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martes, 4 de febrero de 2020

¿Qué significa "Dios te salve" en el Ave María?


Una de las oraciones más populares en el mundo entero es el "Ave María", una oración que el pueblo cristiano ha atesorado desde hace muchos siglos y con la cual se identifica por la forma en que de manera tan sencilla resume la profundidad de grandes verdades relatadas en el Evangelio, por un lado, el saludo del ángel a María para anunciar que el Verbo de Dios se haría carne en su vientre, así como el saludo de Santa Isabel, que llena del Espíritu Santo exclama a su prima, María, "bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu vientre", cuando por inspiración reconoce que aquél que crece en el seno de su prima, la Virgen, era su Salvador.  

¿Pero qué significa esto de "Dios te salve" que se repite tantas veces en el Rosario?

Esta hermosa oración practicada por siglos en la cristiandad católica, tiene sin embargo grandes detractores entre los grupos neo-protestantes de fuerte cariz anti-católico.

Hace días una página de esta clase de grupos cuestionaba el Ave María preguntándose cómo es que los católicos decimos por una parte que María tuvo una concepción inmaculada, es decir, sin pecado, y al mismo tiempo pedimos que Dios "salve a María". 

Claramente, estos hermanos separados están profundamente confundidos, tanto en cuanto a lo que nos referimos por 'Inmaculada Concepción', como a lo que queremos expresar al recitar el Ave María. Pero seguramente más de algún hermano católico también se ha preguntado alguna vez de manera sincera qué significa el "Dios te salve". ¿Será que dudamos de la salvación de la Virgen y rogamos una y otra vez para que Dios la salve? Nada de eso.

La expresión "Dios te salve", en el Ave María no es una petición para que Dios salve a María (la Virgen no espera su salvación, ya la disfruta, pues ya es salva y goza de toda la gloria de la redención traída por su Hijo Jesús, pero de eso hablaremos en la parte final de este artículo), "Dios te salve" es un saludo.

La oración del Ave María en español es una traducción del latín, y en dicho idioma esta oración no comienza mencionando a Dios, sino que dice directamente "Ave Maria, Gratia Plena, Dominus tecum...". La palabra "Ave", como ya hemos mencionado, es un saludo en latín, es el saludo del ángel a María y está tomado del Evangelio de San Lucas 1, 28.

Pero sabemos que los evangelios no se escribieron en latín, sino en griego, así que este "Ave" en latín es a su vez una traducción del griego "Χαῖρε" (Chaíre).

¿Y qué significa "Ave"? Si bien ya sabemos que es una expresión para saludar, su origen proviene de "Avēre". que significa "estar bien".

"Ave" es prácticamente intercambiable por otra palabra latina, "Salve" (que es la palabra que aquí nos ocupa), una forma imperativa de "salvēre", que significa "tener salud". Así vemos que "Ave" o "Salve" son saludos (de hecho, como su nombre lo indica, dar un saludo es una forma de desear salud, desear que la otra persona esté bien).

La palabra "Salve", aunque es tomada del latín, fue ampliamente usada en el español antiguo a forma de saludo, de ahí que cuando se fue desarrollando el "Ave María" se dijera en español "Dios te salve, María", que sencillamente significa "Dios te saluda, María".

El evangelista escribió en griego: "Chaire kecharitōmenē ho Kyrios meta sou", que si lo tradujéramos de la manera más popular posible, sería algo así como "Saludos, Llena de Gracia, el Señor es contigo".

¿Y por qué decir "Dios te salve, María" y no solo "Salve, María" si Lucas no escribió la palabra Dios en el salud del ángel?

¡Precisamente para evitar malos entendidos! ¡Imagínense lo que dirían los protestantes si nos escucharan decir "Salve, María, llena eres de gracia"! Dirían seguramente que le estamos pidiendo a María que ella nos salve, y que con eso estamos negando el papel de Jesús como único Salvador por medio de su Sacrificio en la cruz.

Los católicos reconocemos a Jesús, en su entrega en Sacrificio expiatorio, como al único, verdadero y suficiente Salvador de todos, incluida María.

¿Pero entonces por qué decimos que María necesitaba de la salvación de Jesús y al mismo tiempo decimos que nació sin pecado?

