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jueves, 17 de noviembre de 2016

Reseña de los grupos separados de la Iglesia catolica y las múltiples divisiones del protestantismo

La Iglesia católica de nuestro de nuestro Señor Jesucristo fue fundada hace cerca de 2,000 años, y en estos dos milenios, tristemente, ha tenido que enfrentar no en pocas ocasiones las dolorosas rupturas en su seno.

En las últimas décadas, luego del Concilio Vaticano II, la Iglesia, como madre que es, se ha esforzado por reunir de nueva cuenta a sus hijos, y ha puesto empeño en el diálogo con quienes se han separado de ella a fin de que en algún momento se restablezca la unidad tan anhelada por su fundador, como nos dice la Sagrada Escritura en San Juan 17:21 "para que todos sean uno. Como tu Padre, en mí y yo en ti, que ellos también sean uno en nosotros, para que el mundo crea que tú me has enviado”.

Aquí hacemos un recuento breve de las principales rupturas y de las subdivisiones que a su vez han surgido en los grupos que se han separado de la comunión con la Iglesia:

El cisma de oriente

En el año 1054 ocurrió una muy dolorosa división en el cristianismo, pues la Iglesia Universal vería fraccionarse a las iglesias de oriente, representadas en sus cuatro principales patriarcados (Constantinopla, Antioquía, Alejandría y Jerusalén). Al conjunto de todos estos patriarcados orientales es a lo que hoy conocemos como 'Iglesia Ortodoxa' y a sus fieles como 'Ortodoxos' o 'Católicos Ortodoxos'.

Si bien formalmente el gran detonante de la ruptura fue el tema teológico del Filioque, también, muy lamentablemente, influyeron temas de carácter político, pues la Iglesia de oriente estaba en territorio del imperio bizantino y la Iglesia de occidente en el territorio del sacro imperio romano germánico, éste último fundado menos de un siglo antes de la ruptura, y que inevitablemente comenzó a rivalizar con su contraparte oriental, lo que de manera directa o indirecta vició las relaciones entre ambos "pulmones de la Iglesia".

El Filioque es una expresión en latín que significa "y del hijo", una adición al Credo en la parte que dice "Creo en el Espíritu Santo que procede del Padre [y del hijo]". El Filioque no estaba incluido en el primer Credo aprobado en los Concilios de Nicea del año 325 y de Constantinopla del 381, pero la Iglesia latina lo incluyó en el Concilio de Toledo del año 589, como un intento de socavar la influencia de los herejes arrianos que negaban la divinidad de Jesús. Sin embargo en oriente nunca aceptaron la adición del Filioque al Credo y esta diferencia terminó por estallar en el año 1054, cuando el Papa León IX excomulgó al Arzobispo y Patriarca de Constantinopla Miguel Cerulario.

En los últimos años los acercamientos entre la Iglesia católica y la Iglesia ortodoxa son cada vez más constantes y abonan a la esperanza de una posible reconciliación en un futuro cercano.

El cisma de occidente.


- Principales figuras.

Lutero


El otro gran cisma es el de occidente, mejor conocido, aunque no es el término más preciso, como "reforma protestante" en el siglo XVI. La llamada "reforma" comenzó con la publicación de las 95 tesis del monje agustino Martín Lutero (supuestamente clavadas en la catedral de Wittenberg en Alemania, aunque este acontecimiento en particular más bien podría tratarse de un mito) en 1517, en las que el religioso alemán protesta contra los abusos de algunos clérigos en la venta de indulgencias. Este conflicto, que empezó como una protesta sobre las indulgencias fue escalando hasta convertirse en una verdadera revuelta teológica contra muchas otras doctrinas de la Iglesia, lo que llevaría a Lutero a proclamar su doctrina herética de la salvación por la "sola fe" y declarar la "sola scriptura", es decir afirmar que la Biblia era el único criterio de autoridad para los cristianos, y no ya los Concilios, ni la Santa Tradición ni el Magisterio de la Iglesia.

