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miércoles, 16 de octubre de 2019

El purgatorio en Mateo 5, 25-26.

 
Pregunta de un protestante: Quiero que usted me diga de donde sacaron los católicos la teoría del purgatorio, ya que la biblia no lo menciona; ningún profeta, ningún apóstol, ni aún el mesías hablo de ese lugar, por eso le pido me indique de dónde sacaron esa teoría

Respuesta desde la fe católica: La biblia sí nos habla del purgatorio, que no esté escrito el término "purgatorio" no significa que no se hable del lugar que con ese nombre es descrito teológicamente. Purgatorio solo es un término teológico que es usado para describir una verdad que está implícita en la biblia. Lo mismo que ocurre con la palabra "Trinidad", no aparece escrita en ninguna parte de la biblia, y ni Jesús, ni los profetas, ni los apóstoles jamás la mencionaron, pero es un término teológico usado por la Iglesia que explica la naturaleza de Dios. 

Volviendo al tema, Jesús sí habló del purgatorio. Lo explicaré de manera rápida y sencilla, pero primero dejemos claro en lo que estamos de acuerdo: ¿Reconocemos que el infierno es eterno, verdad? Creo que estamos de acuerdo que del infierno NO se puede salir jamás. Y al mismo tiempo sabemos que en el cielo hay un gozo completo, no hay castigo alguno. 

Ahora bien, si el cielo es gozo eterno y el infierno es castigo eterno, ¿de qué lugar nos habla Jesús en Mateo 5, 25-26? Vemos que allí Jesús habla de un lugar temporal. Veamos qué nos dice el Señor (lo que va entre corchetes es mí explicación):

"25. Ponte enseguida a buenas con tu adversario mientras vas con él por el camino [O sea, en pocas palabras, conviértete mientras vas caminando por esta vida, ya que luego de la muerte no hay oportunidad de convertirse]; no sea que tu adversario te entregue al juez [el Juez obviamente es Cristo que nos juzgará luego de nuestra muerte] y el juez al guardia, y te metan en la cárcel [la cárcel evidentemente es el purgatorio, ahora veremos por qué]. 26. Yo te aseguro: no saldrás de allí hasta que no hayas pagado el último céntimo." [Si sabemos que el infierno es eterno, que nadie nunca jamás podrá salir del infierno por el resto de la eternidad, pero Jesús dice que se saldrá de la cárcel hasta que se pague una pena temporal (pagar hasta el último céntimo), entonces dicha cárcel no puede ser el infierno, sino necesariamente un estado TEMPORAL, pasajero, o sea el purgatorio, que es un estado temporal, pasajero, no eterno, previo a entrar al gozo eterno del cielo].


miércoles, 25 de septiembre de 2019

Breve conversación con un protestante para entender qué es el Purgatorio.

  
Una de las doctrinas menos comprendidas de la fe católica es la del Purgatorio. Toda clase de afirmaciones extrañas surgen cuando se habla de esta enseñanza, como por ejemplo afirmar que se trata de "una vía distinta de salvación de la que nos ofrece Cristo por medio de su sacrificio", por lo que, según los críticos de esta doctrina, el purgatorio sería una "negación" del sacrificio de Jesús en la cruz, cuando en realidad el Purgatorio NO es una vía de salvación, sino un estado de última y definitiva purificación para los que murieron en gracia de Dios (o sea, salvos por los méritos de Cristo).  

La muy breve conversación que presento a continuación será muy didáctica para entender cual es la función del purgatorio dentro de la fe Cristiana. Debajo de la conversación dejo un video donde profundizo más en este tema con citas bíblicas.

Hace poco tuve esta conversación con un protestante sobre el purgatorio:

Católico: - ¿Puede entrar o habitar algo imperfecto en el cielo?

Hermano protestante: - No, porque ahí todo es pureza absoluta y perfección, pero aunque no sea perfecto soy salvo, por que soy salvo por los méritos de Cristo, no por los míos, para salvarme tengo que aceptar a Cristo, no ser perfecto.


Católico: - Bien, en eso estamos de acuerdo, no necesitas ser perfecto para salvarte, pero sí necesitas ser perfectamente puro para entrar al cielo; así que supongamos que eres salvo, está bien, ¿pero eres perfecto?

Hermano protestante: - No...

Católico: - ¿Y si no eres perfecto y no puede entrar nada imperfecto al cielo a dónde irías si mueres en este mismo instante?

Hermano protestante: - Pues Dios me haría perfecto para poder entrar al cielo, pero eso no significa que tenga que pasar por un purgatorio, él simplemente con su gracia me limpiaría de todo y me haría completamente perfecto.

Católico: - ¡Bingo! Es que precisamente ese proceso en que Dios, con su gracia, te limpia de todo y te hace perfecto para poder entrar el cielo, es a lo que llamamos purgatorio. El purgatorio es un estado y un proceso de purificación y santificación definitiva para que los salvos puedan entrar al cielo. En el fondo crees en el purgatorio sin saberlo.



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¿Qué es y para qué existe el Purgatorio?

lunes, 3 de junio de 2019

Explicando a un protestante la relación de autoridad entre la Biblia y la Tradición en la doctrina católica.

 
A continuación presento una respuesta que le he dado a un hermano protestante sobre la relación de autoridad entre las Sagradas Escrituras y la Santa Tradición. Esta respuesta fue esgrimida en una red social, pero ante la grave confusión existente sobre lo que pensamos los católicos en cuanto a la Biblia y la Tradición, me parece importante ponerlo a la mano de otros lectores. 

Muchos hermanos separados creen que pensamos que la Tradición es "otra revelación", distinta a la de las Escrituras, y aquí explico que, por el contrario, creemos en una sola y única Revelación pública dada por Dios a la Iglesia, la cual se explica y se transmite por dos medios, de los cuales, en complementariedad, obtenemos la certeza de que lo creemos y practicamos.


Alfredo Rodríguez. 

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Comentario del hermano separado: Reconocemos que la Escritura tiene su autoridad; sin embargo, aunque para mí tiene toda autoridad, para tí no; y no la tiene en base a algo y puedo saber qué es, ese "algo"; si no me equivoco, ese "algo" es la Viva Voz (Tradición), pero ¿cuál tradición?

Si bien es cierto que las tradiciones son muy buenas, y no hay problema con ellas, al contrario, enriquecen la historia y la vida; incluso resultan necesarias para entender las Escrituras.

Ahora bien, desde el punto de vista biblico, ya sea teológico, litúrgico, etc, la tradición debe ser congruente entre la Viva Voz (Tradición) y la Escritura.

Existen muchas tradiciones, por ejemplo, la tradición familiar (cumpleaños, viajes, etc), la tradición nacional (día de muertos, etc), la tradición importada (halloween, etc) y muchas más, pero si estas tradiciones no son congruentes a lo que Dios ha establecido, no pueden ser puestas por obra por aquéllos que se dicen siervos o hijos de Dios.

Mi pregunta es:
¿ Cuál es esa Viva Voz para tí ?


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Mi respuesta: Creo que aquí has dado en el clavo con esta afirmación: "incluso resultan necesarias para entender las Escrituras"

Esto es justamente lo que creemos los católicos sobre la Tradición, que es necesaria para entender las Escrituras. Consideramos que la Revelación es un único y solo depósito de la fe que Dios en la plenitud de los tiempos ha confiado a la Iglesia dándole la gran comisión de anunciarlo y hacer discípulos de todas las naciones, y que ésta Revelación está contenida tanto en la Escritura como en la Tradición, no como dos Revelaciones distintas, sino como dos formas de transmisión de la única Revelación que existe.

O sea toda la Revelación está completamente contenida en las Escrituras (suficiencia material) y está completamente contenida en la Tradición, y la comprensión de ambas, por medio del Magisterio de la Iglesia que constituyeron los apóstoles y que confiaron a los obispos, es lo que da formalidad a las doctrinas.

Preguntas "¿Cuál es esa Viva Voz para tí ?". Bueno, voy a usar unos ejemplos para que veas cómo entendemos está íntima relación y complementariedad entre Escritura y Tradición apostólica, y cómo el entendimiento correcto de la primera es alcanzado por la luz que le proporciona la segunda.

Pensemos en la Eucaristía. Hay un gran debate entre ustedes y nosotros sobre la realidad de este Sacramento, sobre cuál es la forma en que Jesús está presente o si de plano no está presente en el pan y en el vino y solo sirve para recordarlo. Incluso –y esto creemos que es a causa precisamente de haber desechado la Tradición en el protestantismo- el debate ocurre entre las comunidades protestantes; Lutero, Calvino y Zwinglio, con las misma biblia, nunca se pudieron poner de acuerdo sobre la Cena del Señor, para Lutero el verdadero Cuerpo y Sangre del Señor estaban misteriosamente presentes en medio del pan y del vino, para Calvino se trataba de una presencia, pero espiritual, y para Zwinglio era solo un símbolo, sin misterio alguno de por medio. Tres interpretaciones con las mismas Escrituras.

