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sábado, 29 de julio de 2017

Libro católico: Pensamientos de un protestante sobre la Iglesia católica y el protestantismo (Capítulo I).

Intentando recuperar antiguo material católico que pueda ser de valía para los cristianos de hoy, hemos transcrito y hacemos público este breve libro de Reinhold Baumstark, un literato, historiador, y político alemán del siglo XIX que, analizando la convulsionada Europa que le tocó vivir, y estudiando el estado de desmedida división del protestantismo, así como la rendición de muchas iglesias protestantes al mundo liberal moderno, cada vez más secular y menos cristiano, y viéndose atraido por el catolicismo, por el cual se interesó gracias a sus viajes a España, se decidió a escribir estas reflexiones en el contexto de la invitación del Papa Pio IX a los cristianos separados de la Iglesia para reconciliarse con la misma. Baumstark escribió este libro en 1868, y un año más tarde, en junio de 1869, su conversión sería oficial y entraría formalmente a la Iglesia católica, a la que perteneció durante el resto de su vida.

Podrás ver el índice del libro más abajo, cada capítulo tiene su enlace correspondiente.
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PENSAMIENTOS DE UN PROTESTANTE SOBRE LA INVITACIÓN DIRIGIDA POR PIO IX A LOS CRISTIANOS DISIDENTES PARA RECONCILIARSE CON LA IGLESIA CATÓLICO-ROMANA.
 
Por: Rainaldo Baumstark.
Índice:


Preliminares.

La Cabeza de la Iglesia católico-romana, con motivo del concilio que ésta se prepara a celebrar, ha dirigido su potente voz a los cristianos disidentes, invitándoles a que retornen al seno de la madre común. No me he entretenido en averiguar la impresión que haya hecho ese llamamiento en los hombres de las diversas ideas dominantes hoy en el mundo; un trabajo de esa índole sería de todo punto excusado. Pues salta a los ojos que la prensa diaria a cargo de judíos, o con dinero judío asalariada, no puede contestar a las palabras de Pio IX sino con escarnio, invectivas y dicterios. Y es a sí mismo natural que los periódicos ingleses, grande si se quiere por sus descomunales dimensiones; que los periódicos de esa Inglaterra, tan profundamente abatida en el terreno político y religioso, hayan aparentado recibir con la sonrisa del más soberano desdén la grave palabra dirigida a la cristiandad por el atribulado Anciano.  El papel de la Gran Bretaña se halla hoy día reducido a repartir Biblias por entre el católico pueblo rural de España, mientras que la propaganda católico-romana celebra numerosísimos y espléndidos triunfos, obtenidos en las clases alta y media de la sociedad inglesa. Tampoco me admira que rechacen la invitación del romano Pontífice aquellas personas que con rectitud y buena fe permanecen en el terreno de la convicción luterana, y a quienes basta esta convicción para descifrar el enigma de la vida. A todos aquellos, en fin, a quienes la religión no inspira en general ningún interés, les importará bien poco la cuestión de si Pio IX ha tenido o no motivo para hacer el llamamiento.
 
No he leído una línea siquiera sobre el modo con que han sido recibidas las palabras del Papa por los hombres de las referidas u otras cualesquiera ideas. Estas páginas, por consiguiente, no tienen por objeto impugnar ajenas opiniones en la cuestión presente. Su único fin es manifestar al lector, que en ello tenga interés, el modo de pensar y sentir de un protestante, a quien, nacido y educado en el protestantismo, las vicisitudes de la vida han puesto después en íntimo contacto con hombres de ideas religiosas muy opuestas, y que en todo caso tiene la conciencia de considerar la religión como cosa muy seria. Para ello tengo ante todo que hacer el sacrificio de mi amor propio; pues estoy persuadido de que mis palabras han de ser rudamente atacadas, y lo han de ser sobre todo por esa misma canalla que ya en otras ocasiones ha intentado, si bien inútilmente, hacerme perder el reposo. Esta vez tampoco recabarán contestación de mi parte: tranquila y noblemente lanzo a la publicidad la expresión de mis convicciones, dejando que se ceben en ellas los miserables gusanos de la maledicencia.
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Si reflexionamos los protestantes sobre las palabras que nos ha dirigido el Pontífice de Roma, tenemos ante todo que contestar a una pregunta de altísima importancia, pregunta que voy a colocar al frente de mi trabajo.

I.

¿Qué ofrece a sus adeptos la iglesia evangélico-protestante?

Me sirvo de la palabra evangélico-protestante, porque me falta una expresión más propia para incluir en ella a todos aquellos cristianos que a consecuencia de la Reforma del siglo XVI no pertenecen a la Iglesia católico-romana, tales como los luteranos, zuinglianos, calvinistas, protestantes unidos, rebaptizantes, anabaptistas, irvingianos, menonitas, y en una palabra, todas las iglesias y sectas no católicas que no reconocen más fuente de convicción religiosa que la palabra de Dios consignada en el Nuevo Testamento.

Con solo echar una mirada sobre esa extraordinaria variedad y prodigioso desarrollo de comuniones y sectas como pululan por el suelo americano, podremos de antemano asegurar que lo que todas ellas tengan de común y propio, debe ser muy poca cosa, ya se considere la diversidad de puntos en que convengan, ya la importancia de estos puntos en sí mismos. Y en efecto; aparte del Evangelio que cada una interpreta a su manera, no convienen sino en la profesión de tres dogmas que son a su vez dogmas de la Iglesia católico-romana: me refiero a la fe en la existencia de Dios uno y trino, en la redención por el Hijo de Dios hecho hombre, y en la inmortalidad del alma. En  todos los demás puntos doctrinales las iglesias no católicas disienten unas de otras según las distintas comuniones; y cada una sostiene, por supuesto, con igual fuerza de convicción que la Iglesia católico-romana, que ella sola se halla en posesión de la verdad revelada.

Mas es también común a todas las iglesias disidentes su carácter negativo. Todas ellas rechazan como producto del hombre un número mayor o menor de dogmas de la Iglesia católico-romana; verdad es que no están acordes entre sí acerca de los puntos que abarca lo que designan con el nombre de invención humana; pero convienen todas en admitir menos dogmas que los católicos. Y ello no puede menos de suceder así, una vez que no reconozcan más fuente de revelación que la palabra de Dios escrita, y supuesta la vanidad que reina en su interpretación, confiada a la ciencia teológica, y, donde esta falta, al humano capricho.

De una manera análoga puede caracterizarse la vida de las iglesias disidentes en sus relaciones con las necesidades espirituales de los fieles y con el culto divino, diciendo en general, que todas ellas juntas, y cada una de por sí, son también bajo este concepto más pobres que la Iglesia católico-romana. Pues los Sacramentos, reducidos cuanto es dable y circunscritos a una esfera de acción muy limitada, no ejercen influencia continua en la vida del hombre, obligándole a tener fijas en el cielo sus miradas, desde la cuna hasta el sepulcro. El culto carece en primer lugar de la fe en la inmediata y real presencia de Dios; en su mayor parte está reducido al domingo, en que se concurre a él como se concurriría a otro espectáculo cualquiera, por vía de recreo y a fin de reponerse de las fatigas de la semana. En el fondo se reduce el culto a orar y cantar en común, y a oír una plática religiosa. Bajo todos los demás conceptos, observamos en estas iglesias la misma infinita variedad que hemos hecho notar respecto de su fe.

Así pues, considerados el símbolo de sus creencias y los medios de que disponen para obrar espiritual y moralmente sobre los fieles, resulta que las iglesias evangélico-protestantes ofrecen menos a sus adeptos, en uno y otro sentido, que la Iglesia católico-romana a los suyos.