Lutero sería excomulgado de la Iglesia en 1521, luego de negarse a retractarse sobre algunas de sus tesis.

Buen número de los príncipes alemanes apoyaron la rebelión luterana, lo que implicó que en muchos lugares se llevaran a cabo las "reformas" eclasiásticas de Lutero, cocretándose así una gran división en el cristianismo occidental.

Zwinglio.

Siguiendo el ejemplo de Lutero, Ulrico Zwinglio, un presbítero suizo, inició el movimiento “reformador” en Suiza, predicando contra la necesidad de las buenas obras para ser salvo, se opuso a la Misa como un culto válido hacia Dios y sobre todo fue radical en su oposición a la Eucaristía como verdadero Cuerpo y Sangre de Cristo. Zwinglio es el gran padre, teológicamente hablando, de la infinidad de grupos neoevangélicos que hoy predican que la Eucaristía es solo un símbolo, y no un sacramento donde se comulgue con Cristo


Zwinglio nunca pudo ponerse de acuerdo con Lutero en muchos temas, quizá el más importante en el que chocaron fue el de la Eucaristía, que terminó por generar entre ellos una animadversión mutua y un intercambio de insultos que nunca cesaría. Incluso ambos se reunieron en 1529 en Marburgo a iniciativa del príncipe Felipe I de Hesse, que buscó, sin ningún resultado positivo, unificar a todas las corrientes protestantes. Si bien Lutero negó la Transubstanciación de la Fe Católica, nunca se atrevió a negar que Cristo estuviera realmente presente en la Eucaristía, inclusive tildaba de "ignorantes" y "locos" a quienes lo negaban, mientras que Zwinglio se mantuvo firmemente en su convicción de que no se trataba más que de un símbolo.

Calvino.

Otro reformador, quizá solo menos famoso que Lutero es Juan Calvino, teólogo francés, que influenciado por el movimiento comenzado por el ex-monje alemán, en los años 30 del siglo XVI comienza a predicar y a escribir sobre la suficiencia de la fe para lograr la justificación de Dios. Es Calvino el verdadero desarrollador de las "doctrinas de la gracia", sistematizándolas en las "5 solas" (sola escritura, sola fe, sola gracia, solo Cristo, solo a Dios la gloria).

Calvino tampoco pudo ponerse de acuerdo, ni con Lutero, ni con Zwinglio, sobre el tema de la Eucaristía. Para Lutero seguía estando el Cuerpo y Sangre de Cristo en el pan y en el vino, para Zwinglio era solo un mero símbolo y para Calvino había alguna clase de presencia de Cristo, pero de manera espiritual. 


Entre estas tres diferentes nociones sobre la Cena del Señor se siguen dividiendo hasta hoy la infinidad de grupos protestantes y evangélicos.

Calvino viene a ser el gran inspirador teológico de las llamadas iglesias "reformadas" y presbiterianas, que predican la teología del "TULIP", un acrónimo por sus siglas en inglés de cinco punto doctrinales: "Total Depravity" (Depravación Total); "Unconditional Election" (Elección Incondicional); Limited Atonement (Expiación Limitada); "Irresistible Grace" (Gracia Irresistible); y "Perseverance of Saints" (Perseverancia de los Santos).


Arminio. 

Jacobo Arminio fue un teólogo protestante holandés, sus doctrinas son la antítesis del calvinismo, incluso se puede decir que Arminio es el gran padre del anticalvinismo en el campo protestante. Combatió la doctrina de la predestinación radical de los calvinistas,  defendió que la expiación de Cristo fue realizada para la salvación de todos los hombres, quienes, para recibirla gratuitamente, deben sin embargo responder a la gracia libremente con su voluntad aceptando la salvación que les ofrece. Además, Arminio y sus seguidores defendieron la doctrina de que la salvación puede ser perdida si el hombre, de manera libre y voluntaria, decide rechazar la obra de Cristo, se vuelve atrás y abandona la fe.