Si hubiesen recurrido a la Tradición, no hubiesen disputado sobre este asunto, porque la Tradición lo aclara, despejando toda duda sobre cómo esos pasajes fueron entendidos en la Iglesia primitiva (ya que los primeros cristianos recibieron la comprensión sobre este asunto directamente de los apóstoles, de viva voz)

Si tomamos solo las Escrituras podemos llegar a muchas conclusiones distintas sobre este Sacramento, y terminar en una guerra de versículos de ida y vuelta sin llegar a un acuerdo, ¿entonces que es lo que nos arroja luz sobre este tema, y lo que nos hace afirmar a los católicos que se trata del verdadero Cuerpo y la Sangre de Cristo? LA TRADICIÓN es la que nos arroja esa claridad, porque así ha sido sostenido desde los primeros siglos de manera unánime por los Padres de la Iglesia, los sucesores de los apóstoles.

Entonces, tenemos algunos pasajes donde Jesús nos dice "el pan que yo les daré es mi carne", "el que no come mi carne y bebé mi sangre…", "mi carne es verdadera comida…", "esto es mi cuerpo", etc., pero puede haber dudas razonables sobre el sentido en el que Jesús estaba hablando, ¿qué nos lo aclara? ¿Cómo despejamos las dudas? ¿Cómo sabemos cuál era la doctrina apostólica sobre este tema? POR MEDIO DE LA TRADICIÓN, y entonces comprendemos que esos detalles particulares eran claros en la Iglesia primitiva porque eso enseñaron de viva voz los apóstoles a las comunidades allí donde llegaban. Entendemos que cuando celebraban la partición del pan, en la intimidad de la comunidad, los apóstoles le transmitieron oralmente a los obispos y al resto de los creyentes, que aquel pan y aquel vino, luego de las palabras de consagración, no debían ser tomados por pan y vino comunes, sino que se convertían en el Cuerpo y la Sangre de Cristo y como tal debían ser tratados recibidos, por ello ese mismo e idéntico lenguaje es el que usan Justino Mártir, Ireneo de León, Atanasio de Alejandría, Juan Crisóstomo, y muchos otros en diversos siglos.

Por eso un documento Magisterial, Dei Verbum, afirma:

«la Iglesia no deriva solamente de la Sagrada Escritura SU CERTEZA acerca de todas las verdades reveladas».

Así que si bien toda la revelación está en la Escritura, LA CERTEZA sobre la revelación no se haya solo en ella, encontramos la certeza, la claridad plena, solo cuando unimos la Escritura a la Tradición.

Podríamos dar otro ejemplo sobre la misma Eucaristía. Nosotros afirmamos que se trata de un verdadero sacrificio, no de otro sacrificio aparte del de Jesús, sino de la renovación del mismo Sacrificio de Jesús, ¿cómo sabemos este detalle? Porque la Tradición nos da la certeza. Sabemos que Jesús dijo "hagan esto en memorial mío" y que bíblicamente un "memorial", en algunas partes de la Escritura, se refiere a un verdadero sacrificio u ofrenda ("Y el sacerdote hará arder el memorial de él, parte del grano desmenuzado y del aceite, con todo el incienso; es ofrenda encendida para Jehová." Lev 2, 16.), no a un mero acto de recordar mentalmente, pero ante la duda que puede existir con las solas escrituras, sobre si es un mero acto de recordar o una verdadera ofrenda, tenemos la certeza que nos da la Tradición, donde, incluso desde la propia Didajé del siglo I, se habla de la Cena del Señor como un sacrificio:

«Los días del Señor reuníos para la partición del pan y la acción de gracias, después de haber confesado vuestros pecados, para que sea puro vuestro sacrificio.

Cualquiera, empero, que tuviere una contienda con su hermano, no os acompañe antes de reconciliarse, para que no sea mancillado vuestro sacrificio.

Pues, éste es el dicho del Señor: "En todo lugar y tiempo me ofrecerán una ofrenda pura. Porque soy un gran Rey, dice el Señor, y mi nombre es admirable entre las naciones".»


En este último párrafo vemos cómo la Tradición nos explica el sentido de un versículo de la Escritura (Malaquías 1, 11), aclarándonos que era una profecía sobre la ofrenda de la Eucaristía que realizaría la Iglesia.

Entonces, en resumen, la Tradición es todo el conocimiento y los detalles particulares de la revelación que dan certeza sobre las prácticas y las doctrinas de la Iglesia tal como la recibieron los apóstoles.

lunes, 27 de mayo de 2019

Al rezar el Rosario cumplimos con la Escritura.


 
En el Rosario decimos por lo menos 53 Avemarías y esto le parece poco bíblico a los protestantes, y hasta dicen que son “vanas repeticiones”.

Pues no hay de vano en cumplir por lo menos 53 veces al día con las palabras bíblicas de Lucas 1, 48: “todas las generaciones me llamarán bienaventurada”, cuando le decimos a María las palabras de Isabel: “bendita tú entre las mujeres” (Lc. 1, 42).

Y mucho menos es vano bendecir 53 veces a Nuestro Señor Jesucristo cada vez que decimos “y bendito el fruto de tu vientre, JESÚS, pues como dice la Escritura: “Te ensalzaré, Dios mío, mi Rey, bendeciré tu nombre por siempre; todos los días te bendeciré, alabaré tu nombre por siempre”. (Sal. 145 -144-).


¡BENDITAS REPETICIONES QUE BENDICEN 53 VECES A NUESTRO SALVADOR JESÚS Y A LA BIENAVENTURADA VIRGEN MARÍA! 

viernes, 24 de mayo de 2019

Juan 5, 39: La Reina-Valera aleja a los protestantes de Jesús en la Eucaristía y de la vida eterna.

 
Hasta hace tiempo no creía que fuera tan importante la cuestión de las versiones bíblicas, si realmente era tan importante elegir entre ésta o aquella otra; pensaba que básicamente todas decían lo mismo, pero poco a poco he ido comprendiendo la importancia de la traducción, y he ido entendiendo cuan grandemente es equivocada la doctrina protestante gracias a las malas traducciones.

Uno de los versículos más usados por el mundo protestante para sostener su doctrina de la "sola escritura" (doctrina desconocida, dicho sea de paso, en toda la antigüedad cristiana durante los primeros 1500 años) es el del Evangelio de San Juan 5, 39. En este versículo, según el pensamiento protestante y neoevangélico, Jesús estaría mandando a escudriñar las Escrituras como medio para alcanzar la vida eterna.

He participado en múltiples debates donde los adherentes del protestantismo han citado este versículo como "argumento" para defender que los cristianos deberíamos sustentarnos en la biblia y solo en la biblia, y buscar en ella, y solo en ella, nuestra salvación, e incluso no es extrañó que acompañen sus comentarios con alguna imagen con un bonito diseño donde se muestra una biblia y el versículo citado, pero, ¿realmente Jesús estaba mandando a escudriñar las Escrituras para encontrar la vida eterna, o estaba más bien reprochando a quienes creían que la vida eterna está encerrada en un libro?

La versión de la biblia Reina-Valera 1960, una de las más famosas y usadas en las congregaciones protestantes, dice:

"Escudriñad las Escrituras; porque a vosotros os parece que en ellas tenéis la vida eterna; y ellas son las que dan testimonio de mí".

Cuando la traducción de la Reina-Valera usa erróneamente el imperativo "escudriñad", el lector es inducido a creer que Jesús le está dando la orden de estudiar infatigablemente las Escrituras porque "en ellas tienen vida eterna", y de este modo está puesto todo sobre la mesa para que se exacerbe el fundamentalismo 'solobiblista' y el evangélico protestante crea que está en todo lo correcto al prescindir del Magisterio, de la Tradición, de los Sacramentos, en pocas palabras, que puede rechazar a la Iglesia (con todo el depósito de la fe contenido en ella), como necesaria para la salvación.

No es difícil comprender la profunda división de denominaciones y sub-denominaciones protestantes -grupos de la misma corriente doctrinal pero divididos formalmente en distintas estructuras, organizaciones y congregaciones debido a las distintas interpretaciones bíblicas sobre éste u otro tema en particular-, cuando se parte de una premisa según la cual el creyente solo necesita su biblia. Incluso no es extraño observar que muchos hermanos separados se alejan de sus propias congregaciones y deciden llevar su fe de manera aislada y personal, sin asistir a ninguna comunidad protestante y hasta defender su aislamiento bajo el pretexto de que "la verdad no está en ninguna iglesia o religión", sino "solo en la biblia", por lo que lo único que necesitan es "la Palabra de Dios". ¿Y cómo no van a pensar así si les han hecho creer que el cristianismo se reduce a leer un libro?

La primera vez que leí Juan 5, 39 fue precisamente en una Reina-Valera 1960, y ya desde la primera ocasión que lo leí me pareció interesante que Jesús dice "porque a vosotros os parece que en ellas tenéis la vida eterna"; fíjense que no dice "porque en ellas tenéis la vida eterna", sino "a vosotros os parece"; Jesús nunca dijo que fuera así, más bien estaba haciendo una crítica a la creencia de aquellos a quienes se dirigía.

