estarán totalmente solos. Se sorprenderían de saber que muchos antiguos evangélicos ya están haciendo esto. De hecho, en las últimas décadas ha habido un sorprendente giro en la historia, un giro que nadie en el pasado no tan lejano podría haber visto venir: desde los escombros de las heréticas, escandalosas y sacrílegas tonterías que han estado consumiendo a la Iglesia Católica en las últimas décadas, Dios aparentemente ha decidido producir parte de su Reforma a través de un pequeño pero significativo goteo de conversiones de un grupo que ha considerado históricamente al Catolicismo su peor enemigo: el Protestantismo Evangélico.
 

Realmente, ¿quién vio eso venir? Pero eso es lo que tiene Dios para ti.
 

Pasen algún tiempo en círculos católicos, y rápidamente se darán cuenta que muchos (ciertamente no todos) de los católicos que están llevando nuevos ministerios, elaborando nuevos programas, o quienes intentan revitalizar la auténtica vida católica son convertidos del Evangelicalismo.
 

Pero hay mucho trabajo por hacer.
 

Motivo por lo cual los necesitamos.
 

La puerta está abierta. Los estoy invitando a volver a la plena comunión con la Iglesia Católica para que podamos trabajar conjuntamente y hacer lo que los reformadores protestantes debieron haber hecho: reformar la Iglesia que Cristo nos dio.
 

Les advierto con toda sinceridad: es un trabajo duro. A veces parecerá que no estamos haciendo ningún progreso. Encontrarán resistencia de los católicos acomodados en su status quo, y podrían sentirse a veces tentados de sacar otro Lutero. Pero realmente creo que si, como los santos antes que nosotros, con absoluta dependencia en la gracia de Dios, perseveramos en la humildad, la paciencia, la oración, y la diaria conversión personal, podremos hacer diferencia.
 

Luego, fortalecidos con todos los dones del Cuerpo de Cristo trabajando juntos en el camino que Cristo había previsto, podremos más efectivamente salir a salvar algunas almas.
 

¿Se apuntan?
 

En Cristo,
Brantly.
 

Brantly Millegan es un ex-evangélico convertido al Cristianismo católico. Tiene una licenciatura en Filosofia en Wheaton College, una maestría en Teología por el Saint Paul Seminary School of Divinity y está cursando un doctorado en Teología con especialidad en teología moral por la Catholic University of America. Además es el fundador y editor de ChurchPOP (www.churchpop.com) y editor y colaborador de otros sitios católicos como aleteia.org