En orden a la fe y al culto a Dios debido, no se pretende, por supuesto, que se haya de creer y practicar cuanto se pueda y cuanto más mejor; sino que se trata únicamente de establecer la verdad. Y fuente exclusiva de la verdad religiosa es para los evangélico-protestantes la sagrada Escritura interpretada por el libre examen.

Este principio fundamental, pues, es el que con especialidad debe ocuparnos. El que una cosa esté puesta por escrito, es en sí una circunstancia tan accidental, tan independiente de su ser y naturaleza, y que además la deja tan expuesta a dudas de todo género, que se subleva todo humano sentimiento a la sola idea de que el riquísimo e inagotable torrente de la divina revelación haya de circunscribirse a la forma y fondo de un breve libro, cuyo origen, sentido e inteligencia, así respecto de todo como de sus partes, han sido desde antiguo, y son todavía en la actualidad, objeto de acaloradas e interminables disputas.

Y para la interpretación del Evangelio las iglesias no católicas dirigen a sus adeptos por las vías del libre examen, precisándolas por tanto a acudir a la razón y a la ciencia. En estima y respeto por la razón y por la ciencia no quiero que nadie me gane; mas la historia del humano linaje demuestra sin género alguno de duda que la razón y la ciencia de un ser finito nunca llegarán a levantar el velo que a la Verdad absoluta encubre. Las ciencias naturales han repetido siempre por medio de sus más eminentes representantes, que no les es dado explicar el misterio de la vida. La filosofía, y la filosofía alemana sobre todo, ha llegado casi a convencerse de que por sí sola no puede dar nada positivo sobre las relaciones de lo finito con lo infinito. Y la misma insuficiencia siente el protestante cuando se pone a estudiar la Biblia. Ínterin no abandona por completo el Cristianismo, le es forzoso creer sin condición alguna; pues no se necesita menos fe para aceptar el dogma de la Trinidad que para reconocer el de la Inmaculada Concepción. En manera alguna puede decirse que el uno sea más razonable que el otro; quien de sincero se precie, no tendrá reparo en confesar que ambos están igualmente sobre toda humana razón. Pero si la razón del hombre, por más que estudie, no es capaz de comprender la doctrina revelada, no aparece menos impotente para la interpretación de la Biblia; y que eso sea así, no hay más que considerar que con ella casi todos los intérpretes llegan a opuestos resultados.

Por tanto, no solo el símbolo de creencias y los medios de influencia espiritual y moral sobre los fieles, sí que también las fuentes de la convicción religiosa, son más pobres para las iglesias evangélico-protestantes que en la católico-romana.

Aunque la revolución religiosa iniciada por Lutero fue indudablemente para nuestra Alemania origen de males políticos sin cuento; aunque el triunfo de la fuerza y del derecho hollado, que con el corazón oprimido presenciamos dos años há, arranca históricamente del siglo XVI; sin embargo para mí no admite duda alguna que la Reforma fue un hecho providencial, y que como tal reportó grandes bienes al linaje humano en general.  Mas para contestar a la pregunta: “¿Qué ofrece a sus adeptos la iglesia evangélico-protestante?” sepamos antes cuáles fueron los principales móviles de los reformadores y los principios por ellos proclamados al izar la bandera de la revolución en el siglo XVI. Y aquí me encuentro con tres hechos o principios fundamentales:

1. Lo primero que proclamó la Reforma, si bien muchas veces como mero pretexto, fue la necesidad de reformar la vida y disciplina eclesiástica, tanto en la cabeza como en los miembros. Este pensamiento se lo hizo propio la Iglesia católico-romana, y supo llevarlo a cabo con mejor éxito que ninguna otra comunión religiosa. Las obras de perfección cristiana en ninguna parte se practican con mayor abnegación, en ninguna parte en mayor escala, que en la Iglesia católica. ¡Mirad, oh hijos del mundo, a una Hermana de la Caridad! Ni el ángel del exterminio en horrorosa epidemia , ni el azote de la guerra en el campo de batalla, ni el lastimero grito del dolor arrancado a la vida miserable, pueden menguar el tranquilo amor y ferviente celo de esos verdaderos Ángeles sobre la tierra. ¡Y ellas no son sino un solo ejemplo entre tantos otros! De la mansedumbre, humildad y total anonadamiento de los religiosos de todas las Órdenes no quiero hablar una palabra, no sea caso que se me tuviera en adelante por un jesuita encubierto. Pero sí diré que los sacerdotes seculares católicos, a pesar de los peligros del celibato en general, de ninguna manera faltan más en este punto que sus colegas protestantes con estar casados y verse rodeados a las veces de harto numerosa prole. Y si hay alguien que, en el cuadro de perfidias y violencias que nos ofrece el mundo actual en medio de sus luchas y padecimientos, pueda mostrarme una sola figura que lleve más radiante el sello de la dignidad sobre la frente, que con mejores títulos arrebate la admiración, el amor y el respeto de todo el mundo, que la figura de Pio IX, que se levante: yo no veo ninguna. Y por eso me parece más que dudoso que la iglesia evangélico-protestante de nuestros tiempos pueda con razón considerarse superior a la católico-romana, en punto a reformas eclesiásticas.

2. Lo segundo que proclamaron los reformadores fue la necesidad del depurar el dogma, y reconstruirlo sobre el terreno del Evangelio. Combatióse como de invención humana todo lo que no se hallaba en la Biblia, y cada uno interpretaba a su manera las santas Escrituras. El Sacramento del altar, cuando la idea más espiritual que de él diera Lutero pareció sobrada poética a los que cada día iban haciéndose más positivos, hubo de convertirse en una fría ceremonia conmemorativa, desnuda de todo consuelo: fue desechada la doctrina católica sobre el purgatorio y sobre los Santos; y se eliminaron los más de los Sacramentos. No soy teólogo; más se lo bastante en materias dogmáticas para poder asegurar, que los protestantes se echan en cara unos a otros errores tan graves como pueden hacerlo respecto de los católicos; y además, que todo cristiano, por poca que sea su fe, necesita para creer algo fuera de la razón; y por último, que el dogma cristiano produce una tranquilidad plenísima en el que lo profesa, y le da la clave para descifrar todos los enigmas de la vida y del mundo, lo cual no puede decirse de ningún otro símbolo de creencias. Hasta el presente la lucha científica, trabada entre la dogmática de uno y otro campo, tampoco ha terminado que yo sepa, con la derrota decisiva de los católicos; y los protestantes en ningún caso podrán decir que están ciertos de poseer la doctrina pura de Jesucristo, mientras no se pongan de acuerdo sobre ella.

3. Lo tercero que hizo el protestantismo fue proclamar su principio constitutivo, es decir, el principio del libre examen, sin las trabas de autoridad alguna. El principio de la libertad es un pensamiento brillante, deslumbrador; pensamiento necesario en el mundo como medio de que se vale Dios para llevar al hombre a su último fin; pensamiento plenamente justificado, hasta cierto punto, en sus aplicaciones a la vida práctica. Pero aplicado al Estado y a la Iglesia el principio de libertad individual, resulta lógica y rigurosamente el principio de la revolución y del ateísmo. El hombre solo puede ser libre dentro de los límites del orden eterno; una vez traspasados estos, se precipita –aunque con repugnancia, empleo esta expresión por su propiedad- en el imperio de Satanás. Por eso no consintió nunca el mismo Lutero que se le hablara del libre examen, así que este comenzó a volverse contra los frutos del suyo; y por lo que hace a la razón humana, óigase al corifeo del protestantismo, a quien por otra parte yo respeto, desde mi punto de vista, con la misma sinceridad con que repruebo la mayor parte de sus actos, óigasele definirla con estas gráficas palabras: “La razón, dice, es la prostituta del diablo”.