Porque una cosa no contradice a la otra. María no nació sin pecado por un deseo o un poder propio; si ella nació sin pecado es porque así Dios lo quiso y lo decidió (y lo decidió así en virtud de Jesús, para que el Verbo Divino tuviera un lugar digno de su Suma Santidad y Divinidad, encarnándose en un vientre absolutamente puro y santo, en un cuerpo que nunca hubiese estado bajo la potestad del pecado) es decir, que quien evitó que María fuese manchada por el pecado, es el mismo Dios que luego nos lavó del pecado a todos los demás. El poder salvífico de Dios operó en María evitando que fuera manchada por el pecado, del mismo modo que en los demás ese mismo poder salvífico operó limpiándonos de la mancha del pecado. 

Dios salvó a María evitando que cayera, mientras a los demás nos salvó levantándonos de la caída, sin embargo a todos nos salvó. 

Hay un ejemplo muy común que nos ayuda a entender esto: Imagina que una persona cae a un pozo y no hay nadie cercano que la pueda auxiliar, por lo que corre el riesgo que darse allí sin agua, alimento, etc., pero de pronto alguien escucha sus gritos, se acerca y le rescata. La persona que estaba atrapada bien podría decir a quien lo auxilió "gracias, me salvaste la vida". Ahora bien, si esa misma persona, hubiera estado junto al pozo a punto de caer y la otra le hubiese jalado, evitando que cayera, también podría decirle "gracias, me salvaste la vida".

¿Esto implica que María no necesitó del derramamiento de la Sangre de Jesús en la cruz para ser salvada? 

No, no significa esto de ningún modo. También María es salva gracias a la Sangre de Jesús. Es en previsión a la obra salvadora de Jesús, que se haría hombre y vendría al mundo a derramar su Sangre, que Dios crea a María con las virtudes de un verdadero Tabernáculo humano perfectamente puro. Es decir, la Inmaculada Concepción que Dios le concedió a María, es en atención a la necesidad de que Jesús se hiciera hombre, tuviera sangre como los hombres, y la entregara por nuestros pecados. 

Además, la salvación propiamente dicha es la entrada definitiva a la vida eterna, y las puertas del cielo, para gozar de dicha vida eterna, fueron abiertas gracias a que Jesús las abrió con el precio de su Sangre, por eso nadie entró al cielo antes que Jesús. María pudo ser asunta al cielo, para gozar de la vida eterna, gracias a que Jesús abrió el cielo con su sacrificio.


lunes, 5 de septiembre de 2016

¿Qué significa «¡Dios mío, Dios mío!, ¿por qué me has abandonado?» dicho por Jesús?


No creo equivocarme si afirmo que la gran mayoría de los cristianos alguna vez nos hemos preguntado por qué pareciera que Jesús está haciendo una dura recriminación al Padre cuando estaba sobre la cruz en aquellos versículos de Mateo 27:46 y Marcos 15:34, en los que, aparentemente preso de la desesperanza, clama al cielo diciendo «¡Dios mío, Dios mío!, ¿por qué me has abandonado?».
 

Este mismo Jesús que una y otra vez le decía a sus discípulos y a las multitudes que le escuchaban que él había venido a cumplir la voluntad del Padre, aquel mismo Jesús que instruía a Felipe explicándole que todo quien lo hubiese visto a él, había visto al Padre, porque el Padre y él uno eran, mostrando la profunda comunión que existía entre ellos, ¿ahora venía a sentirse abandonado? ¿Realmente Jesús perdió en aquel momento agonizante, lleno de dolor, la fe en su Padre?
 

Sabemos que Jesús, la Palabra Divina que tomó carne para irrumpir en la historia humana y reconciliarnos con el Padre, siendo verdadero hombre, pero también verdadero Dios, no podía haber sido presa del error, no podía haber estado sintiendo que algo estaba saliendo mal y que su Padre lo había abandonado, pues él mismo, desde antes de venir al mundo, sabía que el Plan Salvífico era perfecto. Así que la expresión «¡Dios mío, Dios mío!, ¿por qué me has abandonado?» debe de tener una muy buena explicación bíblica.

¿Y existe esa buena explicación bíblica? ¡Claro que existe, vayamos a ella!

