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martes, 13 de enero de 2015

¿Es cierto que la Iglesia Católica "agregó" libros a la Biblia?

Un argumento muy usado por los hermanos de otras denominaciones es que la Iglesia católica "agregó" libros a la Biblia, específicamente al Antiguo Testamento. Recordemos que el Antiguo Testamento en las biblias protestantes cuenta con 39 libros, mientras que las biblias católicas cuentan con 46. ¿Pero por qué está diferencia? ¿La iglesia católica los "agregó" arbitrariamente en algún punto tardío de la historia? Esto es a lo que respondo más abajo a un protestante que me dice:

"La biblia cristiana evangélica no ha sido alterada estimado. Seguimos teniendo los mismo libros que el Tanaj Hebreo. Por el contrario la ICAR (Iglesia Católica Apostólica Romana), agregó 7 libros, los cuales dentro de las enseñanzas de algunos de esos libros, escapa de la real doctrina dejada en los demás libros que complementan la biblia, incumpliendo el mandato de no agregar más a la palabra de Dios y o cambiar las enseñanzas. Esto sucedió, si mi memoria no me falla aprox. en los años 1600 y pico".

Leyendo su mensaje es bastante evidente que nuestro hermano separado ignora muchísimos datos de la historia de la Biblia, de la historia de la Iglesia, y del desarrollo del canon bíblico. La Iglesia católica nunca "añadió" libros al antiguo testamento, y mucho menos en un periodo tan tardío como el año 1600.

El contenido y número de libros del 'antiguo testamento' que desde la época primitiva ha usado la Iglesia católica, y sobre todo desde que se formalizó el canon, habiéndose alcanzado un consenso prácticamente general a partir de finales del siglo IV y principios del siglo V, ha sido sustancialmente el mismo. Si bien la necesidad de formalizar seriamente un canon no apareció sino hasta el siglo IV, cuando hubo diferencias y dudas no solo con respecto al antiguo, sino también al nuevo testamento, es un hecho que todos los libros encontrados hoy en el antiguo testamento de la Biblia católica, fueron usados, apreciados, admitidos y leídos desde aquel lejano primer siglo en que la Iglesia naciente daba lectura a las Escrituras en las reuniones litúrgicas de las primeras comunidades cristianas, cuando aun ni siquiera estaba redactado el nuevo testamento y las únicas Escrituras con las que se contaba eran las contenidas en la versión Septuaginta (lo que ahora los cristianos llamamos 'antiguo testamento'). Esos mismos libros usados por la Iglesia durante más de 300 años fueron los que terminarían siendo aprobados de manera oficial en los Concilios de finales del siglo IV y principios del V (Concilio de Roma del año 382, Concilio de Hipona del año 393, Concilios III y IV de Cartago en los años 397 y 419), en que la Iglesia alcanzó a instituir de manera oficial el canon de la Biblia.

¿Pero cómo podemos asegurar que el antiguo testamento de nuestras Bíblias católicas contenía los libros que eran usados y leídos por Cristo y los apóstoles en el primer siglo? Por un dato muy sencillo: gracias a que hoy cualquier historiador y biblista serio e instruido en el tema sabe que la Iglesia de los apóstoles usaba la versión de las Escrituras conocida con el nombre de 'La Septuaginta', versión que incluía los llamados libros "deuterocanónicos".

Sin entrar en muchos detalles, puesto que es tema para un estudio aparte, la Septuaginta era el compendio de las Escrituras de los judíos traducida a lengua griega. Esta versión era una traducción de las Escrituras hebreas al griego realizada por 72 sabios judíos en Alejandría enviados para esa tarea por el Sumo Sacerdote de Jerusalén. Esta traducción comenzó a hacerse alrededor del año 275 antes de Cristo y la versión que llegaría y recibiría la Iglesia del primer siglo, se habría cerrado por allí del año 100 antes de Cristo, conteniendo ya los libros de los heroicos Macabeos que recuperaron el Templo de Jerusalén que estaba en manos del poder helénico.

Así que con estos datos nos podemos preguntar: ¿Cómo podría haber "agregado" la Iglesia Católica siete libros que ya formaban parte de un compendio de libros judíos anterior a la era cristiana? 

