jueves, 14 de julio de 2016

Razones teológicas que permiten a los cristianos usar imágenes.

El uso de imágenes sagradas posiblitado por la encarnación del Verbo de Dios en el contexto teológico del nuevo testamento.

Aunque los apologetas católicos han escrito kilométricamente al respecto de las imágenes, presentando los argumentos bíblicos que demuestran cómo en el antiguo testamento fue Dios mismo quien mandó a los israelitas a construir imágenes y que el templo de Jerusalen estaba lleno de éstas, por lo cual se concluye que es incorrecto afirmar que en todos los casos el elaborar o tener imágenes religiosas implique incurrir en idolatría, creo que no está de más volver a tocar el tema, pero ahora abordándolo desde el enfoque del contexto del nuevo testamento. 

La encarnación del Verbo y el uso de las imágenes.
 

¿Podría ser que la comprensión del misterio de la encarnación del Verbo de Dios sea la clave para entender que bajo el Nuevo Pacto es lícito el uso de imágenes relacionadas con lo sagrado? Creemos definitivamente que sí.
 

Si entendemos y admitimos que el Verbo de Dios se hizo hombre y camino entre los hombres, es lógico reconocer que su presencia visible en el mundo inaugura no solo un nuevo pacto, sino toda una nueva comprensión de la relación de Dios con los hombres en este nuevo pacto, su cercanía con nosotros, y las nuevas formas en que los hombres expresamos lo divino, pues no puede ser igual la forma de percibir, expresar y dar trato a lo divino cuando crees en un Dios que no se ha presentado en ninguna forma concreta, como ocurrió en el antiguo pacto, a la realidad de la nueva alianza, en que creemos en ese mismo mismo Dios, pero ahora con la varienta de saber que asumió características humanas en la persona de Jesús.
 

En el antiguo pacto la prohibición de las representaciones de lo divino eran muy claras en algunos pasajes del antiguo testamento, pero con todo y eso había representaciones sagradas, como los querubines sobre el arca de la alianza, o los dos enormes querubines de madera de olivo en el Santuario, pero la figura de Dios directamente no podía ser representada.
 

Ahora bien, ¿cuál era la razón por la que no se podía representar a Dios en una pintura o escultura? En el templo había imágenes de ángeles, leones, bueyes, palmas y guirnaldas como relata el libro de 1 de Reyes, ¿pero por qué no había una imagen de Dios? La Escritura nos da claramente la respuesta y la explicación en Deuteronómio 4, 12 «El Señor les habló desde el fuego y ustedes escuchaban el sonido de sus palabras, pero no percibían ninguna figura sólo se oía la voz.» Y en los versículos 15 y 16: «Tengan mucho cuidado, puesto que no vieron figura alguna el día en que Yahvé les habló en el Horeb de en medio del fuego, no vayan a pervertirse y se hagan escultura de cualquier representación que sea: figura masculina o femenina.»

¡Por eso en el antiguo pacto no podía representarse visualmente a Dios, porque no se tenía una imagen de Él! Aquellos israelitas habían escuchado solo una voz, por lo que hubiera sido atrevido tratar de representar con una figura masculina o femenina la voz de Yahvé, sobre todo entendiendo que para ellos, con el conocimiento revelacional que tenían hasta entonces, Dios no podía tener una forma humana.
 

¿Pero estamos actualmente en las mismas condiciones bajo las cuales se escribieron los versículos recién citados de Deuteronomio? Al menos que el lector se trate de algún miembro de los testigo de jehová, quienes niegan categóricamente la divinidad de Jesús, y que por tanto pueda objetar que a Dios aun no le ha visto nadie, cualquier otro lector, verdaderamente cristiano, tendrá que reconocer que entre el contexto histórico aquel en que se escribieron aquellas prohibiciones, a nuestro actual contexto, hay un abismo, pues ahora no solamente tenemos el conocimiento audible de Dios, sino que sabemos, como decíamos en un párrafo anterior, que la relación del Creador con sus creaturas se hizo tan estrecha y palpable que tomó carne en Jesús nuestro Señor, verdadero Dios y verdadero Hombre.
 

Por ello el Magisterio declara en el numeral 2131 del Catecismo de la Iglesia católica:
 

«2131 Fundándose en el misterio del Verbo encarnado, el séptimo Concilio Ecuménico (celebrado en Nicea el año 787), justificó contra los iconoclastas el culto de las sagradas imágenes: las de Cristo, pero también las de la Madre de Dios, de los ángeles y de todos los santos. El Hijo de Dios, al encarnarse, inauguró una nueva “economía” de las imágenes
 

Quepa aclarar, por si alguien pudiera haberlo entendido así, que no significa que la Iglesia "introdujo" las imágenes hasta el año 787, pues las representaciones divinas, lo sabemos por la arqueología y la historia de la Iglesia, estaban ya presentes desde el siglo II en las catacumbas cristianas. El Concilio aprobó el uso que de las imágenes hacías los cristianos desde siglos atrás, frente a la novedosa corriente iconoclasta (enemiga de las imágenes) que surgió en el siglo VIII pretendiendo volver a una realidad que correspondía al antiguo pacto más que al nuevo.
 

Esas últimas palabras citadas del Catecismo son esenciales para entender el nuevo escenario pactal en que el uso de las imágenes sagradas pueden ser lícitas para los cristianos, pues bien explica que la encarnación del Verbo Divino reconfiguró las condiciones que vienen a hacer válido el uso de las representaciones, del mismo modo que reordenó muchos otros aspectos de la vida religiosa de los creyentes con respecto al pasado pre-cristiano.
 