- Principales denominaciones 
 

Luteranos 

Presentes básicamente en Alemania y algunos países europeos como Suecia, Dinamarca, etc., como su propio nombre lo dice las iglesias luteranas son aquellas que en el siglo XVI rompieron su unidad con el obispo de Roma y siguieron las doctrinas del alemán Martin Lutero

Admiten solo dos sacramentos, el bautismo y la cena del Señor. Al bautismo admiten también a los bebés, de la Eucaristía aceptan la 'consustanciación' (presencia real del Cuerpo y Sangre de Cristo con y junto al pan y al vino).

Eliminaron toda doctrina de intercesión de los santos y veneración de imágenes, aunque en el altar siguen conservando el crucifijo y en muchos de sus templos pueden verse algunas imágenes con fines ornamentales.

Anglicanos.

Con el nombre de Iglesia anglicana se conoce a la Iglesia de Inglaterra que rompió su comunión con el obispo de Roma en el año 1534. Esta ruptura tuvo como causa no un gran conflicto teológico, sino el capricho del rey de Inglaterra Enrique VIII que queriéndose deshacerse de su esposa, la reina Catalina de Aragón para poder casarse con otra, pidió a la Iglesia la anulación de su matrimonio. La Iglesia se opuso a conceder la anulación no habiendo causa alguna que no fuera el capricho del rey por volverse a casar, lo que hizo que Enrique VIII decidiera separar a la Iglesia de su reino de la comunión con el Papa y declararse él a sí mismo cabeza de la Iglesia de Inglaterra. 



Episcopalianos

Los episcopalianos, podríamos decir brevemente, no son otra cosa que los anglicanos norteamericanos. Los anglicanos de las colonias inglesas en Norteamérica, una vez estallada la revolución de independencia en los Estados Unidos se separan de la autoridad de Inglaterra, convirtiéndose en una iglesia separada e independiente que se gobierna por su propia cuenta (aunque se mantienen en la llamada "Comunión Anglicana").


Presbiterianos

El presbiterianismo es una corriente de iglesias protestantes fundada por el escocés John Knox, su nombre proviene de la forma de gobierno que adquirieron estas iglesias, rechazando el gobierno episcopal, que tiene como autoridad superior de una diócesis a un obispo (como ocurre en la Iglesia católica, la ortodoxa, anglicana, etc.), los presbiterianos se deshicieron de esta figura y organizaron sus iglesias por medio de consistorios que gobiernan la congregación que a su vez crean presbiterios regionales. 

Para entender sus principales ideas teológicas bastara con leer el apartado de 'calvinismo', pues los presbiterianos son, antes que cualquier otra cosa y de principio a fin, calvinistas. 

Son defensores tajantes de las "cinco solas" de la reforma protestante: sola
escritura, sola fe, sola gracia, solo Cristo, solo a Dios la gloria y de los "cinco puntos del calvinismo" (mencionados en el apartado de 'calvinismo').


Una diferencia radical de los presbiterianos con otros grupos protestantes es su defensa de la práctica de bautizar bebés, una práctica fuertemente rechazada por otras corrientes protestantes como la bautista, que veremos a continuación.

Bautistas

Los bautistas nacen de la ruptura de algunos cuantos predicadores anglicanos con su Iglesia. Uno de estos fue John Smyth, un sacerdote anglicano que en 1602 radicalizó sus posiciones, hizo una reinterpretación de las Escrituras y llegó a la conclusión de que el bautismo de bebés era ajeno a la Biblia, por lo cual rompió con la Iglesia anglicana (que bautiza bebés) y creó congregaciones independientes que se diferenciaban principalmente pro bautizar solo a creyentes adultos. Smyth isn duda tuvo influencias del movimiento anabaptista, que entre otras cosas, como vivir una vida alejada "del mundo", también defendían el bautismo exclusivo para adultos.  


