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sábado, 29 de julio de 2017

Libro católico: Pensamientos de un protestante sobre la Iglesia católica y el protestantismo (Capítulo V).


PENSAMIENTOS DE UN PROTESTANTE SOBRE LA INVITACIÓN DIRIGIDA POR PIO IX A LOS CRISTIANOS DISIDENTES PARA RECONCILIARSE CON LA IGLESIA CATÓLICO-ROMANA.

Por: Rainaldo Baumstark.
Índice:



V.

¿Qué se sigue de aquí?

Malévolos lectores dirán en seguida: De aquí se sigue que el autor de este escrito debe hacerse católico y dejarnos en paz. Mas con esto nada se diría ni se refutaría nada. Pues por una parte la grandeza y majestad de la Iglesia católica ya ha llenado de admiración a muchos protestantes a quienes sin embargo nadie echará en cara su predilección por el Catolicismo: basta recordar a Schiller en su María Stuart, y a Jean Paul en los Flegeljahren. Y por otra parte el fraccionamiento y disolución interna del protestantismo ha llegado a tal punto en nuestros tiempos, que todo protestante se verá incapaz, por regla general, de adherirse a ninguna fe positiva con aquel completo abandono y plenitud de convicción, exenta de toda duda, que la religión católica demanda. Hasta la circunstancia de que el protestantismo casi en todas partes anda solicitando el favor de las cortes y se afana por vivir a la sombra del poder, es muy a propósito para provocar un juicio severo de parte de los hombres honrados e independientes, ya que con esa actitud incurre en la más palmaria contradicción con el principio de libertad en cuyo nombre vino al mundo.

Ahora solo me resta contestar a la pregunta: ¿Qué significa, si tal es en efecto el estado de las cosas, la invitación del Sumo Pontífice para reconciliarnos con la Iglesia católico-romana?

Que esta invitación fuese objeto de previo y maduro examen, no necesita probarse: no es costumbre de Roma echar impremeditadamente al mundo documentos de esa índole. Y no es menos cierto que se brindaba con tal espontaneidad a hacer ese llamamiento la convocación de un concilio general, el primero celebrado de tres siglos acá, que no solo debía aprovechar semejante oportunidad del Jefe de la Iglesia católica, sino que apenas podía eludirla. Y aun suponiendo que de lo dicho en los precedentes párrafos no pueda sostenerse como verdad sino lo sustancial, queda no obstante fuera de duda que sería muy de desear de parte de todos los cristianos que conservan un ápice de fe, que los votos del romano Pontífice tuviesen cabal cumplimiento.

Bien que esto por ahora no sucederá; y el mismo Pio IX está plenamente persuadido de que por ahora no sucederá; pues cambios de tamaña trascendencia en el mismo seno del género humano no se operan en un momento, necesitan siglos para llevarse a cabo. Si llega a celebrarse el concilio general, lo grandioso e imponente de ese gran suceso, el espectáculo arrebatador de la Iglesia en toda su majestad y grandeza, ocasionará, sí, la conversión particular de muchos, más no dará por resultado la reconciliación en masa de las iglesias separadas. La existencia del protestantismo ha sido muy útil a la religión católica, y su misión no ha terminado aún: continuará en el mundo como principio de oposición religiosa, y seguirá prestando los servicios que la divina Providencia le prescriba para llevar a feliz término la educación del género humano. 

Pero no vencerá a la Iglesia católica. Ya ahora puede considerarse como cierto que ella sola aumenta constante y esencialmente en poder y extensión. Tales o cuales relaciones políticas del momento no engañan al ojo del observador: Los Estados modernos se reconciliarán al cabo con la Iglesia en el terreno de sus mutuas libertades. Los cristianos que tengan realmente fe se convertirán cada vez más, en el decurso de los siglos, al principio católico, y con eso irán agregándose en número cada vez mayor a la Iglesia visible de Jesucristo
.
Cuando de los que ahora vivimos no quede siquiera la sombra de los sepulcros, cuando todas las cuestiones políticas que en enemigos campos tienen hoy dividida a Europa y al mundo entero sean patrimonio exclusivo de la imparcial historia, entonces se recordarán las palabras que en el presente año ha dirigido a sus hermanos disidentes un Anciano perseguido, escarnecido y atribulado. Ahora, después de diez y ocho siglos, aun no se convertido al Cristianismo la parte más pequeña del humano linaje: y de los que son cristianos exteriormente, pocos lo son en su interior. Y sin embargo esa bandera se ha mantenido alta y siempre más alta en todas las vicisitudes de la historia. La Iglesia católica fue la maestra y directora del género humano en todo el decurso de la edad media; inquebrantable ha visto pasar ante sí, en lucha sin tregua ni descanso, los tres poderosos siglos que siguieron a la Reforma; y viviendo en ella la verdad eterna de Dios, al fin obtendrá también el triunfo la palabra de su Fundador:

¡Habrá un solo pastor y una sola grey!