La razón de la expresión «Elí, Elí ¿lemá sabactaní?» o «¡Dios mío, Dios mío!, ¿por qué me has abandonado?» es el cumplimiento de una profecía. Jesús estaba citando la Escritura y quería llamar la atención sobre esto, es como si estuviera diciendo en clave a quienes presenciaban su crucifixión "hey, escuchen, esto es lo que está ocurriendo, todo se está cumpliendo ahora mismo". ¿Pero qué Escritura estaba citando Jesús? Estaba citando el Salmo 22, que justamente comienza así «¡Dios mío, Dios mío!, ¿por qué me has abandonado?». ¿Ahora parece más claro, no? Aquella expresión no surgió espontáneamente de Jesús preso de la desesperanza, este hecho estaba perfectamente calculado por él, era una frase que él había escogido a toda conciencia, emitida con toda intención y con un fuerte significado; hacerle entender a todos quienes le veían que era él de quien hablaban las Escrituras. 

¿Y qué es aquello del Salmo 22 que se cumple en el Calvario? 

Como veremos, al final este Salmo, lejos de ser desesperanzador, está lleno de fe y confianza en Dios, algo de lo que no podemos dudar que estaba lleno Jesús. Pero ahora nos ocuparemos de aquellos detalles que encajan tan fina y perfectamente con lo acontecido en la cruz y que nos explican por qué Jesús citó aquella frase justo en aquel momento.

Dice el Salmo 22:8-9 «todos cuantos me ven de mi se mofan, tuercen los labios y menean la cabeza: "Se confió a Yahvé, ¡pues que lo libre, que lo salve si tanto lo quiere!"» 

Ahora veamos la sorprendente semejanza de los versículos anteriores con lo que nos relata el Evangelio de San Mateo en el capítulo 27 de los versículos 39 al 43: 

«Los que pasaban por allí le insultaban, moviendo la cabeza y diciendo: "Tú que destruyes el Santuario y en tres días lo levantas, ¡sálvate a ti mismo, si eres hijo de Dios, y baja de la cruz". Igualmente los sumos sacerdotes junto con los escribas y los ancianos se burlaban de él diciendo: "A otros salvó y a sí mismo no puede salvarse. Rey de Israel es: que baje ahora de la cruz, y creeremos en él. Ha puesto su confianza en Dios; que le salve ahora, si es que de verdad le quiere; ya que dijo 'Soy hijo de Dios'"»

Hemos citado Mateo 27:39-43 y justo tres versículos después en Mateo 27:46 es donde está la expresión «¡Dios mío, Dios mío!, ¿por qué me has abandonado?»

Ahora volvamos al Salmo 22 y veamos el versículo 19: 

«reparten entre sí mi ropa, y se echan a suertes mi túnica»

No hace mucha falta explicar que esto es exactamente lo que sucedió en la cruz, como nos lo relata el siguiente versículos: 

«Una vez que le crucificaron, se repartieron sus vestidos, echando a suertes» Mt. 27:35

Incluso San Juan cita el propio Salmo 22:


«Los soldados, después que crucificaron a Jesús, tomaron sus vestidos, con los que hicieron cuatro lotes, un lote para cada soldado, y la túnica. La túnica era sin costura, tejida de una pieza de arriba abajo. Por eso dijeron "No la rompamos, sino echemos a suertes a ver a quién le toca". Para que se cumpliera la Escritura: Se han repartido mis vestidos, han echado a suertes mi túnica»

Luego encontraremos en el Salmo 22 signos inequívocos del paralelismo con el sufrimiento de la cruz, por ejemplo: 

«Mi paladar está seco como teja y mi lengua pegada a la garganta, tú me sumes en el polvo de la muerte»

Mientras Juan nos cuenta que Jesús dijo, para que se cumpliera la Escritura: «Tengo sed», y que luego de beber vinagre de la esponja que le acercaron a su boca, dijo «Todo está cumplido"» y entregó el espíritu.

En el Salmo 22 también nos encontraremos con una referencia tan clara a la cruz que es imposible pasarla por alto, pues habla de lo que literalmente pasa allí, pues es por medio de las manos y los pies que el cuerpo es prendido a la cruz:

«Perros innumerables me rodean, una banda de malvados me acorrala para prender mis manos y mis pies» Salmo 22:17.

Podríamos seguir escudriñando el Salmo, y nos encontraríamos con más referencias al momento del sacrificio de Jesús, como aquella parte donde se hace referencia al cuerpo que se derrama como agua y el corazón que se funde en las entrañas, justo como el agua y la sangre que derramó Jesús por su costado, pero con esto es más que suficiente para demostrar que Jesús nunca perdió la fe, nunca se desvaneció su esperanza en el Padre, nunca se sintió realmente abandonado por Él; si Jesús clamó esa mencionada expresión fue porque quería comunicar, a través de esa señal, que aquella Escritura estaba siendo cumplida en aquel momento.