He aquí lo que puede decirse del protestantismo, de la iglesia evangélico-protestante, considerada en conjunto. Cierto que encontramos en ella un principio espiritual, pero es el disolvente principio de la negación, no es un principio positivo. Por eso aquellos protestantes que, conociendo la naturaleza de la Religión revelada, profesan un conjunto mayor o menor de creencias positivas, se ven precisados a cada paso a ser infieles a ese principio, y por tanto a ser, como ellos dicen, católicos; en cuyo caso procuran consolarse con la idea de que no por ello son católico-romanos, o como en tales ocasiones suele decirse, papistas.

viernes, 27 de marzo de 2015

LA CUARTA COPA - Scott Hahn.


LA CUARTA COPA -Scott Hahn. [Traducido por J.Pinto]


El Sacramento de la Eucaristía.

Transcripción de un discurso grabado por el Dr. Scott Hahn, ex ministro presbiteriano y profesor de Teología en la Universidad Franciscana de Steubenville. La cinta original fue distribuida por Catholic Answers.

A través de la explicación del significado de la cuarta y última copa en la ceremonia de la Pascua del Antiguo Testamento, el Dr. Hahn nos explica el asombroso paralelo simbólico en la muerte de Cristo en la cruz.

Me gustaría abarcar mucho, y me gustaría adelantarles lo que voy a decirles. Me gustaría pasar por tres puntos. El primer punto que me gustaría abordar es cómo es que Cristo en la Última Cena y en la Eucaristía se ofrece como la Pascua del Nuevo Pacto, y cómo la Eucaristía y la Pascua del Antiguo Testamento son en cierto sentido, dos caras de una misma moneda. El segundo enfoque a continuación estará en la naturaleza de la Misa, como un sacrificio. Eso fue gran problema para mí, y eso es un gran problema para mucha gente fuera de la Iglesia y creo que para algunas personas en la Iglesia también, que se preguntan cómo es que después del calvario todavía se puede hablar de alguna actividad que se realice en la tierra como un sacrificio de Cristo. Y, finalmente, el tercer punto de nuestra consideración será de cómo debería ser nuestra reacción a la de nuestro Señor en la Eucaristía, en el Santísimo Sacramento. En otras palabras, ¿por qué debemos adorar a nuestro Señor en la Eucaristía en lugar de hacerlo frente a cualquier otro lugar donde nos encontremos? En otras palabras, vamos a concluir sobre la nota de la adoración eucarística, y por qué eso es un acto oportuno, adecuado y muy necesario para la devoción de la familia de Dios, la Iglesia Católica.

Volvamos a lo primero, la Eucaristía como Pascua. Lo que me gustaría compartir en esta primera parte no es sobre lo que los teólogos llaman fe, no es un dogma infaliblemente definido que une la conciencia, el intelecto y la voluntad de todos los creyentes católicos. En su lugar, lo que me gustaría hacer es compartir mi propio estudio de las Escrituras de una forma abreviada, lo que me llevó a ver algo que yo no creía que fuera posible, me dejó ver que la Última Cena y el sacrificio de Cristo en el Calvario y la Eucaristía son todos una sola pieza. Algunos eruditos pueden discutir esto. Ustedes no van a encontrar que todos los estudiosos de las Escrituras estén de acuerdo en todas las cosas en estos días, así que no me quita mucho el sueño el hecho de que puede haber algunos estudiosos de las Escrituras que se disputen este punto. Pero a través de mi propio estudio - y he comprobado esto con otras personas que están más calificadas y eruditos mejor entrenados que yo– ayuda. Ha sido una explicación que ha proporcionado una visión a otros también. No es del todo original, pero para mí fue mi propio descubrimiento antes de que yo lo descubriera en los escritos de otros grandes autores santos y sabios.

Cuando pensamos en la forma en que Cristo instituyó la Eucaristía, obviamente nos colocamos en la habitación superior. Y recordamos justamente algunos hechos bien conocidos. Él y sus discípulos estaban celebrando la fiesta que conocemos como la Pascua. Probablemente, la fiesta más importante de todo el calendario judío en aquel entonces, ya que marcó el evento que significó el acto de la salvación de Dios, la obra de Dios. Siglos, más de mil años antes, cuando Moisés y las doce tribus de Israel se encontraron a sí mismos como esclavos en el bajo Egipto. Y ustedes saben cómo fue que Dios llamó a Moisés desde la zarza ardiente y le dijo: "Ve y dile a Faraón lo siguiente: ‘Israel es mi hijo primogénito'”. Ahora, esta es una declaración muy interesante, para empezar, porque esa idea de hijo primogénito es muy esencial para la propia Pascua. "Israel es mi hijo primogénito". Dios está diciendo algo a Egipto y a todas las demás naciones: 'Ustedes están esclavizando e ignorando y maltratando a su hermano mayor' Esto implica que todas las naciones ante los ojos de Dios son como hijos, pero ese respaldo a Israel le daba una clase de primacía, como la del hermano mayor. "Israel es mi hijo primogénito. Ve y dile al Faraón que Israel es mi hijo primogénito. Déjalo ir para que me sirva o de lo contrario mataré a tus hijos primogénitos”. Y ustedes conocen la historia sobre las plagas y de cómo llegaron a Egipto y cómo el faraón mantenía el endurecimiento y alejamiento de Dios y no los escuchó, o el escuchaba y actuaba como si él fuese a ceder pero, en el último minuto, se daba la vuelta y endurecía un poco más su corazón. Hasta que por fin llegó la décima plaga, que era la plaga del ángel de la muerte, la muerte visitando a los hijos primogénitos de Egipto. Todos los primogénitos deberían morir, no sólo los hijos primogénitos de Egipto, excepto por una cosa: la Pascua. Si ustedes y su familia a través del padre agarraban un cordero y lo sacrificaban y rociaban su sangre sobre el dintel de la puerta y se comían la comida, ustedes podrían despertar y su hijo primogénito lo encontrarían vivo. Y, por supuesto, las familias egipcias no lo hicieron, las familias Israelitas lo hicieron y por eso ellos fueron sacados en éxodo hacia el Monte Sinaí donde Dios hizo un pacto con ellos, donde Él, como un padre, entró en una relación amorosa con su hijo. Es casi como una boda nupcial... es como un encuentro matrimonial.