Como podemos ver, lo que hizo la Iglesia desde sus inicios no fue "añadir" libros, sino adoptar de manera natural, por el propio uso eclesiástico que se le daba en las comunidades de los primeros cristianos, la versión Septuaginta, es decir la versión griega de las Escrituras judías, que contiene los libros de Tobías, Judit, Sabiduría, Eclesiástico, I y II de Macabeos y Baruc.

Esa versión de las Escrituras era la más usada por los judíos fuera de Palestina, esparcidos por todo el territorio del imperio, por lo cual no es extraño que ésta haya sido la versión usada por los apóstoles en su labor evangelizadora, más aun si tomamos en cuenta que tanto los judíos fuera de Palestina, así como los gentiles, hablaban griego koiné y arameo. Esta es casi con toda seguridad la razón principal por la cual los textos del nuevo testamento también fueron escritos en griego. Así que tomando en cuenta el dato de que los apóstoles usaban y leían la Septuaginta, podemos afirmar que cuando Pablo dice a Timoteo "toda escritura es inspirada por Dios" (2 Tim 3, 16) está refiriéndose también a los siete libros deuterocanónicos, ya incluidos en aquella versión del primer siglo conocida por Pablo y Timoteo, y que lamentablemente fueron separados por Lutero en la Biblia protestante en el siglo XVI a un apartado especial como "apócrifos".

Pero este último dato es muy interesante y refuerza nuestra postura, ¿pues cómo se puede decir que la Iglesia católica "añadió" libros a la Biblia, si los deuterocanónicos aparecen en la propia Biblia traducida por Lutero al alemán publicada en 1534? ¿Por qué Lutero tradujo también esos libros y los incluyó en su Biblia -aunque los haya colocado en un apartado distinto-? La respuesta es fácil: Porque ya estaban incluidos en la Biblia, ¿si no hubieran estado incluidos, por qué habría de haberlos añadido Lutero en su traducción si él ni siquiera los consideraba inspirados? La conclusión es de simple lógica, esos libros siempre estuvieron allí, lo que hizo Lutero fue separarlos, y posteriormente las editoriales protestantes los eliminaron completamente. Otro dato interesante es que la primer versión de la Biblia Reina-Valera (la versión del Oso de 1569) incluía también los libros deuterocanónicos del antiguo testamento.



Así es que si esos libros aparecen hasta en las primeras versiones protestantes es porque, como ya se había dicho anteriormente, habían sido aceptados de manera oficial como parte del canon cristiano desde que el asunto de las Escrituras sagradas fue discutido en el seno de la Iglesia muchos siglos atrás.

En el siglo IV comenzó a haber discusiones sobre qué libros deberían de ser aceptados por los cristianos y cuáles no, y lejos de lo que piensan los grupos neoevangélicos, las dudas y discusiones no solo giraron entorno al número de libros que debía tener el Antiguo Testamento, sino también a los del Nuevo. Muchos protestantes y evangélicos modernos se sorprenderían al saber que en el propio siglo IV (años 300) muchas Iglesias locales eran reacias a aceptar como inspirados libros como II y III de Juan, Judas, Santiago, Hebreos y el mismo Apocalipsis (no por nada Lutero, conociendo estos antecedentes, puso en duda también estos libros en el siglo XVI).

La primera vez que se discutió el tema del canon bíblico de manera más formal fue en el Sínodo de Roma en el año 382 en que se aprueba un listado conocido como "lista de Dámaso", posiblemente propuesto por el Papa Dámaso I, que ya incluía el canon exacto que hoy tiene la Biblia católica. Este mismo listado es aprobado en el Concilio de Hipona del año 393 así como en el III Concilio de Cartago del 397 y ratificado una vez más en el IV Concilio de la misma ciudad de Cartago en el año 419. En todos esos Concilios, una y otra vez, fueron votados y aceptados por los obispos conciliares tantos los libros del Antiguo Testamento -con los deuterocanónicos siendo reconocidos como inspirados-, como los del Nuevo. Aquí cabría preguntarse, ¿cómo es posible que los protestantes acepten el listado aprobado en esos Concilios sobre el nuevo testamento, pero desconozcan lo aprobado en cuanto al antiguo? ¿Podrían acaso los Padres conciliares haber seleccionado correctamente, iluminados por el Espíritu Santo, los 27 libros del nuevo testamento y haberse equivocado en los mismos concilios con respecto al antiguo?