Los bautistas no son un solo cuerpo uniforme, históricamente están divididos en dos campos. A unos se les conoce como "bautistas generales", entre la mayoría de estos se defiende la doctrina de que Jesús murió por todo el género humano (de ahí lo de "generales") y que la salvación es alcanzada por cualquier hombre que acepte los méritos de Cristo en la cruz para salvar su alma. Además, por la simpatía de esta corriente bautista de la teología arminiana, tiene la noción de que la salvación puede llegar a perderse si el creyente voluntariamente se aparta de la fe. 

La otra corriente bautista es la de los llamados "bautistas particulares" o "bautistas reformados". A diferencia de los "generales", los "bautistas particulares", fieles a las doctrinas calvinistas, afirman que Jesús murió solo por una parte de los seres humanos, el sacrificio de la cruz solo sirve para aquellos que habrían sido "predestinados" para ser salvos, ya que todos los demás han sido "predestinados" para condenación desde antes de la fundación del mundo. 

Otra doctrina que separa a los "bautistas generales" de los "particulares" es la de la  "seguridad eterna" de la salvación, que enseña que un creyente una vez que ha creído en Jesucristo como su Señor y Salvador y ha sido justificado, nunca podrá perder su salvación, de ahí la famosa expresión "una vez salvo, siempre salvo".

Cuáqueros

Este también es un grupo de origen inglés, fundado por un anglicano disidente, George Fox, un británico que viven el siglo XVII y que, desilusionado con lo que para él solo eran rituales superfluos e incluso supersticiosos, comenzó a predicar un "cristianismo" que se deshiciera de los actos rituales como los sacramentos y los cultos formales y estructurados. Junto a sus seguidores fundó la "Sociedad Religiosa de los Amigos", llamada despectivamente "quakers" (los "tembladores" o "los que tiemblan") por un juez que se burló de una famosa frase que Fox solía repetir a sus seguidores en sus sermones "hay que temblar en el nombre del Señor".

La ruptura de los cuáqueros con toda forma que consideren "ritualista" es tan radical que este grupo no practica el bautismo en agua, ni siquiera como una "ordenanza" como lo practican la gran mayoría de los grupos evangélicos. Tampoco realizan la comunión o "cena del Señor", ni siquiera como acto simbólico. Defienden que el bautismo y la comunión son internos y espirituales, por lo cual no pueden realizarse de manera externa. 


Metodistas.

Los metodistas también provienen del anglicanismo, nacen en el siglo XVIII. Su principal influencia teológica es la del predicador anglicano John Wesley, quien hacía énfasis en la vida de santidad, mientras vivió en Pensilvania predicó arduamente y se constituyeron grupos de estudio que, posteriormente, terminarían separándose del anglicanismo, al cual veían como muy frío y poco dado a la promoción de la santidad, fundando así una iglesia independiente, aunque esta no fue la intención de Wesley, que hacia el final de su vida volvió a Inglaterra y murió como anglicano.

Pentecostales.

A finales del siglo XIX nace el pentecostalismo, que se desprende en buena medida de sectores que se separaron de la Iglesia metodista y que estaban más interesados en promover los "dones" del Espíritu Santo, haciendo un fuerte énfasis en las sanaciones milagrosas, el "hablar en lenguas" y el anuncio incesante del "rapto de la Iglesia", en el cual Jesús sacaría a los cristianos del mundo dejando solo en él a los pecadores quienes tendrían que pasar por la gran tribulación en el mundo durante 7 años antes de que Jesús vuelva a la tierra (aunque en este tema no hay un acuerdo, pues algunos pentecostales sostienen que el rapto será no antes, sino en medio de la tribulación y otros sostienen que al final).

Unicitarios.