Ese es el trasfondo del Antiguo Testamento. Lo que todo esto significaba es que esto era el evento del pacto. En otras palabras, lo que Dios estaba interesado en hacer era restaurar la pureza de la familia y la comunión de la familia de sus hijos, el pueblo de Israel. La Pascua era el agente de unión que lo provocaría, a través de la sangre del cordero, ese sacrificio. Y así fue celebrado por miles de años, y todavía lo hacen los judíos, como el signo de la alianza mosaica. Ahora recuerde, un pacto es un vínculo familiar sagrado, es algo más que un contrato. Y recordemos también que los hijos primogénitos fueron marcados para su destrucción. En otras palabras, Egipto ofrecía un sacrificio y lo mismo hizo Israel. El sacrificio de Egipto fue forzado: sus hijos primogénitos. El sacrificio de Israel fue voluntario: el cordero sin mancha. Todo esto es clave, creo yo, para entender el contexto del Nuevo Testamento de la Última Cena y de nuestra propia Sagrada Eucaristía, porque cuando Cristo instituyó la Eucaristía, como ya he dicho, ésta tiene lugar en el Cenáculo de la Última Cena. ¿Y qué estuvieron haciendo ellos para la celebración de la Pascua? Lucas 22:15: "Con ansia he deseado comer esta Pascua con vosotros". Así también en Marcos capítulo 14: "Sus discípulos le dijeron: ‘¿Dónde quieres que vayamos y preparemos para que comas la Pascua?’ Y Él les dio las instrucciones, y los discípulos salieron, entraron en la ciudad y lo encontraron como les había dicho y prepararon la Pascua.” Y ustedes saben las circunstancias y los detalles que rodearon la Última Cena. No voy a relatarlas todas, pero vamos a repasar las características más sobresalientes. En Marcos 14:22 y siguientes, leemos: "Y mientras comían, tomó pan y lo bendijo, lo partió y lo dio a ellos y les dijo: 'Tomad, esto es mi cuerpo, y tomó una copa y habiendo dado gracias [la palabra griega que es eucharisto] se la dio a ellos y bebieron todos de ella, y Él les dijo: 'Esto es mi sangre del nuevo pacto, que es derramada por muchos." Y luego añade una especie de declaración inusual: "En verdad os digo que desde ahora no beberé más del fruto de la vid hasta el día en que lo beba de nuevo en el reino de Dios. Y luego, cuando hubieron cantado el himno, salieron en la noche al monte de los Olivos.” Ahora esto puede no parecer muy importante para ustedes, pero para los académicos que estudian los relatos evangélicos de la Pascua en el aposento alto, hay un gran problema. ¿Por qué? Porque sabemos la forma en la que la Pascua se celebra desde hace siglos, durante milenios, es una liturgia muy antigua, es bien sabido, no es ningún secreto. Los judíos todavía lo celebran con la misma estructura. Hay cuatro copas que representan la estructura de la Pascua. La primera copa es la de la bendición del día de la fiesta, es la copa del kidush. La segunda copa de vino se produce realmente en el comienzo de la liturgia pascual en sí, y que consiste en el canto del salmo 113. Y luego está la tercera copa, la copa de la bendición que implica la comida real, el pan sin levadura, y así sucesivamente. Y luego, antes de la cuarta copa, se canta el gran Hillel, el Salmo: 114, 115, 116, 117 y 118. Y después de cantar los salmos se procede a la cuarta copa, que a efectos prácticos es el punto culminante de la Pascua.

Ahora ¿cuál es el problema? El problema es que el relato del evangelio, después que la tercera copa fue bebida, Jesús dice algo como esto: "Desde ahora no beberé más del fruto de la vid, hasta que yo entre en el reino de Dios". Y dice: "Luego cantaron los salmos". Cada judío que conoce la liturgia debería esperar que: siguieran adelante y dar las gracias y la bendición, y tomarían la cuarta copa, lo que conduciría al punto culminante de la Pascua [fiesta judía de la celebración de su liberación de los egipcios] y final de la Pascua. Pero no, el relato del evangelio dice que cantaron los salmos y salieron en la noche.

Estoy seguro que esto no parece ser un gran problema y desde hace mucho tiempo no parecía importante para mí, pero ha llevado a muchos estudiosos a preguntarse de que si Él estaba realmente celebrando la Pascua, no destruiría la liturgia de esa manera tan simple. Ustedes no le pasarían por un lado a la parte más importante. Sería como decir que en la Misa pasaras a la Eucaristía, olvidando las palabras de la consagración. Así que, ¿qué fue lo que hizo Jesús? Otros estudiosos dicen que, bien, respaldan el que no debe haber habido una cuarta copa. Pero las veneradas y antiguas tradiciones como esa no resurgen de repente en una noche y luego cubren el mundo como lo hizo la liturgia de la Pascua, con las cuatro copas. Así que parece probable que pueda haber una explicación mejor. Pero, ¿dónde? ¿Por qué el saltó la cuarta copa? Después de todo, Él fue criado como un judío, había estado celebrando la Pascua todos los años de su vida desde que era un niño de acuerdo a las estrictas leyes de Moisés, puede que exista tal vez una razón psicológica. Tal vez Él estaba tan ansioso, tan tenso por lo que Él sabía que iba a hacer, Él – dice por ejemplo, leemos en Marcos 14:32: “Ellos salieron a un lugar llamado Getsemaní y dijo a sus discípulos: ‘Siéntense aquí mientras voy a orar.’ Llevó consigo a Pedro, Santiago y Juan, y comenzó a entristecerse y a angustiarse, y Él les dijo: ‘Mi alma está triste hasta la muerte’”.

Eso es lo que nuestro Señor sentía, por lo que algunos han dicho que tal vez Él no estaba lo suficientemente alerta para seguir todo el camino de la liturgia, sino que estaba distraído. Dudoso, muy dudoso. El no pasaría por alto algo tan esencial y culminante como eso. Todo lo demás funcionó según lo planeado. Ellos cantaron los salmos y luego salieron en la noche. Creo que la respuesta está en otra parte. ¿Adónde se fueron? Bueno, acabamos de leer, a Getsemaní. ¿Y qué hizo? Él oró, porque su alma estaba muy angustiada. Tengan en cuenta lo que Él oró, y por qué y cómo lo hizo. Tres veces cayó al suelo y le dijo a su padre, clamó. "¡Abba, Padre!" Cayó al suelo y tres veces le dijo al Padre: "¡Abba, Padre!". El más íntimo de los términos. "Todas las cosas son posibles para ti. Quita de mí esta copa. Sin embargo, no se haga lo que yo quiero, sino lo que Tú quieras". Quita esta copa. ¿Qué es esta copa? Ahora, algunos expertos sugieren que esto se remonta a una imagen utilizada por Isaías y Jeremías, al hablar de la copa de la ira de Dios que el Mesías, el siervo sufriente de Dios, había de beber. No hay duda de que alguna conexión pudiera haber allí, pero mucho más probable, creo yo, es una conexión entre la liturgia interrumpida que debió haberse seguido estrictamente hasta el final y esta súplica sincera sería la oración de nuestro Salvador. Quita esta copa. El también dijo, sin embargo, "Yo no voy a probar del fruto de la vid de nuevo hasta que yo entre en el reino.”

Entonces, ¿qué es lo que vemos en la medida que se desarrolla la trama? Bueno, en Marcos 15:23, en el camino hacia el Calvario, después de haber sido golpeado y azotado y abusado, ¿qué es lo que algunas personas ofrecen a nuestro Señor? En Marcos 15:23, le ofrecen vino mezclado con mirra, que era un opiáceo, un analgésico, pero, no quiso tomarlo. ¿Por qué no? Bueno, sin duda, porque Él estaba allí para aceptar el sufrimiento por los pecados del mundo. Pero también había dicho: "No voy a probar del fruto de la vid hasta que venga otra vez en el reino." Así que él no tomaría el vino. Pero luego nos dirigimos a San Juan, capítulo 19 - si usted tiene una Biblia, vaya conmigo a Juan 19. Si usted no tiene una Biblia, lo que es probablemente una costumbre católica [risas]. Lo siento, es uno de esos chistes de la conversión; la culpa es ¡mía! [Risas] - Juan 19 describe en detalle lo singular del sacrificio de nuestro Señor. No hay duda del hecho de que San Juan, el discípulo amado, entendió el sacrificio de nuestro Señor como la culminación, el cumplimiento de la Pascua del Antiguo Testamento. Por ejemplo, ¿por qué es que Jesús pasó a llevar un vestido de lino sin costuras en la cruz, cuando coincidentemente eso es lo que el sacerdote tenía legislado para usarlo cuando se hacía el sacrificio de la Pascua? Aquí está el verdadero sacerdote, así como la verdadera víctima. Y cuando Él fue crucificado, a diferencia de los dos ladrones, cuyas piernas tuvieron que ser quebradas para acelerar la muerte, sus huesos no fueron rotos. ¿Por qué? Para el cumplimiento de la Escritura donde dice: "Ninguno de sus huesos será quebrado.” Una de las cosas es que si usted tomaba un cordero para sacrificarlo para la Pascua y descubría que tenía un hueso roto, tenía que descartarlo y obtener otro. Lo único bueno para el sacrificio sólo era un cordero sin huesos rotos. Juan ve en esto mucho más de lo que nosotros vemos, pero una cosa en particular. El versículo 28, "Después de esto"- en el final de sus crueles sufrimientos- "Sabiendo Jesús que ya todo estaba cumplido, dijo, con el fin de cumplir con las Escrituras, 'Tengo sed’" Ahora, Él había estado en la cruz por horas. ¿Es este el primer momento de la sed? No, Él había estado atormentado por el dolor y el morir de sed durante horas. Pero Él dice, a fin de cumplir la Escritura: "Tengo sed". ¿Por qué? Para el cumplimiento de la Escritura.