Al leer la versión católica de la Biblia de Jerusalén, observamos con mucha mayor claridad qué es aquello que el Señor Jesús quiso transmitir a los judíos que le escuchaban, veamos:

"Ustedes investigan las Escrituras, ya que creen tener en ellas vida eterna; ellas son las que dan testimonio de mi".

Otras dos versiones católicas, la Biblia Latinoamericana, así como la versión llamada El Libro del Pueblo de Dios, dicen: "Ustedes escudriñan las Escrituras" y "Ustedes examinan las Escrituras", respectivamente.

Así vemos que cuando Jesús  habló de escudriñar, estudiar o examinar -Ἐραυνᾶτε (Eraunate)- no lo hizo en un sentido imperativo, sino indicativo. Jesús estaba indicando, describiendo o explicando lo que hacían los judíos, no estaba mandando a que lo hicieran como una condición imperativa para salvarse.

Y que Jesús habla en modo indicativo nos lo muestra el propio contexto con los versículos tanto anteriores como posteriores al 39.  Por ejemplo, si comenzáramos a leer desde el versículo 36 podríamos observar que Jesús les explica que las obras que Él realiza dan testimonio de que el Padre le envió. Los judíos estaban intentando encontrar en las letras la vida eterna que se les ofrecía delante de ellos en la Persona de Jesús, quien se les manifestaba por medio de sus obras.

Los versículos 37 y 38 son impresionantes por su profunda contundencia:
"37. Y el Padre, que me ha enviado, es el que ha dado testimonio de mí. Ustedes no han oído nunca su voz, ni han visto nunca su rostro,
38. NI HABITA SU PALABRA EN USTEDES, porque no creen al que él ha enviado".
¡Ni habita su palabra en ustedes! Jesús le dice nada más y nada menos que a los expertos en las Escrituras, a los que las escudriñaban profusamente, ¡que la Palabra de Dios no habitaba en ellos! Escudriñaban las Escrituras, pero no tenían la Palabra, puesto que la Palabra de Dios es una Persona, no un libro; la Palabra de Dios es Jesús, en quien no habían creído a pesar de ver todas las cosas asombrosas que el Señor hacía frente a sus ojos.

Ahora bien, ¿de todo esto se desprende que las Escrituras son innecesarias? ¡Por supuesto que no! Jesús dice en el mismo versículo 39 que ellas daban testimonio de Él, refiriéndose, como es obvio, al ahora conocido como Antiguo Testamento -las únicas Escrituras que existían hasta el momento en que Jesús estaba hablando- el cual hablaba sobre la tan anhelada llegada del Mesías de Israel. Pero inmediatamente después de que les ha dicho que las Escrituras daban testimonio de su Persona, les deja clara la diferencia entre el testimonio y la vida: "y ustedes no quieren venir a mi para tener vida" (ver. 40).

Las Sagradas Escrituras están presentes los 365 días del año en toda la vida litúrgica de la Iglesia católica, pero entendemos que ellas son un testimonio que nos remiten siempre a la Persona Viva y Real de Jesús, de manera particular y especial en su Presencia en la Sagrada Eucaristía. De poco sirve leer sobre Jesús si no se va a Jesús, si no se tiene un Encuentro Vivo y Personal con el Señor.

La vida eterna no la encontramos en las letras que nos hablan sobre Jesús, sino en Jesús mismo, en el Jesús Vivo y Real, Verdadero Dios y Verdadero Hombre, y si bien en la biblia leemos sobre Jesús, luego hay que ir a Él para tener vida, no basta quedarse con el testimonio.

Creer que la vida se encuentra en "escudriñar" las Escrituras es equivalente a pensar que para calmar el hambre bastaría con leer una receta, en lugar de poner manos a la obra, prepararla y comerla luego de que se ha obtenido el conocimiento de cómo cocinarla.

¿Y cómo se va Jesús para tener vida eterna? El mismo Señor nos lo dice:

"Yo soy el pan vivo, bajado del cielo. Si uno come de este pan, vivirá para siempre; y el pan que yo le voy a dar, es mi carne por la vida del mundo". Juan 6, 51.

Ir a Jesús para tener vida es entrar en una perfecta Comunión con Él, es hacerse verdaderamente Uno con el Señor, dejar que Él habite en ti, ¿pero cómo nos hacemos uno con Jesús, cómo dejamos que Él habite en nosotros?  ¡Dejando que su Cuerpo entre en el nuestro, por medio de la Eucaristía que el instituyó para tal efecto y donde Él está realmente Vivo y realmente Presente, como Él mismo lo dijo, y cito la propia RVR 1960:

"El que come mi carne y bebe mi sangre, en mí permanece, Y YO EN ÉL" Juan 6, 56.

No es casualidad que estas palabras se encuentren solo un capítulo después de que Jesús ha enseñado que la vida eterna no consiste en escudriñar las Escrituras. En un orden perfecto, primero les enseña a los judíos que si bien podían ser exegetas perfectos de la Escritura, no tenían la Palabra de Dios en ellos, para enseguida mostrarles cómo es que podían hacer habitar esa Palabra de manera viva en su interior; comiendo su carne y bebiendo su sangre sacramentalmente bajo el signo del pan que les estaba ofreciendo como medio eficaz para transmitirles Su Vida. 

Por eso desde tiempos muy remotos de la Iglesia primitiva, vemos que la estructura litúrgica de la fe cristiana está compuesta por la dimensión de una doble mesa desde donde Dios nos alimenta, y siendo Él nuestro propio alimento, estamos en Él y Él en nosotros para que nos haga partícipes de su vida eterna. Por eso el culto cristiano -y lo podemos ver en textos antiquísimos de la Iglesia primitiva como en los de San Justino Mártir a mediados del siglo II, donde básicamente está describiendo la Misa- siempre ha tenido la Mesa de la Palabra, donde se sirve el alimento de la Palabra proclamada desde el ambón, y la Mesa Eucarística, el altar donde por obra del Espíritu Santo el pan y el vino se convierten en el Cuerpo y la Sangre de Cristo, para que comulgando permanezcamos en Él y Él en nosotros. 

Así que si ya escudriñas las Escrituras y reconoces en ellas a Jesús, ahora es tiempo de dar el siguiente paso, ve a tener un Encuentro Personal con Él en la Eucaristía.

miércoles, 22 de mayo de 2019

¿Qué fue primero, la Biblia o la Iglesia?


¿La Iglesia nace de la Biblia o la Biblia de la Iglesia?

Para el protestante la Iglesia nace de la biblia, mientras para el católico la biblia nace de la Iglesia. 

¿Quién tiene la razón?

Pues usemos uno de los muchos dones que Dios nos ha concedido, el razonamiento: Si la Iglesia solo fuera un cuerpo de creyentes subordinados a la biblia, obligados a someterse única y exclusivamente a la Escritura, no podría haber existido la Iglesia en el tiempo en que Pablo perseguía a los cristianos, puesto que aquél que los perseguía es precisamente el que a la postre escribiría 3/4 partes del Nuevo Testamento. Si los protestantes tuvieran razón, y la Iglesia estuviera sometida únicamente a la autoridad de la Escritura, tendría primero que haberse escrito toda la biblia y luego, recién en ese momento, comenzar a existir la Iglesia
, porque, ¿a qué autoridad obedecería la Iglesia si no existía la biblia?

Pero la realidad de cómo ocurrieron las cosas es muy distinta, los primeros cristianos operaron sin la biblia tal y como la conocemos ahora. La Iglesia de los primeros años posteriores a la resurrección no se reunían a escuchar sermones sobre II de Timoteo o I de Tesalonicenses, puesto que el que escribiría años más tarde esas y otras epístolas, aun se encargaba en ese momento de buscarles para martirizarlos por su fe en el Resucitado. 

Es pues obvio que la Iglesia ya existía antes de que se escribiera el Nuevo Testamento. Los primeros cristianos ya eran una Iglesia antes de que Pablo escribiera a los Efesios, a los Gálatas, a los Corintios y a todos los demás. 

Quizá algún protestante dirá: "pero ya existía el Antiguo Testamento", sin embargo ese sería un grave problema para los propios "solobiblistas" y su doctrina, pues si el A.T. bastaba como Escritura para regir a la Iglesia, ¿qué necesidad había de escribir y añadir 27 libros más? Si el A.T. era suficiente autoridad para la vida de la Iglesia, ¿por qué entonces no se rigen ellos, los protestantes, solo por el A.T. y limitan su "sola escritura" a los libros del Tanaj judío? Si admiten la necesidad del N.T. admiten de facto que el A.T. no era una autoridad suficiente por la que se pudiera regir la Iglesia.

¿Y cómo surge el Nuevo Testamento? Por la autoridad de la Iglesia y no al revés; fue la Iglesia, por la moción del Espíritu Santo, la que decidió, primero escribir y luego reunir y canonizar 27 libros más, unirlos a su vez a lo que ya existía y llamarle a todo el conjunto 'Sagradas Escrituras', o simplemente 'Biblia'. 