 
Los unicitarios básicamente son pentecostales anti-trinitarios. Los unicitarios nacieron como una división de los grupos pentecostales convencionales que aceptaban la doctrina de la Trinidad. El pentecostalismo unicitario tiene su origen en los Estados Unidos hace apenas un siglo, y en sus orígenes tiene la marcada influencia de la propaganda fundamentalista anticatólica inundada de historias falsas y fantasiosas sobre los supuestos orígenes "paganos" de muchas de las doctrinas cristianas catolicas primitivas, y entre las que este grupo incluyó a la Trinidad, afirmando, con argumentos muy débiles y más bien de carácter "conspiracionista", que esta enseñanza tiene orígenes griegos politeístas no bíblicos y que habría sido introducida por la Iglesia "paganizada" del siglo IV. Según los unicitarios, no existen tres personas divinas en un solo y único Dios verdadero como afirman los trinitarios, sino una sola persona divina (Jesucristo) que se ha manifestado de tres maneras distintas, primero como Padre, luego como Hijo y luego como Espíritu Santo, pero tratándose siempre del mismo Jesucristo. El unicitarismo es la actualización de la antigua herejía sabeliana del siglo III que planteaba exactamente lo mismo. La herejía de Sabelio fue refutada y condenada por la Iglesia primitiva. 

lunes, 31 de octubre de 2016

Discurso completo del Papa Francisco en el encuentro ecuménico con los luteranos.


Discurso completo del Papa Francisco en el encuentro ecuménico con los luteranos en Lund, Suecia.

«Permaneced en mí, y yo en vosotros» (Jn 15,4). Estas palabras, pronunciadas por Jesús en el contexto de la Última Cena, nos permiten asomarnos al corazón de Cristo poco antes de su entrega definitiva en la cruz. Podemos sentir sus latidos de amor por nosotros y su deseo de unidad para todos los que creen en él. Nos dice que él es la vid verdadera y nosotros los sarmientos; y que, como él está unido al Padre, así nosotros debemos estar unidos a él, si queremos dar fruto.

En este encuentro de oración, aquí en Lund, queremos manifestar nuestro deseo común de permanecer unidos a él para tener vida. Le pedimos: «Señor, ayúdanos con tu gracia a estar más unidos a ti para dar juntos un testimonio más eficaz de fe, esperanza y caridad». Es también un momento para dar gracias a Dios por el esfuerzo de tantos hermanos nuestros, de diferentes comunidades eclesiales, que no se resignaron a la división, sino que mantuvieron viva la esperanza de la reconciliación entre todos los que creen en el único Señor.

Católicos y luteranos hemos empezado a caminar juntos por el camino de la reconciliación. Ahora, en el contexto de la conmemoración común de la Reforma de 1517, tenemos una nueva oportunidad para acoger un camino común, que ha ido conformándose durante los últimos 50 años en el diálogo ecuménico entre la Federación Luterana Mundial y la IglesiaCatólica. No podemos resignarnos a la división y al distanciamiento que la separación ha producido entre nosotros. Tenemos la oportunidad de reparar un momento crucial de nuestra historia, superando controversias y malentendidos que a menudo han impedido que nos comprendiéramos unos a otros.

Jesús nos dice que el Padre es el dueño de la vid (cf. v. 1), que la cuida y la poda para que dé más fruto (cf. v. 2). El Padre se preocupa constantemente de nuestra relación con Jesús, para ver si estamos verdaderamente unidos a él (cf. v. 4). Nos mira, y su mirada de amor nos anima a purificar nuestro pasado y a trabajar en el presente para hacer realidad ese futuro de unidad que tanto anhela.

También nosotros debemos mirar con amor y honestidad a nuestro pasado y reconocer el error y pedir perdón: solamente Dios es el juez. Se tiene que reconocer con la misma honestidad y amor que nuestra división se alejaba de la intuición originaria del pueblo de Dios, que anhela naturalmente estar unido, y ha sido perpetuada históricamente por hombres de poder de este mundo más que por la voluntad del pueblo fiel, que siempre y en todo lugar necesita estar guiado con seguridad y ternura por su Buen Pastor. Sin embargo, había una voluntad sincera por ambas partes de profesar y defender la verdadera fe, pero también somos conscientes que nos hemos encerrado en nosotros mismos por temor o prejuicios a la fe que los demás profesan con un acento y un lenguaje diferente.