Un argumento usado por algunos protestantes para rechazar los llamados libros "deuterocanónicos" del Antiguo Testamento, es que durante los primeros siglos algunos Padres de la Iglesia tuvieron dudas con respeto a la inspiración de estos libros (como el propio San Jerónimo que tradujo la primer biblia del hebreo y el griego al latín, conocida como La Vulgata), pero ese argumento cae por su propio peso, pues como ya vimos, no solo existieron dudas sobre el canon veterotestamentario, sino también sobre el canon neotestamentario. ¿Aceptarán acaso nuestros hermanos evangélicos que rechazan los deuterocanónicos bajo el pretexto de que hubo dudas sobre ellos, retirar de sus biblias los libros del nuevo testamento sobre los que también hubo fuertes dudas al grado de que el tema tuvo que ser llevado a Concilios?

Dudas y diferencias sobre determinados temas han existido siempre en la Iglesia, pero esta siempre ha tenido el mecanismo de resolverlo: El Concilio, que no es otra cosa que la reunión del Magisterio para resolver las diferencias, tal y como ocurrió desde el primer siglo y se nos relata en la Biblia, cuando en Jerusalén los apóstoles y los ancianos, jefes de la Iglesia, se reunieron para resolver el tema de los judaizantes y cómo actuar con los gentiles convertidos al cristianismo. De este mismo modo, después de las dudas y discusiones sobre los libros inspirados, el Magisterio resolvió aprobar como canónicos, tanto los llamados deuterocanónicos del antiguo testamento, así como Santiago, Hebreos, Apocalipsis y Judas, cerrando la discusión.

Tristemente esto no fue lo que sucedió en la "reforma protestante", pues allí la decisión de excluir Judit, Tobías, Macabeos y los demás libros del canon bíblico no fue producto de la decisión de la Iglesia reunida en un Concilio, discerniendo, estudiando y discutiendo la cuestión, fue la decisión absolutamente arbitraria y personal de Lutero, que sin discutirlo con nadie, decidió ceñirse al canon hebreo, desconociendo lo oficialmente reconocido por la Iglesia cristiana cuando menos desde finales del siglo IV, aproximadamente 1200 años antes a Lutero.

Irónicamente, al haber reconocido el canon hebreo, y no aquel canon antiguamente sentenciado y reconocido en reiterados Concilios cristianos, Lutero, el campeón de la "sola scriptura", invalidó tácitamente la propia Escritura que nos enseña que la Iglesia es Columna y Fundamento de la Verdad, que lo que ésta ate y desate es atado y desatado en el cielo; la autoridad en temas doctrinales -como lo es el tema de qué corresponde y qué no a la Escritura- reside en la Iglesia y no en las opiniones de cualquier otra entidad paralela, como podría serlo cualquier escuela, grupo, reunión o tradición judía. Con respecto a esto, cabe decir que las opiniones judías no solo carecían ya de autoridad (sobre los cristianos) a partir de la aparición formal de la Iglesia, sino también de confiabilidad, pues siendo detractores de nuestro Señor Jesucristo, es bastante probable que lo que opinaran sobre los deuterocanónicos estuviera en cierto modo influenciado por el contenido de estos libros, pues, como decía San Agustín, en algunos de ellos se veía con más claridad la figura profetizada de Jesús y su sufrimiento a manos de los propios líderes de su pueblo.

Por último, en cuanto al falso argumento de que la Iglesia añadió estos libros "en los años 1600 y pico", y aunque ya hemos demostrado con toda contundencia que estos libros estaban en la Septuaginta desde antes de tiempos de Cristo, no está demás hablar de este punto para dejarlo completamente claro. Algunos grupos protestantes, al desconocer los datos precisos de cómo se conformó el canon bíblico, afirman que la Iglesia añadió los libros deuterocanónicos a la Biblia hasta el Concilio de Trento, en el año 1546. Quien haya seguido la lectura hasta este punto, con todos los datos que hemos aportado sobre la Septuaginta y los Concilios de la Iglesia en sus primeros siglos, reconocerá que dicha afirmación está completamente alejada de la realidad.