De ahí que es contradictorio e incongruente afirmar, como algunos hermanos separados afirman, que ellos creen en la Biblia, pero no en la Iglesia. El Nuevo Testamento es de hecho un conjunto de textos esencialmente eclesiásticos, escritos por miembros de la Iglesia y para la Iglesia. Sus autores primeros fueron cristianos, es decir, primero fueron miembros de la Iglesia, y luego escribieron sus evangelios o cartas; nuevamente observamos ese orden, primero la Iglesia, luego los textos de la Escritura. 

Así vemos, en resumen, que lo que conocemos como Biblia, es decir, el compendio de todo el Antiguo y el Nuevo Testamento, es el producto final de un trabajo realizado por la Iglesia católica y por su autoridad, y no a la inversa. 

La biblia nace de la Iglesia, no la Iglesia de la biblia.  


miércoles, 24 de abril de 2019

¿Desobedecemos los católicos lo que dice Éxodo 20, 4? Respuesta a un protestante.


Por medio de nuestro facebook (https://facebook.com/laiglesiafundadaporcristo), un hermano separado nos pregunta: 

"Amigos católicos, ¿por qué ustedes no obedecen Éxodo 20:4 donde Dios prohíbe hacer imágenes?"

Aunque ya es verdaderamente cansado explicar este repetitivo y recurrente argumento protestante, damos aquí una breve respuesta:

Sí, claro que los católicos obedecemos el mandato de Éxodo 20, 4, el cual, en contexto y en esencia, prohíbe tener dioses falsos y hacerse imágenes de ellos. Los católicos ni tenemos otros dioses fuera del único Dios Verdadero, ni hacemos imágenes de ellos.

Éxodo 20, 4 no puede leerse ni entenderse de manera aislada, como si los versículos anteriores no existieran. Si comenzamos a leer desde el primer versículo, nos daremos cuenta que aquí el tema central NO son las imágenes, sino los dioses falsos, y como un resultado secundario, las imágenes que puedan llegar a hacerse de esos dioses falsos. Pero lo esencial, lo que Dios está prohibiendo, es tener dioses ajenos:

1. «Dios pronunció estas palabras: 2. "Yo soy Yahvé, tu Dios, que te he sacado del país de Egipto, del lugar de esclavitud. 3. No tendrás otros dioses fuera de mí. 4. No te harás escultura ni imagen alguna de lo que hay arriba en los cielos, abajo en la tierra o en las aguas debajo de la tierra"»


Si tomamos en cuenta el contexto histórico en que Dios pronunció este mandato, observamos que el Señor le está hablando al pueblo de Israel, al que recién acaba de sacar de Egipto, un país donde sobreabundaba la idolatría con toda clase de dioses falsos de los cuales se hacían imágenes. Así que el versículo 4 es consecuencia del versículo 3, los dioses falsos. La prohibición de las imágenes no es independiente de la prohibición de los dioses falsos, es su resultado. 

¿Y por qué Dios es tan específico al indicar que no deberá hacerse escultura ni imagen de nada de lo que hay en el cielo, en la tierra o en las aguas? Porque muchos de los falsos dioses de Egipto tenían estas características. Por ejemplo, la diosa Heket era representada como una rana, y los egipcios adoraban a las ranas. El halcón era otro animal sagrado, porque representaba a Horus. 

El zoomorfismo (imágenes con formas animales, que muchas veces eran híbridas, mitad humanas, mitad animal) era muy común en los cultos religiosos egipcios, así que las imágenes con alusión a animales que volaban por el cielo, que andaban por la tierra o que nadaban en las aguas eran hacían parte de los ritos de adoración en Egipto, de ahí que Dios les prohibiera a los israelitas hacerse divinidades de todas esas cosas.  

Ahora bien, ¿de ahí se desprende que Dios abomine toda clase de imágenes, incluidas las que representan no ya a dioses falsos o ajenos, sino a sus hijos y siervos, los santos, o a su propio Hijo Jesús hecho Hombre? ¡Por supuesto que no! Dios abomina los ídolos, no abomina las imágenes por sí mismas, y sería absurdo pensar que Dios abomine algo que represente a su propio Hijo, a su sierva elegida, la Santísima Virgen María, o de algún otro de sus hijos adoptivos en razón de la Sangre derramada por su Hijo en la cruz

¿Pero acaso no dice Dios en el versículo 5 de Éxodo 20 que es un Dios celoso? ¡Claro! ¡Dios es celoso de los falsos dioses, NO CELOSO DE SUS PROPIOS HIJOS!

Por eso es que, como hemos comentado en otro trabajo anteriormente escrito, Jesús en el evangelio de San Mateo 23, 29 se refiere a las edificaciones destinadas a honrar a los profetas y a los santos de la antigua alianza como "los monumentos de los justos", y no como "los monumentos de los ídolos".

Una imagen no es un ídolo solo por ser una imagen. A quién represente la imagen determina si ésta es o no es un ídolo. Y en tanto que para nosotros, los cristianos católicos, no hay ni existe más Dios que el Dios Uno y Trino; Padre, Hijo y Espíritu Santo, las imágenes de los santos no son sino los monumentos de los justos de la nueva alianza y por tanto no pueden ser considerados como ídolos.

Para profundizar más en el tema puedes leer: 

Razones bíblicas y teológicas que permiten a los cristianos usar imágenes.


jueves, 28 de febrero de 2019

El Pan de Vida. Estudio del Dogma de la Transubstanciación.

 
EL DOGMA DE LA TRANSUBSTANCIACIÓN

Por: Luis Gerardo Morales Cienfuegos.

Transubstanciación es un término filosófico.

Es término nos da una explicación de cómo es que puede Jesús darnos a comer su cuerpo material, y que lo haga dándonos un PAN, en lugar de carne.

Recordemos el resumen del tema:

El Padre es quien da el verdadero pan del cielo.
El pan de Dios baja del cielo y da la vida al mundo.
Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo.
Nadie puede venir a Mí,
si el Padre que me ha enviado no lo atrae.
Y esta es la voluntad del que me ha enviado;
que resucite el último día
a los que Él me ha dado,
para que tengan vida eterna.
Yo soy el pan de la vida.
El que venga a Mí, no tendrá hambre,
y el que crea en Mí, no tendrá nunca sed.
Si uno come de este pan, vivirá para siempre;
y el pan que yo le voy a dar,
es mi carne por la vida del mundo.
Si no coméis la carne del Hijo del hombre,
y no bebéis su sangre,
no tenéis vida en vosotros.
Si uno come de este pan, vivirá para siempre;
y el pan que yo le voy a dar,
es mi carne por la vida del mundo.»
El que come mi carne y bebe mi sangre,
tiene vida eterna,
y yo le resucitaré el último día.
Mi carne es verdadera comida
y mi sangre verdadera bebida.
El que come mi carne y bebe mi sangre,
permanece en Mí, y Yo en él.
El que me coma vivirá por mí.

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Nuestro punto de partida bíblico son las afirmaciones esenciales de Jesús sobre el tema (Juan 6):

Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo.
Yo soy el pan de la vida.
y el pan que yo les voy a dar,
es mi carne por la vida del mundo.

Si no coméis la carne del Hijo del hombre,
y no bebéis su sangre,
no tenéis vida en vosotros.

Tomen y coman todos de él, esto es mi cuerpo
El que come mi carne y bebe mi sangre,
tiene vida eterna,
y yo le resucitaré el último día.
Mi carne es verdadera comida
y mi sangre verdadera bebida.

La carne para nada aprovecha.
Mis palabras son espíritu y vida.

Todo esto debe ponerse en contexto para entenderlo correctamente.

El mismo que dijo:
«Está escrito:
No sólo de pan vive el hombre,
sino de toda palabra que sale de la boca de Dios.»

Mateo 4, 1-4

es ÉL la Palabra de Dios, el Verbo Divino.

Él convirtió agua en vino, y multiplicó unos cuantos panes y peces para alimentar a una multitud.

Y para entender eso de “La carne para nada aprovecha. Mis palabras son espíritu y vida”, debe recordarse esta parte:

El Verbo se hizo CARNE y habitó entre nosotros (Juan 1,14)

Y su propia declaración en Juan 6:

25 Al encontrarle a la orilla del mar, le dijeron:
«Rabbí, ¿cuándo has llegado aquí?»

26 Jesús les respondió:
«En verdad, en verdad os digo:
vosotros me buscáis,
no porque habéis visto señales,
sino porque habéis comido de los panes
y os habéis saciado.

27 Obrad, no por el alimento perecedero,
sino por el alimento que permanece para vida eterna,
el que os dará el Hijo del hombre,
porque a éste es a quien el Padre, Dios,
ha marcado con su sello.»

Casualmente, con esto empieza el discurso del Pan de Vida.

Así que tenemos una persona divina que se hizo carne, que nos hace distinguir el alimento material del alimento espiritual, que demuestra poder para multiplicar el alimento material, que dice ser pan y nos ofrece su carne y demostró poder para convertir el agua en vino, cambiando una substancia en otra distinta, lo cual hace viable la afirmación: “El pan que les daré es mi carne”.