El Papa Juan Pablo II decía: «No podemos dejarnos guiar por el deseo de erigirnos en jueces de la historia, sino únicamente por el de comprender mejor los acontecimientos y llegar a ser portadores de la verdad» (Mensaje al cardenal Johannes Willebrands, Presidente del Secretariado para la Unidad de los cristianos, 31 octubre 1983). Dios es el dueño de la viña, que con amor inmenso la cuida y protege; dejémonos conmover por la mirada de Dios; lo único que desea es que permanezcamos como sarmientos vivos unidos a su Hijo Jesús. Con esta nueva mirada al pasado no pretendemos realizar una inviable corrección de lo que pasó, sino «contar esa historia de manera diferente» (COMISIÓN LUTERANO-CATÓLICO ROMANA SOBRE LA UNIDAD, Del conflicto a la comunión, 17 junio 2013, 16).

Jesús nos recuerda: «Sin mí no podéis hacer nada» (Jn 15,5). Él es quien nos sostiene y nos anima a buscar los modos para que la unidad sea una realidad cada vez más evidente. Sin duda la separación ha sido una fuente inmensa de sufrimientos e incomprensiones; pero también nos ha llevado a caer sinceramente en la cuenta de que sin él no podemos hacer nada, dándonos la posibilidad de entender mejor algunos aspectos de nuestra fe. Con gratitud reconocemos que la Reforma ha contribuido a dar mayor centralidad a la Sagrada Escritura en la vida de la Iglesia. A través de la escucha común de la Palabra de Dios en las Escrituras, el diálogo entre la Iglesia Católica y la Federación Luterana Mundial, del que celebramos el 50 aniversario, ha dado pasos importantes. Pidamos al Señor que su Palabra nos mantenga unidos, porque ella es fuente de alimento y vida; sin su inspiración no podemos hacer nada.
 

La experiencia espiritual de Martín Lutero nos interpela y nos recuerda que no podemos hacer nada sin Dios. «¿Cómo puedo tener un Dios misericordioso?». Esta es la pregunta que perseguía constantemente a Lutero. En efecto, la cuestión de la justa relación con Dios es la cuestión decisiva de la vida. Como se sabe, Lutero encontró a ese Dios misericordioso en la Buena Nueva de Jesucristo encarnado, muerto y resucitado. Con el concepto de «sólo por la gracia divina», se nos recuerda que Dios tiene siempre la iniciativa y que precede cualquier respuesta humana, al mismo tiempo que busca suscitar esa respuesta. La doctrina de la justificación, por tanto, expresa la esencia de la existencia humana delante de Dios.

Jesús intercede por nosotros como mediador ante el Padre, y le pide por la unidad de sus discípulos «para que el mundo crea» (Jn 17,21). Esto es lo que nos conforta, y nos mueve a unirnos a Jesús para pedirlo con insistencia: «Danos el don de la unidad para que el mundo crea en el poder de tu misericordia». Este es el testimonio que el mundo está esperando de nosotros. Los cristianos seremos testimonio creíble de la misericordia en la medida en que el perdón, la renovación y reconciliación sean una experiencia cotidiana entre nosotros. Juntos podemos anunciar y manifestar de manera concreta y con alegría la misericordia de Dios, defendiendo y sirviendo la dignidad de cada persona. Sin este servicio al mundo y en el mundo, la fe cristiana es incompleta.

Luteranos y católicos rezamos juntos en esta Catedral y somos conscientes de que sin Dios no podemos hacer nada; pedimos su auxilio para que seamos miembros vivos unidos a él, siempre necesitados de su gracia para poder llevar juntos su Palabra al mundo, que está necesitado de su ternura y su misericordia.

miércoles, 20 de julio de 2016

Reconocimiento de Lutero a la Iglesia católica.