Al mostrarse el Verbo de Dios en la carne, con una figura humana masculina, superó las condiciones que daban pie a la prohibición de representar a lo Divino. Aquellas prohibiciones del antiguo testamento estaban moldeadas solo para el contexto y la revelación parcial dada hasta ese momento.
 

A un nuevo pacto corresponden también nuevas realidades, muchas prohibiciones del antiguo pacto quedaron superadas por el acontecimiento divino de la encarnación de la Segunda Persona de la Trinidad, eso incluye a la prohibición de las representaciones visuales de lo sagrado y lo divino.
 

Indicio de la aprobación de Jesús a las imágenes en el nuevo testamento.
 

Además del propio cambio de las circunstancias pactales que trajo consigo el conocer la encarnación de Dios, podemos también observar en las páginas del nuevo testamento un hecho que parece sugerir que Jesús no tenía ningún problema con la existencia de esculturas por sí mismas.
 

En Mateo 23, 29 vemos a Jesús describiendo la hipocresía de los escribas y los fariseos, que si bien edificaban los sepulcros de los profetas y adornaban los monumentos de los justos, no representaban la santidad de aquellos profetas y justos:
 

«¡Ay de ustedes, escribas y fariseos hipócritas, porque edifican los sepulcros de los profetas y adornan los monumentos de los justos, y dicen 'Si nosotros hubiéramos vivido en el tiempo de nuestros padres, no habríamos tenido parte con ellos en la sangre de los profetas!'» (Mt. 23:29)
 

Véase que aquello que Jesús reprocha es la hipocresía de los fariseos y los escribas, por honrar a los profetas pero no ser verdaderamente seguidores de la fe de éstos, nótese que no les reprocha el hacer monumentos, no expresa en ningún momento algún enojo porque hayan sido adornadas aquellas esculturas, ni manifiesta ninguna prohibición al respecto de construirlas, lo que hace es dejar en evidencia la hipocresía de los constructores, lo cual es muy distinto.
 

Y notemos en este pasaje otro elemento sumamente importante: Jesús dice "adornan los monumentos de los justos", obsérvese que nunca dijo "adornan a los ídolos". Esto es de una importancia mayúscula. ¡El mismo Señor Jesucristo nos deja ver que no es lo mismo el monumento construido a un justo, que a un ídolo! No es lo mismo representar en una escultura a una persona que ha sido creyente y servidora del Dios verdadero (como lo son los profetas, María, los santos, etc.) a representar a dioses falsos y ajenos. La diferencia es descomunal.
 

Mírese que Jesús tampoco dijo que detrás de aquellos monumentos de los justos hubieran "demonios", como ahora dicen los grupos fundamentalistas que hay detrás de las imágenes cristianas de Jesús, de la Virgen o de los santos.
 

Es la única vez en todo el nuevo testamento en la que Jesús habla al respecto de imágenes en honor a personas humanas, y no se refirió a ellas como ídolos.
 

Posibles objeciones y sus respuestas:
 

Aun con la explicación desarrollada hasta aquí, es común que en los debates prevalezcan objeciones fundamentadas en una supuesta prohibición neotestamentaria:
 

- Objeción con Romanos 1, 23.
Respuesta: Pablo está hablando de una situación muy concreta, la adoración idolátrica a toda clase de dioses falsos, extaños y ajenos al único Dios verdadero, a los que se habían entregado tanto Israel y todos los pueblos gentiles vecinos. Es imposible intentar aplicar este versículo a las imágenes cristianas sin torcer por completo toda la intención con la que fue escrito.
 

- Objeción con Hechos 17, 29
Respuesta: De igual modo hay que mirar el contexto correcto para no darle un mal uso a los versículos. Pablo aquí está en Atenas, en medio de una cultura ajena a aquella en que se conocía al Dios verdadero, el Dios de Abraham, Isaac y Jacob. Pablo está hablando a una comunidad helénica en que se creía en una extensa variedad de falsos dioses a los cuales los griegos adoraban y representaban en imágenes. No podemos comparar una imágen que represente a Zeus con una que represente a Jesucristo, el primero es un dios falso, un ídolo en toda la extensión de la palabra; Jesús en cambio es el Hijo de Dios y Dios mismo.
 

- Objeción "Los apóstoles no mandaron hacer imágenes".
Respuesta: En efecto, en ninguna parte del nuevo testamento se refiere a que los apóstoles hayan ordenado hacer imágenes, pero de ahí es imposible dar el salto y concluir que por tanto prohibían hacerlas. Afirmar tal cosa sería construir una falacia ad ignorantum: La falacia podría ser resumida más o menos así: "no existe orden de los apóstoles en la biblia para hacer imágenes, luego entonces estaban en contra de hacerlas". Sería además de una falacia, la evidencia de una interpretación bastante superficial de la Escritura.
 

Conclusión.
 

No hay, en el contexto y las condiciones teológicas de la nueva alianza, razones para suponer que el uso de imágenes alusivas a la fe cristiana constituya alguna clase de "idolatría". Por otra parte, el católico siempre debe estar alerta de no caer en usos excesivos o distorsionados de las imágenes, ni darles más importancia de la que corresponde, teniendo claro, como decía San Basilio que "el honor dado a una imagen se remonta al modelo original", y nunca al objeto por sí mismo. 

Alfredo Rodríguez

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