Había un cuenco de vino agrio allí. Le pusieron una esponja empapada de vinagre en una rama de hisopo - la misma clase de rama que los israelitas tenían que usar para rociar la sangre del cordero en el dintel de la puerta, bastante coincidencia - y la acercaron a su boca. Antes, cuando le ofrecieron vino, ¿qué hizo? Él lo negó: "No voy a probar del fruto de la vid porque estoy entrando en el reino." Se saltó la cuarta copa y luego se fue a orar, "Quita esta copa, no como yo quiero, sino como tú quieres," Y ahora Él ha ido y cumplido la voluntad hasta el extremo, en obediencia sufriente y perfecta al Padre, en un acto de amor inefable.

"Le pusieron una esponja empapada de vinagre en el hisopo y se la acercaron a la boca. Cuando Jesús hubo tomado el vinagre, dijo las palabras que se hablan en la consumación de la cuarta copa, "Consumado es." ¿A qué se refiere esto? Esa pregunta gramatical comenzó realmente a molestarme en algún momento. Le pregunté a varias personas y su respuesta fue general: "Bueno, esto significa la obra de la redención que Cristo estaba haciendo.” Muy bien, eso es cierto, estoy de acuerdo en que Él hace referencia a eso, pero en su contexto. Un exegeta, un intérprete capacitado de la palabra se supone que debe encontrar el significado contextual, no sólo importa el sentido que dé un libro de teología. Lo que Jesús estaba hablando cuando dice: "Todo se ha cumplido" quiere decir, nuestra redención no estaba completa hasta que Él no fuese levantado. Pablo dice: "Él fue levantado para nuestra justificación."

Entonces, ¿de qué está hablando? El dijo: 'Todo está cumplido’, y habiendo inclinado la cabeza, entregó su espíritu, su aliento. Lo que, por supuesto, te das cuenta ahora, es el sacrificio de la Pascua. Porque, ¿quién es Jesucristo? Él es el sacrificio de Egipto, el hijo primogénito. Recuerden, los egipcios involuntariamente tuvieron que ofrecer a sus hijos primogénitos, como expiación por sus propios pecados y maldades. Cristo muere por Egipto y el mundo. Además, Él es el cordero de la Pascua, el cordero sin mancha, sin huesos rotos que se ofrece para la vida del mundo. Esto encaja con el evangelio de Juan, porque tan pronto como Jesús fue presentado en el capítulo 1 del cuarto evangelio por Juan el Bautista, ¿qué dice Juan? Él dijo: "He aquí el cordero de Dios que quita los pecados del mundo". Y aquí está el cordero, conducido hacia el altar de la cruz, muriendo como el primogénito y como un cordero sin mancha. Creo que lo mejor es decir, a la luz de las Escrituras, que el sacrificio de Cristo no comenzó con el primer clavo, no comenzó cuando la cruz se hundió en el suelo. Se inició en la habitación de arriba. Ahí es donde comenzó el sacrificio. Y también me permito sugerir que la cena de la Pascua por la que Jesús inició la nueva Alianza sellada con su propia sangre no termina en el aposento alto, pero si en el Calvario. Se trata de una sola pieza. El sacrificio se inicia en la habitación de arriba con la institución de la Eucaristía y termina en el Calvario. El Calvario se inicia con la Eucaristía. La Eucaristía termina en el Calvario. Sin embargo, otra forma de pensar, ¡esto aún no ha terminado! Porque esto no se acaba hasta que esto se acabe. Pablo nos dice en 1 Corintios 5:7-8, "porque nuestra pascua, que es Cristo, ya fue sacrificada por nosotros”, por lo tanto ¿qué? - ¿No necesitamos tener más sacrificio? Por lo tanto, ¿nosotros no necesitamos tener otro ritual más, y todo lo que tenemos que hacer es tener una relación personal con Jesucristo e invitarlo a nuestros corazones y todo lo demás está a cargo de Él? No, Él es muy conocedor del Antiguo Testamento para decir algo así. Él dice: "Cristo, nuestro cordero de la Pascua ha sido inmolado; por lo tanto, vamos a celebrar la fiesta." ¿Qué fiesta? La fiesta de la Pascua completa. Esta no está terminada todavía. ¿Qué quiere decir?

Bueno, regresemos al Antiguo Testamento, al libro de Éxodo. Supongamos que esa noche como jefe de mi casa y padre, he sacrificado un cordero sin mancha y sin huesos rotos, y rocío su sangre sobre el dintel de la puerta, y entonces digo: ‘Familia, estamos seguros, vamos a ir a la cama', y nos vamos a la cama. Yo despertaría en la mañana con la tragedia. Mi primogénito estaría muerto. ¿Por qué? Había que comer el cordero. No es suficiente matarlo. Esa es la satisfacción por el pecado, pero el objetivo final de sacrificio no es la sangre y Dios asegurándose de que ve la muerte. El objetivo final es restaurar la comunión con Dios. Y esto es lo que significaba comer el cordero. ¿Quién comparte una comida en común? La familia. ¿Y qué es este signo? El pacto. Y ¿qué es un pacto? Un vínculo de la Sagrada Familia. En el Antiguo Testamento cualquier familia que sacrificó un cordero y esparció la sangre tenía que comer el cordero. No era suficiente decir: 'Bueno, no les gusta el cordero, ¿verdad, chicos? ¿Por qué no hacer galletas con forma de cordero? Obleas pequeñas de cordero que simbolicen el cordero. Vamos a comer eso y será suficiente, ¿verdad? Presencia simbólica del cordero, y todo eso. No, me despertaría y ustedes estarían muertos. Ustedes se comieron el cordero y quemaron lo que quedaba. Pero ustedes comieron el cordero para restablecer y restaurar la comunión con su Padre celestial por medio de su Hijo primogénito, el Cordero. Esa es la forma en que ocurrió en el Antiguo Testamento, y San Pablo reconoce que ésta todavía es la forma que seguimos en el nuevo pacto, sólo que con creces, sólo que con más gloria. ¿Por qué? Porque Cristo, nuestra Pascua, ha sido sacrificado por nosotros. Una vez por todas en el Calvario, ha sido condenado a muerte, ¿de manera qué no tenemos nada que hacer?, ¿así celebramos el sacrificio, que ha sido terminado y hecho? - No, falta algo. Necesitamos comer el cordero. Tenemos que recibir al Cordero para restaurar la comunión y para completar el sacrificio y para celebrar la fiesta. Es correcto, y ahora lo consideramos necesario. 1 Corintios 5:7-8, "Cristo, nuestro Cordero Pascual ha sido sacrificado y ahora vamos a celebrar la fiesta." Y en los próximos cinco capítulos, de muchas maneras, San Pablo describe cómo la Eucaristía debe ser celebrada, porque es la culminación del sacrificio de la Pascua.