Lo que ocurrió en el Concilio de Trento es que la Iglesia elevó al rango de dogma el canon de la Biblia que ya existía oficialmente desde finales de los años 300. Pues frente al gran desorden que provocó la "reforma protestante", y ante la mutilación de la Biblia que llevó a cabo Lutero (que pudo haber sido más grave si no le hubieran convencido de dejar en el canon Santiago -al que consideraba "un libro de paja"-, Hebreos, Judas y el Apocalípsis -del que decía "no poder detectar de ninguna manera que fuera inspiración del Espíritu Santo"-), la Iglesia católica decidió blindar definitivamente el canon bíblico, expresando de manera clara de cuáles y cuántos libros éste constaba y decretando que nadie podía atreverse a alterarlo. Así que en Trento no se "añadieron" libros, en Trento se ratificó el canon que ya había sido seleccionado casi 1200 años antes en los Concilios de los que ya hablamos antes.

En conclusión: La Iglesia Católica no "agregó" libros a la Biblia, solo adoptó como antiguo testamento 46 libros que ya estaban contenidos en La Septuaginta desde antes de tiempos de Cristo y que fueron heredados y usados por los apóstoles. Estos libros, junto a los 27 libros del nuevo testamento fueron aprobados como canónicos e inspirados en los Concilios del siglo IV y V, y no "agregados" en el Concilio de Trento como reza la leyenda neoprotestante.
 

Contacto: Alfredo Rodríguez

lunes, 12 de enero de 2015

¿Pedro es la Piedra sobre la que Jesús edificó su Iglesia?














Contexto de la discusión:
En una discusión desarrollada en YouTube, un usuario de extracción protestante niega la primacía de Pedro sobre los apóstoles con el muy usado argumento de la "piedra pequeña" y la "piedra grande", argumento según el cual en Mateo 16:18 Jesús se habría referido a Pedro como una "piedra pequeña" mientras que la "piedra grande" sobre la que Jesús edificaría su Iglesia sería la afirmación anterior expresada por Pedro referida en Mateo 16.16 "Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios Viviente" cuando Jesús les pregunta "Y vosotros, ¿quien decís que soy yo?". Esta teoría proviene de una mala interpretación bastante superficial sobre las palabras "petros" y "petra" usados en el griego. Así, según esta teoría cada vez más usada en el protestantismo, la "piedra" o "roca" serían las palabras expresadas por Pedro, y no Pedro mismo. Nuestro hermano protestante describe como "incoherencia" pensar que hubiese habido un apóstol elegido como encargado de la Iglesia en la tierra. En correspondencia con esto él también afirma que si bien Jesús le entregó la autoridad a Pedro de "atar y desatar", luego esta misma autoridad le es entregada a todos los apóstoles, por lo cual Pedro no habría sido la cabeza de todos los apóstoles. Esto también lo aclaro en mi respuesta, añadiendo aspectos importantes sobre la misma autoridad apostólica que el protestantismo niega, aunque ahora nuestro amigo recurre a ella para negar la primacía de Pedro.

Mi respuesta:

Ya se desmorona todo tu argumento desde que vuelves al eterno y muy mal argumento de la "piedra chiquita", no hay ninguna "piedra chiquita". Jesús habló arameo, en arameo la palabra "Kephas" significa "Roca" (para una simple piedra en arameo se utiliza "evna", y a Pedro jamás se le llama "Evna" en el Nuevo Testamento). En las dos primeras traducciones del griego al arameo (versiones Diatessarón y Peshitta), que son las que nos pueden dar una idea más clara de qué fue exactamente lo que dijo Jesús, la palabra empleada en Mateo 16:18 es "Kephas" ("Tú eres Kephas y sobre esta Kephas edificaré mi Iglesia"). Kephas es también, como tú mismo admites, el nombre con que Jesús ya en un momento anterior había rebautizado a Simón, por lo que ya de entrada es totalmente absurdo pensar que Jesús bautice a alguien con el nombre de "roca" sin que esto tuviera un significado enorme y bastante especial en el papel que habría de otorgarle a este apóstol. ¿Te has preguntado por qué Jesús le llamaría "Roca" a uno de sus apóstoles si esto no significara nada especial? ¿Es que acaso Jesús le ponía apodos a sus amigos como hacen los niños en la escuela? No lo creo.

Pero volvamos a la cuestión del idioma. Ya quedó claro que en arameo, en ambas partes del enunciado, se utiliza dos veces la misma palabra "Kephas", sin ningún tipo de contradicción. (Incluso se cree que en el primer manuscrito original en griego escrito del propio puño y letra de Mateo está insertada la palabra aramea Kephas cambiada en transcripciones posteriores por "petros" y "petra").