Alfredo Rodríguez.

martes, 21 de junio de 2016

¿Tiene un significado eucarístico que Jesús haya nacido en Belén?

¿Tiene un significado eucarístico el que Jesús haya nacido en Belén?

Al plantear esta pregunta muchos podrán pensar inmediatamente en que el significado está conectado con el Rey David, pues Jesús, según el anuncio del ángel a la Santísima Virgen María, es el heredero del trono de David (Lucas 1, 32), quien era originario de la ciudad de Belén. Por esto mismo estaba profetizado en Miqueas 5, 1 que el mesías habría de nacer en dicha ciudad: "En cuanto a ti, Belén Efratá, la menor entre los clanes de Judá, de ti sacaré al que ha de ser el gobernador de Israel; sus orígenes son antiguos, desde tiempos remotos".

Como sabemos, esta profecía del profeta Miqueas se cumplió tal y como lo relata en el Evangelio de San Mateo 2, 1 "Nacido Jesús en Belén de Judea, en tiempo del rey Herodes, unos magos que venían del Oriente se presentaron en Jerusalen..." 


Incluso Herodes convoca a los sumos sacerdotes y a los escribas para preguntarles dónde debía nacer el mesías de Israel, y ellos le confirmaron que en Belén usando el texto de Miqueas, como se relata en los versículos posteriores al que ya hemos citado del evangelio de Mateo.

¿Pero aparte de la conexión con el rey David, podrá el nacimiento de nuestro Señor Jesús en Belén tener un significado aun más especial y profundo, un significado Eucarístico?
 

En la Biblia nada es casualidad, Jesús no nació en Belén simplemente porque sí, y tampoco lo hizo únicamente porque de allí fuese originario David, sino también porque el nombre de Belén está relacionado con aquello que Jesús es: El pan de vida.

Jesús, sobre todo en lo relatado en Juan 6, nos anuncia que Él mismo es nuestro pan de vida eterna, el pan del cielo. «"Jesús les respondió: En verdad, en verdad les digo: No fue Moisés quien les dio el pan del cielo; es mi Padre el que les da el verdadero pan del cielo; porque el pan de Dios es el que baja del cielo y da la vida al mundo"» (Jn 6, 32-33).
Jesucristo es ese pan de vida eterna ("Yo soy el pan vivo, bajado del cielo. Si uno come de este pan vivirá para siempre" Jn 6, 51), quien se da en alimento a nosotros por medio de la Eucaristía.

¿Pero y a todo esto, qué tiene que ver Belén con que Jesús sea el pan vivo bajado del cielo?

Pues es muy sencillo: Belén (בית לחם) significa en hebreo nada más y nada menos que "Casa del Pan", לחם(pan) בית(casa).

Hasta ese detalle estaba finamente ordenado por Dios, que en otro tiempo se apiado de los israelitas y les mandó el maná, una figura del verdadero pan, del pan perfecto que es su Hijo Jesucristo, y como estupendo e inmejorable signo, lo hizo nacer justo en Belén, "la Casa del Pan".

miércoles, 20 de abril de 2016

Qué es la intercesión de los santos explicado en un sencillo esquema.

1. La intercesión NO significa pedir milagros directamente a María o a los santos.
 

2. La intercesión NO significa que necesitemos de la intermediación de María o de los santos para poder ser escuchados por Dios.
 

3. Recurrir a la intercesión NO significa que creamos que tenemos cerrado el acceso al trono de Dios y que debamos de dejar a medio camino nuestras oraciones para que otros las lleven ante Dios.

4. La intercesión de los santos NO significa que sean mediadores ante el Padre; NO es lo mismo la mediación, que le corresponde única y exclusivamente a Jesucristo, que la intercesión, la cual podemos hacer todos por todos.

5. SÍ creemos que la intercesión significa que podemos pedir al vecino, a un familiar, al presbítero (sacerdote), al hermano de la Iglesia o a un santo en el cielo que por favor pidan por nuestras intenciones, no en sustitución de nosotros, sino CON NOSOTROS, unidos a nuestra oración.