Este es un verdadero sacrificio. Es un sacrificio incruento, porque no estamos matando a Jesús de nuevo. Esto era algo que nunca entendía como un protestante anticatólico. Estaba seguro de que, debido a que ustedes hablan del sacrificio de la Misa, que por lo tanto, de alguna manera, ustedes creían que estábamos matando a Jesús una y otra vez y otra vez, como si una muerte no fuese suficiente. Así que nosotros asumimos y siempre enseñé que supuestamente se estaba imponiendo un sufrimiento sobre Cristo, en la Misa. Esto es blasfemo, porque esto significa que su único acto de morir no fue suficiente y nosotros tuvimos que seguir haciéndolo morir, sangrar y sufrir, y para eso es lo que es la misa. ¡De ninguna manera! Eso es anti-católico. Ningún católico puede creer eso debido a que el sacrificio de la Misa involucre algún derramamiento de sangre, muerte o sufrimiento de la persona de Cristo, quien está entronizado en la gloria y reina triunfante en el cielo. Él ha resucitado. Es ascendido. Él está en su trono, y él gobierna como rey de reyes.

¿Cómo es que él ha sido entronizado? Las respuestas del Nuevo Testamento a esa pregunta son de una manera muy reveladora. Por lo menos fue revelador para mí. Me volví hacia el libro de Apocalipsis. En el capítulo 5:5-6, donde Juan ve el rollo que está sellado en siete ocasiones y comienza a llorar porque nadie lo puede romper; ningún cuerpo puede romper y abrir los sellos para leer el libro. Y el llanto se apaga, "¡Mirad! El León de la tribu de Judá, la raíz de David, ha vencido. El león de la tribu de Judá es digno de abrir los sellos y de leer el libro. "El león de la tribu de Judá, la raíz de David, el rey conquistador, ¿verdad? Así que Juan se vuelve para ver el León de la tribu de Judá y ustedes esperan ver a este gran león con una melena brillante, como en Narnia ¿o algo así?, una bestia real y bella, y en lugar de eso se da vuelta y ¿qué es lo que ve? En el versículo 6 Juan dice: "Vi a un cordero de pie allí como si hubiera sido inmolado." El rey conquistador, el león de la tribu de Judá, la raíz de David, gobernando y reinando en la nueva Jerusalén, y glorificado, en el cielo, y cuando lo ves ¿a que se te parece? A un cordero, mirando como si hubiera sido inmolado. ¿Por qué? porque Apocalipsis 5, y luego 6 y 7 y 8, describen lo que San Juan vio en espíritu en el Día del Señor en el cielo. Y ¿adivinen qué? Es lo que se ve en el espíritu en el día del Señor en la tierra abajo. Una liturgia eucarística. Y el Cordero lleva a todos los santos y los ángeles y el pueblo de Dios en esta bella liturgia celestial.

En la Iglesia temprana los Padres pasaron esto sin discusión, no tenían que decir que la liturgia en la tierra fue inspirada tras aquella visión que San Juan tuvo del culto celestial. Pero notemos la aparición de nuestro rey conquistador. Es un Cordero como si hubiera sido inmolado. ¿Por qué? Debido a que el Espíritu Santo, resucitó el cuerpo de Jesús y fue ascendido al cielo y fue entronizado y aparece como un cordero, porque el sacrificio continúa. Debido a que el sacrificio de la Pascua en el Antiguo Testamento no fue completo hasta que todos los del pueblo de Dios, que confiaron en el Señor y que querían obedecer la ordenanza, recibieran el Cordero, y recibieran el pacto y el vínculo de la Sagrada Familia y el Cordero. Y así parecido en la nueva alianza, la familia celestial, el vínculo súper natural y celestial que nos ata como hermanos y hermanas – nosotros somos más hermanos y hermanas que nuestros propios hermanos terrenales – hermanos biológicos con quien tu compartes una familia por 60 o 70 años. Nosotros tenemos 70 trillones de años y esto solo es el comienzo. Somos la familia de Dios, que no son solamente metáforas pastorales pintorescas y sentimentales. Eso no es una bonita analogía emocional que agita nuestros corazones y nos hace sentir en el interior, cálidos y confusos. Eso es más real que cualquier cosa en esta sala. Somos hijos de Dios, comprados con la sangre del Cordero, el Cordero que está allí para que nosotros lo recibamos. El Cordero es un celebrante continuo en el cielo. Él es nuestro sumo sacerdote y él es nuestro rey. Él es nuestro maestro, nuestro profeta, y Él es el celebrante que dirige toda la adoración litúrgica de todo el universo entero como un acto de alabanza continua y la ofrece a través del Sagrado Corazón al Padre. La adoración de todos nosotros los que estamos unidos a Él como miembros de Su Cuerpo Místico, sólo es aceptable a causa de su sacrificio. Él ha cubierto nuestros pecados, él ha hecho una expiación, y sin embargo, para que el sacrificio sea completo, ¿qué debemos hacer? Debemos recibirlo.

Este hecho se nos enseñó mucho antes de la crucifixión. Por ejemplo, en Juan capítulo 6, permítanme leer desde el versículo 50 y siguientes y ver cómo es que Jesús preparó el camino e instruyó a sus discípulos para que ellos supiesen exactamente lo que debían esperar. Juan 6:50, volvamos a 6:4: "Ahora, la Pascua, la fiesta de los judíos estaba a la mano." En otras palabras, el telón de fondo para todo el discurso del pan de vida fue la estación de la Pascua. Jesús dice: "Este es el pan que descendió del cielo para que el hombre que coma de él no muera. Yo soy el pan vivo que descendió del cielo. Si alguien come de este pan vivirá para siempre y el pan que yo daré por la vida del mundo es mi carne." Estación de la Pascua. El que fue presentado en Juan 1 como el "Cordero de Dios que quita los pecados del mundo”, en tiempo de la Pascua nos dice que: "El pan que yo daré por la vida del mundo es mi carne”. Los judíos discutían entre sí, diciendo: “¿Cómo puede éste darnos a comer su carne?" Entonces Jesús les dijo: ‘De cierto, de cierto’ – en el original es amén, amén: Nosotros por lo general cerramos nuestras oraciones con Amén, pero Él comienza con esta palabra porque Él sabe que va a ser muy importante, tan cierto - "De cierto, de cierto os digo, que si no coméis la carne del Hijo del Hombre y no bebéis su la sangre no tenéis vida en vosotros. El que come mi carne y bebe mi sangre tiene vida eterna y Yo le resucitaré en el último día. Porque mi carne es verdadera comida y mi sangre es verdadera bebida. El que come mi carne y bebe mi sangre permanece en mí y yo en él". ¿Y qué respuesta obtiene Él? "Muchos de sus discípulos, cuando oyeron lo que decía dijeron: Esto es un dicho duro. ¿Quién puede escucharlo?" Pero Jesús, conociendo en sí mismo que sus discípulos murmuraban de Él, les dijo: '¿Esto os escandaliza?'" Y sigan leyendo y encontrarán que muchos de sus discípulos se volvieron atrás y ya no andaban con él.

¿Qué dijo Jesús? Vamos, muchachos, yo sólo estaba hablando en símbolos, ¿eh? Yo sólo estaba utilizando una imagen. No quiero ofenderlos. Vamos regresen. Estoy a punto de perder unos cuantos miles de aquí, vamos, los Doce, que me ayuden. No, él se dirigió a los Doce y les dijo: “¿También vosotros queréis marcharos?" Él no va a diluir la verdad. Simón Pedro le respondió: "Señor, ¿a quién iremos? Tú tienes palabras de vida eterna."