Pero hay algo mucho más relevante aún, que a mi, como un antiguo no católico, me ayudó a entender y resolver este problema en el tiempo en que investigaba cual era realmente la Iglesia de Cristo y si los católicos estaban diciendo la verdad sobre la primacía de Pedro. En el evangelio en griego se lee lo siguiente: "epi tautee tee petra", si quitáramos de ahí el "tee", lo que tendríamos es "sobre esta piedra", ¿pero que pasa cuando añadimos "tee", como está en el evangelio original? Tenemos "sobre esta MISMA piedra". Esto es de una relevancia mayúscula, pues despeja cualquier duda sobre si Jesús está hablando de dos cosas distintas (una "piedrita" y una roca) o si estaba hablando de la misma roca. Jesús dice literalmente "Tú eres piedra y sobre esta MISMA piedra edificaré mi iglesia".

Incluso si no estuviera ahí el "misma", con la simple presencia del adjetivo demostrativo "esta" sería suficiente para entender la frase, pues este adjetivo solo es empleado para hacer referencia al sustantivo más inmediato, ¿y cual es el sustantivo más inmediato? ¡La Piedra que hace referencia a Simón Pedro!

Pasemos a lo del poder de atar y desatar. Es claro que Jesús invistió de autoridad a todos los apóstoles, sería absurdo negar esto, es en esa misma autoridad apostólica para atar y desatar en que está basada y fundamentada la autoridad de la Iglesia Católica, que es la única, de todas las que se reclaman como cristianas, que puede reclamar una continuidad histórica desde tiempos de Cristo gracias la sucesión apostólica ininterrumpida. Aquí los protestantes se meten en severo problema, pues las doctrinas herejes de "solo la biblia" y "libre examen" niegan y anulan por completo la autoridad apostólica, autoridad entregada y establecida por Cristo, para sustituirla por la falsa doctrina de la escritura como único y supremo criterio de autoridad.

Digamos rápidamente de paso que incluido en la autoridad para atar y desatar que Cristo le dio a todos sus apóstoles, primeros obispos de su Iglesia, está el poder de perdonar pecados, algo que niegan totalmente los protestantes, pareciéndoles una blasfemia, pero ese es tema para otro debate.

Ahora bien, acordando que sin duda todos estaban investidos de autoridad, es necesario que no olvides también que al primero a quien otorga esa autoridad, dirigiéndose a él personalmente, antes que a todos los demás, es a Pedro, al mismo a quien le entrega, nada más y nada menos, que las llaves del reino de los cielos. Admito que me cuesta entender cómo nuestros hermanos separados pueden negar la primacía de Pedro con tan categórica afirmación como la de "a ti te daré las llaves del reino de los cielos", afirmación tan clara y contundente como para seguir discutiendo si Cristo dejó o no a alguien "encargado" de su Iglesia.

miércoles, 7 de enero de 2015

¿La Iglesia Católica es Cristiana?

Jesús entregando a Pedro las llaves del reino de los cielos.

Aunque para un católico bien formado en su fe esta pregunta tiene una respuesta obvia, es sorprendente que aun hoy día, e incluso diría que cada día con mayor frecuencia, más personas se pregunten si un católico es o no es cristiano.

Algo que todo católico debe admitir con plena sinceridad y objetividad, es que el nivel de formación doctrinal del católico promedio es muy pobre, son millones los que se hacen llamar a sí mismos "católicos", y quienes incluso asisten a misa con relativa frecuencia, pero que desconocen profundamente su fe, este hecho ha permitido una inmensa confusión y el gran avance de las denominaciones protestantes, quienes con un discurso más "efusivamente" cristiano han logrado construir en el imaginario colectivo una diferencia entre "católico" y "cristiano" como dos cosas distintas.

Es escandaloso escuchar, incluso a católicos, decir de alguna otra persona que abandonó la Iglesia que "se volvió cristiano", como si antes, como católico, no lo hubiese sido.

Pero entonces, ¿la iglesia católica es cristiana? 