Libro católico: Pensamientos de un protestante sobre la Iglesia católica y el protestantismo (Capítulo IV).


PENSAMIENTOS DE UN PROTESTANTE SOBRE LA INVITACIÓN DIRIGIDA POR PIO IX A LOS CRISTIANOS DISIDENTES PARA RECONCILIARSE CON LA IGLESIA CATÓLICO-ROMANA.

Por: Rainaldo Baumstark.
Índice:


IV.

¿Cuál es la vida religiosa de los católico-romanos?



En este punto, francamente, muchos de ellos no les andan en zaga a muchos protestantes. Mas los católicos que se han asociado a las tendencias de la francmasonería, que están persuadidos de que para ir al cielo basta obrar bien, de que la doctrina de la Iglesia y prácticas religiosas son cosas secundarias, esos católicos no pertenecen seguramente a la Iglesia en el sentido en que está lo exige.

Pero ese espíritu de indiferencia y frialdad religiosa no es en manera alguna el predominante entre el pueblo católico. Y aquí debo hacerme cargo de un error que es una de tantas sandeces como hoy privan en el mundo. Gran número de hombres, y en especual de los llamados ilustrados, viven en la convicción de que la Iglesia católica camina con paso apresurado a su destrucción y total ruina. Los que así piensan, alegan principalmente en su apoyo la apurada situación en que en la actualidad se halla el romano Pontífice, y la guerra que al parecer tienen declarada a la Iglesia los Estados y Constituciones modernas, como es de ver, por ejemplo, en Italia, Austria, en el gran ducado de Baden, y recientemente también en España. Mas esto son puras ilusiones.

Por lo que hace al dominio temporal de los Papas, de seguro que aun hoy día descansa sobre base más sólida que el unido reino de Italia. La mano de la imperial Francia no es tan débil, y esa Francia se suicidaría a sí misma el día que abandonase a Roma. El espíritu hostil que contra la Iglesia muestra el Gobierno italiano no puede servir sino para tornar a disolver aquel flamante reino; lo que de seguro logrará cumplidamente.

En Austria los hombres que real y verdaderamente dirigen la nave del Estado, en lo que menos piensan es en declarar una guerra sistemática al Catolicismo. El emperador Francisco José no hubiera otorgado su voto por nada de este mundo; los conflictos que han sobrevenido proceden en parte de necesidades políticas y en parte de malas inteligencias en las relaciones con Roma; y la causa de la Iglesia católica se halla en Austria en buen lugar. Si con el acento de la más profunda convicción pudiera hacerme oír de todos los católicos que en ello toman públicamente parte, exclamaría con la mano puesta en el corazón: ¡No os hagáis ilusiones! Austria es y continúa siendo vuestro sostén y apoyo. ¡Aquella potencia empero que con tanta sagacidad como fortuna ha heredado la política de la Reforma, sería vuestra perdición y ruina!

¡España, en fin! Si el caso no fuera tan serio, me echaba a reír. Cuando los grandes heraldos de la revolución, Serrano, Prim y Topete, vinieron a Zaragoza a recibir a Olózaga, el prohombre del liberalismo y maestro de la ideal constitucional en España, encamináronse ante todo a la catedral para postrarse de hinojos, a vista de la multitud apiñada, ante la milagrosa imagen del Pilar. Quizás procedieron así por pura devoción como verdaderos católicos; y quizás también para no exponerse de ese modo a las iras del pueblo zaragozano. Y en el manifiesto en que el Gobierno provisional proclamaba la libertad religiosa y anunciaba esta y otras novedades a los por él llamados sus representantes en las cortes extranjeras, justificaba el planteamiento de esta libertad, diciendo que por ese medio se arraigaría más y más el sentimiento católico, por dicha siempre vivo y siempre inalterable en aquella magnánima nación. Decís bien: los españoles acabarán con el Catolicismo. Estoy firmemente persuadido de que no hay un solo español que comprenda el concepto alemán de protestantismo. Podrá haber entre ellos individuos ateos y no pocos francmasones, pero protestantes, de ninguna manera; y aun a aquellos ateos y a aquellos francmasones se les cerrará la boca dentro de breve tiempo. –Así ve también las cosas el Nuncio de Su Santidad en Madrid; por eso permanece allí tan tranquilo y se mantiene en relaciones más o menos amistosas con el provisional Gobierno.