Por debajo de ese tono de voz que oímos, 'Podríamos pensar en irnos, porque lo que has dicho es bastante incomprensible, por no decir ofensivo. ¿Algún sabe de algún mesías alterno? ¿A quién iremos si te dejamos? Dado que no existen otros, vamos a estar a tu lado, sin comprender.’ Al igual que muchos de sus dichos, ellos no le entendieron hasta después de haber resucitado, después de que subió, y después de que tuvieron una visión de su rey resucitado, glorificado y entronizado. Entronizado como un cordero, "luciendo, como si hubiera sido inmolado." Debido a que Él lleva esas cicatrices, y continuamente se presenta ante su Padre en nuestro nombre y para nuestro bien como una víctima sacrificial, se une con nosotros para que como miembros de su propio cuerpo místico nos unamos con Él mediante ese sacrificio. San Pablo dice en Romanos 8 que somos considerados como ovejas para el matadero por el amor de Dios, no sólo el Cordero, pero todos entramos en Él y somos identificados con ese sacrificio de la Eucaristía en la Misa. Entonces, ¿qué es el sacrificio? Hay un sacrificio una sola vez y por todos en el Calvario. Una vez por todos. Una vez y para siempre continúa en la eternidad como el sacrificio perfecto. Yo solía tomar esto en el sentido de una vez por todas y por lo tanto no necesitaba de la repetición; esto no necesita ninguna representación. Pero luego ustedes leen en Apocalipsis 5, que Cristo continuamente está representando su sacrificio pascual como el Cordero de Dios, esperando, como si hubiera sido inmolado, ante el Padre para siempre, por nuestro bien.

Ese es el significado de nuestra liturgia terrena, del banquete eucarístico, de la Eucaristía de la Pascua, mediante la cual el Hijo primogénito de Dios, el Cordero de Dios, ha quitado nuestros pecados y nos llama a unirnos con Él. El bautismo es el sacramento de la fe en el que nos unimos para recibir el Espíritu Santo. La Confirmación es el sacramento de la esperanza en la que ganamos la potencia extra para vencer el pecado que comenzamos a cometer conscientemente, porque en la confirmación nosotros tenemos razón sólida para esperar que la gracia de Dios vaya a vencer nuestro pecado. Pero la fe, la esperanza no son nada, son sin provecho, si no existe amor. Es un juramento que Dios ha jurado: "Los amo. ¿Ustedes no me creen? Lo juro por Dios."

Ya saben cómo hace la gente un juramento: "Juro y que me muera, que se clave una aguja en mi ojo", ¿como dicen los niños pequeños? "Corto mi corazón en cuatro pedazos y que se salgan mis ojos”. Un juramento es una auto-maldición. "Juro decir la verdad, toda la verdad y nada más que la verdad, así que Dios ayúdame". Lo que significa: "Necesito tu ayuda, Dios, o yo mismo podría cometer perjurio. Y si lo hago, y sólo Tú lo sabes, pueden venir las maldiciones habidas en este libro y caer sobre mí. Y si digo la verdad, pero me acusan de mentir y soy encontrado culpable, que las bendiciones contenidas aquí desciendan sobre mí desde el cielo."

Eso es lo que significa un juramento. Dios dice: "Los amo, ¿me creen?" ¡Claro!. "Juro por mí mismo". Él jura por sí mismo de que aceptará una maldición sobre sí mismo, por amor a nosotros, de modo que sabemos que Él nos ama y... entonces Él nos llama a unirnos a Él y Él dice: "¿Me aman?" Te creemos, estamos bautizados, sabemos que Tu Gracia y poder son suficientes para vencer nuestro pecado, y así es como estamos confirmados. Y luego, cuando recibimos la Eucaristía recibimos el sacramento del amor por el cual juramos a Dios. Nosotros decimos: “Te lo juro por Dios, Te amo, ayúdame. Dame la gracia que necesito para vencer mis defectos." Eso es lo que la Eucaristía es. Uno de los pasajes que la gente deja de lado, al que quiero llamar su atención es 1 Corintios 11. San Pablo dice en el versículo 27: "27 De manera que cualquiera que comiere este pan o bebiere esta copa del Señor indignamente, será culpado del cuerpo y de la sangre del Señor. 28 Por tanto, pruébese cada uno a sí mismo, y coma así del pan, y beba de la copa. 29 Porque el que come y bebe indignamente, sin discernir el cuerpo del Señor, juicio come y bebe para sí. 30 Por lo cual hay muchos enfermos y debilitados entre vosotros, y muchos mueren. Debido a que ellos recibieron la Eucaristía de una manera indigna”. Ahora, ¿realmente crees que Pablo realmente cree que las personas están débiles, enfermos y mueren, por haber recibido la Eucaristía en pecado mortal? Es exactamente lo que él cree y nos enseña a creer. Y continúa: "31 Si, pues, nos examinásemos a nosotros mismos, no seríamos juzgados; 32 más siendo juzgados, somos castigados por el Señor, para que no seamos condenados con el mundo". Si te digo una gran historia acerca de mis 12 hijos, todos los cuales son médicos y abogados, esto sería una mentira, ¿verdad? No sería apropiado decirlo en un lugar como este, pero sólo sería una mentira, y el único problema mayor en el que podría meterme sería conseguir que mi reputación sea desacreditada. Pero supongamos que esto fuera un lugar diferente, una sala de audiencias, con estrado de testigos y yo comenzara a decir las mismas cosas. ¿Cómo lo llamamos entonces? Una mentira, perjurio. Mentir es un pecado. El perjurio es un delito. No puedo ir a la cárcel por un pecado como la mentira, ¿por qué iba a ir a la cárcel por un pecado, como el perjurio? Como decía el juez Perry Mason: "Le recuerdo, que todavía usted está bajo juramento." La palabra latina para juramento es sacramentum [periurāre]. Jesucristo nos dice a todos "les recuerdo que todavía están bajo juramento. Ustedes se han jurado a mí.". Ustedes dicen: "Dios ayúdame, me comprometo a vivir la verdad y nada más que la verdad. Tú me conoces, Dios, mejor de lo que yo me conozco. ¡Ayúdame, Dios mío! Y si juego contigo y el mundo no lo sabe, yo sé que Tú lo sabes, y no me sorprenderé si me debilito, si me enfermo o muero. Así que Dios ayúdame, ¡Dios! Ayúdame, porque tú te has comprometido conmigo y ahora ayúdame a comprometerme contigo." Eso es todo lo que es la Eucaristía. Es un sacrificio, porque el sacrificio es la esencia del amor. Usted no sólo da sus cosas, te das tu mismo. Cristo se sigue entregando, porque Cristo nos sigue amando tanto. Entonces, ¿qué podemos hacer de todo esto? En primer lugar podemos ver que el nuevo pacto de la Pascua es la Eucaristía, que es una representación del sacrificio de Cristo en el Calvario de una vez por todas. Nosotros no lo matamos otra vez, él no sufre y sangra, y no esta humillado otra vez en la Cruz del Calvario. Eso fue una vez por todas que Él murió, y ahora su muerte y resurrección están representados para siempre en el cielo como el Cordero que lleva a todos a la adoración, y está representado aquí abajo como el Cordero Eucarístico que nos lleva a todos a la adoración del Padre, como buenos hijos fieles de su familia. Ese es el corazón y el alma de nuestra fe, que es el fundamento de nuestra esperanza, que es el alma de nuestra vida como cristianos, como el cuerpo místico de Cristo, el Corpus Christi. Somos lo que comemos.

Renovamos y profundizamos nuestro compromiso con Cristo mediante la renovación y profundización de nuestro compromiso con la Sagrada Eucaristía en el Santísimo Sacramento del altar. Esto no es superstición o Hocus Pocus [conjuro mágico de brujas]. Yo estaba dando clases a principios de esta semana, y unos 30 de mis estudiantes estaban allí y les dije: "Supongamos que están en su dormitorio esta noche y están viendo las noticias de las seis y, de repente, ven a Roger Mudd diciendo: 'Hay evidencia ahora, el reporte se ha confirmado ahora, que Jesucristo está de vuelta en la tierra y está caminando por las calles de Jolliot a dos cuadras de la universidad de San Francisco." Ustedes están escuchando esto y están sentados con los pies arriba sobre una silla, y supongamos que su compañero de piso viene y les dice: '¿Qué es eso?' Ustedes le dicen: "Ellos dicen que Jesús está caminando por los alrededores a un par de cuadras de aquí, y que están tratando de conseguir una entrevista con Él. ¿Qué harían ustedes?" Todos dijeron de manera espontánea, "nos gustaría correr a verlo." Ahora, qué le dirías a tu compañero si él respondiera: "Oh, Jesús es Dios y Dios está en todas partes, puedo hablar con Jesús aquí o en el baño o afuera en el país, así que ¿para qué salir a verlo?” No, no, si amas a Jesús y Él está realmente allí a dos cuadras de distancia, irías de prisa para verle. Si usted lo ama. Y luego les dije a mis alumnos lo que yo les voy a decir a ustedes: Es que Él está a menos de dos cuadras de distancia de nosotros.