“[…] por nuestra parte, nosotros confesamos que hay en el papado mucho que es cristiano y bueno; de hecho todo lo que hay de cristiano y bueno puede encontrarse allí, y ha llegado hasta nosotros a través de esa fuente. Por ejemplo, confesamos que en la Iglesia del papa existen las verdaderas sagradas Escrituras, el verdadero bautismo, el verdadero sacramento del altar, las verdaderas llaves del perdón de los pecados, el verdadero oficio del ministerio, el verdadero catecismo bajo la forma de la oración del Señor, de los diez mandamientos y de los artículos del credo […] Afirmo que en el papado hay verdadero cristianismo, aun más, la clase correcta de cristianismo, y muchos grandes santos y devotos.” Martín Lutero

viernes, 14 de agosto de 2015

¿Puede un evangélico protestante rezar el Rosario?

Los cristianos católicos estamos plenamente convencidos, por los propios testimonios y experiencias vividas, del poder que tiene la oración del Santo Rosario, y de cómo éste nos acerca de una manera muy especial a nuestro Señor Jesucristo, al hacernos meditar a través de los 20 misterios sobre los eventos más especiales e importantes que vivió nuestro salvador Jesús desde su nacimiento hasta su gloriosa resurrección y ascensión al cielo. 

Lamentablemente, ante los fuertes prejuicios contra la Virgen María que se promueven en la gran mayoría de las denominaciones neoprotestantes hoy en día, muchos hermanos evangélicos se rehuyen a rezar el Rosario por incluir el "Ave María". 

En este punto hay que señalar que las posiciones radicales contra la Virgen son en realidad bastante modernas, pues en el protestantismo clásico, a pesar de todas las diferencias con la Iglesia católica, nunca existió una animadversión contra la Madre del Señor como la que existe ahora entre los grupos más radicales del protestantismo moderno. 

Tan solo hay que recordar que ya estando separado de la Iglesia católica, Lutero seguía expresando un gran amor y devoción por María, a quien consideraba Madre de Dios y Madre de todos los cristianos, él mismo incluso elaboró la "Alabanza Evangélica de la Madre de Dios"

De ahí que aun hoy día, y aunque muy pocos lo saben, entre algunos de los luteranos más ortodoxos se siga conservando la costumbre cristiana de rezar el Rosario, aunque ellos lo hacen con ciertas variaciones, pero también incluyen el Ave María al terminar los cinco misterios, y lo rezan en su versión conocida como "pre-Trento", es decir, sin la segunda parte correspondiente al "Santa María Madre de Dios ruega por nosotros pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte, amen". En la versión "pre-Trento" del Ave María tan solo se dice la parte correspondiente al saludo angelical:"Dios te salve María, llena eres de gracia el Señor es contigo, bendita eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús".

Así que si eres un hermano protestante, que estás en el proceso de regreso a la Iglesia católica o tan solo se ha despertado en ti la inquietud y el deseo de rezar el Rosario porque piensas que éste puede traer un bien a tu vida y en tu relación espiritual con el Creador (y te aseguramos que así será), pero aún pesan sobre ti ciertos prejuicios anti-marianos, te animamos a empezar a rezarlo diariamente con la siguiente fórmula (y si eres católico, también puedes utilizarla, no como sustituto, sino como complemento al Rosario común):

Nota: Puedes hacerlo con un Rosario, y si no cuentas con él, puedes rezarlo llevando correctamente las cuentas mentalmente o con el uso de tus manos.

Paso 1: Establece una comunicación con Dios Padre Todopoderoso. Ora libremente con Él, hazlo tanto como tú quieras. Platica, agradécele, preséntale tus plegarias y pídelas en el nombre de nuestro Señor Jesucristo.