Por consiguiente, la situación del Catolicismo respecto de los Estados modernos no es tan apurada como comúnmente se cree. Y, por lo demás, Jesucristo ha dicho: “Mi reino no es de este mundo”; y es todavía una cuestión si sería o no perjudicial a la Iglesia el tener de hoy más que obras por medios puramente espirituales.

Pero dado, que no concedido, que los Estados modernos se hallen respecto de la Iglesia católica en un conflicto sin solución o que apenas la tiene, aun no se habría con eso dicho nada sobre las disposiciones internas del pueblo católico; quedaría aun por resolver la cuestión principal de si el mundo católico pertenece a los modernos Estados o a su Iglesia. Sentiría por los Estados que se resolviera esa cuestión, pues dudo mucho que el fallo les fuese favorable. Salid, si os place, a recorrer un país católico; visitad las montañas y valles, no ya del Tirol, sino del Austria toda; entrad en las iglesias por doquiera en los santos tiempos del año eclesiástico; acercaos a la cama del enfermo y al lecho del moribundo; visitad los hospitales; trasladaos con el capellán de regimiento a un campo de batalla; comparad un auditorio que con corazón palpitante escucha la historia de la Pasión, con los espectadores de un teatro, todos caballeros y damas, a quienes hechica la desenvoltura de una bailarina medio desnuda, seguid a aquellos que suelen frecuentar los lugares de vicio, hasta el momento en que el hombre, gastada la vida, ve cerca de sí el abismo de la eternidad, y busca desesperado un medio de salvación; observad al heraldo del moderno liberalismo cuando le abandona la dicha, el poder, la posición, la fortuna: en todos estos y otros mil casos análogos encontraréis siempre, o al fiel de corazón recto y morigeradas costumbres, o al hombre que, presa de Satanás, se revuelve como vil insecto en el lodo, y junto a él al sacerdote católico que le alienta a dirigir la vista al cielo.

No necesito advertir que estoy lejos de disputar méritos análogos al clero no católico en el desempeño de su ministerio, y de negar la gracia de iguales sentimientos religiosos a las parroquias protestantes. Lo único que digo es que, o eclesiásticos y fieles conservan un conjunto de creencias cristianas, positivo y no expuesto a los caprichos de ninguna razón humana, y entonces bajo este concepto son verdaderos católicos; o no tienen semejante fe, y en ese caso les falta la religión positiva con todas sus gracias.

Pero que en efecto las disposiciones religiosas del pueblo católico sean incomparablemente mejores que las del pueblo protestante, resultado claro para un observador despreocupado con solo considerar por un momento las asociaciones religiosas del Catolicismo. Estas, tales como las del Monte-Casino, San Vicente de Paul, San Carlos Borromeo y otras innumerables, han adquirido un desarrollo extraordinario en los últimos tiempos; fenómeno que debe llamar tanto más nuestra atención, cuanto que esas asociaciones, por el presente y hablando en general, no gozan en manera alguna de especial protección o grandes privilegios de parte del Estado. ¿Por qué no prefiere esa multitud inmensa de hombres asociarse para empresas que puedan reportarles ventajas pecuniarias, goces, comodidades, consideraciones y honores? ¿por qué prefieren los dicterios del mundo, los ultrajes de los periódicos, las sospechas de la policía, con otros perjuicios todavía más graves? Es muy sencillo; porque en su alma viven sentimientos profundamente religiosos cuya satisfacción les importa más que el universo todo.

¡Loor, pues, al hombre de noble corazón! ¡loor al alma de aspiraciones religiosas, cualesquiera que sean sus convicciones! Pero si se consideran en conjunto todos los fenómenos desparramados de la vida espiritual, si se reúnen en un foco común todos los rayos del sentimiento católico, no puedo menos de confesar paladinamente que: La Iglesia católica es el mayor poder espiritual que existe sobre la tierra 

Libro católico: Pensamientos de un protestante sobre la Iglesia católica y el protestantismo (Capítulo III).