¿Realmente lo crees? No entiendo por qué es que en miles de parroquias de todo el país, la gente recibe la Eucaristía, se sientan y luego hacen las cien yardas [100 metros planos] hacia el estacionamiento, antes que la bendición haya terminado. ¿Por qué? Algunas personas salen incluso antes de sentarse. Yo llamo a esto la equivocación de Judas. Él recibió a nuestro Señor y luego salió en la noche. Ellos reciben nuestro Señor y salen en la mañana o en la tarde. ¿Realmente creemos que estamos recibiendo la segunda Persona de la Santísima Trinidad, el Logos, el Creador, el Redentor, el Rey de Reyes y Señor de señores? Él acaba de entrar en nuestro cuerpo y alma, nosotros justamente recibimos su cuerpo y sangre, alma y divinidad. ¿Creemos eso? ¿Actuamos así? ¿Hay suficiente evidencia que nos convenza de tal creencia? Dios, espero que sí. Si no es así, vamos a empezar a acumular más evidencia, vamos a poner el caso en contra de nosotros mismos, mucho más fácil para el mundo, de manera que ellos nos miren y digan "¿Ellos realmente creen que están recibiendo al Dios-hombre?”.

La Iglesia primitiva fue acusada de canibalismo, el mundo vio y entendió - parcialmente. No es canibalismo, Él está vivo en gloria, con poder - para nosotros que más lo necesitamos - si lo amamos y creemos eso en sobremanera. La Eucaristía es nuestro juramento, nuestro compromiso y ayuda de Dios. ¿Qué pasa con la adoración eucarística? ¿Es pre-Vaticano II? ¿Es un rito anticuado, medieval? ¿Es un ritual sin sentido sólo para aquellos viejos – anticuados que les gusta la antigua misa en latín y necesitan que todo sea de la forma en que fue hace cien años? No. Es para cada hombre, mujer y niño de Dios. ¿Por qué? ¿Por qué es la adoración del santísimo Sacramento tan importante? Debido a que es a Cristo a quien adoramos - el ser más adorable del mundo entero.

Quiero leerles algunas de las cosas que se me ocurrieron ayer por la noche en oración y estudio. Me encontré con una declaración de San Cirilo de Alejandría, quien dijo sobre la Iglesia primitiva - esto es una creencia que se remonta desde el principio - "Ni Cristo se ve alterado ni su cuerpo cambiado, pero la fuerza y el poder y la gracia vivificante permanece siempre con ella - la Eucaristía." San Agustín: “Nadie come de la carne sin antes adorarla. No pecamos por adorarla solamente, pero pecamos por no hacerlo”. San Agustín enseña como Doctor de la Iglesia que pecamos por no adorar la Eucaristía. El Papa Pablo VI: "Estas visitas son una prueba de gratitud, una expresión de amor, un reconocimiento de la presencia del Señor. El Papa recordó el Concilio Vaticano II. El Papa Juan XXIII dijo una vez: "Para mantenerme alejado del pecado e impedir alejarme de Él, Dios ha usado la devoción al Sagrado Corazón de Jesús en el Santísimo Sacramento. Mi vida parece destinada a ser consumida en la luz que irradia desde el tabernáculo, y que es el corazón de Jesús al que tengo que ir para la solución de todos mis problemas.”

San Juan Vianny - el Cura de Ars - dijo: "Para orar bien no hay necesidad de hablar mucho. Se sabe que el Dios bueno está allí en el tabernáculo santo. Uno abre su corazón a Él, uno se alegra en su presencia, lo cual es la mejor oración". El Papa Juan Pablo II, el Santo Padre dijo: "Deseo reafirmar el hecho de que el culto eucarístico constituye el alma de toda la vida cristiana. La visita al Santísimo Sacramento es el gran tesoro de la fe católica. Nutre el amor social y nos da oportunidades para la adoración y acción de gracias, para la reparación y súplica. Se convierte en una perfecta y sencilla, oración de amor."

Nuestro Señor está a sólo unos metros de distancia. Él no es menos real aquí y ahora que cuando vivía hace dos mil años en las calles polvorientas de Judea. Son sólo los cinco sentidos los que bloquean nuestra visión. Los ojos de la fe lo puede ver, y nosotros somos los que caminamos por la fe y no por la vista. ¿Realmente lo crees? ¿Realmente lo amas? ¿Realmente nos comprometemos a recibir todo lo que necesitamos, como decimos, "Juro solemnemente a vivir la verdad, toda la verdad, y nada más que la verdad, así que ayúdame, Dios"?.

Alguien dijo una vez: "Él esconde su adorable humanidad en la humilde apariencia del pan ordinario y vino, de forma que podamos encontrar la paz y la alegría del que viene de ser despreciado y rechazado como lo fue en su vida." Él esconde su adorable humanidad. ¿Lo adoramos en la humilde apariencia de pan y vino ordinarios? Él sostendrá nuestra alma y la vida del Espíritu como el pan y el vino sostiene la vida del cuerpo. Así que podríamos encontrar la paz y la alegría que viene del ser despreciado. El mundo se reiría de tal declaración. La Eucaristía es la prueba de que es verdad. En la Eucaristía Él ha sido olvidado, rechazado y sacrílegamente recibido y profanado, sin embargo, permanece allí para alimentarnos con su precioso cuerpo y sangre. Cuando leí por primera vez las palabras de fray Francisco María justo antes de Navidad, después de haber recibido este correo desde Marytown, tuve que salir de la habitación y confesar mis pecados y yo lloraba, y yo no soy tan emocional. Pero yo os digo, el Sagrado Corazón de Jesús nos llama a profundizar nuestro amor, y si no tenemos lo que se necesita, dice, "Ven y tómalo". Es gratis. No es barato, es gratis. Él dice: "Me costó mi vida, pero se lo doy a ustedes de forma gratuita, sólo para los que piden y buscan."

¿No le amamos tanto? ¿Creemos en Él bastante? Oremos. En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén. Padre nuestro que estás en los cielos, te damos gracias por la gloria del evangelio. Este mundo es demasiado pequeño para contenerla. Nuestros cuerpos son demasiado pequeños para vivir y para contenerla en su plenitud, así que dispón de nosotros, Señor, y llévanos al sacrificio vivo unido a Cristo, a través de su santo y aceptable ofrecimiento, que a través de nuestra la vida, a través de nuestro sufrimiento, a través de nuestro amor, a través de nuestras palabras y acciones, Cristo pueda vivir y morir y resucitar en el mundo que nos rodea, en su cuerpo místico. Estas verdades, Señor, no son verdades que sentimos o vemos. Aumenta nuestra fe y nos ayudará a adorarte más, y nos ayudará a comprometernos con decisión y coherencia a la hora de adorarte en la santa Eucaristía. Te damos gracias por este santo y augusto Sacramento. Inculca en nuestros corazones y mentes lo incomparable que es, inestimable en valor, que podría ser el tesoro que guardamos en el cielo, y que puede ser para los que vivimos y trabajamos en la tierra. Escúchanos, Señor, cuando nos unimos en la oración en familia que nuestro Señor nos enseñó hace mucho tiempo. Padre nuestro que estás..... En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.