Y también la afirmación: “Tomen y coman, esto es mi cuerpo”.

Esto nos lleva a que Jesús nos ofrece su cuerpo como alimento para fines trascendentes, no como simple alimento del cuerpo material:

I Corintios 10
16 La copa de bendición que bendecimos ¿no es acaso comunión con la sangre de Cristo?
Y el pan que partimos ¿no es comunión con el cuerpo de Cristo?
17 Porque aun siendo muchos, un solo pan y un solo cuerpo somos, pues todos participamos de un solo pan.

Y así es: todos somos un mismo cuerpo, porque todos comemos de un mismo pan, y un mismo pan somos.

Ésta es la razón por la que el nombre del sacramento es “COMUNIÓN”. Y por eso es sacramento.

Todo esto nos conduce también a que, para perpetuar su orden de hacer eso mismo (repartir el pan que es su cuerpo como alimento de vida eterna) en memoria suya, sin mentir, se requiere:

Que personas delegadas por Jesús continúen su obra (sacerdocio ministerial)
Que el pan repartido pase a ser realmente el cuerpo de Cristo (la conversión milagrosa)
sin dejar de verse como pan (el pan que yo os daré es mi carne)
Que alcance para todos (multiplicación de los panes)

Por supuesto, no se puede sostener la afirmación de los "cristianos no-católicos" de que la sagrada comunión es sólo un "símbolo" (palabra que no está en la Biblia) y mucho menos que todo ese discurso es para terminar en que debemos leer la Biblia porque el pan espiritual es la Sagrada Escritura.

Ubicada la situación, podemos pasar a ver el asunto de la Transubstanciación.

Conforme a la filosofía de Aristóteles, los seres materiales están hechos de "algo" (materia prima), y hay un "algo" que los especifica, los hace ser lo que son (la forma substancial, la esencia); además están las características externas, la apariencia (los accidentes, en la filosofía aristotélica, es lo que llama fenómeno la filosofía kantiana).

Santo Tomás de Aquino manejó esta concepción de la realidad, para explicar que Dios usa la materia prima del pan, pero cambia toda la ESENCIA, la forma substancial (por eso el término es TranSubstanciación) del pan, conservando la apariencia externa, las características, los ACCIDENTES, el fenómeno, para que sintamos que estamos comiendo pan.

Conforme al dogma, de la substancia del pan no queda absolutamente NADA.
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Investigaciones científicas sobre las especies en el milagro eucarístico de Lanciano.

En 1574 se hicieron pruebas de la Carne y la Sangre y se descubrió un fenómeno inexplicable. Las cinco bolitas de Sangre coagulada son de diferentes tamaños y formas. Pero cualquier combinación pesa en total lo mismo. En otras palabras, 1 pesa lo mismo que 2, 2 pesan lo mismo que 3, y 3 pesan lo mismo que 5. Este resultado está marcado en una tabla de mármol en la Iglesia. A través de los años se han hecho muchas investigaciones. Nuestro Señor se ha permitido ser pinchado y cortado, examinado a través de microscopio y fotografiado.

A las distintas investigaciones eclesiásticas siguieron las científicas, llevadas a cabo desde 1574, en 1970-71 y en 1981. En estas últimas, el eminente científico Profesor Odoardo Linoli, docente en Anatomía e Histología Patológica y en Química y Microscopía Clínica, con la colaboración del Profesor Ruggiero Bertelli de la Universidad de Sena, utilizó los instrumentos científicos más modernos disponibles.

Los análisis, realizados con absoluto rigor científico y documentados por una serie de fotografías al microscopio, dieron los siguientes resultados:

*La Carne es verdadera Carne. La Sangre es verdadera Sangre.

*La Carne y la Sangre pertenecen a la especie humana.

*La Carne está constituida por el tejido muscular del corazón. En la Carne están presentes, en secciones, el miocardio, el endocardio, el nervio vago y, por el relevante espesor del miocardio, el ventrículo cardíaco izquierdo.

*La Carne es un CORAZÓN completo en su estructura esencial.

*La Carne y la Sangre tienen el mismo grupo sanguíneo (AB).

*En la Sangre se encontraron las proteínas normalmente fraccionadas, con la proporción en porcentaje, correspondiente al cuadro Sero-proteico de la sangre fresca normal.

*En la Sangre también se encontraron estos minerales: Cloruro, fósforo, magnesio, potasio, sodio y calcio.

*La conservación de la Carne y de la Sangre, dejadas al estado natural por espacio de 12 siglos y expuestas a la acción de agentes atmosféricos y biológicos, es de por sí un fenómeno extraordinario.

lunes, 31 de diciembre de 2018

Hechos 11, 26: Los primeros cristianos pertenecían a la Iglesia católica.

La biblia dice que a los discípulos del Señor se les comenzó a llamar 'Cristianos' en Antioquía: «Y en cuanto le encontró, le llevó a Antioquía. Estuvieron juntos durante un año entero en la Iglesia y adoctrinaron a una gran muchedumbre. En Antioquía fue donde, por primera vez, los discípulos recibieron el nombre de "cristianos".» Hechos 11, 26
 

Ahora bien, en el año 107, precisamente EL OBISPO DE LA IGLESIA DE ANTIOQUÍA (San Ignacio) le llama 'Católica' a la Iglesia en su carta a los cristianos de Esmirna:

«Que nadie haga nada perteneciente a la Iglesia al margen del obispo. Considerad como eucaristía válida la que tiene lugar bajo el obispo o bajo uno a quien él la haya encomendado. Allí donde aparezca el obispo, allí debe estar el pueblo; tal como allí donde está Jesús, allí está la Iglesia católica.»

¿Entonces a qué Iglesia pertenecían aquellos discípulos que recibieron por primera vez el nombre de "cristianos" en Antioquía como dice Hechos 11, 26? ¡A LA IGLESIA CATÓLICA!



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TAMBIÉN TE INVITAMOS A VER EL VIDEO: 

miércoles, 21 de noviembre de 2018

Mira cómo el Credo de Nicea refuta la doctrina protestante.

El protestantismo intenta justificar sus doctrinas como la 'sola scriptura' arguyendo que la Iglesia primitiva de los primeros siglos tenía solo por regla de fe y autoridad a la Escritura y que por tanto lo único que habría hecho Lutero sería intentar volver a las "raíces" del cristianismo antiguo. Hay toneladas de pruebas de que la Iglesia primitiva nunca practicó la 'sola escritura' ni algo remotamente parecido, pero una prueba particularmente esclarecedora es el propio Credo Niceno (o Nicenoconstantinopolitano), el cual incluso es aceptado y reconocido por ciertas corrientes y denominaciones protestantes. Por eso decimos:

Tan claro es que la 'Sola Escritura' nunca fue el criterio de fe y autoridad en el Cristianismo primitivo, que la Confesión de Fe Cristiana más antigua y universal (el Credo de Nicea) no dice por ninguna parte "Creemos en la Biblia" (cuyo canon por entonces ni siquiera se había definido), ni menciona siquiera a las Escrituras, sino que confiesa: "Creemos EN LA IGLESIA, que es Una, Santa, Católica y Apostólica", dejando claro que el criterio de autoridad era eclesiástico (todo lo que enseñara la Iglesia -por medio de la Escritura y de la Tradición- en tanto que depositaria de la revelación completa recibida por Cristo y los apóstoles) y no solo escritural.


sábado, 25 de agosto de 2018

¿Se puede adquirir la vida eterna con buenas obras? La biblia dice que sí.

Como enseña la biblia y siempre lo ha enseñado la Iglesia católica, la fe salva, pero la fe que salva es la que actúa por medio de la caridad, la fe que es sinónimo de fidelidad a la voluntad de Dios, que es el amor. 

¿El hombre puede adquirir la vida eterna con buenas obras?

Aunque a los protestantes les escandalice porque contradice su doctrina: ¡LA BIBLIA DICE QUE SÍ!
1 Timoteo 6, 18-19: «que practiquen el bien, que se enriquezcan de buenas obras, que den con generosidad y con liberalidad; de esta forma irán atesorando para el futuro un excelente fondo con el que podrán adquirir la vida verdadera
(Biblia de Jerusalén).
Vemos cómo para San Pablo la verdadera doctrina de la Gracia no excluye la necesidad de las obras, pues nuestras buenas obras son posibilitadas por la gracia que Dios nos proporciona por medio de los Sacramentos para unirnos al amor de Cristo y poder dar fruto.
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domingo, 3 de diciembre de 2017

Respuesta a un protestante: ¿La sola scriptura garantiza la "sana doctrina"?