La respuesta es contundente: Claro que Sí. La Iglesia Católica es cristiana, tan cristiana que fue fundada por el mismísmo Jesucristo, por tanto, no es exagerado decir que esta es, de hecho, la única y verdadera Iglesia de Cristo, la Iglesia de la Biblia, la que Jesús edificó frente a sus Apóstoles con Pedro a la cabeza como el principal encargado de apacentar al rebaño de Cristo en la tierra, como se nos relata en el evangelio de Mateo capítulo 16:18-19:

18. "Y yo a mi vez te digo que tú eres Pedro (piedra), y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y las puertas del Hades no prevalecerán contra ella.
19 A ti te daré las llaves del Reino de los Cielos; y lo que ates en la tierra quedará atado en los cielos, y lo que desates en la tierra quedará desatado en los cielos".
La Iglesia Católica es la única que puede reclamar la herencia del significado de los versículos recién citados, puesto que es la única Iglesia que existe hoy día, de todas las que se reclaman "cristianas", que se remonta a los tiempos de Cristo y los apóstoles(1)

¿Y cómo podemos saber y afirmar que se trata de la misma Iglesia de la que habla Jesús en Mateo 16:18? Esto lo podemos saber gracias a un hecho de suma relevancia: a la Sucesión Apostólica ininterrumpida por más de 2000 años, Sucesión Apostólica que ha garantizado que esta columna y fundamento de la Verdad que es la Iglesia permanezca en el tiempo, que sea portadora de una continuidad histórica que la hace ser esa misma comunidad de los apóstoles, no "heredera" de aquella Iglesia, sino literalmente esa misma Iglesia, esa misma comunidad que creció, se expandió por las naciones y que nunca ha dejado de existir desde entonces, llevando a cabo su labor evangelizadora de generación en generación, de siglo en siglo por todos los rincones de la Tierra. 

Como queda claro, el propio origen de la Iglesia proviene de Cristo, quien es su fundador; y la primera y más importante razón de ser de esta Iglesia es precisamente anunciar a Cristo a todas las naciones y a todos los hombres de la tierra (como Él mismo ordenó), para decirle al mundo que Jesús es el Hijo de Dios, el Mesías Verdadero, el Cordero de Dios que fue entregado por nuestros pecados y que resucitó venciendo a la muerte como prueba de su divinidad. La tarea de la Iglesia Católica es cumplir fielmente con el mandato de Cristo de ir a buscar discípulos de todas las naciones bautizándolos en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, y enseñarles, transmitirles, la verdad de la revelación divina, pues, como también nos enseña la escritura, la Iglesia es "columna y fundamento de la Verdad". ¿Y qué otra cosa es la Verdad si no Cristo?

Cristo, el protagonista de la Misa.

El propio rito de culto más importante de los católicos, la santa misa, es absolutamente "cristocéntrico", es un acto de adoración a Dios, recordando y actualizando el sacrificio realizado por Jesús al entregar su vida para el perdón de los pecados, de ahí que la parte central de la misa, el momento cumbre de la misma, después de las lecturas de la escritura, de la homilía, de los cantos de alabanza, etc., es el momento donde Cristo se hace realmente presente en la eucaristía, cuando el pan y el vino se convierten en su cuerpo y en su sangre, y los cristianos reafirmamos nuestra comunión con Él a través de recibir ese cuerpo y esa sangre, como hicieron aquellos primeros cristianos, los apóstoles, en la última cena: 
26. Mientras estaban comiendo, tomó Jesús pan y lo bendijo, lo partió, y dándoselo a sus discípulos, dijo: "Tomad, comed, éste es mi cuerpo".
27. Tomó luego una copa y, dadas las gracias, se la dio diciendo: "Bebed de ella todos,
28. porque ésta es mi sangre de la Alianza, que es derramada por muchos para perdón de los pecados". (Mateo 26:26-28).
Cuando se dimensiona correctamente la enorme importancia y la magnitud que le damos los católicos al Cuerpo y a la Sangre de Cristo en cada Misa (Misa que el teólogo ex-protestante Scott Hahn considera una extensión del cielo en la tierra en la que descienden los ángeles para adorar junto a nosotros al Señor) por sabernos ante la presencia de Nuestro Rey y Salvador en el momento del culto, se vuelve fácil reconocer que Cristo es el centro mismo de toda nuestra fe católica. 

¿La Iglesia Católica fue cristiana y dejó de serlo?

Entre el protestantismo encontramos dos clases de detractores que niegan el carácter cristiano de la Iglesia Católica. Por un lado están los más radicales y fanáticamente anticatólicos, quienes dicen que la Iglesia "original" o "primitiva" que fundó Jesucristo se perdió en una época muy temprana después de la muerte de los apóstoles y que la Iglesia Católica "surgió siglos después" como un mero invento del emperador Constantino(2) para adorar ídolos paganos con una cubierta cristiana y que por tanto la Iglesia Católica no es y nunca fue cristiana, sino pagana, idólatra, e incluso, "satánica" desde sus inicios. 