Entrega a Dios como una ofrenda espiritual de oración y alabanza por tus intenciones el siguiente Rosario:

1) Haz la señal de la cruz.
(Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos Señor, Dios nuestro. En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.)

2) Reza el Credo de los Apóstoles como signo de confirmación de tu fe cristiana.
(Creo en Dios, Padre todopoderoso, Creador del cielo y de la tierra. Creo en Jesucristo, su único Hijo, nuestro Señor, que fue concebido por obra y gracia del Espíritu Santo, nació de Santa María Virgen, padeció bajo el poder de Poncio Pilato, fue crucificado, muerto y sepultado, descendió a los infiernos, al tercer día resucitó de entre los muertos, subió al cielo y está sentado a la derecha de Dios, Padre todopoderoso. Desde allí ha de venir a juzgar a vivos y muertos. Creo en el Espíritu Santo, la santa Iglesia católica (o santa Iglesia universal), la comunión de los santos, el perdón de los pecados, la resurrección de la carne y la vida eterna. Amén.)

3) Reza el Padre Nuestro.
(Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad, en la tierra como en el cielo. Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén.)

4) Reza tres veces el "Ave María" (puedes empezar, si no eres católico, rezándolo en su versión "pre-Trento").
(Dios te salve, María; llena eres de gracia el Señor es contigo; bendita eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús [hasta aquí es lo que se conoce como 'versón pre-Trento]. Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte, amén)

5) Reza un "Gloria".
(Gloria al Padre, y al Hijo y al Espíritu Santo. Como era en el principio, ahora y siempre, y por los siglos de los siglos, amén.)

Lo anterior es una especie de introducción espiritual preparatoria antes de los misterios. A continuación comenzamos formalmente con ellos.

Paso 2: Lees el primer misterio (aquí puedes ver todos los misterios del rosario), meditas unos segundos sobre él y luego dices:

- Un Padre Nuestro.

Inmediatamente después del Padre Nuestro recitas las siguientes oraciones extraídas de la Santa Misa:

- "Líbranos de todos los males, Señor, y concédenos la paz en nuestros días, para que, ayudados por tu misericordia, vivamos siempre libres de pecado y protegidos de toda perturbación, mientras esperamos la gloriosa venida de nuestro salvador Jesucristo."

- "Tuyo es el reino, tuyo el poder y la gloria por siempre, Señor."

- "Señor Jesucristo, que dijiste a tus apóstoles, mis paz os dejo, mi paz os doy, no tomes en cuenta nuestros pecados sino la fe de tu Iglesia, y conforme a tu palabra, concédele la paz y la unidad. Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos, amén."

- Haz 10 repeticiones de la Oración de Jesús.
("Señor Jesucristo, Hijo de Dios, ten piedad de mi, que soy pecador").

- Después de las repeticiones, cierras las oraciones correspondientes al primer misterio con un "Gloria" y la oración que la Santa Virgen María enseñó a los niños de Fátima:
("Oh, Jesús, señor mío, perdónanos nuestros pecados, sálvanos del infierno y guía todas las almas al cielo, especialmente aquellas que necesitan más de tu misericordia, amén."). También puedes incluir la oración al Espíritu Santo: (Hermoso, bondadoso y misericordioso Espíritu Santo, Señor y Dador de vida, llena nuestras almas y nuestros corazones con tu gracia y con tus dones, y guíanos por el buen andar, para que nuestras vidas sean agradables a Ti, a Jesucristo y a nuestro Padre Celestial).

Pasas a la lectura del segundo misterio y continúas como ya se explicó; el Padre Nuestro, las oraciones de la Misa, las 10 repeticiones de la Oración de Jesús, el Gloria, la Oración de Fátima y al Espíritu Santo; así hasta concluir los cinco misterios diarios.

Por último puedes terminar con unas palabras personales libremente hacia el Señor y cerrar con un Padre Nuestro, un Ave María y un Gloria.