PENSAMIENTOS DE UN PROTESTANTE SOBRE LA INVITACIÓN DIRIGIDA POR PIO IX A LOS CRISTIANOS DISIDENTES PARA RECONCILIARSE CON LA IGLESIA CATÓLICO-ROMANA.

Por: Rainaldo Baumstark.

Índice:


 III. 

¿Qué ofrece a sus hijos la Iglesia católico-romana?



Una Iglesia visible en esta vida, como cumplimiento de la palabra empeñada por el Señor de que permanecería con los suyos hasta la consumación de los siglos; una Iglesia que tiene la promesa del Espíritu Santo, del Espíritu de verdad, y con ella la firme convicción de la indefectibilidad de su doctrina: he aquí la primera prerrogativa, patente a los ojos de todo el mundo, que puede reclamar el verdadero católico ante las demás comuniones cristianas.


Y esta Iglesia no se contenta con enseñar ciertos dogmas fundamentales, para que se recuerden como de paso en épocas determinadas, y luego se olviden y se prescinda de ellos en la vida práctica; su misión es abarcar e impregnar con su doctrina la vida toda del hombre, desde la cuna hasta el sepulcro, y aun más allá. Sus Sacramentos acompañan al fiel en todas las ocasiones más importantes de la vida; ellos le consuelan en las tribulaciones todas, y le devuelven la gracia si su corazón llega a extraviarse. La presencia del Dios eterno mantiene sus templos en continuo comercio con los invisibles seres de otra vida superior, y en millares de altares se renueva todos los días el sacrificio de la Cruz. Ni aun con la muerte cesa la acción de la Iglesia, pues sus oraciones y sufragios por los difuntos obran poderosamente cabe el trono del Eterno.

Este es el símbolo de creencias de la iglesia católica, a la que pertenecen también, respecto de los dogmas y Sacramentos, los cismáticos griegos. La organización externa y el culto religioso de la Iglesia católico-romana abundan en prerrogativas no menores para todo el que a ella pertenece como hijo sumiso. Ante todo nos ofrece, con la idea de Iglesia visible, una cabeza suprema, visible también, independiente de todo poder terreno y existente por tanto en sus propios dominios. Luego tiene un sacerdocio propiamente tal, el cual sobre ser necesario para el sacrificio de la misa, administración de Sacramentos y desempeño de las demás funciones eclesiásticas, es una prenda segura de que la Iglesia cumple su divina misión sobre la tierra. Y la severa disciplina del celibato queda plenamente justificada con solo considerar que las miserias que necesariamente han de manifestarse donde un clérigo con mujer e hijos tenga que sacrificar sus convicciones en aras de la familia, redundan casi siempre en menoscabo del carácter eclesiástico. El culto confiado a estos sacerdotes ofrece todos los días a la inmediata consideración de los fieles los sacrosantos misterios de la religión revelada: no se concreta a instruir el entendimiento razonador, o a fomentar por ventura el sentimiento, sino que se apodera del hombre entero, con cuerpo y alma, y lo llena todo, corazón, espíritu, sentidos. Tiene también oración en común, canto y sermón. Pero tiene más todavía. Para este culto la escultura y la pintura han creador obras maestras, cuales solo podían salir de corazones abrazados en el divino amor; y si se comparan con los nuestros aquellos bárbaros tiempos en que el Catolicismo levantaba sus catedrales y llevaba a Europa a las Cruzadas, en orden al vuelo de las artes y al entusiasmo caballeresco y poético de los hombres, no puede causarnos más que profunda lástima la flamante civilización del presente siglo.

Libro católico: Pensamientos de un protestante sobre la Iglesia católica y el protestantismo (Capítulo II).


PENSAMIENTOS DE UN PROTESTANTE SOBRE LA INVITACIÓN DIRIGIDA POR PIO IX A LOS CRISTIANOS DISIDENTES PARA RECONCILIARSE CON LA IGLESIA CATÓLICO-ROMANA.
 
Por: Rainaldo Baumstark.
Índice:



II.


¿Cuál es la vida religiosa de los evangélico-protestantes?

Esta es ciertamente una pregunta de la mayor importancia. Pues si bien sería poco conforme a derecho juzgar a una comunión cristiana por las acciones u omisiones accidentales de un miembro particular; sin embargo, tomada en general, es de rigurosa exactitud la sentencia de Jesucristo: “Por sus frutos los conoceréis”. 