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Protestante: «Que tiene de malo que los protestantes hayamos decidido a seguir la ''Sola Scriptura''
como máxima regla de fé, conducta y doctrina ? »

Católico: Tiene de malo que es una doctrina herética (y madre de muchas herejías), que nunca fue enseñada ni por Cristo, ni por los apóstoles, ni por la Iglesia cristiana en más de 1500 años. La sola scriptura fue producto más bien de una coyuntura, la ruptura de Lutero con la Iglesia, lo que le hizo inventar, al calor de la ruptura y en medio del conflicto, que él podía bastarse con la Escritura, más por capricho que porque fuera una doctrina cristiana, que nunca lo fue.

Protestante: «No será que ése ''blindaje'' permite la sana doctrina y nos protege de ser ''invadidos'' por leyendas, mitos y toda clase de tradiciones Y DOGMAS sin base bïblica?»

Católico: Si la sola scriptura los blindara y les permitiera sostener la “sana doctrina”, habrían sido a partir de ese invento una sola iglesia, con una sola doctrina (“la sana”), y al haberse quitado “el lastre” de “mitos, leyendas y tradiciones”, habrían alcanzado fácilmente, sin ningún problema, el consenso, y el entendimiento “bíblico” unánime entre todos los que creen en la sola escritura, al fin que todos están de acuerdo en que solo hay que creer lo que enseña la Escritura, ¿no es así?

Pero la realidad es infinitamente distinta. ¿Qué es “la sana doctrina” para un defensor de la sola escritura? Pues depende de quien conteste la pregunta. Un presbiteriano dirá que parte de la sana doctrina es bautizar bebés, un bautista dirá que no. Un luterano dirá que la presencia del Cuerpo y Sangre de Cristo en el pan y en el vino es parte de la sana doctrina, cualquier otro protestante dirá que no. Un arminiano dirá que la salvación comprende una sinergia entre Dios que quiere salvar y el hombre que acepta la salvación, para el calvinista monergista eso sería una aberración y no tendría nada que ver con la “sana doctrina”. Para un pentecostal los milagros y el hablar en lenguas son una prueba de que se ha sido bautizado en el Espíritu, para cualquier reformado histórico eso no tiene nada que ver con “la sana doctrina”.

¿Así que qué es la “sana doctrina” para un solo escriturista? Pues puede ser cualquier cosa, porque todo depende de la subjetividad de cada grupo o creyente particular.

Protestante: «No crée que ateniendonos solo a lo que esté en la Biblia se impide que se agreguen cosas y doctrinas ficticias y absurdas?»

Católico: Como dije, si “atenerse solo a lo que esté en la biblia” garantizara una pureza doctrinal, en el protestantismo no existirían contradicciones. Para los luteranos todos los reformadores posteriores agregaron “doctrinas ficticias y absurdas” como negar la presencia del cuerpo de Cristo en el pan eucarístico, negarle el bautismo a los infantes, etc.

Protestante: «Si a pesar de eso hay herejías; imagínese si dejáramos la puerta abierta a la imaginación del hombre.»

Católico: Nada le abre más la puerta a la imaginación del hombre que la sola escritura. Cuando un hombre sostiene que él solo “obedece a la biblia”, en realidad le ha abierto la puerta a obedecer a su propia imaginación, a lo que él cree que dice la biblia, sin importarle lo que hayan pensado los cristianos los 20 siglos anteriores. De hecho así nacieron sectas como los adventistas, cuando anteriores protestantes (Miller era bautista, y Ellen White, metodista) comenzaron a interpretar libre y personalmente la biblia y llegaban a conclusiones proféticas con fechas sobre el advenimiento de Cristo o “se dieron cuenta que habían sido engañados por Roma” y que el “día santo” era el sábado y que además los cristianos no debían comer puerco.

De hecho todas las sectas extrañas, como los Testigos de Jehová, comenzaron con personas creyendo que solo necesitaban interpretar ellos mismos la Escritura para llegar a toda la verdad, sin necesidad de Iglesia ni de Tradición. 


Alfredo Rodríguez.
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martes, 21 de noviembre de 2017

La salvación “por medio de la fe” no es igual a la “fe sola” protestante.


La salvación “por medio de la fe” que enseña la biblia es contraria a la “fe sola” del protestantismo

 «No todo el que me dice: Señor, Señor, entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos. Muchos me dirán en aquel día: Señor, Señor, ¿no profetizamos en tu nombre, y en tu nombre echamos fuera demonios, y en tu nombre hicimos muchos milagros? Y entonces les declararé: Nunca os conocí; apartaos de mí, hacedores de maldad.» San Mateo 7, 21-23

Estos son los tres versículos “anti-sola fe” por excelencia. Es una clara exposición y catequesis, no de algún discípulo muy bien instruido o de algún excelente teólogo de nuestros días, sino de nuestro propio Señor Jesucristo, contra aquellos que podrían, en una falsa y muy peligrosa confianza, creer que basta con declarar que Él es su Señor.

«No todo el que me dice: Señor, Señor, entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos» es una expresión verdaderamente letal contra la doctrina de “la salvación por la fe sola”. Jesús dice con toda claridad que no basta con “decir” sino que además hay que HACER la voluntad del Padre. 

Uno de los versículos de los que el protestante “solofidelista” suele echar mano para defender la fe sola es Romanos 10, 9: «que si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo.» ¿Pero acaso aquellos de quien Jesús afirma que le dirán “Señor, Señor” no son precisamente creyentes que “confesaban con su boca” que Jesús era el Señor? ¿Hay aquí una contradicción entre Jesús y Pablo? Claro que no, lo que hay es una concepción fragmentada, parcializada e incompleta en la lectura bíblica del protestantismo. Cuando el protestante desarrolla su defensa de la sola fe, no toma en cuenta versículos como Mateo 7, 21; únicamente selecciona determinados versículos, principalmente paulinos que, vistos aisladamente, darían un supuesto soporte a su creencia. 

Pero si tomamos Rom. 10, 9 y luego traemos junto a él Mt. 7, 21-23, todo se ve distinto. Dice Jesús: «Muchos me dirán en aquel día: Señor, Señor, ¿no profetizamos en tu nombre, y en tu nombre echamos fuera demonios, y en tu nombre hicimos muchos milagros? » ¿No confesaban acaso estos con su boca que Jesús era su Señor, no tenían tanta fe que incluso echaban demonios y hacían milagros con el poder del nombre de Jesús? Según la doctrina de la “sola fe” estos ya deberían estar salvos y justificados sin ningún rastro de duda y sin la menor sospecha de lo contrario, y lo último que podría esperarse que les dijera Jesús es exactamente lo que viene a continuación: «Y entonces les declararé: Nunca os conocí; apartaos de mí, hacedores de maldad».
 
No les bastó tener fe, tanta fe que incluso hacían milagros en el nombre de Jesús, aun así son enviados a condenación, por ser HACEDORES de maldad. Sus obras influyeron en su destino final, no solamente su fe. Puesto que hicieron el mal, en lugar de hacer el bien, no serán admitidos en el Reino de los Cielos. ¿Cómo puede alguien después de ver esto afirmar que las obras no tienen relevancia en el destino final del creyente? 

¿O a quienes son a los que el Señor les da la bienvenida en su Reino? Él mismo lo declara en Mateo 25, 34-36 «Entonces el Rey dirá a los de su derecha: Venid, benditos de mi Padre, heredad el reino preparado para vosotros desde la fundación del mundo. Porque tuve hambre, y me disteis de comer; tuve sed, y me disteis de beber; fui forastero, y me recogisteis; estuve desnudo, y me cubristeis; enfermo, y me visitasteis; en la cárcel, y vinisteis a mí».

Aquí Jesús deja claro que el cumplimiento de estas buenas obras en el amor son una condición necesaria para entrar al Reino, y no solo un mero producto o consecuencia automática y cuasi mágica de la justificación luego de hacer “la oración de la salvación”. Nótese que Jesús no dice «tuve hambre y me distéis de comer como consecuencia de tu fe por la cual mi Padre te heredó su reino», dice «Venid […] heredad el reino […] porque tuve hambre y me distéis de comer…». Les permite entrar al reino en recompensa de sus buenas obras, por lo que hicieron, en consecuencia con lo que dice san Pablo en Romanos 2, 6 «el cual pagará a cada uno CONFORME A SUS OBRAS», pues se pagará «tribulación y angustia sobre todo ser humano que HACE LO MALO, el judío primeramente y también el griego» pero también se pagará «gloria y honra y paz a todo EL QUE HACE LO BUENO, al judío primeramente y también al griego».

Aquí queda claro que el haber hecho lo malo o haber hecho lo bueno traerá consecuencias diametralmente distintas el día de nuestro juicio. Y aquí no vale que se diga que el que hace lo bueno lo hace solamente porque ha sido predestinado para ser salvo y sus buenas acciones solo son una consecuencia de la fe, pues ya veíamos que aquellos de Mateo 7, 23 que tenían bastante fe, luego son declarados por el Señor «hacedores de maldad». Tenían fe, sin embargo hacían el mal, una cosa no garantiza la otra de manera ineludible. ¿Podrá haber un ejemplo más claro que ese de que la fe no produce mágica o mecánicamente las buenas obras? Pero por si hiciera falta, también dice san Pablo en 1 Cor. 13, 2 «aunque tenga plenitud de fe como para trasladar montañas, si no tengo caridad, nada soy». El apóstol nos deja claro que no necesariamente tener plenitud de fe es equivalente a tener plenitud de caridad. 
  