Otro sector, un poco más moderado y sensato, admite que efectivamente la Iglesia Católica tiene dos mil años de existencia y es la Iglesia que proviene de Cristo y los apóstoles, pero que a partir del año 313 con el Edicto de Milán emitido por Constantino para tolerar al cristianismo y a las demás religiones dentro del imperio romano, la Iglesia fue paulatinamente "corrompiéndose", "paganizándose" y terminó por perder su conexión con el antiguo cristianismo que antes poseía, el cual, supuestamente, habría sido restaurado en la reforma protestante.

Ambas afirmaciones, aunque nuestros hermanos protestantes no puedan visualizarlo desde la óptica con la cual ven las cosas, son una rotunda negación de la Biblia, la misma que ellos colocan como único criterio de autoridad en materia de fe y de doctrina. ¿Por qué decimos que es una negación de la Sagrada Escritura? Porque pensar de esta forma, es tanto como decir que Cristo mintió, o bien, que se equivocó, pues Jesús establece su Iglesia y le emite lo que podríamos llamar un "seguro de indestructibilidad" cuando dice "sobre esta piedra edificaré mi Iglesia y las puertas del Hades no prevalecerán contra ella" y también en Mateo 28, 20 leemos la siguiente instrucción y promesa de perpetuidad a su Iglesia cuando manda a los primeros dirigentes de ésta a todas las naciones en busca de discípulos: "y enseñándoles a guardar todo lo que yo os he mandado. Y he aquí que yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo". 

¡Contundente! ¡A la Iglesia de Cristo, que es la Iglesia católica, según los que nos dice el propio Cristo a través del evangelio, nada ni nadie la puede corromper, nada ni nadie la puede destruir, y nunca ha dejado ni dejará de existir!

Cuando Cristo dice "estoy con vosotros", se refiere a su Iglesia representada en ese momento por los apóstoles, por eso dice "todos los días hasta el fin del mundo", ya que aunque esos apóstoles en algún momento fueran morir, harían crecer y hacer preservar la Iglesia, tal como ocurrió, con nuevos discípulos y seguidores de Cristo de entre los cuales surgirían los sucesores de los apóstoles. Es por esto que no dice "estoy con vosotros hasta que el último de vosotros muera", como muchos protestantes intentan interpretar del "estoy con vosotros" para decir que aquella Iglesia ya no existe o que dejó de existir por aproximadamente 16 siglos hasta que llegó Lutero, tesis que es completamente inconsistente con las promesas de Jesús a su Iglesia que vimos anteriormente. 

Conclusión.

Si reconocemos que Jesús fundó su Iglesia para hacer conocer a través de ésta el Nuevo Pacto de Dios con la humanidad, y que dicha Iglesia tiene la promesa de que ni el mismo infierno podrá destruirla porque siempre estará acompañada por Cristo y por el Espíritu Santo, y que aquella "primera Iglesia" del Nuevo Testamento perduró en el tiempo a través de la autoridad otorgada por los apóstoles (que a su vez habían recibido de Cristo) a sus sucesores, y que dicha sucesión de autoridad apostólica nunca cesó en el tiempo, y que hoy está representada por los obispos de la Iglesia, podemos concluir no solo que ésta que hoy conocemos hoy como la Iglesia Católica es legítimamente cristiana, sino que es la verdadera y auténtica Iglesia que nos viene desde Cristo y de la cual nos habla la Biblia.

Así que si eres católico, alégrate, porque estás en la Iglesia de Nuestro Señor Jesucristo, y si no lo eres, también alégrate, porque tienes las puertas abiertas a ella. 

Alfredo Rodríguez.

(1). Por supuesto también la Iglesia ortodoxa viene desde Cristo y los apóstoles, pero más que reconocerla como "otra Iglesia diferente", la reconocemos como parte de esa misma Iglesia cristiana que es Una, Santa, Católica y Apostólica que se remonta al primer siglo, pero con quien, desafortunadamente, la comunión se rompió en el año 1054, y seguimos esperando que se restablezca, pues como diría el Papa San Juan Pablo II, la Iglesia de oriente es el otro pulmón por el que respira la Iglesia universal. 
(2) Ver: Constantino no fundó la Iglesia católica ni fue Papa, te lo demostramos.