Ante todo debo reconocer que existen círculos dentro del protestantismo en que los sentimientos religiosos están muy arraigados tanto en el individuo como en la sociedad. Y en ese caso no puede ciertamente negarse que las llamadas sectas por hallarse separadas de las iglesias del Estado o del país en que florecen, producen por lo común mejores resultados que sus hermanas las comuniones subvencionadas y protegidas por el Estado. Los prosélitos de las tales sectas se ven con frecuencia reducidos a sí mismo, sin poder dar libre expansión a la profundidad de sus sentimientos. En aras de este santo anhelo del corazón llegan muchas veces a sacrificarse privilegios, destinos, hasta la existencia civil y la amada tierra patria. Las ideas y sentimientos propios son entonces el todo; y si ese entusiasmo llega a degenerar en fanatismo, podrá culparse de ello al individuo, pero nunca será lícito negar profundo respeto a la intensidad del tal sentimiento. A esta clase pertenecen los luteranos, los cuales, con su serio examen de la Biblia, forman contraste con la fría indiferencia de la moderna iglesia que pone su fe al servicio de los Gobiernos.

Sea dicho además, para satisfacción del humano linaje, que en toda sociedad religiosa es siempre la mujer la que por su piedad se distingue, y perdónensele, en gracia de ese sentimiento, las cadenas con que sabe esclavizar al hombre. Verdad es que hay muchas excepciones, pero la regla general es esa.

Finalmente, es también indudable que en los pueblos rurales de todas las comuniones hay más fe, se conserva más viva la Religión, que en las ciudades. Y nótese que la población del campo constituye como el meollo de la sociedad. ¡Cuántos rústicos labriegos hay que en el hogar doméstico rodeados de mujer, hijos y demás familia, levantan su espíritu a Dios, dándole gracias desde el fondo del corazón por aquel pedazo de duro pan, ganado a fuerza de ingrato trabajo; al paso que en las ciudades vive el mayor número, o esclavizados por estúpida sed de goces, o devorados por lo menos de necia envidia a los que, más afortunados, derrochan y consumen los bienes que se les confiaran!

Hay, pues, que decirlo paladinamente y sin rebozo. En el centro de Europa, el pueblo de las ciudades perteneciente a las iglesias evangélico-protestantes reconocidas por el Estado es por lo general irreligioso. ¿Quién me contradecirá, si digo que millares de esos cristianos pasan largos años, como no les aflija especial desgracia, sin acordarse de Dios ni de la muerte? ¿si digo que con frecuencia de toda una iglesia llena de fieles allí congregados para oír la palabra de Dios, apenas si se pueden entresacar dos docenas que lleven a sus casas un pensamiento cristiano o una chispa de caridad? Y preguntadles por el objeto de sus creencias; no sabrán qué responderos. Han olvidado la infantil piedad de los años juveniles, y la gravedad de la vida, lejos de purificar y nutrir sus almas, no ha servido sino para echarlas a perder. Vense arrastrados por dos únicos sentimientos: el dinero y la ilustración; y esa ilustración es la ilustración de los periódicos, del teatro y de las tertulias. Educan a sus hijos con el fin de que hagan carrera, y a sus hijas para ser tenidos por buenos padres. Por falta de ocasión es fácil que no cometan ningún grave delito ni grandes pecados; pero pasan toda su vida sin salirse de la esfera ordinaria, en esfuerzos que a nada conducen. ¿Quién se levanta a contradecirme?

Y este estado de cosas debido es en gran parte a la iglesia evangélico-protestante, que no ha sabido conservar su carácter y prestigio. Todos podemos recordar lo que sucedió, diez años atrás, en cierto país en que se vivía arreglada y cristianamente, en que los enemigos de las ideas y sentimientos allí dominantes llevaban una vida trabajosa y eran con frecuencia perseguidos. Sopló un viento contrario en el gobierno del país; y entonces surgieron como por ensalmo individuos que, en parte pertenecientes antes al partido de ideas opuestas, se pusieron ahora a predicar el progreso, enemigo nato de la Iglesia y del Estado. Estos señores, sí, consiguieron un gran triunfo, lograron tener a su disposición dinero, destinos y honores; pero el clero evangélico-protestante del país –con pocas y honrosas excepciones- decayó de su primitivo estado. Hablóse ya entonces de muy distinta manera de la persona, vida y resurrección de Jesucristo, y en general de los dogmas fundamentales del Cristianismo. A ninguno de aquellos señores se le ocurrió declarar que era pagano en nombre de Dios; continuaron tan tranquilos, pendientes de los pechos que por ventura no los amamantaban ya con la leche de la piedad, pero que sí los engordaban con el vigoroso jugo de la vida terrestre: si no querían apacentar las ovejas, gustaban al menos de trasquilarlas.