Pero volvamos a Rom. 10, 9 ¿el apóstol contradice a Jesús? No, pues en san Pablo (como en cualquiera de los otros escritores inspirados del Nuevo Testamento), la fe no consiste en la mera afirmación intelectual sobre la existencia de tal o cual persona o acontecimiento, la fe en el lenguaje bíblico significa conformar la vida personal a la voluntad de Dios en virtud de la esperanza que produce la promesa de obtener la vida eterna (esperanza es una de las palabras más repetidas por san Pablo en todas sus cartas).

Vivir por la fe no significa simplemente creer que Jesús murió, resucitó, y listo, ser declarado “salvo, siempre salvo”; nada de esto, bíblicamente vivir por la fe más bien significa llevar una vida que se corresponde con la esperanza que se tiene en alcanzar la vida eterna, y este vivir por la fe es además una condición durante toda nuestra existencia terrena, «el que persevere hasta el fin, ese será salvo». Para el reformado la perseverancia es solo una consecuencia segura de la justificación, mas en el lenguaje de Jesús es una condición, «el que persevere».

El otro error garrafal del protestantismo es confundir las obras de la ley (los preceptos mosaicos de la Torá, correspondientes a la circuncisión, las prescripciones alimentarias, etc.) con la ley de Cristo que san Pablo manda a cumplir. ¿Pero cómo es que san Pablo dice que somos salvos por la fe sin las obras de la ley (Rom. 3, 28) y al mismo tiempo manda a cumplir la ley de Cristo? («Ayúdense mutuamente a llevar sus cargas y cumplan así la ley de Cristo»; Gal. 6, 2). Porque el apóstol está hablando de dos cosas distintas que el protestantismo ha revuelto y confundido completamente, creando toda una deformación sobre las obras y la justificación.

¿O es que acaso cuándo nos acusan a los católicos de presentar una salvación que incluye la necesidad de las obras, piensan que creemos que para salvarnos tenemos que cumplir las obras de la ley mosaica? ¿Acaso los católicos nos circuncidamos, guardamos el sábado con toda la complejísima legislación de la Torá, o nos abstenemos de comer cerdo y demás animales con pezuña? Saben perfectamente bien que no hacemos nada de eso. La Iglesia católica siempre ha sabido y enseñado que ningún hombre puede justificarse por las obras de la ley a las que se refiere san Pablo en Rom. 3, 28

¿Pero si no son las prescripciones de la Torá, entonces cuales son las obras por las que Dios pagará a cada uno? No son evidentemente las observancias de la legislación mosaica, no es la circuncisión (el tema principal del gran debate que llevó san Pablo en todas sus epístolas contra quienes buscaban imponer las obras de la ley), son las obras de la fe, la ley de Cristo, que es la ley del amor: «el que ama al prójimo, ha cumplido la ley» (Rom. 13, 8), «la caridad no hace mal al prójimo. La caridad es, por tanto, LA LEY en su plenitud» (Rom. 13, 10). Así vemos que la caridad no es solamente una consecuencia de la justificación, sino también una obligación para el creyente, por eso san Pablo le llama LEY en Rom. 13, 8; 13, 10 y LEY DE CRISTO en Gal. 6, 2.

El problema es que el protestantismo ha confundido todo esto, sin percatarse que san Pablo no habla de las obras ni de la ley en un solo sentido, en general, como si botara a la basura la utilidad de toda obra, sino que diferencia entre “las obras de la ley” (entendido este concepto en su debido contexto como los preceptos ceremoniales y rituales como la circuncisión, la comida y la bebida, los sábados, etc.) inútiles por sí mismas para justificar, de las buenas obras que se resumen en el amor al prójimo. 

Este amor al prójimo es la ley que se resume en el mandamiento nuevo (San Juan 13, 34), que al final es la  plenitud de la ley natural que está inscrita en los corazones, y que incluso los gentiles pueden cumplir cuando en su conciencia son capaces de discernir entre lo bueno y lo malo, siendo así justificados: «que no son justos delante de Dios los que oyen la ley, sino los que la cumplen: ÉSOS SERÁN JUSTIFICADOS […] cuando los gentiles que no tienen ley, cumplen naturalmente las prescripciones de la ley, sin tener ley, para sí mismos son ley» (Rom. 2, 13-14) 

¿Cómo “cumplen naturalmente las prescripciones de la ley” los gentiles si no se circuncidan? No ciertamente circuncidándose o guardando estrictamente el sábado, o la legislación sobre comida o bebida, sino guiándose por su conciencia y sabiendo diferenciar y escoger y desechar entre lo que es propio de juicio de condenación o de alabanza, o sea las “acciones secretas” de los hombres por las que Dios los juzgará, como dice Rom. 2, 16.

Y todas estas obras del amor, de la fe, de la obediencia, son también a las que se refiere Santiago cuando dice que las obras cooperan juntamente con la fe, de modo que la fe no sea muerta y estéril. Por eso no hay contradicción entre Pablo y Santiago cuando el primero dice que la fe le fue contada por justicia a Abraham, mientras que el segundo dice que fue justificado también por las obras, ya que para Santiago la fe de Abraham que le fue contada como justicia llegó a su pleno cumplimiento cuando Abraham obedeció ofreciendo a Isaac, y por esa obediencia Dios aseguró el cumplimiento de la promesa que ya antes le había hecho:

Leamos, Dios primero le promete a Abraham que su descendencia será como las estrellas del cielo:

«Y sacándolo afuera le dijo “Mira al cielo, y cuenta las estrellas, si puedes contarlas”. Y le dijo: “así será tu descendencia”. Y creyó él en Yahvé, el cual se lo contó como justicia». (Génesis 15, 6)

Ahora veamos como esto alcanza su cumplimiento con la obediencia de Abraham al ofrecer a Isaac en Génesis 22, 18:

«yo te colmaré de bendiciones y acrecentaré mucho tu descendencia como las estrellas del cielo y como las arenas de la playa, y se adueñará tu descendencia de la puerta de sus enemigos. Por tu descendencia se bendecirán todas las naciones de la tierra, EN PAGO DE HABER OBEDECIDO TU MI VOZ» 

¡Por eso es que Santiago dice que por las obras la fe de Abraham alcanzó su perfección! Y es lógico. El mismo Santiago es quien nos dice que la fe sin obras está muerta y es estéril, así que la única fe que puede salvar, es una fe viva, en eso estamos de acuerdo católicos y protestantes. 

Pero entonces debemos preguntarnos: ¿cómo se discierne si la fe está viva o muerta?

 ¿Basta la sola confesión de la fe para demostrar si ésta está viva o muerta? De ningún modo, pues eso solo puede demostrarse posteriormente al acto de confesar la fe, ¡con las obras que realice el creyente! Con éstas es como se demuestra si se trata de una fe viva o muerta. Cuando alguien hace la “oración de la salvación” que usan las iglesias bautistas, pentecostales, entre otras, es imposible distinguir si se trata de una fe viva que da salvación, o de una fe muerta que no la da, pues la oración es idéntica para todos. Lo que distinguirá a una fe de otra, lo que hará diferencia entre salvación o condenación, no será el solo acto de tener fe y confesarla, sino los frutos que produzca posteriomente esta fe, por ello es que no puede juzgarse la fe sola, sino también lo que resulta de ella y la acompaña.

¿Ven por qué es imposible que baste la fe sola? Si Dios concediera la salvación por la sola confesión de la fe en Jesús, Dios estaría obligado a concedérsela incluso a los que tienen una fe muerta, es decir, a aquellos que hacen una profesión de fe con sus labios, “recibiendo a Jesús como salvador”, independientemente de que luego de esta acción fuesen hacedores de maldad (y no olvidemos que ya quedó demostrado que se puede tener mucha fe y al mismo tiempo ser un hacedor de maldad como dice Mt 7, 21-23).

Alguien podría decir, “pero Dios todo lo sabe; Él de antemano conoce quien mostrará tener una fe viva y quien una muerta, no necesita estar a la espera de qué ocurrirá después”. Pero con esto también nos darían la razón a los católicos, pues finalmente tendrían que admitir que la salvación no se decide únicamente por la sola confesión de fe, sino también por aquello (las obras) que Dios en su Presciencia ya sabe que la persona demostrará, contando con una fe viva y activa, que realmente lo llevará a conformarse a Cristo y actuar en la vida en función de la fe que posee, y por aquello que espera obtener al final de su vida terrena: la salvación y la vida eterna. Dios ya sabe quiénes se salvarán, pero no solamente porque sepa quiénes harán la “oración de la salvación”, sino porque ya sabe quiénes conformarán su vida, sus obras y sus acciones a la fe en lo que esperan alcanzar. 