No se me oculta que entre los protestantes del progreso se hallan personas muy respetables: yo mismo tuve en mi juventud por maestro de religión a un hombre de esas ideas, a quien sigo venerando con toda la piedad de un discípulo. Y en general respeto a todos los que, en circunstancias para ellos difíciles, hayan confesado sus convicciones, y también a los que de una convicción han pasado a otra. Pero ¿habré de respetar también a aquellos cuya fe depende únicamente del ministerio que rige los destinos del país? ¿Y podrá salir muy edificada una parroquia, a la que hoy se le predique el Hijo de Dios hecho hombre, y mañana, sin más ni más, el Jesús de Renan y Schenkel, inspirado por el mortífero hálito de la francmasonería? ¡Ojalá consideraran lo que significa educar al pueblo en este sentido los concienzudos entre los partidarios de esas ideas!

Conocía yo a un muchacho que se acercó lleno de un respetuoso y santo temor a hacer la primera comunión. Pero luego se dio tal dirección a su espíritu, que poco a poco fue desapareciendo de su alma todo rastro de fe, quedándole tan solo el recuerdo de la sentencia: “Quien come y bebe indignamente, come y bebe su propio juicio”. Con lo que por un resto de religiosidad tuvo que abstenerse de acudir al consuelo más santo de la Religión. –Y a otros muchos les pasa lo mismo; y no pocos se pierden irremisiblemente. Pues lo que la juventud ha menester, es sumisión a la autoridad tanto divina como humana; y a los jóvenes de nuestros días se les enseña ante todo a deificarse a sí mismo, y luego a tomarse todas las libertades. De semejante educación nacen los hombres irreligiosos; y semejante modo de educar la juventud no se encuentra bajo la infleucnia de ninguna iglesia sino de la evangélico-protestante. Muchos católicos hay con las mismas ideas e imbuidos en el mismo espíritu; pero su Iglesia no los reconoce como tales, y mucho menos los dirige por esos caminos.

Y así hemos llegado a un punto en que Lutero se levantaría de su sepulcro haciendo aspavientos si llegara a oír lo que en su nombre se predica; así hemos llegado a un punto en que una filosofía, abandonada por los mismos filósofos, es predicada al pueblo como religión por teólogos dilettanti de filosofía; así hemos llegado a un punto en que las personas de buen corazón y nobles sentimientos se separan con aversión de la Iglesia que debería servirles de espiritual madre; así hemos llegado además a un punto en que los hombres consecuentes del progreso van ya predicando con abierta audacia la humanidad sin Estado y sin Dios, como término final de sus aspiraciones y se ríen de los protestantes que queriendo ser cristianos no hallan medio de serlo; y así, en una palabra, hemos llegado a un punto en que nadie podrá fácilmente refutar mi aserto, si digo que: El protestantismo, como poder eclesiástico, ya ha muerto.

miércoles, 4 de enero de 2017

Rolando Obaldia: De pastor pentecostal a católico después de leer a los Padres de la Iglesia.

Rolando Obaldia.
Mi nombre es Rolando Obaldia y soy Kuna, Panameño. Estoy casado con Rengilia Obaldia y tenemos cinco hijos: Angel, Nebel, Chalil, Kinor y mi pequeño e inquieto Duiren. Fuí católico desde niño por mis padres y a los 17 años mi hermano José me presentó el Evangelio, apartir de entonces he sido protestante de la iglesia Pentecostal. 

Me casé a los 23 años y cuatro años después empecé a estudiar Teología en el Instituto Bíblico de Hosanna, he sido profesor de Homilética y de otras materias en algunas denominaciones evangélicas. Mi padre desde niño me inculcó el amor a la lectura y a la buena investigación, creo que por eso al encontrarme con las Escrituras Sagradas, me fui desenvolviendo en eso a lo largo de mi vida. Pero hace más de seis años atras, estudiando Mateo 16:18-19, no se como, me fui dando cuenta poco a poco que este versículo era poderoso y me fue llevando a la única Iglesia Verdadera en la tierra "La Iglesia Apostolica Catolica Romana", "Sobre esta Piedra Edificaré Mi Iglesia". Antes lo interpretaba como todos los protestantes lo hacen. Luego me fue llevando a otros temas. 

Mucho tiempo paso, hasta que empecé a estudiar la Historia de la Iglesia y muy en especial los escritos de los Padres de la Iglesia, ya que eso no me lo habian profundizado. Llegué a estudiar e investigar por sí solo el imperio Griego de Alejandro Magno, así como la famosa traduccion de la Septuaginta, dandome cuenta de toda una riqueza de conocimiento que hasta ahora me habia sido privado. Y al estudiar las doctrinas Católicas, todo me resultó tener mucho sentido, en especial la Perpetua Virginidad de Maria, La Eucaristía entre otros. 

Como estamos en la era de la tecnología, pense por un momento ¿a cuántos pastores les estará pasando esto? pensaba que solo a mi me estaba pasando eso y me encontré con poderosos testimonio de pastores de diferentes denominaciones de su conversion a la Iglesia Catolica que me hizo llorar. 

Ahora, después de un largo camino de más de seis años, estoy tomando la firme decisión de volverme Católico, porque es allí, en sus doctrinas, donde encuentro ahora la paz a mi alma. Mi esposa e hijos en mi caso, me apoyan, porque creen en estudios serios que he tenido, coherente y con sentido. Se que recibiré muchas criticas, que ya de estas estoy acostumbrado porque no será la primera ni la última, son estas que me han madurado, no espero que me entienda, porque no nací para que me entiendan ni busco para que me entienda, nací para entender a los demas. 

Dice un dicho que me lo aprendí resientemente "Católico ignorante, futuro protestante", Cuando un católico se muda a una iglesia protestante lo hace por ignorancia, pero un protestante cuando se muda al Catolicismo Romano lo hace por conocimiento.

Hno. Rolando Obaldia.


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jueves, 29 de septiembre de 2016

Kristine L. Franklin (ex-protestante): 'Muy agradecida por ser católica'.

Muy agradecida por… 

Empecé a hacer una lista. Pero siendo escritora, se me fue de las manos. Denme un teclado y me puedo volver loca. Así que pensé, ya sé. Solo escribiré sobre aquello de lo que estoy MÁS agradecida. Pero resultó que no podía ser una sola cosa. Tuvieron que ser dos.

1. Estoy agradecida por ser cristiana. ¡Jesús me ama, bien lo sé! Mi vida está en Él, y Él está en mí. Él lo cambia todo. Hace que mi vida (incluyendo las cosas malas) valga la pena ser vivida. Me da esperanza para el futuro y para la vida eterna. ¿Dónde estaría sin Jesús?


2. Estoy agradecida de ser católica. Soy inconcebiblemente católica. Mi tradición cristiana tiene sus raíces en el Movimiento Puritano del siglo 17. Me enseñaron toda mi vida que la Iglesia Católica era 1) mala 2) idolátrica 3) un culto 4) malvada 5) apóstata 6) muy, muy malvada. Al principio fue una especie de terror el darnos cuenta de que Dios nos estaba guiando hacia la Iglesia. ¿Qué pensaría la gente? Pero a medida que me acercaba, y me hacía preguntas honestas, descubrí que la Iglesia es 1) hermosa 2) verdadera 3) buena 4) bíblica 5) histórica 6) filosóficamente sólida. Más otras cosas realmente grandiosas.

 

He sido católica por casi 21 años. No ha pasado un solo día en que no haya dado gracias al Señor por traerme a la Iglesia (un tanto a regañadientes en un principio). GRACIAS JESÚS, por ayudarme a descubrir mi verdadero hogar, la Iglesia Católica.

Estoy muy agradecida de ser Cristiana Católica. ¡Gracias a Dios!

Kristine L. Franklin.*

Kristine L. Franklin es una ex-misionera evangélica, que en su viaje misionero por Guatemala realizado junto a su esposo Marty, para "llevar el evangelio de Cristo" a los países católicos, comenzó a cuestionarse muchas cosas que le harían dar un gran giro en su vida, hasta que en 1995 ingresó definitivamente a la Iglesia católica al igual que su esposo. Hoy se dedica a escribir libros y dirige su blog https://www.kristinefranklin.net