¿Pero es bíblica esta visión de la fe que venimos explicando como una forma activa de vivir en función de lo que se espera alcanzar, más que un simple pensamiento en algo o alguien? ¡Por supuesto! El autor de Hebreos se explaya en explicar la fe en este sentido, como una forma activa de vida. Veamos unos ejemplos:

Primero leamos el ya famoso versículo de Hebreos 11,1: «La fe es garantía de lo que se espera; la prueba de lo que no se ve». En efecto, la fe es nuestra certeza de que Dios tiene reservado un reino para nosotros. Eso es lo que se espera, esa es nuestra esperanza, y porque tenemos esa esperanza, actuamos en consecuencia:

«Por la fe, ofreció Abel a Dios un sacrificio mejor que el de Caín, por ella fue declarado justo, con la aprobación que dio Dios a sus ofrendas» (Hebreos 11, 4).

¿Se necesita algo más claro para entenderlo? Abel tenía fe en Dios y porque tenía fe en Él le ofreció un mejor sacrificio, su fe le hizo actuar de ese modo, y por esa fe Dios lo declaró justo, APROBANDO SUS OFRENDAS. Su fe no estaba separada de sus obras, Dios juzgó su fe con la aprobación que hizo de sus ofrendas.

Veamos más: «Por la fe, Noé, advertido sobre lo que aún no se veía, con religioso temor construyó un arca para salvar a su familia; por la fe, condenó al mundo y llegó a ser heredero de la justicia según la fe». (Hebreos 11, 7)

Es muy claro. La fe que tenía Noé en que Dios no miente y en que la advertencia era real, lo movió a actuar, obedecer y construir un arca, y gracias a que su fe lo llevó a obrar en consecuencia, pudo sobrevivir con su familia al diluvio. ¿Se habría salvado Noé si ante las advertencias solo hubiera dicho “sí, creo”, pero no hubiera construido el arca? Evidentemente no. Su fe le salvó en tanto que creyó en Dios y ACTUÓ conforme a lo que creyó, por esto heredó la justicia, porque obró SEGÚN SU FE.

Y llegamos a Abraham. Aquí veremos el sentido integral de lo que significa la fe en el lenguaje de todo el Nuevo Testamento. Mientras que el protestantismo, gracias a su visión sesgada y fragmentaria de la biblia toma Romanos 4,3 para presentar una salvación imputada que se resuelve definitiva, eterna e irrevocablemente al momento mismo de confesar la fe, con Hebreos tenemos la verdadera y completa concepción de lo que la justicia por la fe significó para Abraham:

«Por la fe, Abraham, al ser llamado por Dios, OBEDECIÓ Y SALIÓ para el lugar que había de recibir en herencia, y salió sin saber a dónde iba. Por la fe, PEREGRINÓ hacia la Tierra Prometida como extranjero, habitando en tiendas, lo mismo que Isaac y Jacob, coherederos de las mismas promesas.» (Hebreos 11, 8-9)

Más claro, imposible. Por la fe, en razón de su fe, debido a su fe, Abraham obedeció y salió, y por su fe, PEREGRINÓ. Todas estas palabras denotan ACCIONES que llevó a cabo por la confianza de recibir lo que esperaba de Dios: «Pues esperaba la ciudad asentada sobre cimientos, cuyo arquitecto y constructor es Dios». (Hebros 11, 10).

¡Este es el verdadero significado del «Y creyó él en Yahvé» que le fue contado para justicia! No el acto solo de “creer”, sino lo que produjo y acompañó a ese creer: obedecer y salir, peregrinar hacia donde Dios le indicaba. Hebreos 11, 8-9 nos deja esto claro, dándonos el panorama completo de aquello a lo que se refiere san Pablo en Romanos 4, 3. 

El protestantismo, entendiendo la Escritura en fragmentos, piensa que Génesis 15, 6 hace referencia solo a un momento en particular cuando Abraham “creyó”, y que a este simple acto, solo, aislado, se refiere san Pablo, de ahí que hayan construido toda una doctrina de la imputación de la salvación que se da, y que además es eternamente irrevocable, cuando se profesa la fe, sin percatarse, sin entender, sin darse cuenta que Abraham ya venía teniendo fe, y obrando en conformidad con esa fe, desde mucho tiempo atrás del momento que relata Génesis 15, 6, desde que Abraham «Marchó […] como se lo había dicho Yahvé» en Gn. 12, 4 (este último versículo es al que hace referencia el autor de Hebreos en el capítulo 11, versículos 8 y 9).

¿Y qué nos dice también más adelante sobre el mismo Abraham?

«Por la fe, Abrahán, sometido a la prueba, ofreció a Isaac como ofrenda, y, el que había recibido las promesas, ofrecía a su único hijo». (Heb. 11, 17).

¡Por la fe que tenía en Dios, en razón, en virtud de su fe, fue capaz de atreverse a ofrecer a Isaac! Por la fe que tenía obró de tal forma. 

¡Tener fe, en el lenguaje de la biblia, significa hacer algo porque confías en la promesa de Dios y le eres fiel (fe significa fidelidad) porque sabes que, a pesar de todo lo que tengas que hacer, al final Él te va dar lo que te ha prometido! Cuando se dice que somos justificados por la fe, significa que somos encontrados justos porque somos fieles a Dios, porque hacemos aquello que nos hará merecedores del premio que Dios ha prometido. ¡Esto es lo que hizo Abraham! Dios le dio la orden de dejar su tierra y le hizo la promesa de entregarle otra, él creyó que Dios le cumpliría, así que se puso en marcha. Esta es la fe que le fue contada por justicia, su acto de fidelidad, su acto de peregrinar confiando en Dios, creyendo en su promesa. La promesa para nosotros es el cielo y la vida eterna, pero aunque no hemos visto el cielo, lo esperamos (Heb 11, 1), y creemos que llegaremos a él a condición de mantengamos nuestra fidelidad (fe) a Dios, de que hagamos lo que Dios espera de nosotros. En pocas palabras, tenemos fe en la promesa de Dios que es el cielo, por tanto PEREGRINAMOS hacia él, nos ponemos en marcha (lo mismo que hizo Abraham).

La fe de Abraham no era solo una creencia o un pensamiento que se profesa, era un actuar y un obrar concreto. Y este obrar no era solo una mera consecuencia, sino que fue la causa que garantizó el cumplimiento de la promesa, como citamos más arriba: «Por tu descendencia se bendecirán todas las naciones de la tierra, EN PAGO DE HABER OBEDECIDO TU MI VOZ» (Gn. 22, 18).

Todo esto es lo que significa “vivir por la fe”, vivir en obediencia, vivir conformando nuestra vida a la voluntad de Dios, porque creemos que si perseveramos hasta el final, el cumplirá su promesa de hacernos herederos de su reino. 

Si bien estamos de acuerdo en que la justificación es un don absolutamente gratuito e inmerecido, que para nosotros se opera mediante el Espíritu Santo en el bautismo sin necesidad de ninguna obra humana, y para la mayoría de los protestantes se opera al momento de expresar la fe, la justificación no solo es una declaración de justicia, sino ser hechos verdaderamente justos, en tanto que hemos sido incorporados a Cristo por el bautismo (Rom. 6, 3-5) y también por este bautismo nos hemos revestidos de Él, que es el Justo de entre los Justos, y debido a esto, a estar unidos a Cristo, se nos ha comunicado la gracia que nos capacita para actuar conforme a la justicia, y actuando en justicia, por el don de la gracia, conservamos nuestra propia justificación, y esto es realmente lo que se resume en "vivir por la fe".

Estamos de acuerdo en que la salvación es “solamente por medio de la fe” (como lo explicó reiteradamente Benedicto XVI durante su papado), pero debe tenerse claro que bíblicamente "por medio de la fe" significa esto: Expresar en la vida una fe obediente, activa, obrante, justa, en comunión con el amor de Cristo, o sea, la salvación mediante la fe es solamente a condición de que caminemos y vivamos en fidelidad a Dios, que vivamos genuinamente en la fe, o sería mejor decir, “que vivamos la fe”.

Dios no nos pide la circuncisión, ni dejar de encender fuego el sábado o alguna otra carga de las prescripciones de la ley, nos pide que vivamos solamente por medio de la fe,  y vivir por medio de la fe es vivir conforme a la justicia que se nos ha dado en Cristo, es conformar todas nuestras obras, nuestra vida entera, a la vida de Cristo, que es el amor. Solo a condición de vivir según la fe –y esto solo es posible aferrándonos a la fuente de la gracia que es el Espíritu Santo- es que podremos ser salvos. 

Pero este “vivir solamente por la fe”, nunca debe confundirse (como lo ha hecho el protestantismo) con “la fe sola”, que aunque parezca, no son ni remotamente lo mismo

Así que la salvación es por gracia, mediante de la fe, pero NO por la “fe sola”.

Y aunque pudiera seguirme extendiendo más, analizando muchos otros versículos tanto de los Evangelios como de san Pablo, y los demás libros del Nuevo Testamento, por ahora concluyo aquí, pues esta solo pretendía ser una respuesta para un debate de facebook, y ya se ha extendido demasiado.  


Alfredo Rodríguez